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06 mayo 2026

MENSAJE EN UNA BOTELLA (69)

MERCURY REV “Deserter’s songs”(V2, 1998)

Mercury Rev son uno de los grandes enigmas por resolver para el rock de esta década. Funambulistas espaciales que avanzan entre cacofonías ruidistas, elevaciones vertiginosas, pérdidas de conciencia y una vocación pop bien guardada que aquí explota a todo placer. Tras tres años largos de mutismo, con cambio de compañía y sucesivas crisis internas, Mercury Rev aún nos debían esto, su concepto de la melodía y su expansión; así de impecable, así de desnudo. Desestimando la distorsión como principal arma o campo de exploración, nos ofrecen todo un mundo de sonoridades inasibles en su grandeza, en su juego, en su incesante dilatación; queriendo atisbar qué hay más allá del “Pet sounds” de The Beach Boys y de los Beatles más preciosistas. Sonidos bañados en misterio, ululantes, titilantes, ligeramente temblorosos, huidizos; que sobrevuelan los temas a ráfagas, lo justo para llevar la canción en volandas.

Una búsqueda alucinante de lo atemporal que en “Holes” y “Opus 40”, con su aire estándar y Beatle, se impregna de Neil Young tal y como lo hicieran The Flaming Lips, que también dejan su marciana impronta en “The funny bird”. Desbordan su caudal lírico y mágicamente melancólico en maravillas como “Tonite it shows” o “Endlessly”, con rememoración navideña añadida. “Hudson line” se convierte en el momento más tangible por los firmes trazos de guitarra, saxo o piano que exhibe. Hay folk luminoso en “Goddes on a hiway”. “Pick up if you’re there” podría ser la música incidental del descubrimiento de algo milagroso. En “Delta sun bottleneck stomp” hay pop que te reclama desde la pista de baile con reminiscencias de los Waterboys de “This is the sea”. Y, al final, se despiden con una llamada desde allí donde se encuentren.








Publicado en 1999 en la revista El Batracio Amarillo

04 mayo 2026

MENSAJE EN UNA BOTELLA (68)

BECK “Mutations” (Geffen, 1998)

Beck Hansen, el folkie destartalado, el rapero freak, el sampleador perspicaz, apañador noise y adicto al low-fi, vuelve con su tercer trabajo oficial, aparcando el factor sorpresa que siempre le acompaña y que lo ha situado como uno de los baluartes del rock underground de esta década. Aquí es el folk el principio y fin de sus planteamientos, con canciones tratadas con nitidez y frescura, versatilidad instrumental y frente despejada. Folk revestido de psicodelia (“Cold brains”, “Nobody’s fault but ny own” o “We live again”); o con remedos de Barret y The Kinks en “Lazy flies”. Ejercicios de country ortodoxo en “Canceled check” y “Sing it again”; y socorrida bossa en “Tropicalia”, siempre con resultado cautivador. El folk vuelve con toques clásicos a lo Nick Drake con “Dead melodies” y “O Maria”, y tenso en “Static”; también se incluyen incursiones blues como “Bottle of blues”. “Diamond bollocks” nos devuelve, casi al final, al Beck iconoclasta, con una impactante reconstrucción de los primeros setenta. Y, con “Runner dial zero”, termina consiguiendo plenos efectos cósmicos.




Publicado en 1999 en la revista El Batracio Amarillo

10 septiembre 2021

MENSAJE EN UNA BOTELLA (65)

LE MANS “Aquí vivía yo” (Elefant, 1998)




Algo vería Alejo Alberdi en aquellos cuatro donostiarras de Aventuras de Kirlian cuando se decidió a llevarlos a Madrid y producir su debut (“Aventuras de Kirlian”, (DRO, 1989)). La anomalía que suponían su militancia naif y sus ímpetus nuevaoleros para la época, trajeron consigo la consabida indiferencia de la discográfica; por lo que Peru Izeta (batería), Jone Gabarain (voz), Teresa Iturrioz (bajo) e Ibon Errazquin (guitarra), decidieron a finales de 1990, ya como Le Mans, y con Gorka Ochoa a la batería, pasando Peru a la guitarra, grabar un nuevo disco a su ritmo y con sus propios medios. Posteriormente, el sello Elefant se cruza en su camino definitivamente y, para enero de 1994, “Le Mans” ya está en la calle. Es un trabajo que continúa la tónica del anterior (no en vano la mayoría de las canciones pertenecen a aquella época), inaugurándose la era de las canciones indispensables con el elegante funk de “Un rayo de sol”. De todas formas reniegan de él.

