30 mayo 2013

JAVIER


   Hacía más de una década que no sabía nada de él. Javier posee una sonrisa abierta y franca, de esas que desordenan toda la cara; desinhibida a la hora de mostrar descarnadas ubicaciones dentales entre las que un chicle baila; de las que vuelven los ojos saltones y, cuando rompen en risa,  provocan bruscos movimientos de mandíbula y otros más ligeros y continuos de nariz. Se dedica a organizar no sé qué cosas y al montaje de otras, y me relata las vicisitudes de su actividad de manera veloz pero ordenada, traveseando enfático, con una agilidad sin límites, gesticulando sin parar y no pudiendo evitar algún que otro saltito. Los cigarros parecen consumirse solos entre sus amarillentos y castigados dedos tras una única y definitiva calada. No recuerdo prácticamente ningún momento de aquella conversación en el que no escapase humo de su boca. Tras lograr introducir a duras penas alguna pregunta técnica relativa a su trabajo, que queda sin respuesta, la charla va derivando hacia un monólogo cada vez más delirante y apasionado. Sus proyectos, en una ocasión, le sacaron de nuestro pueblo para llevarlo en volandas hacia Madrid, donde ayudó a un destacado personaje a montar un enmarañado tinglado del que, en principio, él se ocuparía de la infraestructura y que, gracias a su eficiencia y discreción, terminó coordinando casi en su totalidad a cambio de varios miles de euros (muchos menos de los que se llevó el principal implicado, subraya). Posteriormente, todas estas andanzas, dice, tuvieron una traducción televisiva de alcance que nada tenía que ver con la verdad (mientras habla su lengua vuela y su sonrisa crece hasta convertir su nariz en un cuerpo extrañamente libre). “Todo un montaje, sí señor”, reflexiona finalmente mientras aterriza dulcificando el gesto y mirando al infinito, “Un artificio vendido como real a todos, a la pobre gente, a los pringados de siempre”.

 

   “No te puedes imaginar todo lo que se esconde detrás de la realidad”, sentencia con tono paternal mientras me despido agradeciéndole tan apasionante historia. Durante diez minutos, ambos hemos sido felices.
 
 
 
Publicado en el nº168 de la revista de humor on line "El Estafador", dedicado a las mentiras.

24 mayo 2013

GRUPO SOCIAL


La cosa es que al principio se nos ocurrió montar algo para que se divirtieran los niños. Somos un grupo de amigos muy unido e inquieto, hemos estudiado en los mismos colegios y nuestras familias se conocen desde hace generaciones; así que organizamos unas clases de música sin más pretensiones, por aquello de que aprendieran a tocar instrumentos jugando y todo eso. Después vino la idea de hacer algo relacionado con los deportes. Ahí ya se fue agregando gente, amigos de amigos, y más amigos, ya sabes. Toda gente conocida, claro; interesante, relacionable, que sabe moverse, nada vulgar; preocupada por la ecología, la investigación y la cultura. Luego vinieron los compromisos, eso es inevitable, que si los hijos de mi jefe, que si mi vecino, que si mi compañero de paddle. Así que decidimos crear un club, alquilar unos terrenos y pedir ayuda pública a través de nuestros numerosos contactos. Conseguimos algunas subvenciones y que nos construyeran pistas, vestuarios y todo lo demás.

 

Primero fuimos una asociación cultural sin ánimo de lucro, y posteriormente una cooperativa, ya que éramos bastantes y nos vimos obligados a contratar personal, gente muy agradecida de colaborar con nosotros que aceptaba nuestras condiciones de buen grado; y a la que le hacíamos un gran favor, tal y como están las cosas siempre por aquí. En nuestro club social todos se divertían y aprendían; además de granjearse, justo es reconocerlo, unas relaciones sociales de primer nivel. Incluso llegaron profesores de prestigio a nivel nacional. Nada que ver con las pocas prestaciones que se ofrecen en los colegios y otros centros públicos.

