Las hormigas recorrían a diario con voluntariosa
rutina los alrededores de la piscina municipal. Iban y venían desde la zona de
césped en un incesante trasiego perfectamente organizado. Los niños las pisaban
con sus sandalias y reían, aunque sin demasiado entusiasmo. En ocasiones,
saltaban sobre ellas descalzos unos segundos, y después se limpiaban bajo la
ducha los puntitos marrón oscuro que manchaban las plantas de sus pies.
Realmente se habían convertido en parte del paisaje, y nadie les hacía
demasiado caso. Una tarde, uno de los padres reflexionó sobre aquellas filas de
hormigas que aparecían y desaparecían bordeando la piscina. Al día siguiente,
aprovechando el momento en que los niños merendaban envueltos en toallas, con
sus cuerpos temblorosos aún mojados, en lo que no era más que un mínimo parón
antes de volver a lanzarse al agua, los situó alrededor del camino de hormigas
para, sirviéndose de estos laboriosos insectos como feliz metáfora, inculcarles
una inolvidable lección sobre los beneficios de trabajar y gestionar intereses
comunes en equipo y con una buena organización. Utilizando un tono elegíaco y
gustándose cada vez más, les contó con mirada intrigante que en el mundo de las
hormigas las decisiones se toman colectivamente; que viven en colonias
organizadas; que, como los seres humanos, cultivan e incluso tienen ganaderías;
o que cada hormiga desempeña una tarea concreta. Como ejemplo ilustrativo, tuvo la feliz idea
de colocar un trozo de corteza de pan en el suelo, cerca de las hormigas. Les
explicó que, dado su peso, una hormiga jamás podría trasladar hasta su
hormiguero el trozo de pan, y les pidió que tuviesen paciencia y observasen con
atención. Su vanidad estaba a punto de estallar ante el resto de progenitores bronceados
por haber sabido ganarse la atención de los pequeños, que miraban la escena
boquiabiertos, haciendo caso omiso de sus bocadillos. El trozo de pan pronto
estuvo rodeado de hormigas, varias de las cuales consiguieron elevarlo y transportarlo,
haciendo gala de una envidiable coordinación. Los niños volvieron al agua con
la lección aprendida y formaron diversos corros mientras nadaban, estaban
profundamente impresionados. Al día siguiente se tomaron la merienda con pausa
y sigilo; masticando en silencio sin apartar la vista del reguero de hormigas.
Cuchichearon, uno de ellos colocó un buen trozo de pastel de chocolate (un
manjar que, lógicamente, suponían mucho más apetitoso y atractivo que una
modesta corteza de pan) en mitad del camino de las hormigas y se dispusieron a
observar con paciencia. Igual que ocurrió con el pan el día anterior, el trozo
de pastel pronto fue invadido por las hormigas, por muchas más hormigas, dado
su tamaño; tantas que hasta desapareció de la vista de los niños. Sólo se veía
un negrísimo montículo nervioso de hormigas en movimiento que pronto inició un
leve avance. En ese momento los pequeños se miraron y, perfectamente organizados,
empezaron a saltar sobre las hormigas al grito de muerte, muerte, muerte.
19 agosto 2016
01 agosto 2016
LEÓN BENAVENTE
Todo lo que hay de atractivo para los oídos más inclinados al pop y al
rock, en la incorporación de elementos electrónicos, reside en la música de
León Benavente. La sensación a la vez panorámica y apremiante. El impulso
mecánico y repetitivo del mensaje. La eficacia directa e irresistible de su
transmisión. El nervio subterráneo. El lirismo frío que se licúa sobre las
melodías. El golpe sintético de energía. El latido metálico, como esqueleto
presto a ser recubierto de furia y excitación eléctrica. Todo confluye en esa
ambientación carnosa, rugosa a la vez que huidiza y ágil, que circula a nuestro
alrededor sin parar de dejar su huella. En la facilidad para atrapar lo etéreo
y propulsarlo cargado de sustancia, o para dotar de respiración y ansiedad al
ritmo. En la capacidad, finalmente, para montar al oyente en su montaña rusa de
narrativa clara que se vuelve compleja para ser otra vez clara; medidas palabras
que recorren lo eterno y lo presente para precipitarse en el oído cargadas de historias,
reflexiones y sensaciones.
17 julio 2016
SE FUE (ALAN VEGA)
Se fue
el Elvis desnudo nacido
entre el tráfico de la gran ciudad,
el aullido inmutable, la respiración acelerada
del mundo moderno y circular.
Se fue
el que llevó la toxicidad urbana a los escenarios,
el que inyectó de frialdad electrónica
los gruesos telones aterciopelados
que no dejaban de caer.
Se fue
el que congeló con precisión
el fuego de todos los corazones rotos,
la angustia escondida en todas las esquinas,
el latido tumultuoso de todos los miedos,
el anhelo mordiente de todos los deseos.
En memoria de Alan Vega.
16 mayo 2016
REENCUENTRO
Si alguien me hubiera pedido opinión acerca del
regreso de 091, me hubiese mostrado
bastante reticente. Esa es la verdad. La razón de fondo no es otra que el miedo
que me producía que la cosa saliese mal, que no obtuviesen la respuesta deseada
por parte del público, que todo quedara reducido a un ejercicio de nostalgia
para unos pocos, y uno de los pedazos de la historia del rock español más
reivindicable volviese de nuevo a su rincón, y esta vez apaleado por la
realidad. El mundo del rock tiene estas conexiones emocionales, que son parte
de su magia esencial. La empatía que llegamos a sentir con nuestros grupos
favoritos rebasa muchas veces la lógica. Por alguna extraña razón, tendemos a
ponernos en su piel, a padecer sus fracasos o la incomprensión a la que son
sometidos por el resto. A temer por ellos. Tiendo al pesimismo, lo reconozco, y
por eso lo primero que imaginé fueron escenarios menores, ambientes fríos o
críticas acerbas.
Ya han pasado los esperados conciertos de Granada,
termómetro ideal para valorar cómo está resultando esta “resurrección”, y es
evidente que el balance no puede ser más positivo. Las reediciones por fin
hacen justicia con uno de los repertorios que han rayado a mayor altura dentro
rock hecho en castellano. El público ha respondido. Y, algo muy importante, sobresale
la profesionalidad de la planificación en todos los aspectos, empezando por la
propia preparación de la banda, cosa que me alegra, pero no me sorprende; por
lo poco que conozco a José Ignacio
Lapido, sé que no es amigo de pasos en falso ni de cabos sueltos, y que el
compromiso que demuestra con su trabajo y el respeto por su público están fuera
de toda duda. Más bien son un espejo en el que debería mirarse más de uno. De estos
conciertos de la plaza de toros destaco la organización, el cuidado de los
detalles, o la inversión realizada, acorde con lo que se quería ofrecer. Pero,
sobre todo, la certeza de haber visto a
un grupo que ha conseguido lo que pocos logran en este tipo de reuniones: se
han reencontrado, entre ellos como músicos y con las canciones. Han sabido retomar
el pulso allí donde se quedó. Han pulido y añadido detalles, refrescado el
repertorio y renovado pequeñas cosas para conseguir ser ellos de nuevo en un
escenario.