Ese mismo año, “Entresemana” vino a mostrar las verdaderas intenciones del grupo. Asistimos a un cambio sustancial que hace discurrir los temas en medio de una delicadeza cautivadora; con un sonido eminentemente acústico, dotado de serenidad y poso por la recurrente presencia de violín y chelo. Se incorporan las cadencias bossa que el grupo explorará en el futuro, las cuales refulgen en “Canción de si tú me quieres”. Un sosiego que armoniza con una voz convertida ya en susurro tibio y plácido. Además, Teresa concreta esos textos en castellano de desdramatizada celebración de la cotidianidad que tantas ganas me dan de tomar café.




Tras su acercamiento a la música de baile con “Zerbina” (1995), llega la hora de “Saudade” (1996), donde la austeridad toma un cariz más circunspecto que nunca, con un sonido basado en guitarra española y chelo. Se acaba para siempre la inmediatez, manda la segunda escucha. Errazkin es ya un personaje imprescindible para el pop español de los noventa.

La despedida se fragua entre 1997 y 1998 a través de tres lanzamientos (dos maxis y un elepé), en cuyas portadas destacan cada una de las letras de la palabra “fin”. La “F” es “Mi novela autobiográfica” (1997), calidez y hastío, dulzura didáctica, inspiración y sequedad. La “I” pertenece a “Ying-yang” (1998): brillantez pop, tenuidad, destellos de bossa juguetona y experimentación.  




La “N” se corresponde con “Aquí vivía yo” (1998), y supone el colofón a esta enigmática, algo perversa y, finalmente, monumental despedida. De la austeridad se pasa al puzle sonoro, en un trabajo de auténtica orfebrería de estudio que no les resta sutilidad ni naturalidad. La guitarra española vuelve a tomar el mando, pero irrumpen percusiones de todo tipo, metales de otro tiempo subrayando lo justo, vuelos de órgano, piano, mandolina, programaciones y samples. Una genial convivencia de matices y estados de ánimo con los que la ambientación alcanza su plenitud (qué emocionante la belleza desprendida de la escueta despedida de “Sic transit gloria mundi”, con la voz de Josetxo Anitua). Así pues, Le Mans han pasado a formar parte del reducido olimpo de los grupos que prefieren desaparecer antes de repetirse. Hasta siempre.

 

 

Publicado en 1998 en la revista El Batracio Amarillo

07 septiembre 2021

MENSAJE EN UNA BOTELLA (64)

JON SPENCER BLUES EXPLOSION “Acme”(Mute-Everlasting)



Este trabajo sirve para clarificar un poco más la marca indeleble de una forma de entender el rocanrol. El lacerante cóctel de primitivismo blues, funk fracturado y crudeza sónica de costumbre, aquí se muestra pulido e incluso brillante. Es como un receso en el camino para reconsiderar lo ya recorrido y matizarlo; ahondar y reflexionar sobre ello. Indagan en sus posibilidades sin perder un ápice de impacto y frescura, ya que estamos ante una nueva consagración al ritmo: seco, abrupto y cortante. Subrayado por mezclas sagaces, scratches severos y guitarras sincopadas. Sin ser “Orange” (Crypt, 1994), viaja frenético del r´n´b al funky y viceversa, repostando en The Rolling Stones como medio y fin de su sonido. En “Do you wanna get heavy”, Jon Spencer va mutando de polvoriento crooner a desquiciado James Brown envuelto en sentidos coros góspel. Suenan depurados y esenciales en “Calvin”, “Magical colors” o “Torture”. Funden a Lou Reed con los Stones más lúcidos y Van Morrison que pasaba por allí en la excelsa “High gear”. Suenan obstinadamente setenteros en “Give me a chance” y se recuperan a sí mismos en “Attack”. Además, propinan tóxicas y generosas dosis de funk turbulento, como “Talk about the blues”, el saturado guiño a The Beastie Boys que es “Lovin’ machine” o “Bernie”. Como viene siendo habitual en sus grabaciones, el trío estadounidense vuelve a contar con un envidiable plantel de colaboradores: Steve Albini, Jim Dickinson, Calvin Johnson



