31 mayo 2011

PASTEL

El patio interior esparce un olor como si un pastel gigante estuviese creciendo para engullirnos a todos. ¿Es eso esta crisis, nos ha engullido un pastel desproporcionado?

26 mayo 2011

PELIGRO: DISGREGACIÓN DEL REBAÑO

Llama la atención la mala fama que están tomando los acontecimientos del 15 M entre algunos sectores tras las elecciones autonómicas y municipales. Resulta inquietante constatar que el único valor real que muchos les concedían era el de servir de azote a la derecha en su previsible ascenso electoral. Lanzar las mismas piedras de siempre contra los mismos sin mirar en ninguna otra dirección. Ser un ente completamente ideologizado en pos de una postura concreta, que muchos apoyarán o no, pero que todos nos sabemos de memoria. La del voto útil laminador, que sostiene que pensar por ti mismo es un lujo innecesario que te puede llevar a conclusiones incorrectas; la que viene a decir: apoyemos siempre a los partidos de izquierda (sobre todo PSOE, claro), porque la derecha será peor; porque las tropelías o errores que llevan a cabo los primeros son en contra de su alma pura mientras que los segundos las cometen porque está en su naturaleza; sígueme durante 850 años porque al final del túnel veremos la luz.

A mí me sorprendió la emergencia y propagación de este movimiento como al que más; no me pareció teledirigido, y no pienso que haya beneficiado al PP, quizá a Zapatero, a nivel personal y en un primer momento, liberándolo por unos días del foco inmediato de las críticas (por lo visto si eres el Presidente del Gobierno durante siete años tienes algo que decir), al decidir ir a la esencia de las cosas profundizando y repartiendo las responsabilidades entre todos los poderes que mantienen maniatada a la sociedad. Se les recrimina el éxito electoral del PP como si ellos tuvieran la misión de despertar a un adormilado y decepcionado electorado de izquierdas; de ser dique frente a la derecha en favor de una izquierda que juega con la misma baraja y que, de igual modo, se complace con que nada cambie realmente; eso sí, mirándote con gesto de circunstancias, porque ya sabes, las cosas son así, vótame y veré si puedo hacer algo.

La lectura que se puede sacar de todo esto es que para unos y otros eres un soñador o un inadaptado si planteas a las claras tu escepticismo frente a un sistema que ningún político parece querer cambiar, acaso retocar para acercarlo a sus intereses y después (siempre después) ya veremos. El que trate de ordenar por escrito y manifestar la absoluta desilusión y pesimismo a que se ha visto finalmente abocada buena parte de la sociedad a estas alturas del juego, el que se atreva a reivindicar el papel del individuo más allá de ser pieza convenientemente cuadriculada y acotada en su pensamiento, es urgido a seguir como espectador o a tomar partido dentro de los parámetros de este caduco y mentiroso sistema, que asume como parte inevitable del mismo las más ruines manipulaciones. Guardarse el papelito que pretende leer en el bolsillo y seguir mirando alelado cómo otros tiran el dado; o largarse y ponerse a jugar con su móvil. Esta situación ha retratado a mucha gente, no sólo políticos, cuya complicidad con el status quo es evidente: periodistas, tertulianos y otros superhéroes han atacado o defendido los acontecimientos conforme pasaban los días según pensaban que podían favorecer o perjudicar sus intereses. Ha sido, en ese sentido, un desnudo colectivo que, y esto es lo peor, no ha ruborizado ni por un segundo a los implicados. Con toda su confusión, creo que ha sido un necesario toque de despertador, un grito limpio en un territorio sucio. Ojalá quede algún rescoldo.

