25 noviembre 2011

¿ADÓNDE VOLAREMOS ESTE INVIERNO?

El primer anuncio del invierno
llegó un día antes de lo esperado:
sopló ligero, acompasado
por una catarata de persianas.
Vino cargado de un frío imprevisto
que escarchó voces y murmullos
y propagó lamentos y chasquidos,
entre pasiones enroscadas en sábanas,
lenguas secas y despertadores.
Como un incendio de grises
en el patio de vecinos,
de pronto desnudo y desolado.
Como un aldabonazo
del mundo real sobre sus paredes.
Dejando los tendederos
en esquelético balanceo,
tal que reiterado subrayado
de tembloroso desarraigo.
Avanzó arisco en la mañana,
que lentamente se reblandeció
por un intenso olor a café
que volvió el cielo azabache
y caliente y humeante llovió:
sobre el suelo frío y mudo,
sobre el primer canturreo inconsciente.
O sobre el veterano pijama a rayas,
o la vecina madrugadora,
o la primera radio sintonizada,
o la puntualidad de toses afligidas
que van arrancando esquirlas a la vida;
o sobre llantinas desesperadas,
que se precipitan por los bajantes
por donde resbalan,
en eclosión de despertares,
niños que maúllan como gatos
y gatos que chillan como niños.

23 noviembre 2011

COCHE

Mientras tu frialdad se afila,
roza aún mis pupilas
el ondulante calor
del amor que te brota,
del amor que ofreces:
radiante solución de mis problemas.

¿Avisará el tren,
justo antes de derribar
mi puerta?

Las sirenas de las ambulancias
suenan a juguete roto
al atravesar el círculo de mi silencio,
la emanación de mi desdicha,
indefinida y extensa.

Escuché a alguien decir “te quiero”
con voz clara.
Algo se movió.
Sonó como traspiés del tiempo,
como reafirmación
del mundo.
Felicidad tangible,
durante un segundo.

Jadea aún tras mi puerta
el agotado animal
de tu reproche.
En la ciudad muda,
donde el pasado es tu coche,
y el amor se encerró
en mil habitaciones
separadas por
las mismas paredes
en el mismo edificio.

¿Lo notas?
Los versos van naciendo
y sus manos enredando.
¿Qué querrán construir?

21 noviembre 2011

SIGNIFICADOS

Te tragas tu tormenta.
Las sensaciones te hacen temblar.
Los significados vuelan alto,
allá donde nunca llegará tu cometa,
y no puedes dejar de mirarlos
extasiándote ante sus alas,
que se extienden
con placidez y parsimonia,
tensando su superficie
labrada de secretos
que tu mirada roza
pero no alcanza.
“Viento implacable”,
piensas,
siguiendo el compás del aire,
la extraña eufonía
de tus pensamientos
con tus pasos.

17 noviembre 2011

VERANO

Ser insectos atrapados en una bóveda,
cuyos confines cada cual imagina
de manera distraída y silenciosa,
intuyéndolos desde un plano inacabable.
Mirarte convertida en néctar:
¿Qué es la fruta sin tu boca?
Acariciar la luna como la primera noche,
volando sobre una playa plateada de enigmas.
Hallar en la arena tesoros de tu sonrisa.
Respirar incertidumbre,
en el abrazo de esa serenidad estrellada.
Oír grillos a través de tu voz calma
escalando la lentitud del tiempo.
Con la garganta salada,
reconocer aromas de perfumes olvidados,
poco a poco congregados
bajo una ventana,
que hieren y embriagan.
Todo estalla, todo calla.
Que ya, todos los caminos partan
de las uñas de tu mano abierta
sobre mi pecho,
como oculta raíz de la verdad
emergida de una tierra incierta.

15 noviembre 2011

DESTINO

Cambiando súbitamente de dirección
voy a tu encuentro,
asumiendo conforme te atisbo
tus movimientos y gestos,
predecibles y exactos como un reloj.
Hueles a cerrado
cuando me fundo en ti
en una noche
cada vez más estrecha y gris,
al doblar una de esas esquinas
olvidadas del mundo,
sujetas a un dulce viento,
que dispones para los entregados.
Avanzando en un silencio de sábado helado,
me calzo tus botas,
me coloco tu abrigo,
y palpo el futuro en sus bolsillos.
Iniciando un tarareo loco
que me empuja
al callejón sin salida más cercano.

