Voy por la calle, como siempre, pateando las aceras, esquivando los coches y las motos aparcados justo antes de tropezar violentamente con ellos. No sé por qué, no sé por qué camino siempre tan rápido, con tanta urgencia, compartiendo mi cigarrillo con el viento, apenas viendo a las tías, las viejas, los kioscos, las luces de neón, apenas salvando los charcos en los días de lluvia; los carricoches, los carritos de la compra...
El calor surte a mi frente continuamente de gotitas de sudor que caen sobre mis gafas y dejan en la superficie de las lentes su inequívoco rastro de muerte.
Hoy experimento una sensación extraña, pues Buk me acompaña en uno de mis bolsillos traseros. Ando sin rumbo como si quisiera enseñarle la ciudad de forma aleatoria, buscando quizá sorprenderle, o sorprenderme yo mismo. La ciudad, ese aburrido refugio que nos acoge, aplasta y agota nuestra vitalidad a medio o largo plazo, nuestras ganas, a poco que nos descuidemos. Lo oigo quejarse, escupir, lamentarse; sobre todo cuando me paro ante un semáforo o a leer un cartel pegado en una pared. Escucho el chasquido de sus largos tragos de cerveza, debe estar bebiendo con su "pack" de seis latas en un mano, tal vez mire el programa de las carreras.
Me introduzco por múltiples callejuelas tratando de mostrarle tabernas, tugurios puede que
peores que los que él frecuenta SIEMPRE. Encuentro uno: barra metálica larga, excesivamente
larga, máquina de café infausta, camarero inmemorial, camisa blanco-amarilla inmemorial, bayeta inmemorial enjaulada entre un montón de dedos ocres que parecen todos de igual tamaño; mesitas desiertas de aluminio y el periódico refugiado entre la pared del final de la barra y una oleaginosa máquina de pistacho; clientes difuminados, botellines sospechosos. Color gris.
Pido un cubata a pesar de que aún no son las una de la tarde de este pre-verano intrépido,
¡Así nos emborrachamos por aquí Buk!, y hojeo el diario deportivo.
Los clientes difuminados se ceban con uno de ellos de aspecto lamentable y ojos vidriosos,
el temblor de sus manos dificulta ostensiblemente su acercamiento a la copa de brandy por la que suspira su mirada. Emite nasales tacos inconexos pero desafiantes, puro tialismo, consigue
hacerse con la copa y la vuelca en su gaznate, esta vez sí, con un rápido y preciso movimiento.
Alma llena. Bar-Fly con las alas rotas.
Busco mirando por encima del hombro algún gesto, alguna expresión, coño, un carraspeo al menos que muestre la opinión de Buk. ¿Se habrá llegado a interesar por la situación?, ¿tendrá
ganas de beber un cuba libre hispano?, ¿estará meando?. No, sólo escucho un bufar continuado,
un FLOP-FLOP casi colérico y noto un ligero temblor. Se está masturbando el cabrón, seguro que piensa en Tanya o en Carol. Qué más da.
Sigo bebiendo un par de horas más, acomodado en un acuchillado taburete negro de terciopelo, aplastando al pajero para que se joda. Estoy enojado, sobre todo cuando le escucho roncar.
Pago las copas y me marcho, me siento invariablemente solo; además de aturdido. No estoy acostumbrado a clavarme cinco copas al mediodía. Creo que me encuentro ahora mismo como Buk cualquier día de mayo en cualquier lugar.
Decido bajar en dirección a las amplias avenidas del centro, con sus anchas aceras, sus plazas, sus árboles, sus pajarillos y... SUS TIAS BUENAS. Un reflejo de ilusión sacude mi espíritu y golpeo con la mano derecha mi bolsillo trasero: ¡ despierta mamón!
Aquí estoy, el sol cae con más suavidad aquí, la luz es más clara, blanquecina y sonriente; y la desgracia se muestra más evidente y desnuda. Se pueden ver cosas difíciles de imaginar, chicas extraordinarias: ESTUDIANTES, EMPLEADAS, VENDEDORAS, SECRETARIAS, HIPPIES. Culos, tetas, muslos, ojos, labios, cuellos que no podrías imaginar Buk.
- ¡Buk mira, espero respuesta!
- ¿El qué?
