10 agosto 2018

MENSAJE EN UNA BOTELLA (40)


THE MAGNETIC FIELDS “69 love songs” (Merge-Circus)



Hablar de un triple CD con sesenta y nueve temas, a 23 por disco, y poseedor de no menos de cincuenta canciones excelentes, entraría en el terreno de lo imposible si no nos refiriésemos al gran miniaturista del pop. En efecto, Stephen Merrit, en este sexto trabajo de su banda principal, se saca de la manga un desbordante caudal de sentimientos en forma de canción. Tonadas que conjugan guitarras acústicas y lluvia de mandolinas con electrónica básica y brillantes detalles de piano y cuerdas; formando un articulado y frondoso universo propio: incontenible, difícil de compendiar, imposible de relativizar. La música va saltando fluida de un estilo a otro en unos temas tocados por la magia de la verdadera espontaneidad. Acompañando y empastando su voz grave y resonante con la de Claudia Gonson (batería, piano y representación) y la de varios colaboradores (LD Beghtol, Dudley Klute y Shirley Simm, compañera de Claudia en Lazy Susan), asistimos a una suerte de relajación ante un intimismo cómplice (es fácil imaginar a los músicos alrededor de unas botellas de vino, animándose a cantar conforme les va apeteciendo). Estilos que conviven y se compenetran en un minuto, canciones capaces de concederle veinte segundos a otro registro distinto, dentro de un andamiaje de sutilidades más tierno que frágil, reminiscente de las constantes sonoras de la banda: pop inspirado y sencillo de confección casera en “All my little words”, “(Crazy for you but) no that crazy” o “How to say goodbye”. Sentidas baladas de crooner solitario (“I don’t belive in the sun”, “Very funny” o “Blue you”); y recreaciones del pop sintético de los ochenta (“Let’s pretend we’re bunny rabbits”, “Long-forgotten fairytale” o “I can’t touch you anymore”). Además de, no se nos olvide, experimentación, rudimientos folk, country, esencias de blues pantanoso, disonancias jazzísticas, o sones fronterizos. Pudiendo ser a la vez Roy Orbison y Stereolab. Inconmensurable.




Publicado en febrero de 2001 en la revista El Batracio Amarillo.

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