 

Como la cosa marchaba decidimos meter más pasta; algunos prefirieron no complicarse la vida y nos quedamos unos pocos, que creamos una sociedad limitada. Las solicitudes nos llovían (incluso tuvimos que subir las cuotas para cerner la demanda), tanto de la ciudad como del resto de la provincia; comerciantes, hacendados, todos con posibles y muy preocupados por el desarrollo de sus hijos, qué duda cabe. No paraba de apuntarse gente influyente de la que genera riqueza para todos, de la que tiene algo que decir en nuestra sociedad: directores de banco, políticos, funcionarios, promotores, médicos, catedráticos, empresarios en auge… Todos activos, muy al día, con una forma positiva y práctica de ver la vida; comprometidos con el progreso y la estabilidad del Sistema. Nada que ver con lo que se ve por la calle, ni por la tele. Personas con un toque especial y una posición que defender; relevantes, que se apoyan las unas a las otras y saben estar. Aumentaron las inversiones y entró algún socio capitalista más. Y más inscripciones, y más gente sana de la que va al grano; culta, deportista, amante de la naturaleza. Así hasta que un buen día alguien lanzó la proposición: “¿por qué no montamos un colegio, para los nuestros?”.
 
 
 
Publicado en el nº167 de la revista de humor on line "El Estafador", dedicado a la escuela pública.

22 mayo 2013

LUNES


Reunión rutinaria de subjefes

ante mi corazón abierto:

ellos me humillarán,

yo te humillaré a ti.

Crac a la esperanza.

¿Eres de madera? Madera arde.

Sudor seco y lenguas rotas en trajes

que huelen a espera

sobre cuerpos desactivados,

brillando como lagartijas en huida

tras otra oportunidad perdida.

Y, buscando tu momento,

llegarás rodando al domingo,

ese cristal lleno de sol

que nunca acaba de romperse.

Si abres bien la boca volará una paloma

y vomitarás el lunes.



Publicado en el nº92 de la revista de microliteratura digital “Sea breve, por favor”.

17 mayo 2013

EL CHALECO


Amancio sonríe mientras termina su café, recuerda los preparativos de la boda. Las negociaciones y estrategias de sus suegros a la hora de organizar las mesas para colocar convenientemente a sus numerosos invitados. Dios Santo, aquello parecía un auténtico tablero de ajedrez. En el fondo fueron momentos divertidos, qué duda cabe. O la elección del recinto destinado a lo que ellos llamaban catering (cómo se enfadaba la futura suegra cuando él pronunciaba palabras como convite o refresco; qué antiguo eres, exclamaba, tratando de apartar de su memoria esos términos reminiscentes de épocas sin pamelas ni estilistas).

 
Amancio reconoce que la idea de la tarta que bajaba del techo partió de su propia madre, mal que le pese. Ahí la suegra estuvo correcta, aunque se subiera por las paredes. Qué angustioso el recuerdo de alguien pronunciando sin sonrojo la palabra “limusina”, y qué alivio la mañana que un primo segundo se ofreció a llevarlos en su reluciente Mercedes 2530u. Todo esto después de que cayese en manos de las más altas esferas de la organización del enlace un presupuesto para llegar en helicóptero al lugar de la celebración (por fortuna desestimado por falta de condiciones para el aterrizaje) y de que solo problemas de agenda impidieran que un coche de caballos lleno de tronío los sacara de la iglesia. Porque, claro, la ceremonia estaba prevista por el rito católico apostólico romano. Las bromas de mal gusto sobre curas y monjas, las observaciones mordaces sobre el Vaticano y aquel armazón ideológico anticlerical, tan visceral como documentado, habían sido ya demolidos mediante esa silenciosa labor de derribo a que la sociedad somete a las almas distraídas o indecisas en cuanto la juventud comienza a abandonarlas. Ahora Amancio recuerda, con cierto pesar, la poca gracia que a su novia le hizo la confesión de que no paraba de imaginarla con la falda al viento y el liguero al aire fustigando a los caballos: algo cambiaba, se escapaba, maduraba, se moría, se transformaba, se pudría.

 
Asistir a otras bodas se convirtió en algo habitual desde el anuncio de su compromiso, hecho que automáticamente le reportó decenas de parientes besucones. Bodas de uno y otro lado. Bodas de vecinos de alguien, de clientes, de proveedores, de hijos de compañeros de la mili, de familiares insospechados (que le llevaron a plantearse si no serían falsos), de amigos o hijos de amigos de alguien. Constituían verdaderas sesiones de espionaje y, en muchos casos, tentaciones casi insoportables de sabotaje. Eran objeto de milimétrico escrutinio, de burla, o motivo de una envidia que enrojecía las caras a cambio de no traducirse en gritos y lamentos. Bolsos, complementos, tacones, sombreros, fijador. Bailes y karaokes improvisados. Momentos estelares en los que la gente ponía todo de su parte para divertirse y beber hasta el límite temporal de la barra libre. Horas y más horas asintiendo y sonriendo, sobando tópicos, conociendo gente. Sintiéndose observado y observando con los párpados cada vez más cargados de plomo.