El éxito de este regreso está siendo objeto de
estudio pormenorizado en decenas de barras de bar. He participado en alguno de
esos debates, y en ellos he expuesto mi opinión. Pienso que 091 gustó durante
su trayectoria a mucha gente, no a tanta como para convertirse en superventas
(menuda palabra anticuada) pero sí a la suficiente como para dejar huella. De
entre aquellos seguidores, muchos dejaron de escuchar música con la edad y
fueron aparcando al grupo, y otros mudaron de gustos e intereses musicales,
empujados quizá por esa tendencia hacia la experimentación y la superación de
lo clásico que ocupó el final de los ochenta y buena parte de los noventa, circunstancia
ésta que mermó de paso el relevo generacional de seguidores del grupo. Pues
bien, todos esos han vuelto. Pasados los años, y ante la perspectiva de poder
ver en contados conciertos acotados en el tiempo al grupo que en su día fue importante
para ellos, los antiguos seguidores se han apuntado a un ejercicio a medio
camino entre la nostalgia y el redescubrimiento; y a los que los dejaron de
seguir, el tiempo les ha demostrado que lo que realmente permanece son las
canciones que, en el caso que nos ocupa, han soportado en su mayor parte el paso
de los años. Eso sin olvidar el reducto de fieles que, año tras año, han
mantenido encendida la llama de la banda, haciendo apasionado proselitismo
hasta donde han podido. Solo queda que, tras esta gozosa confluencia, algunos
se queden y conozcan el repertorio de José Ignacio Lapido. Estoy seguro de que
les merecerá la pena.
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Lapido
15 abril 2016
MENSAJE EN UNA BOTELLA (32)
ANTONIO FERNÁNDEZ
FERRER “Monodiálogos frente al espejo” (Editorial Nazarí, 2016)
El granadino Antonio Fernández, profesor
y maestro de tantos, músico, ensayista y poeta de largo recorrido, se acerca
esta vez al relato corto partiendo de una idea que empezó a tomar cuerpo en su
blog personal, hasta crecer lo suficiente como para exigir un tratamiento más
meditado.
“Monodiálogos frente al espejo”
es un libro positivo, aunque no por ello cómodo o exento de sustancia ni de
capacidad de denuncia. En él conviven de forma natural la sencillez, el guiño
cómplice y el análisis. Se valora el paso del tiempo, el significado de las
cosas; y se celebra el placer de lo cotidiano, de los pequeños detalles que nos
acompañan, que nos modulan con su modesta y tranquila presencia. Creo que
Antonio se ha divertido escribiendo este libro, recopilando anécdotas, pequeñas
situaciones; anotando consideraciones sobre música o literatura, y sus procesos
creativos; u ordenando las reflexiones a que nos empuja el paso de los días en esta
España dominada por el absurdo, unas veces tan dramática y siempre tan
difícilmente explicable. El humor, la ironía o la mordacidad, son ingrediente
común de estos monodiálogos, o breves
intercambios de opiniones entre el autor y su alter ego. Ese otro yo situado al
otro lado del espejo que le complementa, culminando su personalidad; que sirve
tanto para sacar a relucir sus dudas como para reafirmar de sus posiciones. Así,
mediante textos breves estructurados en forma de diálogo consigo mismo, el
autor pone en liza dos puntos de vista sobre los temas de siempre, o sobre
otros desarrollados al filo de actualidad política y social, y que,
habitualmente, no son más que el reflejo de los temas de siempre. Esos puntos
de vista que juegan al tenis en nuestras cabezas en no pocas circunstancias.
Los textos, de amenísima lectura,
están cuajados de buenas observaciones, decantados con la lucidez que sólo
proporciona la experiencia de quien pasa por la vida observando con mirada
clara el mundo que le rodea. En muchos de estos monodiálogos, asistimos a un interesantísimo intercambio de ideas; y
somos testigos de la evolución del pensamiento del autor, dentro de un conjunto
en el que la concisión es virtud. Un libro que, afortunadamente, se niega a ser
el típico texto de autobombo tan común por estos lares.
11 abril 2016
PESCOZÓN
El niño miraba la televisión
sentado en el añoso sofá de la casa de sus abuelos. Tenía puesto el pijama de
“Star Wars” que le había elegido su padre, y combatía el frío que rodeaba la
mesa camilla con una mantita que su abuela le había echado por los hombros.
Llevaba dos días allí porque sus padres habían tenido que viajar a la capital.
Él no comprendía por qué no había podido acompañarles, por qué razón tenían que
ir los dos, y dejarlo solo. Cuando lloró y pataleo ante la noticia de quedarse
al cuidado de los abuelos durante unos días, su madre perdió los nervios y le
dio un pescozón que le estuvo escociendo hasta que se quedó dormido. Cada vez
que lo recordaba, se pasaba la mano instintivamente por la parte posterior de
la cabeza. Ante su insistencia en acompañarles o en que no le dejaran solo, su
padre le llamó egoísta, consentido, caprichoso y algo terminado en “céntrico”. “Soy
céntrico, como el quiosco del tito”, llevaba horas con ganas de decirle a su
abuela, que no hacía más que mirar el reloj. Su madre se tiró de los pelos,
dijo que era una desgraciada, que siempre había sido una desgraciada, que nadie
la quería, que nadie pensaba en ella; lloró, le dio una patada al frigorífico,
chilló y finalmente vino lo del pescozón. Sus padres terminaron discutiendo
entre ellos, diciéndose cosas que no acertaba a entender; se encerraron en la
habitación y gritaron durante un buen rato mientras él permanecía en camiseta
en el comedor, empezando a sentir frío y con miedo de coger la tablet, que al final de la noche terminó
junto a su cargador en la maleta familiar. Sus padres se fueron al amanecer,
estaba oscuro todavía. No había ni siquiera coches en la calle cuando su abuelo
lo condujo hacia la parada del autobús, y apenas pasó gente mientras lo
esperaban. El abuelo llevaba un bolso con su ropa y él una mochila atiborrada que
le había preparado su madre recién levantada. Pesaba mucho, y no dejaba de
pensar en la cantidad de juguetes que ya no le interesaban que su madre había
embutido ahí. El tiempo pasaba lento sin la los juegos de la tablet, sin el rato en el parque de
después del colegio. Su madre llamaba a la abuela cada dos por tres y ambas
reían, chillaban y daban saltitos, luego hablaba con él y le contaba cosas que
no acababa de entender entre gritos, risas y prisas. Aquella noche miraba la
televisión en silencio tras cenar las tortitas que le había preparado su
abuela. La manta antigua, dura, con el olor acumulado de toda una historia
familiar lo envolvía y le daba calor. El abuelo fumaba en el balcón, paseando
lentamente y mirando el paisaje como si calculase sus dominios. La tele de los
vecinos se oía a través de la pared, estaban viendo lo mismo que ellos, y los
anuncios se escuchaban con un ruido doble que le llamaba la atención. En el
bloque de enfrente, al otro lado de la estrecha calle, los vecinos miraban la
misma cadena también, ya que en su televisión salía el mismo anuncio. Cuando
comenzó el programa su abuela le zarandeó y besó presa de los nervios, y acto
seguido golpeó la puerta del balcón para que el abuelo regresara mientras
gritaba “el concurso, el concurso”. En la pantalla, el público aplaudía y el
presentador corría y abría los brazos. De pronto sus padres aparecieron. Papá
afeitado y con un peinado nuevo, mamá pintada. Ambos sonriendo con sonrisas
desconocidas. Entraron corriendo, de la mano. Hacía tiempo que el niño no los
veía cogidos de la mano, y mucho menos corriendo. Se colocaron tras unas
pantallas parecidas a su tablet, pero
algo más grandes y un poco más delgadas. Saltaron. Dijeron unas palabras como
mágicas que sus abuelos repitieron al unísono. Se volvieron hacia el público
con los brazos en alto, luego se fueron girando, agachados, hasta unir trasero
con trasero y restregarse los culos; finalmente, cambiaron de posición hasta
rozarse las narices y palmearse el uno al otro los muslos, sin dejar de menear
el culo.