Publicado en 1998 en la revista El Batracio Amarillo


29 agosto 2021

MENSAJE EN UNA BOTELLA (63)

SIX BY SEVEN “The things we make”(Mantra-Everlasting)



Como unos Spacemen 3 más terrenales o unos Codeine punzantes, el debut de este quinteto de Nottingham nos hace despegar mediante un muro sónico de guitarras que avanza uniforme, vibrando en primer plano y expandiéndose nocivamente a través del saxo y ese órgano tembloroso. Un viaje que deviene delirante y que tiene la facultad de detener el tiempo o, al menos, entretenerlo maravillosamente entre espesas capas de electricidad. En “A beautiful shape” aparecen gaseosos dibujos melódicos entre volutas de saxo y órgano; “European me” supone una elevación de electricidad contenida, cargada de lírica enfermiza y guitarras horadantes, tales como las de “Spy song”, que crecen en narcótico viaje sensorial, derivando en tormenta sónica. “Something wild” es un repente de accesibilidad frustrado por la tensión; “Brilliantly cute” apuesta por la rotundidad; la inmensidad de “Oh! Dear” deja escapar algo de luz, y en la desolada “88-92-96” llegan a recordarme a Come. La psicodelia de “Candlelight” suena algo manida para mejorar al hacerse incisiva; y queda sitio para el pop al gusto de los Mercury Rev más tangibles (“For you”). A la hora del aterrizaje, desconectan las guitarras en la evocadora “Comedown”.



Publicado en 1998 en la revista El Batracio Amarillo




26 agosto 2021

MENSAJE EN UNA BOTELLA (62)

NIÑOS MUTANTES “Mano, parque, paseo” (Astro, 1998)




Un paquete de canciones con inequívoca vocación pop, presentadas de forma tensa y ruidosa, sin apenas arreglos; recayendo toda la responsabilidad de su efecto en la inspiración melódica de los temas y en el tesón con que son interpretados. Una apuesta sonora certificada por la producción de Paco “Loco” Martínez, que va de la eficaz brevedad de “La fuerza” a la introspección de “Anillo”, desarrollando unos textos que son una auténtica exhibición de sentimientos a flor de piel. The Pixies se extienden por el efectivo vértigo de “Veneno-polen”, en la rotundidad de “Tormenta”, así como en “Caramelos” o “Katherine” (en las que, sobre todo en la segunda, reside la respuesta a lo que harían Los Brincos dentro del mare mágnum noise de los noventa). Esta influencia del pop español de los sesenta se hace también patente en otros cortes, como “Segesta” o “Isabelita”. ¡Ah!, y en “L.s.i.” se topan de bruces con los últimos Planetas.

 

 

Publicado en 1998 en la revista El Batracio Amarillo


04 septiembre 2018

MENSAJE EN UNA BOTELLA (54)


DOCTOR DIVAGO “El cuarto trastero” (Criminal records)