13 noviembre 2011

"La Poesía...

“La poesía es algo que anda por las calles, que se mueve, que pasa a nuestro lado” (Federico García Lorca)

11 noviembre 2011

ESQUELETOS

La suerte en el alero a punto de caer.
Siempre igual:
a expensas del soplo celeste
de una boca abierta que nunca ruge.
No atraen mis dedos la uva madura
como prometiste.
La veo dorarse en la lejanía,
más allá de mi lluvia
y mi humo de tabaco.
Tras el cristal empañado
un agujero lleno de ilusiones
calma mi dolor.
En él ansío zambullirme.
Ya no escucho, no me hables:
viviré inmerso en ese deseo
hasta caer en él
con mi traje de preguntas a medio hacer
y los pies por delante.
Te llamaré un día,
y tendrás que ayudarme
a sacar de allí los esqueletos de colores
de las ocasiones perdidas.

08 noviembre 2011

NO VEO LA FLOR EN LA BALA

Cuando miro la bala
sólo hay bala.
No veo la flor
que tú ves abrirse,
ni la nueva vida
que el detonador promete.

06 noviembre 2011

LOS SUEÑOS Y LA TAZA DE CAFÉ (4): LA CARTA

Elisa leía y releía la carta con un gesto meditabundo que pronto se acompañó de un ligero temblor y varios intentos fallidos de sonrisa, aunque un sol había explotado en su interior. Miró por la ventana y adivino el río, que siempre se escuchaba más que dejarse ver, observó los altos árboles cuyo interior era un secreto, la hierba alta que se enredaba en los tobillos de los niños y siempre frenaba los balones, y las mariposas, tan bellas y coloridas como listas, ya que volaban justo a la altura a la que los habitantes del valle nunca las podrían alcanzar. A Elisa siempre le había parecido su mundo un decorado sin gracia, una pantalla sin brillo, acaso una belleza mecanizada. La tarjeta de visita que ocultaba corazones sombríos que se sonreían y ayudaban con amabilidad, pero nunca llegaban a amarse, a entregarse ni a enloquecer los unos por los otros. Salió a la calle suspirando y releyendo las dulces palabras que llegaron en un sobre desde un lugar lejano y fugaz en el que pensó que sólo habían quedado miradas y promesas baldías. Sus vecinos pasaban a su lado sonrientes y muy pendientes de sus quehaceres, saludándola con beatíficos movimientos de cabeza. A los pocos minutos, conforme la idea de su amor maduraba en su pensamiento, su corazón pareció crecer y tirar de ella hacia arriba, hasta que, para su sorpresa, se vio mucho más alta que el metro y medio exacto que media toda la población del valle. Anduvo torpona y titubeante, sintiéndose rara y a la vez feliz, sus manos acariciaban las alas de las mariposas, maravilladas ante tal novedad, y su mirada desveló con facilidad el secreto de los árboles, yendo mucho más allá. De pronto, los vecinos alarmados comenzaron a increparla y la atacaron lanzándole piedras y objetos de todo tipo. La amabilidad desapareció y llegaron las voces y el miedo. Pero, de su deseo de ser feliz, surgió una tupida red que, rodeándola, la libró de todos esos ataques, permitiéndole salir indemne y acudir firme a su cita, mientras en algún lugar sonaba una canción de amor.

31 octubre 2011

EL RAYO

La lengua de mar
encierra en su boca la piedra
hasta hacérnosla olvidar.
¿Qué haces?,
me grita La Voz algunas veces,
mientras intento recordar.
Mis dedos transfieren a tu cuerpo
el deseo tembloroso y la duda,
que es pedestal insolente
en este esqueleto vacilante,
de nervioso caballero andante
erizado e impredecible,
que flaquea sin poder parar un instante.
Es como si la curiosidad de la mirada
viviese oculta en una pared morado brillante,
tras absorber el oxígeno circundante.
Tuve que levantarme para crearte,
lo sabes,
y caminar el resto de mi vida sobre zancos
para que no te deshicieras
entre mis manos.
Posemos para la foto de la mirada fija,
macerando una sonrisa secreta.
Será como irse hundiendo mirando al sol
con sabor a anís en la boca
y una risa quieta.
Quietud de piedra irisada
resucitada por la ola,
creciente,
menguante oda
de tu piel translúcida,
de la mirada curiosa,
del rayo de amor
que tumba cada día la pared
para encontrarte.