23 marzo 2016
MENSAJE EN UNA BOTELLA (31)
ENRIQUE BONET “La araña del olvido” (Astiberri, 2015)
"La araña del olvido"
de Enrique Bonet consigue que, conforme se avanza en la
lectura, el pasado arda entre nuestras manos mientras va dejando un poso helado
en el fondo del alma. Imperan un tono sombrío, un olor a cerrado, que inundan
hasta el último rincón. Un frío que no se termina de vencer. Se escucha el
gotear constante del miedo, de la incertidumbre. Se percibe en la expectación
de las miradas y en la facilidad con que éstas se agrietan y desvían, en los
silencios, en las emociones amordazadas; en las excusas, las dudas, la
desconfianza generalizada. Revolotea en la profundidad de los espacios, en la quietud
de las estampas de una ciudad varada que se deja remolcar con los ojos cerrados
y los oídos tapados. En las mentiras de peces que boquean para sobrevivir en un
estanque pútrido, terminando por creer sus propias mentiras. Bonet subraya, con
el ritmo con que modula los acontecimientos, con su distancia y contención, esa
amenaza latente. Tan eficaz que los restos de su naufragio llegan hasta
nuestros días, hasta el temor a indisponerse con el poder (o con el posible poder) que aún nos atenaza de alguna manera.
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Estamos ante una indiscutible
muestra, otra más, de ese poder único del cómic (aunando el escenario mental que
la lectura nos permite recrear, con el poder de las imágenes, en este caso,
escrupulosamente escogidas) para adentrarnos en cualquier circunstancia
histórica, en cualquier peripecia, a cada cual por nuestro propio camino.
18 marzo 2016
ENTREVISTA PACO CANO
PACO CANO “LA MIRADA DEL SABIO”
Paco Cano es el propietario de Subterránea
Cómics Discos (C/ Horno de Abad, 12, frente a Planta Baja), una de las
tiendas de referencia en Granada en lo relativo a cómic, literatura rock y
discos de vinilo. Al acceder a este lugar especial para tantos granadinos, refugio
del mundo, lugar de encuentro habitual de músicos, escritores y dibujantes, uno
se siente flotar en la vibrante intersección entre la solidez de los clásicos más incontestables y el resplandor de
la actualidad más palpitante; representados en estanterías con vida propia,
repletas de un sorprendente, variadísimo y suculento fondo de elepés, tebeos y
libros. Paco te recibe afable, sin agobios. Él sigue a lo suyo mientras tú
curioseas y buscas con calma. Una vez solicitas su consejo, no se le pone cara
de querer venderte lo que sea. Escucha con paciencia, razona sus
recomendaciones, advierte, despliega su magisterio, conversa, compara;
establece relaciones y da explicaciones que enriquecen tu punto de vista, ya
busques cómics, discos o libros. La mirada del sabio es amplia y honesta, y eso
es una garantía para cualquier aficionado en estos tiempos laminadores de
consumo teledirigido e inmediato.
Empezaremos la conversación con una pregunta sencilla ¿Cuál es el
estado actual del cómic?
Es bueno. Se publica más que
nunca en nuestro país y el nivel de nuevos y no tan nuevos autores se me antoja
mejor que nunca. Eso sí, industria del tebeo sigue sin haber en España, en el
sentido de que para dedicarte plenamente a dibujar historietas tienes que mirar
para editoriales de fuera.
¿Cómo se inició tu afición a los tebeos?
No lo recuerdo, supongo que
siempre ha habido un tebeo rondando por mi casa. Como ya tengo una edad, en mi
niñez era un entretenimiento común. Aparte de una franja horaria infantil en la
tele bastante reducida y estar tirado en la calle jugando con balones, canicas,
palos y piedras, era lo que había. Yo me limitaba a devorar con avidez todo lo
que caía en mis manos.
Háblanos un poco de tus autores favoritos y qué destacarías de cada uno
de ellos.
Jaime Hernández: una capacidad de síntesis abrumadora. Sus
personajes son tan creíbles que casi te parece haberte cruzado por la calle con
alguno. Dibuja a las mujeres de forma excepcional: cuando son jóvenes con sus
atractivos y cuando son maduras con sus decadencias.
John Romita Sr.: el más elegante de los dibujantes Marvel. Es mi
magdalena de Proust cada vez que veo un Spiderman o una Mary Jane o un
Duendecillo Verde dibujados por él. Aunque igual podría decir lo mismo de John Buscema y su Estela Plateada, o Dan Barry y su Flash Gordon…
Robert Crumb: el dominio del dibujo y el exceso.
Charles Burns: la línea clara más oscura de todos los tiempos.
De mis descubrimientos recientes,
aunque tiene su tiempo, está Walthéry
y su personaje Natacha: dibujo virtuoso, caricaturesco pero más cerca de lo
habitual al realismo. De la escuela franco-belga también me gustan casi todos
los clásicos: Franquin, Uberzo, Morris, Tillieux… y guardo
un recuerdo muy fuerte del Yves Chaland,
continuador de todo esto en los ochenta. Por desgracia murió joven y nos
quedamos con las ganas de ver su evolución. De la nueva ola francesa más
reciente destacaría a Sfar, Blain y David B.
Más europeos: Moebius-Giraud, Tardi, Loisel.
Españoles me gustan muchos pero
no voy a hablar porque también hay amigos entre ellos. De generaciones
anteriores están Raf, Coll, Jordi Bernet, Figueras…
No me pidas explicaciones, son
querencias y no sirvo para analizar los porqués.
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| Paco Subterránea. |
¿Te imaginaste alguna vez regentando una tienda de estas
características?, ¿qué supone para ti?
Estoy en esto de rebote y después
de haber superado el tener muchas dudas sobre su viabilidad o mis habilidades
para llevar un negocio de este tipo. Igual no soy muy bueno, porque no gano
mucho, pero cada día me alegro más de mi decisión, por todo lo bueno que me
aporta, por la gente tan afín que he conocido y que de otra forma no hubiera
conocido. Y no me refiero sólo a los artistas.
¿Cómo han evolucionado los tebeos en lo referente a edición, calidad,
temática, etc. desde tus tiempos de consumidor adolescente?
En mi adolescencia ya empezaban a
verse todas las tendencias que se han impuesto hoy. Ahora están más
desarrolladas. Hay más editoriales, se publica mejor y hay más especialización
temática entre ellas.
¿Qué va a encontrar en Subterránea alguien que entre por primera vez?
Tebeos y discos, sobre todo, y
buena disposición por mi parte.
¿Qué tipo de cómic resiste mejor
el paso de las modas, crisis y demás?
Eso ya se verá. Yo diría que los
de género, los que siguen un patrón en mayor o menor medida y que, bien
utilizado y con la suficiente calidad por parte de los autores, sirve de
vehículo para hablar de todo. Mis querencias van por la serie negra o policiaca,
el western y los de aventuras. Quiero creer que estos géneros se mantendrán ahí
siempre. Me encantaría ver buenas comedias o tebeos divertidos, pero eso no
abunda, son más difíciles de hacer bien y que su humor no tenga fecha de
caducidad.
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| Con Víctor Coyote. |
¿Cuál es el mejor personaje de cómic en tu opinión de lector
experimentado?