Con Doctor Divago estamos ante un perfecto mecanismo aglutinador de sonidos, épocas, e incluso actitudes; encauzadas mediante vitalistas ejercicios de pop en continua celebración de la melodía. Los valencianos, con ya cuatro elepés a sus espaldas, siempre me han parecido un grupo inspirado, directo y contagioso, pero con algo más; y ese algo es difícil de explicar. Puede ser el saludable y explícito espíritu New Wave que asoma en sus canciones, su ausencia de acritud, o el inusual dato de que tengan en Manolo Bertrán a un gran cantante (sé que es difícil de creer pero es así). Un cantante con voz clara, de perfiles bien definidos, huyendo de la bruma vocal al uso; aparte de singular letrista, reflexivo, irónico o surrealista, según se tercie. En este trabajo, más pop que nunca, vuelven a asumir con infinita fe lo más destacable del pop español de los sesenta (ya en el anterior incluyeron una versión de “Mi calle” de Lone Star), especialmente a Los Brincos, en temas como “Jugando a pillar en el limbo” o la inmensa balada “Srta. Alfa”. Suenan netamente radiantes ofreciendo lo mejor de la mencionada New Wave: coros, armónica, ritmos precisos o sincopados; órganos y pianos llenos de vitalidad; nerviosas guitarras o nítidos solos y punteos. La frescura melódica mil veces trillada y mil veces renacida. Un sonido arriesgado, por otra parte, ya que sólo es defendible con buenas canciones para evitar caer en lo manido y previsible. La eterna veta melódica de The Kinks se mezcla con Costello y los grupos españoles de los ochenta que mejor asimilaron ese sonido. En “Se me ha olvidado algo” aparecen 091, el estribillo de “Al revés” está impregnado de Nacha Pop, y en “¿Cómo estoy?” podemos reconocer incluso a Los Pistones. Dejan sitio, además, para momentos tan deliciosos y elaborados como “África habla con los peces”, o para incorporar algo del lirismo de Aute en “El cuarto trastero”.



Publicado en abril de 2000 en la revista El Batracio Amarillo.

31 agosto 2018

MENSAJE EN UNA BOTELLA (53)


DIED PRETTY “Using my gills as a roadmap” (Citadel-Dock)



Poco había vuelto a saber de este grupo australiano desde que lo vi tocar en Granada  junto a Cancer Moon el domingo 27 de mayo de 1990. Gozaron de cierta notoriedad por aquí con elepés como “Free dirt” (Citadel, 86) y, sobre todo, “Lost” (Beggars Banquet, 89). En 1991 apareció, con más pena que gloria, “Doughboy hollow” (Beggars Banquet). Su sonido consistía en un pop muy elaborado, atmosférico, de temas largos y con frecuencia recargados; y un sentido dramático de la evocación algo épico, aunque efectivo. Ahora, casi diez años después, me encuentro con la agradable sorpresa de un trabajo tan digno como este, editado en 1998 por Citadel y este año por Dock en España. Me parece su mejor trabajo, el más intenso, como se desprende de “Slide song” o  She was”. Junto a Ron Peno y Brett Myers, han sobrevivido el juego de teclados o el cariz atmosférico, que toma derroteros electrónicos arrebatadores en “The daddy act” o percusivos en “Paint black, you devils”. Las guitarras, por su parte, van de ariscas a acústicas, en temas que se deslizan con la emoción de unos REM, tal que “Stay” o “Gone”, soltando todo tipo de lastre para quedarse en lo esencial.



Publicado en abril de 2000 en la revista El Batracio Amarillo.


30 agosto 2018

MENSAJE EN UNA BOTELLA (52)


         THE BRASLIPS “The Braslips” (Fuckin’ explosion)



El debut de este cuarteto murciano llega en forma de CDep autoeditado, para ir más rápido. Un artefacto en plena ebullición desde el principio, inflamado de efectos de guitarra y latigazos de Minimoog, que quema en las manos antes de ponerlo y se acaba en un suspiro. Se abre con las turbinas sónicas de “I wanna live”, aunque su comienzo es una trampa acústica para poder saltar sobre el oyente; un tema que respira afterpunk acelerado con la urgencia existencial de los Hüsker Dü. Continúa con “Green like cannabis”, que avanza envuelta en espirales psicodélicas para mutar en un contundente y vertiginoso ataque de guitarras en picado, enmarañado y con una oscuridad cercana a The Sisters of Mercy. “I’m on heat” parte del punk de 77, pero visita las escarpadas regiones sonoras en las que vive Frank Black y se topa con los Manic Street Preachers más álgidos. Y casi sin dar tiempo a respirar aparece “Gotta kill your mother”, que es funk marciano, tecno exultante y desenfadado. Un debut fulminante, una fiesta que necesita continuidad ¡ya!.



Publicado en octubre de 1998 en la revista El Batracio Amarillo.

