Klaus Bishops
"An arc amidst the sadness", 1923
70x50 cm. Óleo sobre lienzo.
_______________________________Por JUANFRAN MOLINA.
Pasear por el casco antiguo libera los pies y los hombros de presente, de practicidad, de motivo, de prioridades. El casco antiguo los empuja volviéndolos más ligeros que nunca, aun ascendiendo entre angostas calles, cuestas o escaleras. El blanco de las fachadas, que atrae y calma la inquietud de las almas, se extiende sobre otros blancos anteriores, capas de cal producidas por manos avezadas que se repiten sobre paredes serenas y llenas de memoria. El paseante solitario nunca está solo y el silencio nunca es completo. La explosión de las flores que cuelgan de las ventanas, el frescor verde que desborda de las macetas, suceden a otras explosiones y desbordamientos; los olores enlazan sin fin con otros olores, fruto de otras lluvias y otros rayos de un sol que baña siempre la misma esquina, dibujando el mismo ángulo de luz que restalla frente a miradas a menudo sorprendidas ante la adusta grandiosidad de lo cotidiano. Suenan en algún sitio los cascos de animales de antaño que suben pacientes su carga, avanzando con sus ancas temblorosas y peludas. Suena el papel de estraza que envolvía con perfecta sobriedad las pequeñas compras diarias, marcando el devenir de los días. Se escucha la fuerza incontenible de los latidos de los corazones de todos los niños que se apretaban el paquete al pecho mientras recorrían el trayecto de la tienda a su casa cumpliendo así su primer mandado en solitario, con las herrumbrosas y escasas monedas sobrantes bailando en el bolsillo de su pantalón corto mientras corrían. Un tiempo que pasa, cae y muere; hasta que despierta y sale al encuentro del paseante cuyos pies y hombros han sido liberados de su función y prestancia habituales para ascender libres y ligeros sobre el empedrado.
Texto aparecido en el libro colectivo "De la cal al plástico", editado por Colin Bertholet en 2022.
MERCURY REV “Deserter’s songs”(V2, 1998)
Mercury Rev son uno de los grandes enigmas por resolver para el rock de esta década. Funambulistas espaciales que avanzan entre cacofonías ruidistas, elevaciones vertiginosas, pérdidas de conciencia y una vocación pop bien guardada que aquí explota a todo placer. Tras tres años largos de mutismo, con cambio de compañía y sucesivas crisis internas, Mercury Rev aún nos debían esto, su concepto de la melodía y su expansión; así de impecable, así de desnudo. Desestimando la distorsión como principal arma o campo de exploración, nos ofrecen todo un mundo de sonoridades inasibles en su grandeza, en su juego, en su incesante dilatación; queriendo atisbar qué hay más allá del “Pet sounds” de The Beach Boys y de los Beatles más preciosistas. Sonidos bañados en misterio, ululantes, titilantes, ligeramente temblorosos, huidizos; que sobrevuelan los temas a ráfagas, lo justo para llevar la canción en volandas.
Una búsqueda alucinante de lo atemporal que en “Holes” y “Opus 40”, con su aire estándar y Beatle, se impregna de Neil Young tal y como lo hicieran The Flaming Lips, que también dejan su marciana impronta en “The funny bird”. Desbordan su caudal lírico y mágicamente melancólico en maravillas como “Tonite it shows” o “Endlessly”, con rememoración navideña añadida. “Hudson line” se convierte en el momento más tangible por los firmes trazos de guitarra, saxo o piano que exhibe. Hay folk luminoso en “Goddes on a hiway”. “Pick up if you’re there” podría ser la música incidental del descubrimiento de algo milagroso. En “Delta sun bottleneck stomp” hay pop que te reclama desde la pista de baile con reminiscencias de los Waterboys de “This is the sea”. Y, al final, se despiden con una llamada desde allí donde se encuentren.
Publicado en 1999 en la revista El Batracio Amarillo
BECK “Mutations” (Geffen, 1998)
Beck Hansen, el folkie destartalado, el rapero freak, el sampleador perspicaz, apañador noise y adicto al low-fi, vuelve con su tercer trabajo oficial, aparcando el factor sorpresa que siempre le acompaña y que lo ha situado como uno de los baluartes del rock underground de esta década. Aquí es el folk el principio y fin de sus planteamientos, con canciones tratadas con nitidez y frescura, versatilidad instrumental y frente despejada. Folk revestido de psicodelia (“Cold brains”, “Nobody’s fault but ny own” o “We live again”); o con remedos de Barret y The Kinks en “Lazy flies”. Ejercicios de country ortodoxo en “Canceled check” y “Sing it again”; y socorrida bossa en “Tropicalia”, siempre con resultado cautivador. El folk vuelve con toques clásicos a lo Nick Drake con “Dead melodies” y “O Maria”, y tenso en “Static”; también se incluyen incursiones blues como “Bottle of blues”. “Diamond bollocks” nos devuelve, casi al final, al Beck iconoclasta, con una impactante reconstrucción de los primeros setenta. Y, con “Runner dial zero”, termina consiguiendo plenos efectos cósmicos.