Spirit. Fue la respuesta de Will Eisner a los superhéroes, pero no
deja de ser una excusa para hablar de cualquier tema que le apeteciera a su
autor, dejándolo incluso de lado en muchos casos.
¿Qué ha supuesto la emergencia de la denominada novela gráfica para el cómic?
¿qué te parece el término? ¿Qué tres novelas gráficas te parecen
imprescindibles?
El término, con la acepción que
tiene hoy, me parece bien, si sirve para vender tebeos y que la gente se
acerque sin prejuicios a estos. En realidad es un eufemismo por las
connotaciones negativas que otros términos, como tebeo o cómic, tienen para la
mayoría de los mortales.
A día de hoy: From Hell, Agujero
Negro y El corazón coronado. Bien mirado, el tercer título es un integral que
en principio se editó como varios tomos, y novela gráfica se entiende como un
tebeo hecho en un solo tomo. Visto así nos perdemos grandes novelas gráficas
que no son novelas gráficas, como casi toda la obra de los Hernández Bros., Blueberry, Spirit, Érase una vez en Francia, casi
todo Tardi, casi todo Robert Crumb, Jim Cuttlas, Magasin General, Sandman,
Scalped, Transmetropolitan, Lincoln, Blacksad y un larguísimo etc.
¿Notas renovación generacional entre los lectores de tebeos y los consumidores
de discos?
Por lo que veo en mi tienda,
poca. Somos mayoría los canos calvos.
¿Qué distingue al consumidor habitual de tebeos de los de otras
manifestaciones artísticas?
Los tebeos son una opción de ocio
propia, personal, no mediatizada por nada ni por nadie; incluso siendo una
afición mal vista por un amplio sector de la sociedad.
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| Vinilos, siempre en primer plano. |
¿Tiene el cómic una forma de contar particular en relación con otras
formas de expresión artística?, ¿en qué consiste?
Hay una serie de aspectos que
bien manipulados ofrecen infinitas posibilidades de expresión: el diseño de
página, el uso de la elipsis, mezclar épocas o recrear las que pasaron,
inventar mundos, incluso la ruptura de las normas si no se abusa y es legible…
todo eso puede servir para contar las cosas de forma única.
Hoy en día el cine también puede
mezclar mundos o recrear épocas pasadas con el uso de los efectos especiales de
muy diversa índole, pero siempre las historias y los argumentos serán más
conservadores porque para su financiación tiene que llegar a un público lo más
amplio posible.
¿Qué recomendaciones tienes para iniciar en la afición al cómic a los
pequeños lectores?
Una asombrosa aventura de Jules,
de Émile Bravo; Bone, de Jeff Smith; Calvin y Hobbes, de Bill Watterson. También podría servir
cualquiera de los grandes clásicos americanos, europeos o japoneses.
Recuerdo hace años lo difícil que nos resultaba acceder a biografías,
ensayos o literatura relacionada con el rock. Hoy, sin embargo, asistimos a una
auténtica saturación, entre la que a veces es complicado distinguir el grano de
la paja. ¿Qué libros relacionados con el rock recomendarías, y qué músico
consideras mejor escritor?
Casi cualquier grupo o estilo
musical tiene su libro escrito con una calidad decente, así que recomiendo los
que se acerquen al gusto de cada cual.
En cuanto a músicos, de los que
he leído, me quedo con el de Kim Gordon,
La chica del grupo o el Postales negras de Dean
Wareham. Son libros muy bien escritos y con cosas muy interesantes que
contar de primera mano. Mis gustos actuales van hacia el humor y la diversión,
con estas características quien parte la pana es nuestro Víctor Coyote con su Cruce de perras y el gran Ian Svenonius, con Estrategias sobrenaturales para montar un grupo
de rock.
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| Subterránea por dentro. |
Además de tu labor en Subterránea, también te has involucrado en la
financiación de diversas ediciones discográficas en vinilo: Guadalupe Plata,
Varaverde, Carne… Quisiera saber qué recuerdos tienes de aquel primer
lanzamiento de los actualmente muy reconocidos Guadalupe Plata, y si hay algún
próximo proyecto en este sentido.
El recuerdo es muy bueno. Estoy
muy orgulloso de haber ayudado a que empezaran a andar. De todas formas esto de
sacar discos es algo mínimo para que un grupo funcione, el trabajo duro lo
hacen ellos pateándose mil garitos de la península e incluso de fuera de ella.
Sigo disfrutando mucho de sus discos y de sus directos, son buenísimos. Varaverde también eran muy buenos, pero
apenas tocaron después de sacar ese disco y se nota, sobre todo en mis estanterías.
Carne han colocado su parte y queda
casi toda la nuestra. Estoy deseando verlos por aquí otra vez, me gustan mucho.
Proyectos futuros no hay. Tenemos
que ponernos de acuerdo dos personas, eso es más fácil que si se trata de un
grupo más numeroso como fue lo de Granadina de Prospecciones Sonoras. Pero no
es nuestro trabajo, no estamos pendientes de descubrir la última sensación ni
de publicar a toda costa. Las veces que hemos sacado algo ha sido casual y
porque nos gustaba mucho hacerlo a los dos socios. Si pasa otra vez se hará y
si no mejor para mis estanterías.
¿Crees que el vinilo ha vuelto para quedarse?
Me gustaría decir que sí. Los
últimos acontecimientos me hacen dudar. Ya tenemos aquí a las multinacionales otra vez reeditando a cascoporro y los precios están subiendo.
.
De la inmensidad de reediciones en vinilo a la que estamos asistiendo
en los últimos años, ¿Cuál te parece la mejor y por qué?
La caja de Décima Víctima, editada por Munster.
Trae inéditos y todo lo publicado en su momento. Y cuesta poco comparado por lo
que se pide por cada original de ellos.
Me gusta que se recuperen esos
discos que se quedaron en el limbo o que no se llegaron ni a editar; por
ejemplo: la recuperación de grabaciones de Las Chinas o Ataque de Caspa, y encima
estos últimos resucitando y sacando un disco maravilloso. Creo que las
reediciones que más me gustaría ver no van a salir, o no de la manera en que yo
las imagino. Sería maravilloso ver un cajetón con muchos vinilos, cds y libros
de Vainica Doble, recuperando todo
lo recuperable de sus grabaciones, textos e imágenes, y coeditado entre
Fulgencio Pimentel y Elefant. U otro con todo lo de 713avo Amor. Seguro que aunque se hagan no se hará como debería; o
sí, ¿quién sabe?
Entrevista publicada en el nº4 de la revista "Lugares Comunes".
Fotos: José A. Albornoz.
13 marzo 2016
NIEVE ROSA
La niña duda a la entrada del
parque y su madre le empuja levemente, con los cinco dedos de su mano derecha
separados mientras sostiene su móvil de funda rosa entre el hombro y el cuello.
Su boca gesticula y su sonrisa se muestra brutalmente irónica, agria, lacerante.