29 agosto 2018

MENSAJE EN UNA BOTELLA (51)


PURR “Whales lead to the deep sea” (Prohibited Records)

Los franceses Purr (no confundir con los de aquí) abordan su sonido partiendo de los postulados de bandas como Slint o Tortoise. Desarrollan un articulado mecano instrumental de aire jazzístico; geometrías rítmicas que conforman un sonido que puede devenir en explosiones de rotundidad, llenarlo todo de serenidad, guardar silencio o resultar seco y cortante. Un lenguaje netamente instrumental que deja la voz en segundo plano, siempre en la cuerda floja.



Los mejores momentos son los de expansión instrumental, donde no paran de dibujarse paisajes inquietantes que siempre se liberan mediante escaladas de tensión. Temas que tienen que expandirse sin remedio, ya que están armados desde susurros, certeras pinceladas instrumentales que se van cargando de matices hasta desembocar en tormentas sónicas.



Publicado en octubre de 1998 en la revista El Batracio Amarillo.

27 agosto 2018

MENSAJE EN UNA BOTELLA (50)


THE LITTLE RABBITS “Yeah!” (Rosebud)

Incrustados en el movedizo territorio que separa a Beck Hansen y Jon Spencer, estos franceses han pergeñado un elepé delirante y vivificador. Grabado en Tucson (Arizona) y producido por Jim Waters (Jon Spencer Blues Explosion, Sonic Youth o Jonathan Fire Eater), este “Yeah!” compone una magma sónico que discurre saturado, serpenteante, pantanoso por momentos, con la asfixiante agresividad de un Kim Salmon. Un disco enraizado en lo más caliente y primitivo del rock estadounidense, y en la fascinación del más exquisito pop francés; imbuido de guitarras, samples y desenfado. Cuenta con un inicio definitivo a cargo de “Yeah!” y “La piscine”, sin duda, la verdadera canción de este verano. La primera enumera todos los mitos estadounidenses a golpe de r’n’b vacilón, y la segunda va por el mismo camino produciendo un continuo contrapunto de órgano, armónica y scratchin’ , sobre un riff de guitarra irresistible. “In the bathroom” en r’n’b vía Ike Turner, y “Le blé dans les feuilles” es Gainsbourg saturado de scratchin’ y samples



Hay baladas crepusculares como “December”, o  melosas y cargadas de órganos (“Down here”). Nos asaltan comandos de punk palpitando tras guitarras desquiciadas o ritmos juguetones (“Casanova the ancient”, “Picnic boy” y “Red disk swimming in the blue sea”). Tensan, reordenan las raíces del rock norteamericano a lo Blues Explosion a base de ritmos abruptos, samples, disonancias y acoples con “Pity”; y suenan excitados y abigarrados cuando le cantan al amor (“L’amour”). Hacen lo que haría Beck con otro tornillo menos en la disonante “Nobody’s birthday party” o en el “Roller girl” de Serge Gainsbourg, clásico atacado con fruición, estrujado, despedazado y vuelto a construir sin alterar su esencia.



Publicado en octubre de 1998 en la revista El Batracio Amarillo.

21 agosto 2018

MENSAJE EN UNA BOTELLA (49)


MASTRETTA

“HISTORIAS CON MÚSICA DE FONDO”

El cántabro Nacho Mastretta es ya un veterano de la escena pop española. Un superviviente que atravesó esa tierra de nadie que fueron los últimos años ochenta formando parte del grupo Las Manos de Orlac (posteriormente Las Manos), con los que grabó un par de elepés y obtuvo cierta notoriedad. En 1991 debutó en solitario con “La vida fácil”, editado por GASA, y rápidamente fue pasto del olvido.

Tras aquel planchazo han tenido que transcurrir siete años, en los que ha trabajado mayormente como técnico de sonido, para que una discográfica se interese por lo que guarda en su cuarto: decenas y decenas de temas pergeñados con la ayuda de un sintetizador, un pequeño sampler que almacena los sonidos más peregrinos (el ruido de una caja de fichas de ajedrez es un buen ejemplo), y una extensa gama de instrumentos de variada procedencia que entran y salen sin cesar de las canciones. De ahí han salido las grabaciones íntegras de su actual repertorio.