25 octubre 2011

EL MONSTRUO

Deslizados por un hilo de cobre
viajan nuestros sueños,
tras la estela de una brillante ilusión
amarillo fuerte.
Esta mañana,
el monstruo abrió la ventana
de par en par,
para que entre todo o nada entre.
Sin querer saber de nosotros mismos
dos secretos andantes nos volvimos:
fáciles de guardar,
fáciles de olvidar.
En esa ciudad que volvemos fantasma
a fuerza de pasos perdidos.
Cuando nos crucemos callaremos
y nada cambiará.
Quedaremos entonces leyendo el poema.
Abriendo su flor,
que escupe la espina,
lectura tras lectura.
Hay algo nervioso en tus dedos
al pasar mi página, ¿qué es?

20 octubre 2011

VIGÉSIMO PRIMERA MADRUGADA ROTA

Fragor, noche y luces
ya no son refugio ni aliento.
Lo que hay dentro
se mueve intranquilo.
Y no sale.
Y si no sale se irá tatuando,
y así quedará: filtrando
mi momento.
(Aunque te quedes parado
siempre hay algo que se está moviendo,
algo que se va perdiendo
por un resquicio olvidado).
Encima de cada persona debe haber un arco,
dicen,
y yo sólo veo arcos y vacío.
Préstame uno de tus brazos
para alcanzar mi alma.
Leones transparentes encienden mis pupilas
mientras, rebuscando en mis bolsillos,
piso la cabeza de la serpiente eléctrica,
sumergida en un chapoteo frío,
de alcantarilla salada,
el día en que las olas murieron
sucias a las puertas de las casas.
Otra vez paseando por mis paredes resecas
con zapatos empapados.
Y todo tan presente.
Y una televisión sonando en mi cabeza.
Y el sentido convertido en un zumbido.
Y la mirada fija en una puerta
cerrada.

17 octubre 2011

RESPIRO FUERTE

Respiro fuerte
mientras rememoro
el día a día
de los pies llenos de polvo,
tensos y encogidos,
apretados contra la tierra;
ocultos bajo aquel torrente
desbordado
de hojas secas
que todo arrancó,
que todo envejeció.
Recompongo torpemente tu risa
en mi cabeza, llena de recuerdos
que manotean
y voces rumorosas.
Mis mangas muestran ases gastados:
mordiscos de la mala suerte
en los brazos.
No dejo de perseguir de reojo
las esquinas cortantes
de los azulejos
de tu mirada azulada;
esa cala soñadora
astillada en mil pedazos,
que son chispazos
que reflejan mis ojos, nublados
tras poder ver a través de tu muro
y ser todo silencio.
Mi memoria es un pueblo
imposible de desconocidos
desmemoriados,
miserables.
Es murmullo precavido.
Es eco podrido.
Es grito cercenado.
Sólo se escucha, pausado,
el musitar
de un vendedor perdido.
Lo miro a los ojos al hablar
y lo imagino diciendo
justo lo contrario.
¿Qué fue de la mañana de la piel lechosa?
Ya las horas no gotean luz sobre mi amor
ni allá donde miro te abres tú,
fruta madura.
Mi tiempo se aleja,
como un camión despistado,
ajeno a su carga de amargura.

10 octubre 2011

AGUJERO NEGRO

Salta de agujero negro en agujero negro
cuando los días no dejen de curvarse
y las horas se despiecen,
rodando bajo la cama;
desordenando tu mundo en círculos
borrachos que se frenan sin razón.

Por eso, salta de agujero negro en agujero negro
y escala la angustia vertical.
No pierdas todas las mañanas
el tren al fondo de las cosas.
Abraza la piel azul del espejismo
antes de que la decepción te paralice.