Su enrabietada contestación me produjo un hormigueo casi insoportable por todo el cuerpo. Sabía que el viejo gruñón acabaría respondiendo aunque fuese para espetarse y soltarme toda su mierda.
- ¡Las tías joder!. La primavera es un puñetazo de color, y de carne, y de olor.
- Déjame en paz de una puta vez. Dijo en tono casi conciliador. No me gustan tus bares y me molesta el sol.
- Pero Buk ya te he sacado del tugurio.
- Sí pero pronto me llevarás a otro, todos quieren sorprender a Buk, ir a sitios más cutres,
moverse con peor basura. Estás borracho, eres un puto bar ambulante. Me estoy aburriendo tanto que he vuelto a darle al vodka botella en ristre aquí tumbado en mi cama.
- A ti lo que te pasa es que sólo piensas en tu máquina de follar.
- Sí, mientras estábamos en el bar he pensado concienzudamente en ella.
- Aquí se ven posibles máquinas de follar mejores que la tuya tío.
- Ya tío, pero la mía es mi sueño, está clavada, inamovible en mi cabeza. He intentado
olvidarla o sustituirla por los métodos más peregrinos pero es imposible. Además llevo todo el
jodido camino bebiendo vodka y decenas de poetas relamidos golpean mi puerta.
- Yo quiero ser poeta.
- ¡No jodas cabrón!, fúmate un cigarro, o mejor un puro, mientras vomito y huyamos a un bar decente. Brugg, brruggg...
Así me fui a un bar limpio y luminoso, con un atrayente olor a pescado frito en aceite limpio, con un mito asomado al borde de mi bolsillo trasero vomitando y tirándose pedos.
Al entrar miré a la camarera y empecé a pensar en el punto y aparte que significaba su mirada, y en dónde sentarme, y en pedir una jarra grande de cerveza, y en si Buk estará cuando despierte.
05 octubre 2006
30 septiembre 2006
091 “Último Concierto – Edición Especial 10º Aniversario”(Pentatonia, 2.006)
Con la separación de 091 perdimos algo una buena parte de los aficionados al rock en Granada. Era la banda que siempre estaba ahí, la apuesta segura; con canciones que te llamaban desde la primera nota, un imán irresistible y electrizante. La escena musical evolucionaba y ellos seguían su camino, incólumes, con muchas canciones memorables y ninguna mala, con discos densos, cargados de fuerza, emotividad y reflexión. A mí particularmente me han acompañado desde siempre, suyo era el primer elepé de mi colección (“Cementerio de Automóviles”) y suya la cinta de 90 que más he quemado, una que alguien me grabó (ese mismo elepé incompleto por una cara y “Manifiesto Guernika” de T.N.T. por la otra). Recuerdo la sorprendida ilusión en la puerta del instituto ante el vinilo rojo de “Más De Cien Lobos”; los conciertos siempre intensos y rayando la perfección; la salida de Antonio Arias, tan comentada; y muchos temas para siempre: “En La Calle”, “La Torre De La Vela”, “Qué Fue del Siglo XX”, “La Vida Qué Mala Es”… El deseo que todos teníamos de que vendieran, de que fuesen descubiertos de una vez por todo el mundo, como comenzó a pasar a partir de 1.987 con muchas bandas nacionales de rock.
Este directo es sin duda, su mejor despedida. Desde el clásico inicio de sus conciertos con el instrumental “Palo Cortao”, aparece el sonido que caracterizó a los 091 de los noventa: rezumante de rock and roll, imparable, blindado, contundente y limpio, tan zeppeliano como stoniano. Esa elocuente rocosidad contaba con respiraderos provocados por su brillo intrínseco, en forma de coros, melodías impecables y estribillos inconfundibles. Catarsis eléctrica para conmovedores textos de mirada sombría e incierta sonrisa. Ese mismo sonido, tan reconocible como previsible, que les restó capacidad de sorpresa en unos tiempos confusos donde lo excitante se hallaba lejos de las composiciones bien terminadas: en los últimos ochenta se abrazaba tardíamente el revival garajero, se empezaba a adorar masivamente a la Velvet, y se enmudecía ante la grieta sónica de Sonic Youth y The Jesus & Mary Chain, las espirales de Spacemen 3 o el oscuro magma de Nick Cave and the Bad Seeds. De los grupos que se desarrollaron durante los primeros ochenta, los pocos que no se convertían en vendedores lo tenían crudo, el nuevo público underground tendía a obviar aquella época y las simpatías viraban hacia bandas que cantaban en inglés u ofrecían un modo distinto de hacer las cosas, algo que también tenía su lógica. Para colmo, los noventa trajeron el grunge (inicialmente una saludable colisión de Black Sabbath con garage punk: más distorsión) y el desembarco indie de la inspirada mano de los Pixies o Dinosaur Jr. Mientras, la banda granadina en tierra de nadie, cada vez más ninguneada por la crítica y sólo sostenida por la importancia que sus canciones tenían para muchísima gente, sobre todo en su tierra.