Highballito” (Subterfuge, 1998) es un CD-single de tres temas que sirvió para señalarnos, a mediados del pasado año, por dónde iban los tiros. Allí se concentran el ambiente fronterizo a base de moog de “Altercado en Puebla nº 6”; el encuentro entre Nino Rota y Augusto Algueró que supone “Háblame de mí”; o la superposición de ocho clarinetes que despliega en “Highballito”. Tres instrumentales con regusto a lounge music, y espíritu de continua experimentación.

Una vez hechas las presentaciones, le llega el turno a “Melodías de Rayos-X”, álbum editado también por Subterfuge dentro de su casposa colección “Música para un guateque sideral”. Una vez más, la infinita curiosidad de Mastretta hace que cualquier sonido tenga rápido acomodo en su fantasioso espacio creativo, un espacio que desconoce límites y que denota una vocación exótica, un aire de gozosa y libre individualidad, un regodeo artesanal. El disco atesora una estimulante gama de sonidos prestos para recrear otras tantas ambientaciones.



Aquí están el lounge fronterizo de “Laguna seca”, donde las temblorosas guitarras de Morricone y los silbidos del viento de la frontera llegan envueltos en papel de regalo; o el importante ascendiente de Nino Rota, destacando en la capacidad evocativa de “Sábanas blancas, cama estrecha” o en el ajetreo delirante de “Kid Chocolate”. Hay efluvios de jazz latino en “Mi cuarto de hora” y “Mosley”. En “El último habitante del planeta” se decanta por la bossa nova. “Dolor de crooner” y “Latin lover” son llevadas al terreno del bolero por clarinete y guitarra, respectivamente; y “Ojos rojos” nos inunda de nocturnidad con el saxo. “Andrea Doria” es un paseo por el fascinante mundo de Mancini, que cuenta con la aportación de Ana Belén susurrando coros con maestría. Y “Plaza de Callao” deviene en polca asfixiante.

Si lo escuchas, cuando hables de él olvidarás mencionar que se trata de instrumentales.



Reseñas del CD-single “Higballito” (Subterfuge, 1998) y del CD “Melodías de Rayos-X” (Subterfuge, 1998)
Publicado en Marzo de 1999 en la revista El Batracio Amarillo (disco del mes)

19 agosto 2018

MENSAJE EN UNA BOTELLA (48)


ROYAL TRUX “Accelerator” (Domino)

Con este disco, el dúo estadounidense ha recuperado de pleno la capacidad de impacto, seriamente diluida en los últimos años; presentando uno de los trabajos más estimulantes de 1998, de tal forma que no hubiera podido tener la conciencia tranquila de no traerlo a estas páginas. Se han complicado menos la vida que en sus dos trabajos anteriores, eso se nota, y han entregado lo que mejor se les da: construcciones de rock con sabor clásico surgidas de las demoliciones que ellos mismos han propiciado.



Hay irresistibles himnos de guitarras cochambrosas y efectos instantáneos que recuperan toda la capacidad de jolgorio del r’n’b más sucio, tales como “I’m ready” y su horadante riff de guitarra o “The banana question”. Mezclan a la Velvet Underground más disonante con los Rolling Stones más arrastrados en “Yellow kid”; y en “Stevie (for Steven S.)” y “Liar” (esta a través de The New york Dolls), siguen incidiendo en el legado de los Jagger y Richard de principios de los setenta (¿otro destripamiento de “Exile on Main Street”?). “Another year” me parece una mezcla imposible de psicodelia descacharrante, folk emporrao y primitivismo a ultranza; “New bones” también circunda la psicodelia, en este caso espacial y chamuscada. “Juicy, juicy, juice” es funk fracturado en plena competencia con su antiguo compañero Jon Spencer; y “Follow the winner” es blues inyectado de góspel marrullero y rasposo.

Nueve temas que no se extienden más allá de la media hora, dejándonos con todas las ganas de conocer sus nuevos movimientos. En esta ocasión, nada que envidiar a la Blues Explosion.



Publicado en marzo de 1999 en la revista El Batracio Amarillo.