24 mayo 2011

HORMIGUITAS BIPARTIDISTAS

Es curioso que la mayoría de los demócratas vean como un serio deterioro del sistema el hecho de que gobierne otro partido que no sea el suyo. Ven ajenas a ellos las críticas a la partitocracia, desde su posición gorrita y banderita en ristre, y sólo admiten los errores del bipartidismo cuando la balanza cae del otro lado. La política ya no es el arte de la manipulación es simplemente manipulación descarada y pagada de sí misma. Han sustituido, con la resignación de la sociedad, el fomento de ese ciudadano comprometido, exigente y libre, fundamental para el sostenimiento de cualquier sistema democrático que no pretenda ser una vulgar pantomima, por otro ideologizado e hincha, que vocea los defectos del oponente y esconde los de su partido (y digo yo, si disimulas y disculpas malas artes de otros es porque tú eres perfectamente susceptible de llevarlas a cabo alguna vez). Pequeñas hormiguitas que apuntan con su ventilador a la hormiguita de enfrente, dejando un espacio que debería fortalecer al conjunto totalmente tergiversado y sucio. Yo pensaba que la ideología de las personas surgía de su modo de ver la vida, de su experiencia, de sus valores; lo último que me esperaba era que tras treinta y cuatro años de democracia esta ideología pudiese estar tan teledirigida y compartimentada. Pero así es en cualquier ámbito, como esos periodistas-tertulianos adaptables a todo, entrenados para cargar las tintas en lo que hace el partido opositor y relativizar los desmanes del propio. Atacar a degüello al rival y pedir pruebas o sentencias judiciales cuando el atacado es de su cuerda, o más bien él de la del atacado. Dejando así, desasistida de referentes fiables y rigurosos a una población que, como digo, se han esmerado en entrenar para que tome partido bastamente y utilice graciosamente las mismas técnicas demagógicas que ellos, cuando charlan mientras toman un café. Es como estar ligera y suficientemente maniatado durante años, con alguien en cuclillas a tu lado susurrándote mentiras varias horas al día, hasta que las asumes y las transmites (ven, toma tu cuerda). Pero, ya sabéis chicos, el mando a distancia es el ejemplo más grande de democracia.

Es vergonzoso y paralizante que la corrupción aparezca en las listas electorales, pero es aún peor que encima gane, probablemente porque la gente tiene la certeza de que el que viene detrás es siempre “el otro”, y que cometerá los mismos o parecidos delitos. Nada más desalentador que el “pero los otros son peor” que, ciertamente, esgrimimos en este país desde poquitos años después de la llegada de la democracia. A pesar de mi amor por las palabras, hace mucho que sueño (si hemos de vivir dentro de este sistema) con una democracia numérica, de valores contrastables, de datos fríos y aspecto de informe: elegir a quien proponga hacer más hincapié en tal o cual partida. Las diversas políticas, los principales campos de inversión y su gestión deberían estar claramente definidos desde hace años, si leemos los puntos principales de los programas electorales. Salvo temas puntuales, el desarrollo de una comunicación político-ciudadano si se quiere hasta aburrida, pero basada exactamente en qué queremos hacer en un período determinado y hasta qué punto exacto lo hemos hecho. Esa persona sonriente y con prisas que llama a tu puerta sin cesar hasta que abres (sin ni siquiera sentir la necesidad de apagar el motor de su coche), para pedirte que le concedas el poder durante cuatro años para solucionar tus problemas, es alguien a quien el ciudadano contrata (resolución y gestión a cambio de confianza y poder). Todos firmamos un contrato invisible al nacer que nos obliga a cumplir una serie de requisitos y normas de convivencia, a aceptar una serie de imposiciones, la mayoría de las cuales dejamos organizar a los políticos en nuestro nombre (¿qué mayor depósito de confianza que ése?). Éstos se deben, por tanto, a las personas que han depositado en ellos esa confianza (y dinero, porque, como dice esa Constitución con la que te pegan en la cabeza cuando les conviene “Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”. Aunque, ahora que caigo, esa misma Constitución proclama que “Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política”), que finalmente, queramos o no, somos todos, y no al revés. ¿Si deseas que el PSOE o el PP gobiernen los próximos cien años, eres realmente demócrata? Qué poco sentido del humor tengo.

20 mayo 2011

MENSAJE EN UNA BOTELLA (13)

JENS LAPIDUS “Dinero Fácil (Trilogía Negra de Estocolmo I.)” (“Snabba Cash”, 2.009). Traducción de María Sierra.

Una novela palpitante, muy pegada a la calle, tanto a la realidad que narra como al escenario en que se desarrolla (Estocolmo). La acción fluye con rapidez, bulle como la mente de unos personajes obligados a pensar rápido. Por eso la sensación de vértigo, de acontecimientos que se precipitan, siempre está presente, mientras la historia que se nos cuenta va tomando forma a nuestro alrededor a través de sus ramificaciones. Todo esto se lleva a cabo mediante un estilo directo y coloquial, muchas veces seco y expeditivo, casi de informe. Con la presencia de un narrador omnisciente e infatigable que nos abre todas las puertas y levanta todas las alfombras, atiborrándonos de información (en mi opinión el defecto más reseñable), utilizando para ello frases cortas y descripciones eficaces. Cada capítulo se centra en un personaje, que irremediablemente va atando su destino al de los otros, ante la atenta mirada del lector. Así asistimos a su crecimiento, ayudados por la somera exploración psicológica que el autor expone como visitas guiadas a su retaguardia. Así se va conformando una radiografía de la cara oculta de la sociedad sueca, y colocando las afiladas piezas de un oscuro rompecabezas sobre todo eso que mueve el mundo: ambición, amor, violencia, poder y supervivencia. Como ocurre en tantas novelas negras, la intriga se ve venir, no ansías volver al libro por conocer el desenlace; sabes que todo encajará de determinada manera, pero lo que atrae es la sensación de vivirlo y olerlo a pie de calle. De entre la dureza que transmite, la espátula de Lapidus rasca esquirlas de cotidianidad, humor y ternura que humanizan, aligeran y se agradecen. La segunda parte de la trilogía (“Nunca la jodas”) se publicó en España en 2.010.