Hazlo, salta de agujero negro en agujero negro.
Lánzate como si sólo te rodeasen abrazos,
el deseo y la ilusión te arrullarán.
Acaricia la cabeza de ideas sólo bosquejadas.
Recorre sin miedo la senda soñadora.
Libérate de las doctrinas de la boca congelada.

Salta de agujero negro en agujero negro
con los ojos bien abiertos.
Cuida de lo que siempre arde
mientras la vida se deje agarrar.
Evita que el ruido de los goznes
marque tu tiempo al chirriar.

05 octubre 2011

GRILLETE

En las mañanas del plomo
tu cara descansa sobre un cristal,
y tu aliento es breve viento rendido
que vuelve gris mi bandera blanca.
Observas la lluvia caer severamente vertical:
disciplinada caballería rompiente.
Absurdo fragor. Ruido.
El cielo arroja su verdadera sombra sobre la calle
y todos los rostros palidecen,
lanzan ese destello invernal,
tantas veces vivido.

En las mañanas del plomo las ilusiones pesan,
ya no nos llevan, nosotros las arrastramos
asidas a nuestros tobillos,
aguardando el día en que se recompongan
para volver a revolotearnos
con griterío de chiquillos.

Esperamos, sin pasión, tres segundos de magia
que alguien en la tele nos prometió.
Cerrar los ojos y abrirlos con un mirar azul,
que un verde rumor de confianza nos meza,
que llueva agua fresca y salada, espuma de sol.
Sólo tres segundos de magia.

30 septiembre 2011

EL FRANCOTIRADOR

El francotirador que llevo dentro
camina a mi paso, quizá un poco más lento.
No mueve nervioso el pie cuando nos sentamos
ni hunde las manos en los bolsillos en las colas.
El francotirador que llevo dentro
nunca se sumerge en la apatía,
se fija mejor que yo en los detalles,
y rescata colores perdidos para mi retina.
Es mi única esperanza de apuntar bien un día,
hacia un punto aún por determinar.

28 septiembre 2011

OJOS DE LAGO ROJO

El abrigo parecía avanzar solo
hasta que los ojos de lago rojo me miraron
(con todo su esplendor machacado).
Así pude ver al animal chapoteando en ellos
en dirección a la luz.

Humeaban, como si el poco aliento restante
se hubiese cobijado en esa humedad intemporal
por tal de reprimir su agostamiento.
Respirar por los ojos.
Suplicar por los ojos.
Nuestras miradas se cruzaron
en un instante amarillento,
pero no quise detenerme.

Cuando atravesó la luz,
ésta se limitó a seguirlo con desgana,
enfocando desdentada
el dolor que socava sus paredes.
Dolor rutinario que huele a desagüe antiguo,
de ese que, monótono, surca los arañazos,
marchitándolo todo sin prisas.
Ese dolor que boquea en el lago rojo
con paciencia de licor polvoriento.

Se aposentó en el bar-vientre,
allí donde ya no hace ni frío ni calor,
en la esquina de la luz futbolera y sonriente.

Ojos de lago rojo tiembla y ríe,
viajando en una carcajada muda
de tintineo de vasos y voces,
tanteando tembloroso el alivio amañado.
Donde el lago rojo se desborda puntual
mientras el animal pugna obcecado
por trocar su morada
por ese líquido escanciado
que choca sin cesar
con todos los vasos,
mientras todos los vasos
chocan a su encuentro
desbordándose puntuales
en la barra sin fin.

Ojos de lago rojo
con un pequeño animal apagado
y humeante incrustado,
flotando a la deriva.
Que ya ni saluda,
con su sonrisa de barcaza rota.

Ojos de lago rojo,
brillo de lágrimas.
Muesca en la arena
de amarga barba.
Ojos de lago rojo estrujados por el frío
y por los ojos fríos de los demás.
Candentes de dolor arrugado y falsas expectativas
que nadie repite (ya nadie miente).
Tensos ante ninguna espera.
Oscuros frente a una certeza creciente.
Oblicuos por el temor.
Erizados de terror ante la madrugada,
que inundará de vacío la luz eléctrica.