18 agosto 2018

MENSAJE EN UNA BOTELLA (47)


COME “Gently down the stream” (Domino)



El cuarto álbum de estos bostonianos encabezados por Chris Brokaw y Thalia Zedek es un nuevo tratado de emociones basadas en la aspereza, en la tensión producida, no por aglomeración de sonidos sino por desgarro. Canciones sinuosas, tortuosas, empujadas a trompicones, a golpes de rotundidad entrecortada. Se trata de un elepé que precisa de una duración extensa para desarrollarse plenamente, para desenroscarse del todo.  Ensanchan su campo de acción hasta la hora y poco para dar cabida a composiciones largas, de intenso recorrido eléctrico, asaltadas por continuos y determinantes cambios de ritmo, dominadas por guitarras ejecutadas de forma percutante y enfática. Canciones que desprenden un hondo lirismo dramático y algo decadente. Sólo la oportunidad de escuchar cómo se despliega un corte como “Saints around my neck” hace imprescindible este trabajo, que en su conjunto discurre igual que el oleaje que destaca en la portada, pero turbio, muy turbio; como si cargara con todos los sentimientos que, como sedimentos, va arrancando.



Publicado en marzo de 1999 en la revista El Batracio Amarillo.

17 agosto 2018

MENSAJE EN UNA BOTELLA (46)


EL ESTADO Y LA HISTORIA

“LA TRANSFUSIÓN NECESARIA”


Supongo que preparar un material espaciado en el tiempo (durante años), debe dar la posibilidad de conocerse como autor, de comprobar si realmente se tiene algo dentro y de explorar de qué se trata. En caso de que haya algo, la consecuencia inmediata debería ser un sonido propio, alambicado tras años de natural asimilación de influencias y de maduración de ideas que no paran de flotar. Creo firmemente que es el caso de los granadinos José Sabio (voz y guitarras) y Antonio Vilches (sintetizadores y sampler). El primero fue cantante de los míticos KGB, y el segundo ya formaba parte de EEYLH desde hace años, enigmática actividad vanguardista que tenía a muchos buenos aficionados pendientes y esperanzados. Secundados por una suficiente representación del panorama local a cargo de los instrumentos convencionales de apoyo, EEYLH es una respiración agitada, una mirada, una atmósfera enrarecida por la presencia latente de una energía contenida y rabiosa. El sonido fluye con una naturalidad insultante; a la vez familiar y desconocido, genera una tensión orgánica y un punto anhelante que va a ser liberada a través de una profunda vocación melódica: estribillos que expanden el sofoco, turbulentos intersticios llenos de luz. Estamos ante algo que suena a propuesta, a reto.

Tras un primer contacto, los temas toman rápidamente posiciones, se desmarcan los unos de los otros a pesar de sus características comunes: un ambicioso entramado ambiental, minucioso y efectivo de sampleados y sintetizadores; matices de diversas tonalidades, abigarrados o dulcemente alineados, que garantizan una profundidad sonora intensa y viva, apoyada por instrumentos eléctricos y con el contrapunto casi permanente de una guitarra acústica especialmente presente y nítida, tan cercana que desarbola. mientras, la voz se intercala, como dejándose ir en una narración pausada y descriptiva, marcando con su mensaje críptico el devenir de la melodía en todo su contorno. Dotando de vida propia a unos temas mucho más heterogéneos de lo que cabía esperar; composiciones que son ante todo canciones, perfectamente defendibles en directo y en cualquier formato.



Desde el carácter doliente y adictivo de “Mercedes GM”, se respira un espacio distinto, una nueva velocidad que se adensa, expandiéndose a cada segundo; confirmados por el lirismo extremo, preciosista y minimalista de “Debajo de la piel”, medio tiempo intenso.  Estado de conciencia” conserva resabios de Sonic Youth en las guitarras, en otro ejercicio de tensión casi épica y sideral, una categórica espiral de solemnidad que enlaza con la excelsitud de “Salir mal” y “Derribar estatuas”. La primera con su aliento sombrío pero embaucador; la otra, convertida en hipnótico himno. Ambas con profundas pinceladas de cuerdas. El sencillo borbotear de “Eso es todo”, a pesar de la perenne desazón que imprimen batería y cuerdas disonantes; y el folk narcotizado de la irónicamente titulada “Ritmo”, conviven sin artificio con la pirotecnia rítmica de “El mejor”. Así como el latir expectante de fondo ajetreado de “Quieto” con el caos de “Quatro”. Y, finalmente, el dúo contrapone, ya sin apoyo externo, la placidez exótica de “El espejo” y “Discípulos”, ésta por derroteros plenamente electrónicos, con un cierto hieratismo que me lleva a imaginar lo que harían en la actualidad La Décima Víctima. El disco que he estado esperando en el último año. Sin duda.



