09 octubre 2016

TINTA NEGRA



Mi mirada pierde el pulso:
se inclina con las inclinadas,
desenfoca con las desenfocadas.
Resbala reducida a lágrima azul
sobre la piedra que acabamos siendo todos.
Vislumbra, casi como un recuerdo
que late en el rabillo del ojo,
restos desperdigados de nuevas ilusiones apagadas,
como una hoguera abandonada;
cargas y descargas de alambradas de silencio,
aceras cuarteadas,
calles oscuras para siempre,
espacio común mancillado, viciado, amedrentado,
y puentes inacabados.
Mastica eterna tierra seca de tiempo estancado
y asfalto reventado,
que estalla con desidia,
empujado por hierbajos de acero.

El sol, tan desorientado,
despilfarra su luz, su poder,
oscureciéndonos
para iluminar dientes de oro,
impunidad,
pistolas, navajas,
supersticiones,
volantes que giran y hebillas de cinturones.

Mi esperanza ha sido finalmente maniatada
por discursos volátiles que encadenan la palabra.
Aislada en la sala de espera.
Absorbida en el sumidero de imágenes.
Golpeada contra la pared por la verdad insoportable.
Enroscada en un nido de cobardía.

La injusticia y la vileza
no paran de segregar su tinta negra;
nunca se terminan de aclarar.
Jamás conseguimos ver el fondo del río.
Se acumulan, se suceden,
Se homenajean, se reverencian,
Se honran, se condecoran.
Se estratifican formando muros y más muros
que empapelar
a base de mentiras,
viejas ilusiones encendidas
y promesas, muchas promesas.



(Este poema ha sido escrito con motivo del Sexto Encuentro de Escritores por Ciudad Juárez, celebrado el día 7 de octubre de 2016 en el Jardín del Museo Casa de Los Tiros de Granada)

07 septiembre 2016

MENSAJE EN UNA BOTELLA (34)



ALEKSANDAR HEMON “El proyecto Lázaro” (Traducción Rita da Costa, Duomo, 2009)

La segunda novela del escritor bosnio Aleksandar Hemon, publicada originalmente en 2008, camina salpicada por la constante presencia de la muerte, una muerte casi siempre gratuita, caprichosa. Avanza embadurnada de violencia, de una desesperación anhelante, más o menos latente, pero siempre a flor de piel. El libro se va modulando según diferentes planos narrativos, que adaptan como un guante su tono a las circunstancias relatadas. Cada cual tiene su propio latido, que mantiene la intensidad, la expectación. Planos que se alternan y conectan. La voz narradora, sin dejar de filtrar una continua sensación de angustia, una sensación febril, puede ser irónica, cínica, fría, amiga de los juegos de palabras, dramática o rigurosa. Haciendo gala siempre de una incisiva mordacidad, que se extiende a las descripciones de paisajes y paisanajes, imaginativas y salpicadas de afiladas metáforas. 



Como sucede en todas las grandes historias, el desarrollo de la trama es indisociable de una continua actividad de exploración y ponderación de la condición humana, observada en determinadas circunstancias. Está trufada de pequeños ensayos a menudo dominados por una ansiosa necesidad de encontrar explicaciones, que terminan por conformar un todo coherente y revelador, tomando la forma de frases definitivas, e inspiradas acotaciones y digresiones.
La novela se desenvuelve a partir de hechos reales; salta con agilidad y sentido de la proporcionalidad de la eterna herencia rusa en las repúblicas ex – soviéticas a lo más sórdido de la guerra de los Balcanes, del pogromo de Kishinev al anarquismo de principios del siglo XX en EEUU, y reflexiona con perspicacia sobre las diferentes caras de la inmigración en distintas épocas y situaciones (desplazados, xenofobia, explotación, desprecio, condescendencia, prejuicios, diferencias culturales, etc) y el concepto de hogar (“El hogar es allí donde tu ausencia no pasa desapercibida”).
“El proyecto Lázaro” es, finalmente, un doble viaje (físico e interior) de su protagonista al centro de sí mismo, con todo lo que eso conlleva.
 

29 agosto 2016

MENSAJE EN UNA BOTELLA (33)



RAFAEL BERNAL “EL COMPLOT MONGOL” (Libros del Asteroide, 2013)

El diplomático y escritor Rafael Bernal, escribió “El complot mongol” en 1969; obra considerada  como la piedra fundacional de la novela negra mexicana, nada menos.  El libro parte del arquetipo del detective privado como antihéroe conductor de la trama. En este caso, nuestro protagonista, Filiberto García, reúne los requisitos esenciales para la construcción de personajes de este cariz: descreído, violento si se tercia; viviendo y actuando en la frontera de la legalidad y en el lado oscuro de todo. Es lo suficientemente complejo como para resultar atractivo y contar con la simpatía y complicidad del lector, pese a tratarse de un frío asesino, despiadado en no pocas ocasiones. El relato avanza a través de su monólogo interior, siempre en plena ebullición, casi a punto de estallar; valorando asechanzas, dominado por una desconfianza absoluta;  burlón, calculador, cínico, lacerante. Utilizando un lenguaje poderoso, directo, callejero; forjado a base de mexicanismos. 



Hay mucho de sarcasmo y caricatura en la construcción de personajes y diálogos; y el argumento sabe sobrevolar lo delirante para posarse en lo perfectamente posible. Los tópicos del género son otra cosa a través de la mirada endurecida de Filiberto, y entran en combustión espontánea en los días locos en que se desarrolla el asunto. Lo que más me interesa es este personaje principal y, dentro de él, el contraste entre el mencionado y constante monólogo interior y su actitud exterior: fría, distante, precavida, resuelta, prudente, tierna y enamorada, a su modo.