091 se despidieron de la afición granadina durante dos días consecutivos de mayo de 1.996, ambos con lleno absoluto en el anfiteatro de Maracena. La postrera y más completa formación de la banda dio cuenta de un repertorio centrado en sus tres últimos trabajos, con recuerdos puntuales a los primeros cuatro, que se adaptaban como podían al vendaval hard (“Debajo De Las Piedras” incendiada por Rory Gallagher, “En La Calle”, favorita de Joe Strummer, perdiendo parte de su inmediatez juvenil; o “Cementerio De Automóviles” y “Fuego En Mi Oficina”, que nunca terminaron de adaptarse). Un resumen final coherente y que no sonaba a despedida en falso, como el tiempo ha demostrado. Para siempre quedan los wha-wha de “La Noche Que La Luna Salió Tarde”, el intenso calado de “La Canción Del Espantapájaros”, la magnífica ejecución de “La Vida Qué Mala Es” confundiéndose con “Suzie Q”, o la mordiente de “Sigue Estando Dios De Nuestro Lado”. El quinteto se despidió en su mejor estado de forma, dejando este recuerdo con marchamo imperecedero para sus seguidores, ellos, que en tantas ocasiones fueron maltratados en el estudio de grabación. La presentación es impecable, como el acontecimiento merece; una portada sugerente, intencionada y sencilla, con unas cuantas cerillas quemadas menos una aún sin usar, que aparece aprovechada al máximo en la contraportada (humor lapidiano, me temo), reminiscente de aquella caja de cerillas que aparecía en la portada del primer single, “Fuego En Mi Oficina”, de 1.983. Esta edición remasterizada, mejora el sonido y cuenta además con el añadido del documental “Esto fue todo”, ajustado resumen de su trayectoria contado por ellos mismos.
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25 septiembre 2006
REAL MOTRIL
La población situada en la parte de España (o Estado, como dicen otros) en la que paso mis días, ha recibido, para sorpresa de toda la gente de a pie, una visita Real. El Príncipe y la Princesa han venido a botar una fragata del ejército a nuestro puerto, el mismo que semanas atrás un grupo de promotores sugirió convertir en puerto deportivo para que pudiésemos ser el Nuevo Caribe. Casi prefiero una fragata, así, atracada solitaria en el crepúsculo hasta la oxidación. La gente común (me refiero a la que reconoce serlo) se ha mostrado ilusionada con la visita, aunque siempre con la gruesa pátina hispánica de dedicar maledicencias y acompasados movimientos de cabeza a lo bien que vive la familia real. Los cotilleos sobre la presencia dos semanas atrás de policía secreta o de la agitada vida social de la Jefa de Protocolo, han animado los cafés mañaneros y las sempiternas colas de los bancos, que aún no se sienten preparados para dejarnos realizar nuestras gestiones gratuitamente por internet. Creo que necesitan tiempo.
Los sentimientos encontrados frente a la Monarquía salen a la superficie como delfines juguetones: la Derecha parece retozar, pero disimula y la Izquierda Entre Algodones se postula en contra (imaginándose lejos de la vulgaridad imperante durante unos días) y, así, muchos revisten su ideología del brillo fugaz que da reverdecer una certeza ante esa multitud de roma imaginación que sólo pide, pobre, que no le engañen burdamente sus ocasionales gobernantes; mientras, la Izquierda Que Suele Gobernar pone cara de póquer, enfundada en sus trajes mientras un exceso de loción de afeitar y maquillaje dificulta sus sonrisas de intelectuales triculturales. Supura provincianismo.