Reseña del CD “Derribar estatuas” (Los discos de la conciencia, 2000)
Publicado en octubre de 2000 en la revista El Batracio Amarillo (disco del mes)

16 agosto 2018

MENSAJE EN UNA BOTELLA (45)


THE DELGADOS “The great eastern” (Chemikal Underground)



El tercer elepé de la banda de Glasgow supone una superación de la corrección pop juvenil en pos de lo subliminal de las dobles lecturas, las construcciones intrincadas y los estribillos con calado. Con la garantía del Mercury Rev Dave Fridmann en la producción, The Delgados trabajan sobre sentimientos sin tapujos mediante delicadas sinfonías de recogimiento y lirismo; con majestuosidad y frondosidad sonora. Un trabajo delicioso que basa su carácter en el mismo aroma clásico de unos Belle & Sebastian. Sonido de reminiscencias estadounidenses, atemporal y sobrio, como ese lamento arrastrado que recuerda a Tom Waits en “The past that suits you best”. Los temas parten de una sencillez acústica (la velvetiana Acussed of stealing”) y una pureza folk (“Reason’s for silence (Ed’s songs)”, “Make your move”) que pronto se ven absorbidas por el esplendoroso torbellino de los arreglos que Fridmann dispone en cortes como “Aye today”, el dramatismo que alcanza “American trilogy” o en los ecos neo-country de “Knowing when to run”, volatilizados entre evocadoras cuerdas. También hay sitio para la contundencia: rompiente y cortante dentro de esa maravilla a dos voces que es “Thirteen gliding principles”, e iridiscente al surgir de “No danger” y “Witness”.



Publicado en octubre de 2000 en la revista El Batracio Amarillo.

15 agosto 2018

MENSAJE EN UNA BOTELLA (44)


DAVID HOLMES “Bow down to the exit sign” (Go! Beat-So Dens-Universal)



Servirse convenientemente de la electrónica, o servirse convenientemente del rock. Ahí pueden residir algunas de las claves para la supervivencia del rock más visceral y estimulante. El pinchadiscos David Holmes apuesta por eso, se acerca al rock lo mismo que Primal Scream abrazaron la electrónica, fundiéndose en una colisión epatante, vertiginosa, sin vuelta atrás. Crea un mare mágnum rítmico en el que cabe toda la carga tórrida de un riff de piano de lo más groove, “Compared to what”, o la urgencia exultante y sucia de una guitarra stoniana seguida inevitablemente de la voz de Bobby Gillespie, gurú vocal del rock del próximo siglo (“Sick city”). Se ofrecen las líneas maestras del mejor rock, su vertiente más excitante, a través de la combinación de un furibundo recorrido aéreo de samples y efectos, y un envilecido conjuro terrestre de guitarras horadantes, bajos y percusiones, oficiado por alguien a quien se le va a permitir traer y llevar los sonidos cuando y como quiera, acompañarse de quien quiera y subvertir el orden que le apetezca. Así, Holmes puede extender su “actitud” rock a densos apuntes de Barry Adamson; sumergirse en lodos de blues: con Jon Spencer cantando en “Bad thing”, el ambiente de “Out run” con Martina Toppley-Bird deslizando estribillos irrefutables, o la espiritual “Living room”, contando con la arenga de Carl Hancock Rux. Retomar a Gillespie para, mediante un manto de Farfisa y guitarras, mezclar ritmos negros con garage oscuro en “Slip your skin”, ofrecer con “Zero tolerance” a una Martina turbia, juguetona y punk; o hacer viajes panorámicos de voluptuosidad sonora tal que los Primal Scream más lisérgicos en “69 police”. Todo ello encadenado con credibilidad y naturalidad. Siglo XXI.



Publicado en octubre de 2000 en la revista El Batracio Amarillo.