19 mayo 2011

EL SEMÁFORO

El semáforo se puso en verde y Blanca detuvo sus tacones en seco, consultó la hora en su móvil y miró al cielo. Algo le trajo a la memoria su etapa de directora en la sucursal bancaria de la que fue trasladada a otro puesto más discreto, en otra ciudad. Pensó en las colas, en el barullo tras la puerta de su despacho, en la cantidad de préstamos que había concedido, o más bien vendido; cuántas veces había despertado la avaricia de ingenuas parejas de trabajadores alentándoles a pedir más dinero del necesario para pagar su vivienda; a no quedarse cortos, a no ser tontos: ese poquito para unos muebles buenos de verdad, ese coche que te gusta, ahora es el momento. Tú piso está valorado actualmente en casi trescientos mil euros, no habrá problema. Actualmente todo era más aburrido y triste, con tantas vueltas y tantas exigencias para dar un préstamo, sólo habían concedido uno desde que ella llegó a la nueva sucursal, hacía más de seis meses. Antonio estaba justo detrás de ella, despistado, oliendo su perfume, pensaba en lo cuesta arriba que se había puesto todo, le habían despedido y su mujer estaba en el alero. Para colmo tenían la doble carga de la hipoteca de su vivienda y la del piso que compraron en aquella calle sin salida, al norte de la ciudad. Tal como iba la cosa parecía un negocio seguro (era la segunda vez que lo hacían), pero sus intentos de pasárselo a otro comprador antes de formalizar escrituras por unos cuantos miles de euros y santas pascuas habían fracasado. El banco pronto se quedaría con él, ni alquilándolo podían hacer frente a los gastos. Adiós al cole privado de la niña, al coche nuevo, etc. Laura miraba su reloj justo al lado, parecían respirar al unísono. Ella, por superar el límite de ingresos, no había podido acceder a las promociones de viviendas de protección oficial que se ofrecieron en su ciudad. Finalmente se vio obligada a comprar un piso a un precio excesivo, cosa que la atenazaba, a pesar de que el director del banco no hiciese más que tranquilizarla, hablándole de valoración, estabilidad, mercado y cosas que era casi imposible que ocurrieran. Ahora, en paro y a punto de agotar la prestación por desempleo, sabía que perdería su hogar en pocos meses y estaba mirando posibilidades de compartir una habitación. Álvaro, cerca de ella, escuchaba por sus auriculares cómo en una tertulia radiofónica alguien declaraba que la juventud tenía que mover el culo, que no podían esperar que les echasen las cosas por la chimenea. Álvaro imaginó entonces una chimenea ardiendo y apretó la carpeta con los currículum que llevaba repartiendo desde que hace un año terminase su carrera; esa carrera que cuatro años atrás tenía tantas salidas que parecía increíble que no la hubieran estudiado cuarenta y cuatro millones de españoles. Patricia, situada detrás de él, le miró el cuello, después la carpeta. Se preguntó si sería un vendedor de cualquier producto, de esos que tienen que morir cada día recorriendo las calles para conseguir ganar un pellizco para subsistir. Inconscientemente suspiró, cerro los ojos y agradeció en silencio a su tito Armando que la hubiese colado en la administración a través de aquella fundación del partido. Juan Ramón, autónomo sin derecho a prestaciones, y con un negocio de instalaciones finiquitado hacía más de dos años por la cantidad de impagos que había padecido, llegó el último a la fila, apretaba en su mano derecha la bolsa con el pan y algún dulce que se empeñaba siempre en llevar a casa de sus padres, donde almorzaban él y su familia tres veces a la semana desde hacía un año. Pensaba en silenciosos almacenes llenos de billetes resecándose, en pisos vacíos desmoronándose.
El semáforo se puso en rojo y todos cruzaron con mayor o menor prisa, preguntándose qué ponía en las pancartas que una multitud portaba en una plaza cercana.