 
Una semana antes del casamiento llegó el momento de probar los menús. Misión llevada a cabo por media familia sin casi respirar, evitando eructos sobre la línea. Los platos en cuestión fueron convenientemente fotografiados antes de hincarles el diente para prevenir malas jugadas, que ya se sabe. Se repitió y se opinó mientras se tragaba. La suegra y la madre sentaron sus respectivos traseros sobre el turbio recuerdo de ollas llenas de cocido y fiambreras de macarrones. Todo será maravilloso: mousse de morcilla. Cascada de chocolate. Un cortador de jamón impertérrito sirviendo pata negra mientras los señores quieran, igual que un soldado firme ante el féretro de alguien temido por todos; dejando esa picante sensación de poder dar órdenes a alguien aunque solo sea un día en la vida. Discretas camareras sustraídas de una serie de la BBC. Elección de los vinos. Carnes temblando de emoción ante la tarta. Si no surge del techo, al menos que apaguen las luces y aparezca rodeada de bengalas, qué menos ¿Qué canción sonará? Eso por lo visto ha sido borrado de la memoria de Amancio, era demasiado duro. Un dato oculto incluso a este narrador, que creía conocer todos sus entresijos.

 
Hablando de canciones, Amancio deja un momento el periódico sobre sus rodillas al rememorar la que le iban a preparar sus amigos. No la llegó a conocer del todo, pero solo imaginarlos componiéndola le ponía el vello de punta. Lo que no sabe nadie es que tuvo que sobornarlos a base de bien para que abandonasen el plan, costeándoles citas y productos abiertamente ilegales la noche de la despedida. O lo del Político con mayúsculas. Durante semanas se habló en casa de sus suegros del político que vendría acompañado de su esposa. Estaba casi confirmada su presencia ¿Dónde sentarlo? En la mesa principal sería demasiado evidente, pero sin duda había que buscar una bien cerquita. Como estará la cosa en España, que en ningún momento supo a qué partido pertenecía. Solo era importante su posición.

 
Ahora, por fin, todo está tranquilo. Amancio se recuesta en el asiento de su avión a diez mil metros de altura, acariciando el bolsillo de ese chaleco color turquesa que le encandiló y que se lleva como recuerdo de un día tan señalado. La boda es mañana. Demasiado lejos para él.
 
 
 
Publicado en el nº166 de la revista de humor on line "El Estafador", dedicado a  "Casarse".

15 mayo 2013

MENSAJE EN UNA BOTELLA (18)


El desencanto en Lapido es tan legendario que muchos cronistas se obcecan en bucear en sus textos por tal de emerger sonrientes si traen entre las manos algún atisbo de optimismo. Nunca me ha interesado esa labor de desentrañar el significado de las letras de las canciones, y menos en el caso que nos ocupa. El compositor granadino escoge las palabras cuidadosamente, llenándolas de sentido y oportunidad, consciente de que la música las aviva y hace volar. Se expone un rico tapiz que cada cual enfoca a su manera.
La perplejidad (su “querida confusión”), los fracasos, las esperanzas, la agudeza o la fina ironía permanecen. El autor sigue creando imágenes que acompañan ligeras y persistentes. Sus letras son un lugar al que acudir en el que sentirse extrañamente cómodo, donde suceden a menudo hechos cotidianos, acaso sombríos, pero espolvoreados de la magia de lo irreal, que borra límites y apunta posibilidades. La desolación aquí se mezcla con retazos de sueños empapados en un licor engañoso. Te sueles cruzar con personajes inquietantes y hay muchos, muchos espejos.
Las composiciones hunden las raíces en un estilo macerado y atemperado disco a disco, concierto a concierto y, como es costumbre, van despertando tras cada escucha. Es lo de siempre, porque también nosotros, la vida, este mundo, en parte, somos lo de siempre. Los teclados conducen por todo tipo de callejones. Las guitarras saben ser un mar erizado, encender una mecha, templar. El pop late eficaz, expandiendo las sensaciones. Las melodías dibujan un círculo familiar que remite a muchas estaciones del pasado, pero que nos procura un escalón más por el que subir, tarareando, estimulados por su carga de complicidad. No se apuesta por la aspereza, más bien los acordes subrayan, reflexionan, envuelven las aristas de las palabras. Quizá porque conforme se avanza en el camino los silencios, que pulen los matices,  tienen cada vez mayor importancia.