Estar a favor de la Monarquía como institución es realmente absurdo, de imposible explicación real. Yo, cuando alguien de algún país paradisíaco libre de tal rémora me reprocha su existencia en un lugar presuntamente moderno como España, en vez aplaudir directamente su condición de libre ciudadano, desde el fondo de las cuerdas del cuadrilátero siempre le remito a países como Reino Unido, Suecia, Dinamarca o Noruega, eso suele provocar un interesante silencio. Reminiscente del pasado, en un mundo ideal seguro que no existiría, y lo que no existiría en un mundo ideal no debe ser bueno. Las cuestiones, en nuestro caso, son básicamente si la gente común (o votante) considera que su estabilidad pasa por recuperar el espíritu de la II República o a ella de una pieza, o ve superado aquel período por los logros de éste; si esta peña (todos mirando a Marichalar) son nuestra principal carga; si hay defectos y males endémicos más enquistados y menos atractivos para la gran política en nuestro día a día que la Monarquía, o si el país está preparado para tener un presidente de la República que sea capaz de conseguir que los que no le han votado se sientan representados por él. La verdad es que no conozco a nadie que se declare abiertamente monárquico (monárquico en cualquier circunstancia), pero conozco a muchos que no ven en su desaparición sino el inicio de los problemas, algo que me produce muchísima pena. Del enfrentamiento actual en la política española lo único que saco en claro es que no queda prácticamente nada por lo que todos los partidos unirían fuerzas en cuestión de horas, por lo que parece razonable (quizá conservador, acaso cobarde, tal vez poco romántico –ya sabemos que en los experimentos henchidos de romanticismo siempre pierden los mismos-) que a la gente le guste más (en general) que sea el Rey el que hable con su homólogo de Marruecos en vez de Aznar, o con Bush en vez de Zapatero. Todos se muestran distantes con la monarquía pero el Chávez de Venezuela se hartó de dar el coñazo para que el Rey lo recibiera. Cosas de la imagen. Parece que el amigo Juan Carlos es necesario y, en caso de serlo, podría ser considerado una herramienta. Y que un personaje de sangre azul sea una herramienta necesaria para un país tan moderno como España debería mover a reflexiones más profundas.
Los sentimientos encontrados frente a la Monarquía salen a la superficie como delfines juguetones: la Derecha parece retozar, pero disimula y la Izquierda Entre Algodones se postula en contra (imaginándose lejos de la vulgaridad imperante durante unos días) y, así, muchos revisten su ideología del brillo fugaz que da reverdecer una certeza ante esa multitud de roma imaginación que sólo pide, pobre, que no le engañen burdamente sus ocasionales gobernantes; mientras, la Izquierda Que Suele Gobernar pone cara de póquer, enfundada en sus trajes mientras un exceso de loción de afeitar y maquillaje dificulta sus sonrisas de intelectuales triculturales. Supura provincianismo.
Estar a favor de la Monarquía como institución es realmente absurdo, de imposible explicación real. Yo, cuando alguien de algún país paradisíaco libre de tal rémora me reprocha su existencia en un lugar presuntamente moderno como España, en vez aplaudir directamente su condición de libre ciudadano, desde el fondo de las cuerdas del cuadrilátero siempre le remito a países como Reino Unido, Suecia, Dinamarca o Noruega, eso suele provocar un interesante silencio. Reminiscente del pasado, en un mundo ideal seguro que no existiría, y lo que no existiría en un mundo ideal no debe ser bueno. Las cuestiones, en nuestro caso, son básicamente si la gente común (o votante) considera que su estabilidad pasa por recuperar el espíritu de la II República o a ella de una pieza, o ve superado aquel período por los logros de éste; si esta peña (todos mirando a Marichalar) son nuestra principal carga; si hay defectos y males endémicos más enquistados y menos atractivos para la gran política en nuestro día a día que la Monarquía, o si el país está preparado para tener un presidente de la República que sea capaz de conseguir que los que no le han votado se sientan representados por él. La verdad es que no conozco a nadie que se declare abiertamente monárquico (monárquico en cualquier circunstancia), pero conozco a muchos que no ven en su desaparición sino el inicio de los problemas, algo que me produce muchísima pena. Del enfrentamiento actual en la política española lo único que saco en claro es que no queda prácticamente nada por lo que todos los partidos unirían fuerzas en cuestión de horas, por lo que parece razonable (quizá conservador, acaso cobarde, tal vez poco romántico –ya sabemos que en los experimentos henchidos de romanticismo siempre pierden los mismos-) que a la gente le guste más (en general) que sea el Rey el que hable con su homólogo de Marruecos en vez de Aznar, o con Bush en vez de Zapatero. Todos se muestran distantes con la monarquía pero el Chávez de Venezuela se hartó de dar el coñazo para que el Rey lo recibiera. Cosas de la imagen. Parece que el amigo Juan Carlos es necesario y, en caso de serlo, podría ser considerado una herramienta. Y que un personaje de sangre azul sea una herramienta necesaria para un país tan moderno como España debería mover a reflexiones más profundas.