Publicado en 1999 en la revista El Batracio Amarillo
Consistía en romper
la presuntuosa carcasa
trucada de las palabras,
liberarlas del aborregado brillo
de los órdenes preestablecidos.
En mirar el tiempo arder
con una sonrisa y ojos cansados,
enrojecidos de curiosidad,
alimentados por la energía emanada
del dolor, el amor y la rabia.
En escarbar sin dediles en la urgencia
para cruzar el túnel de la armonía.
En nadar en el lago sereno
tras zambullirse en el oleaje más salvaje.
En usar el vértigo como cabalgadura.
En abordar la vida sin frenos,
transformando los derrapes en melodías,
y las melodías en bocados
a las almas desorientadas
de quienes osábamos asomarnos
tan solo durante tres minutos.
La inquietud abrocha los versos
y las guitarras desatan aquello
que no sabíamos que estaba atado.
Consistía en alejarse
hasta perder el centro
y después recuperarlo,
como en la soleá.
En asomarse a las ventanas
para volar o caer,
y entonces encender
el lirismo de todas las caídas.
En verter belleza desde el rincón humoso
de la última hora de insomnio.
En rumiar sobre la herrumbre que se amasa
y va dejando restos de sangre y oro
en la punta de los dedos.
La respiración y la ansiedad
van conformando la estrofa
hasta que se aviene a emerger.
Los colores se vuelven más vivos
que nunca en los amaneceres locos
de una ciudad perdida,
entre poemas, evocaciones y tachaduras.
La leyenda que se erige
entre vaivenes,
muta en un arcoíris
con olor a madrugada
que penetra de manera distinta
dentro de cada cual.
Luz pulida
suavemente
por el tiempo.
Vida retadora.
Libertad sin bostezos.
Precipicio resbaladizo
desde donde atisbar, de verdad,
el vuelo del águila.
Los Cheyenes “Tú no llegaste a mí” (“He perdido este juego”, single 1966)
Dalton, James and Sutton “One time around” (“Run baby”, single 1970)
Tom Petty and The Heartbreakers “American girl” (“Tom Petty and The Heartbreakers”, 1976)
Flamin’ Groovies “Take me back” (“Now”, 1978)
The Stems “Love will grow” (“Love will grow”, single 1985)
The Smithereens “I don’t wanna to lose you” (“Especially for you”, 1986)
Teenage Fanclub "About you" (“Grand Prix”, 1995)
The Resonars “If he’s so great” (“Bright and dark”, 1999)
Los Planetas “Un buen día” (“Unidad de desplazamiento”, 2000)
Jose Ignacio Lapido “La hora de los lamentos” (“De sombras y sueños”, 2010)
Ariel Pink’s Haunted Graffiti “Only in my dreams” (“Mature themes”, 2012)
El osombroso y sonriente folk de las Badlands “Varoufakis” (“Noes país para jóvenes”, 2021)
JOSÉ IGNACIO LAPIDO "Ladridos del perro mágico" (Pop Quark-Big Bang, 1999)
Canciones compuestas para permanecer, para ser encontradas por alguien que las conservará en el recuerdo el tiempo suficiente para poder comunicarlas a otro y que así nunca dejen de sonar. El debut del que fuera líder de 091 despliega, como siempre, una colección de canciones en las que se deja mucho; textos que devuelven interés y credibilidad a las baladas, nacidas en ese punto en que las carreras de Bob Dylan y The Rolling Stones se encontraron. Sonido contenido, formado por un entramado de guitarras vehementes, sensiblemente hirientes o lacerantes; que, en los tiempos rápidos, envuelven en contundencia y espinas ese ya clásico sentido pop del autor, esos estribillos inmarcesibles o los cuidados coros ("Sigo esperando"). O crean expresivos fraseos de blues bajo los auspicios de Bo Diddley ("Mi nombre es Sísifo").
Publicado en 1999 en la revista El Batracio Amarillo
Ladridos del perro mágico ha sido reeditado por Pentatonia Records en 2024. Remasterizado y con dos temas extra, en formato doble vinilo, CD