10 mayo 2013

MIEDO EN EL "ESCRACHE"


Me uní al escrache sobre un diputado del Partido Popular cuya existencia desconocía, para ser sinceros. Realmente me sobrecogió que viviese a unas cuantas manzanas de mi casa. Yo no soy para nada curioso, y en España hay que tener una curiosidad infatigable para conocer quiénes son los diputados que representan a tu provincia y desentrañar a qué dedican la confianza depositada en ellos. Me sumé a la Plataforma para ayudar, creo que son tiempos de arrimar el hombro y dejarse de pamplinas; pero este era mi primer escrache, ya que nunca me ha atraído demasiado eso de intimidar: odio inspirar temor, esa es la verdad.  Pues eso, allí estaba yo, frente a la casa del diputado, sujetando una pancarta que rezaba “Sí, se puede” y cantando enérgicamente junto a mis compañeros, mientras observaba las ventanas deseando no ver aparecer la cabeza de ningún niño.

 

La algarabía se fue atenuando; el ambiente se tornó grisáceo. Los curiosos se iban agolpando a prudente distancia y los policías nos miraban, arracimados junto a un furgón. Entonces me atenazó un nudo de sensaciones ingobernables. Temí a un compañero que hablaba animadamente por su móvil mientras señalaba ostensiblemente a la policía. Me inquietó mi vecina del 3º, que llevaba ya tres años sin hablarme por una absurda discusión comunitaria; tomó un megáfono y empezó a hablar de niños y a compararlos con rabia. Las pegatinas le colgaban como medallas. Me angustié por el pánico que podrían experimentar el diputado y su familia, y por la venganza silente del gobierno. Tuve miedo a los viandantes que nos jaleaban o insultaban, a las miradas temerosas que me evitaban. A la tensión que me secaba la boca; a la gratuidad de los hechos y las palabras; a la inmutabilidad; a la manipulación; a las ruedas de prensa; a la inercia; a la impostación; a la palabrería; a la impunidad; al odio; a los dueños de la verdad. Albergué fundadas sospechas de seguir siendo un peón. Me alarmó la posibilidad de perder mi empleo; de no tener dinero para la vejez o para mi salud y la de mis hijos. Me convencí de que el banco no me devolvería el total del plazo fijo a su vencimiento. Estuve totalmente seguro de que ante un problema médico la administración me vería como una carga y me despacharía a las primeras de cambio. Deseé anular el discreto viaje que teníamos programado al extranjero, ya que tuve la certeza de que si algo nos ocurría el gobierno sería incapaz de ayudarnos. De pronto me sentí culpable por no consumir, por no aceptar las insistentes ofertas de las compañías de telefonía; por no querer conducir. Me ahogué en una intensa congoja por no saber quién era realmente, ni si estaba pensando en cada momento lo que debía.
 
 
 
Publicado en el nº165 de la revista de humor on line "El Estafador", dedicado a los "escraches".

03 mayo 2013

LA RESACA

Y en cualquier momento, el recuerdo se digna a aparecer con su cartografía convulsa, pinchando, abrasando el pecho; para terminar inundando los ojos, enrojeciéndolos. Al principio, las imágenes inician un ir y venir caprichoso, barajadas acaso por mi propia ansiedad. Aunque, finalmente, un día comprendí que lo que hacen es gravitar alrededor del núcleo de la felicidad, desarrollando un mecanismo de autodefensa para este pobre sujeto que escribe; meros prolegómenos que demoran el proceso para prepararme para el instante. Una antesala de conjeturas que se regodea en lo imposible: responder al cómo y al porqué llegué a vivir dentro de aquella misteriosa intensidad, a sabiendas de que nunca hallaré la respuesta; sólo un cambiante juego de reconstrucción al que le faltan piezas.
 
Después, siempre de forma inesperada por más que se le evoque, el recuerdo me asalta en todo su esplendor, agitándome, encendiendo y tensando mis sentidos. Pleno, rítmico y voraz. Con su desordenada música de roces, risas y palabras; con su raro color y sus imágenes de miradas y gestos; con su indescriptible y reconocible olor; con su tacto que quema y ahoga. Al recordar el sabor es cuando empieza a diluirse, despidiéndose con mordiscos en forma de dudas, volviéndose amargo en su inasibilidad, deviniendo reseco vacío; siendo un trozo de madera duro de tragar en los pocos segundos en los que se empeña en convivir con la realidad antes de desaparecer. Posteriormente, mientras se decide a volver, todo es resaca.
 
 
 
Publicado en el nº164 de la revista de humor on line "El Estafador", dedicado a la resaca.