Restos de carmín parecen haberse estrellado contra sus paletas ocres. Casi
todos los columpios están ocupados, y la pequeña se planta sin saber qué hacer
ante un solitario trampolín circular colocado en el suelo del parque. La madre,
tomándola de la mano, la obliga a colocar los pies en él mientras interrumpe su
conversación telefónica para anunciarle con aspereza que es tan tonta como su
hermano. La madre vuelve a marcar exhalando vapor y humo de tabaco. Hace frío,
el cielo está completamente blanco. La niña mueve los pies sobre la superficie
elástica, inspecciona el terreno, mira a su alrededor, trata de saltar
precavida, elevándose mínimamente. Los bracitos se afanan en preservar su
equilibrio. Lleva unos excesivos zapatos color beis, leotardos y guantes rosas,
una faldita de cuadros, un grueso jersey también rosa y su pequeño anorak, del
mismo color. Salta apenas, voluntariosa, frunciendo levemente la boca,
esbozando reflejos de sonrisas ante sus casi inapreciables progresos. La madre
recorre pegada a su teléfono el parque infantil cortando el aire con su
antebrazo izquierdo, que parece haber iniciado una revolución por su cuenta. Alguien
al otro lado no la deja hablar. Ella suspira, pone los ojos en blanco, chasquea
la lengua, mira al resto de niños y madres con una mezcla de indiferencia y
hartazgo. La pequeña, sola, a su aire, da vueltas sobre sí misma; hace tembloroso
amago de salir del trampolín colocando un pie en el borde pero se arrepiente y
regresa a su posición inicial, saltando levísimamente, más bien poniéndose de
puntillas, moviendo la cabeza a la vez que sus rizos castaños. Mientras la
madre espeta encorvando su cuerpo “Papá, me prometiste que ese dinero era para
mí”, ella grita mamá repetidas veces, elevándose de manera cada vez más apreciable,
consiguiendo saltar rítmicamente mientras los copos de nieve se van posando en
sus hombros, sobre su cabello atravesado de horquillitas. Las madres empiezan a
abandonar el parque en todas las direcciones protegiendo a sus hijos, colocándoles
gorros y bufandas, abrochándoles sus chaquetas. La nieve se precipita golosa y
copiosa, y el rosa se eleva cada vez más y más alto, subiendo y bajando
acompasadamente, orlado de blanco, empapándose, brillando en su soledad.
Gritando mamá, mamá, mírame mamá, mientras la madre aparta la nieve de la
pantalla de su móvil con un cigarrillo recién encendido entre los labios que se
mueve como si hubiese iniciado una revolución por su cuenta.
16 febrero 2016
MENSAJE EN UNA BOTELLA (30)
CARLOS ZANÓN “Yo fui Johnny Thunders” (RBA, 2014)
Cuando adquirí “Yo fui Johnny Thunders”, el libro me
quemaba en las manos. Ya sabía por amigos que no era una novela centrada exclusivamente
en el mundo del rock. Me habían dicho que éste discurría de manera paralela al
argumento principal, que lo usaba como punto de partida o como marco de la
trama, qué sé yo. Algo de eso hay, desde luego, pero, una vez terminada la
lectura, la sensación que queda, sobre todo para quien ha crecido escuchando discos
de Rock and roll, es que su espíritu empapa cada página; que ese cúmulo de
sensaciones, ese constante estado de expectación, esa emoción inasible que se
expande, ocupándolo todo, en una etapa concreta de la vida, es trasladada de
forma absolutamente certera. Con mi ejemplar en la mano, me dirigí a una
cafetería cercana en la que leí las primeras cincuenta páginas. El inicio
fulgurante, la disposición de la estructura de la novela que se va asentando. Zanón tiene eso, una vez que te ha
atrapado, volver a la realidad cuesta, requiere un salto preciso para aparcar
momentáneamente todas esas posibilidades abiertas de par en par. Todos esos personajes
que comienzan a crecer arrastrados por la corriente.
Y es que el misterio de sus
novelas siempre brota del pozo insondable de sus personajes, de lo que se cuece
en sus entrañas, de la nube tóxica de sus circunstancias. Del escenario
tangible de esa cotidianidad que lo impregna todo, llena de puertas traseras
que están siempre a un paso y se abren a precipicios; que llueve ponzoñosa,
desfigurando y humanizando dolorosamente todos los arquetipos de la novela
negra, sin que su corazón, lleno de calles estrechas y barrios obreros, deje de
latir siempre al mismo e inexorable ritmo. En las novelas de Carlos Zanón la trama avanza
sin resquicios. El autor no te lleva de la mano hacia lo que debes pensar, más
bien te empuja, te hace tener los ojos bien abiertos; te obliga a deglutir, no
digiere por ti.
Su prosa es seca, pero no plana.
Tan estruendosa como sigilosa. Rechina, sueltas chispas, engarza frases
lapidarias; muestra inesperados espejos al lector. Lanza metáforas como obuses,
o afiladas tal que agujas. Puede ser tan desabrida y brutal como las vidas y
situaciones que retrata. Angustiosa, es capaz de desarrollar una plasticidad
que le permite colarse por lugares muy estrechos de negro palpitar. Filtra
imágenes perdurables, devastadoras; desarrollando e insertando una profunda
mirada social desde la dura epidermis de la calle. Decanta un lirismo amargo,
esta vez atravesado por la exacerbación de sentimientos y evocaciones que
aporta el Rock and roll.
Sus descripciones, siempre ágiles,
saltan del fondo de los cerebros al centro de los corazones, de la violencia más
real al sexo más inmediato. Saben reducir la velocidad para respirar hondo y
acariciar los detalles. Se muestran suficientes, sin desbastar, sacadas a tajo
de la realidad. Bordeadas de mordacidad, rabia, humor vitriólico, ternura y
agotamiento.
Carlos Zanón vuelve a ofrecernos
una historia arrebatada, en constante in crescendo. El autor juega con el
acelerador pero, como siempre, cada vez lo pisa más fuerte. No ahorra, no
especula. Y, ya sabes, la trama la tienes que vivir tú, querido lector.
22 enero 2016
TUVO MALA SUERTE
Esta mañana me ha sobrecogido
profundamente la lectura a través de la prensa de la carta en la que Diego, un
niño de once años sometido a acoso escolar en su colegio, se despidió de su
familia el pasado 14 de octubre, antes de decidir poner fin a su sufrimiento
lanzándose por la ventana de la cocina de su casa, situada en una quinta
planta. Lo primero que pensé es que tuvo mala suerte.
Tuvo mala suerte. Parece ser que
no había indicios. Miedo me da imaginar por todo lo que debe pasar un alumno en
la Escuela Española para que alguno de esos profesionales que pasan centenares
de horas con él al año atisbe algún indicio. Además, ya sabemos que eso de los
indicios no es para nosotros, que tendemos a arreglarlo (o taparlo) todo a
posteriori.
Tuvo mala suerte. Nadie se fijó
en que estaba siendo acosado por algunos de sus compañeros. Nadie cayó en la
cuenta. Nadie vio nada fuera de lo normal. Nadie prestó demasiada atención a lo
que ocurría en el recreo; los chavales, ya se sabe. Y es que esas cosas hay que
detectarlas, generalmente el acosado calla y tira para adelante con su dolor,
hasta que no puede más. O bien nadie creyó necesario hablar con sus padres. O a
nadie se le ocurrió poner el caso en conocimiento de la dirección del centro, o
de la inspección. O nadie pensó que podría ser positivo reunirse con los padres
de los maltratadores, hacerles partícipes de la situación, involucrarlos en su
solución. Todos estaban muy ocupados pensando únicamente en sí mismos.
Tuvo mala suerte, porque hay profesores
que sí se fijan en esas cosas y son lo suficientemente sensibles y
profesionales como para actuar con diligencia. Pero a él no le tocó ninguno de
éstos. Ya se sabe, son una caja de sorpresas estos docentes. Te toca lo que
toca.
Tuvo mala suerte porque mientras
que no haya denuncia por parte suya o de sus padres por lo visto todos se lavan
las manos. Qué cargantes estos niños que tienen algo que los hace diferentes, o
no tienen madera de líder, o les falta aguante, o no son carismáticos, o no saben
recurrir a la violencia para imponerse en clase. Qué fastidio tener que remover
el agua de nuestro estanque feliz. Qué pesadez interceder por ellos para
sacarles las castañas del fuego y complicarse uno la vida. ¿Qué hora es?