21 septiembre 2006
EL SUEÑO DE LA RAZÓN PRODUCE MONSTRUOS (¿O ESTÁN YA FABRICADOS?)
El espacioso escenario estaba rodeado de luces que lo convertían en un espacioso puti-club recién abierto y de desratizada apariencia. El presentador, trajeado de terciopelo, gesticulaba dibujando florituras con sus manos. De las paredes colgaban carteles con primeros planos ampliados de nuevas figuras como María Jiménez, Fernando Esteso, saludando con ambas manos y una estúpida sonrisa, Jaime Morey e Isabel Pantoja, entre otros. De entre los concursantes, modositamente sentados en pupitres, hubo de levantarse Manolo, atendiendo al gesto displicente de la mano derecha de un miembro del jurado. Puesto en pie, observó orgulloso y altanero cómo el público vitoreaba su nombre, una masa grasienta y temblorosa que hacía la ola subiendo y bajando el trasero, custodiada por gorilas uniformados de gris.
El miembro del Jurado, tratando de parecer reflexivo habló, acariciando el clavel reventón que destacaba en el ojal derecho de su chaqueta: “Manolo, tanto mis compañeros del jurado como yo mismo, hemos asistido sorprendidos al corazón, poderío y casta que has puesto en esta interpretación. Tanto que nos has arrancado más de un olé cuando atacabas con ímpetu los estribillos”. Manolo observaba con ojos brillantes y sonrisa inamovible, como encajada en la boca. Un insistente primer plano nos ofrecía su sudoroso y crispado perfil, su incipiente alopecia, el aceitoso brillo del pelo que cubría su parietal izquierdo. Su mano sostenía nerviosa un sombrero cordobés, también de color gris. “Además, has superado tus problemas con el inglés y has hecho tuyos los buenos deseos de la canción, acercándola a ese pueblo que tanto te quiere. Tu melisma salvaje, tan enraizado en nuestra cultura y nuestro mercado, junto con la complicidad única que crea tu juego de miradas y guiños con el público, te han hecho acreedor de la confianza de esta academia para interpretar esta canción a partir de ahora en todas nuestras galas. Has abierto nuestros corazones, Manolo”. Los aplausos estallaron, y Manolo lloraba de dicha, apretando dientes y puños almidonados, y saludando al modo de los toreros a su público. Abandonó su pupitre fundiéndose en un abrazo con el presentador que aplaudía extasiado el micrófono contra la carpeta. El mayoritario gentío femenino improvisó otra ola de carne y olores vaginales, increpando violentamente a los de gris que les prohibieran lanzar pétalos de rosas, que traían de sus casas. Los sudores de las palmas de sus manos chapoteaban en su contacto frenético, parecían tener un pescado entre ellas. Y Manolo les lanzaba besos mientras atravesaba la pasarela, convertida ya en un infierno de olés.
En un inesperado y juvenil gesto, señaló a una parte del tumultuoso graderío, del que surgieron como resortes para solaz de todos, sus hermanos armados de guitarras, que ya no se volverían a sentar. Un rápido plano nos ofreció al jurado sirviéndose anís con el corazón de par en par, y al presentador de terciopelo pidiendo silencio con los brazos abiertos. Otro aluvión de gritos, Manolo se había hincado de rodillas en el suelo, sus compañeros corrieron hacia él simulando que lo auxiliaban, dando muestras de esa sana simpatía y pureza de alma que subyugan al público. La cámara enfocó a John algunos segundos, para volver al grupo de muchachos que saludaban a Manolo cogiéndole violentamente la pechera con chorreras, propinándole empujones para al momento atraerlo para fundirse en un abrazo. Hasta que por fin se lo llevaron a hombros.