18 mayo 2011

España 17 de mayo de 2.011

Mientras bajaba las escaleras, sintiéndome señalado y culpable, pensando en un lugar donde esconderme, deseé con todas mis fuerzas que al salir a la calle hubiese estallado una revolución.

17 mayo 2011

PASOS DE BAILE

La cosa es acceder a la pista de baile, ya sabéis, pasar a la acción en serio, dar un paso al frente y esas cosas. Ser uno de ellos. Mientras estás berreando por cambiar el mundo todos pasan de ti, te miran resoplando, llega un día en que dejas de tener gracia y te empiezas a hacer pesadito. Como un friki algo anticuado: el tío entrañable que abre la boca y allá va. Entonces te van encajonando, apartando. Te condenan a llevar siempre el agua, compañero. A descargar camiones con una acreditación gigante del partido en el pecho; a vender más tacos de lotería que nadie; a colgar los cuatro carteles, rodeado de voluntariosos hijos de militantes que ya se quedan en su casa viendo Telecinco. En los días señalados eres el de la mancha de sudor en los sobacos, el del nudo de la corbata torcido, el que gesticula y discute con su mujer en público, el de “déjame a mí, que tú no sabes colocar el altavoz”. Pero un día todo cambia.

Al principio cuesta, hay que reconocerlo, acceder a la pista no es fácil amigo. Hay que escurrirse entre el público, soportar codazos, meter alguno; pisar y que te pisen; aguantar impávido algún exabrupto de uno que no se entera de nada, esas cosas. Pero una vez al borde, en primera fila, sólo hay que tener un poco de paciencia y terminas dando el pasito y bailando con alguien. Que quede claro que nadie nace sabiendo, aunque algunos lo parezcan. A veces pisas a tu pareja, o avanzas en dirección opuesta a la suya, o cambia la música y te sorprende a contrapié, o termina la pieza de pronto y eres el último en aplaudir. Pero con el tiempo, a poquito que pienses, vas cogiendo sentido del ritmo. Te dejas llevar y te mueves como una pluma, recorres la pista con soltura, te sueltas de tu pareja, la atraes, ella a ti, os intercambiáis, que es lo más divertido (aunque hay que estar muy pendiente de no fallar, ¿eh?): ahora bailas con un periodista, mañana con un compañero, el otro con un rival, pasado con un empresario y después con un artista; o un tertuliano, o uno que era okupa, o un imputado, o un diputado de esos que no te acuerdas nunca del nombre. Genial. Bailas, vas de acá para allá, cambiando de pareja, como digo, sin desentonar; haciendo equilibrio, cabeceando, objetando levemente, aplaudiendo, comprendiendo, admitiendo y sin dar la nota. Y, esto es importante, si un día la cosa se pone rara (no digo fea de verdad, sino rara, un poquito imprevisible), te colocas otra vez al borde de la pista. Tú verás cómo te las compones para ello: te echas a la calle, te indignas, firmas un manifiesto, denuncias a la banca en el primer juzgado o… Seguro que algo se te ocurrirá.

14 mayo 2011

EL TIQUE (2)

“Sí, gracias. Al final nos han escuchado a los de la asociación. Ha costado pero por fin… Sí, ja ja ja, me han dicho que me compre un traje, ja ja ja, de todas formas me hacía falta uno… Sí, y que tenga muchísimo cuidado en guardar el tique y el cargo en la tarjeta, que los otros están ahora queriendo aprovechar cualquier excusa para tergiversarlo todo y crear confusión... ¿Que ya hablo como un político?, no hombre, me refiero que los otros quieren levantar toda la mierda que puedan… Sií, de eso ya me han dicho que vamos a hablar seriamente, que vamos a sentarnos, pero cuando pasen las elecciones. Yo a lo mejor salgo y todo, tu madre está superilusionada, y tu hermana, que está a punto de terminar la carrera… Sí, sí, el puesto décimo está en el aire… Nooo, no voy a participar en mítines, sólo tengo que hacerme la foto de vez en cuando, asistir a actos, que me vean, mejor, tampoco hay que complicarse tanto, y yo, de todos modos, no soy político. Yo les he dicho, si tengo que ir voy, ja ja, yo no me amedranto por nada. El trabajo mío importante se centra en la asociación, ya sabes. Precisamente pasado mañana tenemos una reunión muy importante, me gustaría que estuvieses. Hay que actuar rápido, los otros ya vinieron ayer y estuvieron hablando con los vecinos en la calle, la primera vez que los veo por aquí, ja ja ja… Ya, los otros tampoco, pero por eso estoy yo ahí. Me querían doblegar con mentiras, darme unas migajas, pero yo he tenido más aguante, al final les he convencido, les he cerrado la boca y han escuchado todas mis propuestas y nos vamos a sentar en serio cuando pasen las elecciones… No, en el programa no va nada porque por lo visto lo confecciona una comisión técnica del partido, pero eso no… ¿Qué vuelvo a parecer un político?, mira que te doy, ja ja. Yo voy de independiente. Que digo que el programa viene hecho desde arriba, lo hacen los técnicos, que valoran todas las posibilidades, ya sabes. Lo importante ahora es que los otros no avancen, cortarles el paso, esa es la consigna… ¿Lo que decían de Pedro, el candidato?, eso hay que demostrarlo hijo, hasta que no haya una sentencia sobre la mesa nosotros a lo nuestro, esa es la idea que nos transmitió el secretario provincial en la reunión, el otro día, allí estábamos todos. Nosotros chitón y que los otros berreen, ya les sacaremos algo… Hasta pronto hijo… yo también.”