Tuvo mala suerte por vivir en una
sociedad que ha llegado a tal grado de podredumbre moral que tiende a culparse
a sí misma de todos los males, diluyendo las responsabilidades concretas entre expedientes
rutinarios, burda palabrería y vergonzosas declaraciones de intenciones.
Y es que considerar el acoso
escolar como un problema secundario, o aceptar implícitamente como parte de la
formación natural de los niños el hecho de que se tengan que buscar la vida
como puedan cuando sufren maltratos o vejaciones por parte de otros compañeros de
colegio, es síntoma evidente de hasta qué punto nos cuesta conformar una
sociedad democrática, que no es otra cosa que saber y querer convivir. Y
convivir no es simplemente tolerar al otro, es ser responsable, cumplir con las
obligaciones, pensar en cómo pueden repercutir en el resto nuestras acciones u
omisiones. Sentirse parte de algo. Seguimos abrazando la mezquindad como modo
de actuar en la vida: sólo levantamos la voz ante lo que nos beneficia
personalmente de algún modo, ya sea política o económicamente, lo demás lo relativizamos
u obviamos. Sobrevivimos, no convivimos. Por eso estamos languideciendo como
proyecto de sociedad en común. No se trata de no saber convivir, es simplemente
que no interesa. Insultamos a los que no piensan como nosotros, emborronamos la
realidad, manipulamos por definición, mentimos con descaro, pero, sobre todo,
hemos desarrollado una capacidad única para mirar hacia otro lado.
13 enero 2016
ENTREVISTA RAÚL BERNAL
RAÚL BERNAL “LA
PROFUNDA HUELLA DEL AMOR Y EL COMPROMISO”
Hace unos dos años, el murciano
afincado en Granada Raúl Bernal hizo
público un particular manifiesto. Allí declaraba su proyecto musical (Jean Paul), fuera de la inercia del
mundo de la música y sus tejemanejes, exponiendo claramente sus decisiones al
respecto. Se trataba de un texto realmente alternativo, lúcido, comprometido
con su amor por el arte de hacer canciones; sin egolatría ni soflamas que
lastraran su contundencia. Ocho años antes de ese escrito, conocí al
multiinstrumentista Bernal como nuevo teclista del grupo de José Ignacio Lapido. Allí estaba, situado
a la izquierda del escenario, generalmente de perfil, su melena envuelta en
humo, enriqueciendo y subrayando el poso clásico de una música intemporal. Sus
dedos atacaban las teclas con decisión, pero había mucho más por descubrir. A
partir de 2007 comencé a seguir con interés la evolución de Jean Paul. El
teclista, bien afianzado en los estribos de sus referencias musicales y
literarias, ahora hundía y apretaba los dedos en la tierra fértil de sus
propias composiciones, arrastrando su voz mate por un relieve musical que es
piel a medida de un discurso imbuido de poesía; ofreciendo canciones
inagotables, de esas que saben marcar su terreno y con sus dedos pulsar al
oyente. Espacios cerrados y turbulentos, crepusculares, poderosas imágenes
panorámicas; evocación, reflexión acaso dolorosa, amor, ironía, desnudez,
destellos de luz. De todo esto y mucho más nos habla Raúl Bernal.
¿Cuándo tuviste claro
que querías dedicarte por entero a la música?
Comencé a escuchar discos de
forma consciente cuando tenía unos seis años, y me encantaba. A esa misma edad
aprendí a poner vinilos en el tocadiscos de mis padres. Algo más tarde comencé
a estudiar música, con ocho años. Acabé la carrera de piano con veinticuatro,
toda una vida. No era muy consciente de estar estudiando una carrera por
entonces. No sé si alguna vez tuve claro que quería ser músico, lo que sí
recuerdo claramente es el momento en el que me di cuenta de que me había
convertido en músico, y me sentí realmente feliz en ese momento. Rondaría los
quince años. A esa edad comencé a tocar en grupos de rock hasta ahora, en ese
momento salto la chispa.
Háblanos de los
teclistas o músicos en general que más influencia han tenido sobre ti y por
qué.
Hay dos teclistas que han tenido
una gran influencia sobre mí y sobre mi forma de tocar, para mí son mis ídolos
desde que era muy joven, uno es Ray Charles y otro es Richard Manuel. A Ray
Charles lo he estudiado mucho y tomado prestado algún que otro truco. De
Richard Manuel intenté absorber su suciedad equilibrada, no es un grandísimo
pianista, pero tiene mucho corazón.
También me han influenciado mucho
Dylan, Dr. John, Tom Waits, Nick Cave, Cohen, Young y un largo y extenso etc…
¿Cuáles fueron tus
primeras referencias como compositor, las que te empujaron a escribir
canciones?
Antes de descubrir a Cohen y
volverme loco con sus canciones empecé a escribir pequeños bocetos que se
asemejaban a canciones, un tanto oscuras y con poca estructura, a modo de
ensayo, frustrante en muchos de los casos. Me empapaba de los discos que tenía
por casa: Beatles, Simon and Garfunkel, Bee Gees, Stevie Wonder…pero no me enteraba de lo que decían las letras.
Hasta que escuché a Serrat, pero era
la música que les gustaba a mis padres, por lo tanto huía un poco de ella,
ahora me fascina. Lo que realmente me golpeó duro y me hizo querer hacer
canciones como esas fue el disco “Dragón Negro” de Esclarecidos. Entendía las letras, me encantaba la música y tenían
un halo de tristeza y esperanza a partes iguales que me emocionaba. Hoy en día
sigo escuchando ese disco y me sigue fascinando como la primera vez.
¿Qué canciones o
libros te han facilitado mejores herramientas para tratar de comprender el
mundo que te rodea?
Ha habido muchas canciones y
muchos libros que me tomé demasiado en serio y cambiaron mi forma de pensar e
incluso me llevaron a tomar decisiones importantes. La Generación Beat fue muy
importante para mí en la adolescencia, también Rimbaud y Borges, Capote, Rilke, Dylan, Cohen, Waits…
Han sido muchísimas canciones y
muchísimos libros, ahora intento que no me afecten tanto, no me los tomo tan en
serio, he crecido y no es que ya no crea en ellos, sino que la vida ya no la
vivo de una forma tan literaria como intentaba hacerlo antes.
De entre tus músicos
favoritos, ¿cuál de ellos gestiona mejor los silencios?
Sin ninguna duda, Shostakovich.
Supongo que estarás al tanto de los últimos libros que, han aparecido
diseccionando todo aquello de la escena indie
de los noventa y la actitud que
mostraba ¿Qué opinas acerca del
compromiso político de los músicos? ¿Es reprochable crear sin incidir en la
realidad social?
Intento estar al tanto de todo
cuanto sale sobre música que me interesa. No dejan de parecerme oportunistas
muchos libros que han aparecido sobre el indie
y demás, nos venden la heroicidad de todo aquello y novelizan demasiado lo que
realmente fue, una lucha contra lo establecido y la aparición de una escena y una
forma de ver la vida y la industria propia, nueva. Todo se engrandece pero ya
te dije antes que no me lo tomo todo tan en serio como tiempo atrás. No creo en
tantas cosas como antes.
En cuanto al compromiso político
me parece de ley mezclarlo en tu obra y también no hacerlo. No es reprochable
ninguno de los casos. Pero sí hacerlo sin elegancia. Gandhi o el Ché…yo elijo
el primero.