El olor a colonia se mezclaba con el sudor, el maquillaje brillaba como un exceso de loción de afeitar en los rostros; el súbito silencio se podía cortar cuando un miembro femenino y rosáceo del jurado carraspeó. “Silencio”, suplicó el presentador de terciopelo. La dama llamó: “John”(un tipo con gesto despistado se incorporó de su pupitre). Prosiguió, entre carraspeos y nudos gargantiles de anís dulce: “John, tanto mis compañeros del jurado como yo misma, apreciamos tus progresos en la composición, creemos que alguna de tus canciones puede llegar a calar en nuestro público. Pero consideramos que tu estilo interpretativo, en el que tú apelas a tu personalidad, no ha avanzado mucho desde que llegaste. No se te ve capaz de enfrentarte a esta noble gente sin mirar al instrumento que te empeñas en tocar, ni despistarte mirando al cielo; el caso del piano es paradigma de una introversión incomprensible. El respetable te espera y tú no les haces caso, ocultándole incluso la mirada. Es por eso que el jurado cree oportuno que sea Manolo y no tú, el que interprete tu canción “Imagine”, de ahora en adelante...
Por suerte conseguí despertar, agitado y sudoroso. Pronto advertí que las piezas no encajaban y que todo aquello era imposible. Después me prometí apagar la tele antes de dormirme, ya que el otro día soñé un primer plano de María del Monte comiéndose dos huevos fritos e imitando, con la boca llena, el celebérrimo canto del Pájaro Loco,... o no fue un sueño. Por favor, no me digáis la verdad.
16 septiembre 2006
NIKKI SUDDEN “DESDE OTRA ÉPOCA”
Cada vez más fuera de tiempo, y acompañado para siempre de apelativos como “maldito” (ese que tanto detestaba), “mitómano” o “francotirador”, Nikki Sudden nos dejó el pasado 26 de marzo, tras un concierto en Nueva York.
Erudito, positivo y siempre lleno de proyectos, alternó la actividad musical con el periodismo en algunas épocas (en los últimos tiempos preparaba un libro sobre Ron Wood, y trabajaba en una primera novela, “Albion Sunrise”). Nómada y trotamundos, este londinense llevó su música desde recogidas actuaciones acústicas a vendavales eléctricos, aunque siempre destacó su querencia por el matiz (él decía que hacía “english rock”); con esa voz lánguida, lentificada, siempre a una velocidad menos que una música envuelta por su obsesión por el período 69-72 de los Rolling Stones, y discos como “Electric Warrior” de T-Rex.
Su proverbial clasicismo fue el fruto inopinado de unos inicios musicales con vocación rupturista. Su primera banda, Swell Maps, inició su andadura en 1.972, cuando Nikki contaba 16 años. Influidos por el rock alemán o The Velvet Underground, y absorbidos en la inercia punk, fueron el típico destello de la confusa época post-punk, tan inspirado como atropellado, siempre estimulante, basado en experimentación anárquica, improvisación disonante, desarrollos comatosos, guitarras de chatarra y combustión espontánea; consumada ésta en 1.980 dejando un par de elepés de interés, “A Trip To Marineville” (1.979) y “Jane From Occupied Europe”, al año siguiente. Su legado se puede rastrear en la manida generación noise, capitaneada por Sonic Youth. Con este grupo fue con el que alcanzó mayor popularidad, el único momento en que su música acompañó a su tiempo.
De aquí partió la carrera en solitario de Sudden, y surgieron su hermano Epic Soundtrack, estimable compositor y futuro miembro de Crime &The City Solution y Jowe Head de Television Personalities.
El disco “Waiting On Egypt” de 1.982 (primero a su nombre) puede considerarse eslabón entre la etapa Swell Maps y la posterior (está “Stuck On China”, pero ya encontramos la gran “Still Full Of Shocks”), apuntada más claramente en “The Bible Belt” de 1983, donde ya aparece Dave Kusworth, que incluye “Road Of Broken Dreams” (firmada a medias con Mike Scott de The Waterboys), futuro clásico de los Jacobites en versión más reducida, y cuyo tema “The Angels Are Calling” ya suena cien por cien Jacobites.