Y, ya tarde, la noche se cuela
por las escocidas ranuras del lago.
Y la calle silente taconea y vela
el eco de un deseo agotado.
Y la luz eléctrica alimenta
el aliento prestado
del animal,
que babea renovado
su gratitud,
mientras avanza despacio
tras encajar otra derrota
en un partido trabado,
sin público ni goles anulados.
Al tiempo que las ranuras no cesan
de devolver turbia rabia sobrante,
testimonio prolongado
de un tiempo herido de muerte.

Ojos de lago rojo,
viviendo en una luz inventada
de tiempo parado,
de almacén abandonado
y rincones olvidados.
De telaraña escarchada.

Y, mientras la calle se hace humo
y la luz se va sin hacer ruido,
nada desaparece.

26 septiembre 2011

DISTORSIÓN

La distorsión supera las estaciones.
El pensamiento crepitante
salpica los arcenes de palabras y espejismos.
Miles de kilómetros de preguntas
sin respuesta;
de bosquejos, llevados por el viento.
Es igual,
compondré un discurso mellado
y tararearé una canción,
cuando te vea.
La angustia gira a mi alrededor
a velocidad loca.
Los colores cada vez duran menos
en su ir y venir.
No se posan en los ojos, como cuando era niño.
Si freno me desmoronaré y me iré en una sombra.

Sólo aceptaré mirarte desde un cuadrado de tiempo
en el que poder ser línea recta.
Un ciudadano firme y libre,
con el alma borracha,
sobre la tierra minada.
Llegaste, ¿por qué tan pronto?
Suena una sirena: sólo contigo es invierno.
Tu sonrisa aprieta mi estómago,
en esos instantes que detienes el tiempo.
Si cerramos los ojos
el muro no se derrumbará
¿verdad?
La raya se curva como una luna
sin fin, cegada y blanca,
brillando en dirección a la duda
puntiaguda
de siempre.

La tentación es caricia que se multiplica,
ya lo sé.
Te escribo desde el lado equis de la ciudad
cuyo vientre huele a cerveza.
Pero hay letras que se pierden en la pantalla.
Sin dueño.
Sin motivo.
La distorsión horada el suelo de las certezas
llenándolo de nada, electricidad
y energía giratoria,
de esa que vuelve,
sin razón,
el día menos pensado.

La distorsión trepana la luz
pero la paz me da pavor:
parece envolver mi suerte lentamente.
Es el silente río
que acaba incomunicado.
Y ya no quiero silencio.
Y ya no quiero parar.
Quiero encender mi voz.

Señoras y señores,
mi voz:
Adherida a una esquina.
Interrumpida por un frenazo.
Quejumbrosa del idéntico
jadear de los minutos.
Escondida en la duración de las canciones.
Atraída por carteles publicitarios
que siempre van delante de mí
aunque no los persiga.
Enterrada en esta lenta derrota,
tan estruendosamente presente.

23 septiembre 2011

LOS AÑOS

Qué son los años ya,
sino pájaros cansados
que aletean desnortados,
desgajándose de mí.
Perdiéndose más allá de mi ventana,
dejándose ir sin sentido alguno,
esparciendo su rastro erosionado
de huellas equívocas.
A pesar de todo,
sé que el más tripudo
te lleva dentro,
bien resguardada en el pasado,
pero latiendo.
Por eso, desde esta dimensión perdida,
aprieto fuerte los ojos y susurro:
“Piénsame, hazme rebrotar un momento.
Escucha mi risa, mi voz, mi llanto.
Mírame, que yo te estaré mirando.
Añórame, arrastra los dedos por mi recuerdo,
y, sólo durante un instante,
siéntete morir por mí”.

21 septiembre 2011

VOLCÁN

Colocamos con esmero
el nuevo suelo.
Observamos un silencio
de conjuro:
suave respiración,
gestos delicados,
sonrisas furtivas.
Acariciamos con devoción
la obra terminada.
Y nos tumbamos
cuidadosamente,
extendiendo los brazos
sobre su frialdad.
Pero nunca logramos ocultar
las antiguas pisadas.
Ni tu olor.
Ese pequeño volcán
bajo nuestros pies.