¿Puede considerarse
tu estancia en Grupo de Expertos Solynieve como tu principal acercamiento al
público indie?
Dudo que exista un público indie. Creo que es una moda, algo así
como tatuarse símbolos sin saber qué significan. Existe un público que va a
salas y otro que va a festivales. También dudo que gran parte del público al
que se le denomina indie sepa
realmente qué supone que un grupo sea indie.
¿Han cambiado en algo las condiciones que te empujaron a publicar aquel
manifiesto de 2013, referido a las actuaciones en directo de Jean Paul y sus
lanzamientos discográficos?
No han cambiado nada, sigo pensando exactamente lo mismo,
por eso hago giras tan extensas y tengo este éxito atronador.
Los cambios sustanciales acaecidos estos años en el negocio de la
música (caída de ventas, internet, posibilidades de autoedición, etc.) ¿han
supuesto en algún momento un cambio real de las reglas de juego?
Las reglas del juego cambiaron
hace bastantes años. Bajo mi punto de vista desde que el gobierno de nuestro
país hizo campaña en contra de los músicos y los artistas que nos buscamos la
vida como buenamente podemos todo empezó a irse a la mierda, la subida del
I.V.A. es una treta para acabar con los que podemos hacer revoluciones hoy en
día. La música es muy poderosa y lo saben, están acabando con ella y con toda
una profesión muy digna y cruda que da trabajo a mucha gente. Hoy en día hacer
canciones, sacar discos, tocar, es una rebelión, es luchar contra ellos.
Caen las ventas y es lógico,
internet es un escaparte mundial y no hay control sobre las descargas ilegales,
por lo tanto la gente lo usa lícitamente, no se arremete contra las grandes compañías
telefónicas, sino contra los usuarios. Error. El mal, el demonio, son las
compañías telefónicas, ellas se llevan el dinero que nos corresponde dando
manga ancha a cualquiera que le de cuarenta euros mensuales. No es gratis
amigos, le pagáis a los malos, no a los buenos. El pueblo tiene culpa de no ser
respetuoso con los artistas, deberán pasar varias generaciones para ello. El
gobierno es el que debe controlar a las compañías telefónicas, no al usuario.
La picaresca tiene varios siglos de antigüedad, lo llevamos dentro.
Ahora lo que debemos hacer es no
funcionar como en los 80´s o 90´s, hay que mostrar tu trabajo de otra manera,
algo más pura, más real. Y sobretodo acabar con todos los intermediarios
innecesarios.
¿Qué canción te ha
costado más componer?
La que llevo treinta y cuatro años intentando hacer. La
mejor.
![]() |
| Dolorosa |
Como compositor, ¿llega un momento en que el proceso compositivo tiende
a abandonar el terreno de la aventura y el riesgo por mor del oficio?, ¿cómo se
combate, en ese caso, esa tendencia?
Supongo que llegará ese momento
cuando tienes un grupo de gran éxito y todo el mundo te exige que hagas siempre
lo mismo. No sé. En mi caso, cada composición es un comienzo nuevo, en ese
proceso existen por igual momentos azarosos y técnicos, desconocemos la forma
final, todo va cambiando continuamente. Siempre existe riesgo, partimos de cero
y buscamos siempre lo mejor.
Cada compositor tiene que buscar
su voz y tener su discurso y no conformarse nunca. Esa quizá sea la forma de
combatir la autocomplacencia.
“Las
reglas del juego cambiaron hace bastantes años. Bajo mi punto de vista desde
que el gobierno de nuestro país hizo campaña en contra de los músicos y los
artistas que nos buscamos la vida como buenamente podemos todo empezó a irse a
la mierda, la subida del I.V.A. es una treta para acabar con los que podemos
hacer revoluciones hoy en día. La música es muy poderosa y lo saben, están
acabando con ella y con toda una profesión muy digna y cruda que da trabajo a
mucha gente.”
Siguiendo la estela
de un poema tuyo, ¿escribir canciones libera al monstruo o lo alimenta?
A partes iguales. Si realmente te
sientes un escritor de canciones siempre harás canciones por necesidad, por una
sensación de libertad y siempre te llevará a escribir canciones la sensación de
querer vaciarte y sacar tus miedos, tus verdades y tus mentiras. Es grato y
doloroso. Capote lo resumía muy bien en su prólogo de “Música para camaleones”:
“Cuando uno tiene un don también tiene un látigo y ese látigo sirve únicamente
para autoflagelarse”.
Háblanos un poco del
sello Cabaña, ¿cómo funciona?, ¿qué expectativas tiene?, ¿qué trata de
recuperar?
Cabaña es un sello discográfico
sin ánimo de lucro. Una asociación que hicimos cinco amigos de Granada: Luis Arronte, Dani Estévez (Estévez), Fran Ocete y Chesco Ruiz (Brío Afín)
y un servidor. La idea es editar discos en un formato elegante y devolverle al
disco el valor de la unicidad. Sacamos pocas copias, nos financiamos nosotros
mismos, nos promocionamos nosotros mismos y nos vendemos nosotros mismos. La
idea es hacerlo grande y sacar muchos discos, claro. Tenemos una línea clara de
edición. La temporada que entra esperamos poder lanzar tres trabajos nuevos.
Estamos contentos, es un proyecto muy bonito hecho entre amigos y lo único que
necesitamos es vender copias suficientes para poder financiar el siguiente
proyecto. Así funciona Cabaña, apoyando los trabajos que estén en la calle en
ese momento como si fueran los nuestros propios y esperar nuestro turno para
lanzar el proyecto de cada miembro del sello. Todo el dinero que se genera
siempre va a parar al sello, nadie se lucra con ello excepto el sello, que
aportará esas ganancias para siguientes trabajos. Lo que se llama Amor al Arte,
vaya.
Como director de una academia musical tan especial como Gabba Hey ¿qué
balance haces de este primer año de funcionamiento? ¿qué es lo que más te está
sorprendiendo de esta experiencia?
El balance es fabuloso. Lo más
destacable: que no estamos solos. Hay mucha gente interesada en el rock, y con
unas ganas tremendas de aprender, de formar una banda, de grabar discos. Es muy
bonito ver cómo gente que entra en la escuela sin saber prácticamente nada
puede llegar, en un año, a hacer conciertos, grabaciones… Gabba Hey se ha
convertido en lo que queríamos que se convirtiera, un lugar de encuentro donde
se aprende mucho y donde se disfruta mucho. Entre alumnos y profesores hemos
formado una gran familia. Es muy chulo ir a tu trabajo cada día sabiendo que
eso es así.
En tu caso, ¿Cuáles
suelen ser los mejores momentos para escribir canciones?
Lo mejor para componer canciones
es tener tiempo. A mí me escasea bastante, así que hago canciones en cualquier
lugar, grabo ideas en el móvil, escribo ideas en mi moleskine, cuando tengo tiempo en casa cojo la guitarra e intento
ponerlo todo en orden. Si alguna idea fluye y me parece buena no paro hasta
terminar la canción. Pero el tiempo es fundamental a la par que fugaz.
¿Cómo ha influido en
el sonido y en el desarrollo del proyecto Jean Paul el hecho de contar con el
apoyo y continuidad de los músicos que te acompañan?