12 mayo 2011

ALAS

Me reinvento para ir a tu encuentro.
Recupero piezas gastadas que te gustaban.
Sustituyo las que faltan con remiendos.
Al acercarme, veo tus alas batir.

11 mayo 2011

MENSAJE EN UNA BOTELLA (12)

VÍCTOR COYOTE “Dos años luz y cuarto”(2.010)

Víctor Coyote recorre la madurez abundando en su línea de compositor libérrimo, exento de gravedad; que juega con los estilos resultando a veces incluso paródico (por momentos me recuerda a La Romántica Banda Local). Parece dejarse llevar por las canciones que van surgiendo y lo que éstas pidan. Temas vivaces, revestidos con gusto e ingenio, en los que apetece escarbar. Reflexivos y confesionales a su manera, cargados de humor, mordacidad y agudeza en su vistazo a lo cotidiano. Números de cantautor iconoclasta que conviven con pop inmediato (también irresistible, ahí está “Joven de cuello vuelto”); y momentos como la sinuosa “¡No pienso!”, no lejana de cierto Nick Cave, o “La zona oscura”, blues primitivo en el que puntualmente mete el pescuezo Tom Waits.

05 mayo 2011

CONDUCTOR NOVEL

Conductor novel de la paz,
ninguna mentira más devastadora,
ninguna promesa más amarga,
que la que ilusiona y esperanza.
Soñador que ensoñaste
a todos los soñadores,
ahora los despiertas
golpeando la mesa desde tu sillón.
Qué arrullador el poder.
Qué molestas las normas.
Qué tentador el atajo no vigilado.
Qué rápida tu adaptación, Hombre-Estado.

04 mayo 2011

02 mayo 2011

FERNANDO ALFARO “La vida es extraña y rara” (Marxophone, 2.011)

Regresa Fernando Alfaro, y eso es siempre motivo de celebración. El albaceteño pertenece a esa clase de músicos que siempre tiene cosas dentro y necesidad de sacarlas. En este disco no alcanza su mejor nivel, pero sigue siendo él mismo y mantiene sus contantes creativas (aún agitadas), lo que para mí, al menos, es suficiente. Vuelven todas sus versiones, la punzante, eléctrica y oscura, más atemperada en esa apropiación del clásico “Tequila” que es “Hijo de Perra”. La emotividad country-folk crepuscular (“El dolor del miembro fantasma”, “Un viaje largo, largo”). La irresistible fuerza de sus estribillos, los detalles bossa que aligeran y redimensionan; la gravedad que es también caricia melódica; o la fragilidad, casi naif, de momentos desnudos que terminan por calar profundamente, como “Extintor de infiernos”. En “Himno del Caminante Kamikaze”, explora mediante constantes aliteraciones las posibilidades sonoras del castellano en la canción pop, algo por lo que siempre ha mostrado interés. En “El último crooner santo, el último lobo” se apoya en el doo-wop, y para “Los héroes podridos” recurre a detalles de barroquismo pop de los sesenta. Por su parte, una producción meritoria, con arreglos prolijos aunque discretos, se esfuerza por enriquecer y ofrecer alternativas; empeñada en evitar a toda costa la caída en lo previsible de un sonido reconocible.
Destacable, claro, ese mundo narrativo suyo (que siempre me ha parecido cargado de significado e incluso veracidad, exento de pose), salpicado de digresiones, turbulentos juegos de palabras, reflexiones, humor negro e ironía; textos pergeñados con la tele puesta, confesionales, con el desgarro incrustado en la delicadeza, hermosos en su sencillez.