11 enero 2026

CONSISTÍA (Un homenaje a Roberto Iniesta)

 

Consistía en romper

la presuntuosa carcasa

trucada de las palabras,

liberarlas del aborregado brillo

de los órdenes preestablecidos.


En mirar el tiempo arder

con una sonrisa y ojos cansados,

enrojecidos de curiosidad,

alimentados por la energía emanada

del dolor, el amor y la rabia.


En escarbar sin dediles en la urgencia

para cruzar el túnel de la armonía.


En nadar en el lago sereno

tras zambullirse en el oleaje más salvaje.


En usar el vértigo como cabalgadura.


En abordar la vida sin frenos,

transformando los derrapes en melodías,

y las melodías en bocados

a las almas desorientadas

de quienes osábamos asomarnos

tan solo durante tres minutos.


La inquietud abrocha los versos

y las guitarras desatan aquello

que no sabíamos que estaba atado.


Consistía en alejarse

hasta perder el centro

y después recuperarlo,

como en la soleá.


En asomarse a las ventanas

para volar o caer,

y entonces encender

el lirismo de todas las caídas.


En verter belleza desde el rincón humoso

de la última hora de insomnio.


En rumiar sobre la herrumbre que se amasa

y va dejando restos de sangre y oro

en la punta de los dedos.


La respiración y la ansiedad

van conformando la estrofa

hasta que se aviene a emerger.


Los colores se vuelven más vivos

que nunca en los amaneceres locos

de una ciudad perdida,

entre poemas, evocaciones y tachaduras.


La leyenda que se erige

entre vaivenes,

muta en un arcoíris

con olor a madrugada

que penetra de manera distinta

dentro de cada cual.


Luz pulida

suavemente

por el tiempo.

Vida retadora.

Libertad sin bostezos.

Precipicio resbaladizo

desde donde atisbar, de verdad,

el vuelo del águila.

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