Jean Paul empezamos siendo una
banda, haciéndolo todo juntos, empezamos muy fuerte tal vez. Cuando una banda
se tropieza una y otra vez todo se acaba quemando. El primer disco “Breve
Historia Universal” fue un disco de banda cien por cien. “Manqué” fue un disco
de una banda acompañando a un cantante y “Ocho variaciones sobre el futuro” fue
mi álbum más solitario, conté con los miembros del grupo pero nunca ensayamos
para el disco y no hicimos ningún concierto como banda para presentarlo. Fue un
disco muy mío. Estaban prácticamente todos los arreglos antes de empezar a
grabar con los músicos. A todos les agradezco enormemente su apoyo y
colaboración desinteresada en cada momento. Ahora cada uno tiene sus proyectos
y su energía en ellos y ojalá les vaya genial.
¿Te pasa como a Dylan,
que dice que nunca escucha sus discos una vez acabados?
A mí me gusta escuchar mis
discos, naturalmente no lo hago con mucha frecuencia, pero de vez en cuando me
gusta revisitarlos y ver si envejecen bien.
¿Qué ha supuesto José
Ignacio Lapido para tu desarrollo como músico y compositor?
Jose es una persona maravillosa.
Le tengo un respeto enorme como persona y como músico. A mí me acogió en
Granada, de esto hace más de once años. Me ha enseñado mucho, a entender mejor
el lenguaje del rock, me ha descubierto muchísima música y como compositor es
uno de los mejores, sin duda. Siempre que hago canciones pienso en si le
gustarán a José Ignacio. Es el oráculo. Le tengo muy agradecido todo lo que ha
hecho por mí, todo el apoyo que me ha demostrado siempre y los grandes consejos
que me ha dado. Es el mejor.
Respecto del grupo
Dolorosa. ¿Tenéis previsto publicar algo próximamente?
Con Dolorosa tenemos entre manos un disco, hace poco estuvimos
encerrados en La Alpujarra grabando todas las canciones que teníamos. En breve
comenzaremos las mezclas y el siguiente paso será editarlas, pero no tenemos
prisa, queremos hacerlo bien, buscar un buen lugar para las canciones y pensar
sobretodo en el futuro del grupo, queremos que Dolorosa dure muchos años.
¿Componer para otra voz, tan distinta a la tuya, introduce otros puntos
de vista en tu forma de enfocar las canciones, incluso los textos? ¿crees que estos
puntos de vista afectan al conjunto de tu trabajo compositivo?
Un compositor no debe encerrarse
en un estilo concreto o en una forma concreta de canción. No creo que afecte al
conjunto de tu obra que en algún momento explores otros caminos.
Lo que siempre tuve claro con
Dolorosa es que no quería que las canciones fueran Jean Paul cantadas por
Natalia. Quise separarme de Jean Paul, también por necesidad, necesitaba
quitarle gravedad a mis canciones y a la forma de decir las cosas. Con Dolorosa
todo es más coloquial, la música es menos dramática, no hay tanto teatro como
en Jean Paul. No dejo de lado la forma poética de decir las cosas en una
canción ni tengo miedo de utilizar palabras que jamás había utilizado. Son
canciones al fin y al cabo, respeto el proceso y la profesión, luego cada
canción es cada canción.
“Me ha enseñado mucho, a entender mejor
el lenguaje del rock, me ha descubierto muchísima música y como compositor es
uno de los mejores, sin duda. Siempre que hago canciones pienso en si le
gustarán a José Ignacio (Lapido). Es el oráculo.”
Me gustaría saber en qué
estado se encuentra ahora mismo Jean Paul, y qué otros proyectos tienes en
mente.
Jean Paul lleva bastante tiempo
en un reposo indefinido. Empleé todo mi esfuerzo en Dolorosa y lo dejé de lado,
la verdad es que pensé en abandonarlo de una vez y no hacer ningún disco más
como Jean Paul, pero Bandaàparte no me deja y me han propuesto publicar un
libro-disco. Así que estoy en ello, escribiendo y componiendo canciones para
Jean Paul. Estoy bastante lejos de Jean Paul, me cuesta volver a acercarme,
pero cada vez estoy más cerca. Espero que en algunos meses aparezca ese libro y
ese disco.
Proyectos tengo muchos, me gusta
tenerlos. Hay cosas grandes y cosas pequeñas, espero su llegada de forma
tranquila, no obsesionándome, pero con esperanza. Todo está relacionado con la
música y la literatura, así que mientras mi vida gire en torno a ello, seré
bastante feliz.
Recuerdo que durante la presentación en Granada de “Y mientras Roma
ardía”, el poemario que publicaste con Bandaàparte en 2012, dijiste que, una
vez revisados los textos, tuviste la sensación de haber mostrado demasiado de
ti ¿Te sientes más resguardado en una canción que ante el texto desnudo?
Creo que la hoja de papel es más
traicionera que una canción. En la canción siempre estás más protegido, dices
las cosas como las sientes, tú eres tu propia voz. En el texto es diferente, no
hay elementos alrededor de las palabras, alguien te pone voz, alguien se mete
dentro de ti y te examina. Estás expuesto a cualquiera y de la manera que ese
cualquiera necesite hacerlo. Es más real que la música.
Siendo escritor y compositor. ¿Hay textos que desde que nacen tienen
pinta de canción o van adaptándose?, ¿las músicas y sonidos que desarrollas en
cada momento determinan el tipo de letra?
Pocas veces me ha pasado que haya
convertido un poema en canción o viceversa. Mi proceso creativo es un tanto
inusual. No parto totalmente de un texto, puedo partir de una idea o una frase,
a veces de una melodía o una progresión de acordes, pero a la hora de fabricar
la canción me gusta que letra y música vayan de la mano, a la vez. Si no tengo
la letra no continúo, no sigo haciendo música, necesito que la letra y la
música se alimenten una a otra y se sustenten de la misma manera. Para muchos
compañeros es un proceso bastante extraño, para mí es normal, no sé hacerlo de
otra manera.
¿El cine es una
influencia para ti?
Por supuesto. Antes, cuando
empezaba, era una de mis mayores influencias, sobretodo las películas de Truffaut o de Fritz Lang, Bogart… Ahora
el cine me influye de otra manera, la literatura es mi mayor fuente de
inspiración en este momento.
Pensando en vinilos,
¿qué significado tiene el objeto, el continente musical para Raúl Bernal?
Para mí el vinilo tiene un
trasfondo romántico (supongo que para alguien que haya nacido en la época del
CD, el vinilo no le dirá demasiado), como objeto me parece muy bonito, las
portadas son más grandes, se ven mejor, se lucen más. El vinilo no se escucha
mejor a menos que todo el proceso sea analógico, entonces sí, por eso los
discos antiguos suenan como suenan, el “Harvest” de Neil Young no suena igual
en vinilo que en cd. Quitando toda la
historia técnica y demás, a mí el vinilo me transporta a otros tiempos, a
cuando te lo prestabas entre amigos, cuando te quedabas embobado viendo la
carátula mientras sonaba una y otra vez en el giradiscos, al cuidado que tienes
al ponerlo, a limpiarlo, al disgusto que te llevabas y te llevas cuando se te
raya, a ordenarlos por orden alfabético y unos meses más tarde a hacerlo por
fechas…es una forma de vivir la música muy bonita…hay quien no lo entenderá,
somos pocos, por eso quizá sigue siendo tan especial.
¿Cuál ha sido el consejo más delirante que has recibido desde que te
decidiste a publicar tus canciones?
“No hagas 500 copias, haz 1.000, seguro que las vendes”
Entrevista publicada en el nº3 de la revista "Lugares Comunes".
Fotos: Cris Ferreiro.
Fotos: Cris Ferreiro.
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