En 1.984 une intenciones con el citado ex – Subterranean Hawks Dave Kusworth, dando lugar a los Jacobites, en mi opinión su etapa más inspirada. Ese año publican “Jacobites” recreaciones acústicas algo deslavazadas que apuntan claramente sus intenciones (“Silver Street” ha sido versionada por Mercury Rev). Poco después, sin embargo, alumbran el doble “The Robespierre´ s Velvet Basement”, para mí su mejor trabajo.
Esta época confirma y marca plenamente la senda elegida por un nikki sudden comprometido con una visión clásica del rock y un período concreto (la música de su adolescencia), que llegará hasta el final de sus días. Romanticismo, dandismo decadente y glamour desarrapado. Rasposas y delicadas, las canciones avanzan con lentitud enhebrando y confundiendo eléctricas y acústicas a la vez que rememoran la épica de todas las derrotas. Ambos músicos comparten un gran talento para los medio tiempos, melodías de añejo y estremecedor sabor que acarician ralentizadas la textura del riff y el halo stonianos, la expresión dylaniana, el desarrollo de Neil Young o la vulnerabilidad del Johnny Thunders más amargo. Sí, deslizándose por el filo de una navaja que es ya camino polvoriento de acordes esenciales repitiendo continuamente su eco. Un sonido con una pátina desencantada, esa sensación casual de reunión de amigos cargada de sensaciones e imperfecciones. Su discografía no reaparecerá hasta los noventa, abundando la recopilaciones y los lanzamientos con descartes e inéditos, hasta “God Save Us Poor Sinners” de 1.998, un buen disco que ya será el último suyo con Nikki vivo.
Tras un par de discos conservando la denominación Jacobites sin Dave, “Texas” y “Dead Men Tell No Tales”, Nikki se lanza a una producción nutrida y dispersa, en la que abundan las colaboraciones y salta con facilidad de uno a otro de sus espectros sónicos preferidos; a veces guadianesca y siempre zigzagueante, con elepés de aliento acústico y folk que van desde “The Last Bandits On The World” acreditado a The Last Bandits, y el esencial “Kiss You Kidnapped Charabanc” (1.988) grabado junto a Rowland S. Howard (debían haber colaborado mucho más), al más reciente “Red Brocade” (1.999), grabado en Chicago y que cuenta con la colaboración de Jeff Tweedy de Wilco (“Farewell, My Darling”). Tiene sus momentos guitarreros, pero es mayormente reposado, trufado de canciones delicadas que es donde reside lo mejor de este trabajo, preciosista en los arreglos de cuerdas y vientos. Destacan también, como complemento, trabajos de afilada electricidad a lo Crazy Horse, como el doble Maxi “Groove” de 1.989 (acompañado de la formación The Frech Revolution, con la que grabará su hiriente versión del “Captain Kennedy” de Neil Young para un disco homenaje); los aires country de “The Jewel Thies” (1.991) (también denominado “Liquor, Guns And Ammo”), con el apoyo y producción de sus fans REM o “Seven Lives Later” de 1.996, intensa dosis suddeniana grabada entre Londres, Praga, Berlin y Chicago. Tras unos años sin grabar, volvió con “Treasure Island” (2.003), a la postre su último disco. Un trabajo muy especial por este motivo y por ser el mejor en casi veinte años de un músico que se ha ido con mucho que decir. Muestra a un Nikki desperezado y enérgico, con un repertorio variado y luminoso que recurre al gospel, al country, al blues o al pop; tanto al sofoco de guitarras constreñidas como a inspirados coros y arreglos de piano, órgano o metales. Contando con colaboraciones de ensueño para él, como un portentoso Mick Taylor (acojonante en “House Of Cards”) o el ex – Faces Ian McLagan. Hasta siempre.
Publicado en el portal de humor gráfico y cómic Irreverendos en septiembre de 2.006.
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13 septiembre 2006
BULGÁKOV, FAITHFULL, JAGGER Y TÚ
Mijaíl A. Bulgákov nació en 1.891 en Kiev, en el seno de una familia burguesa. Hijo de un profesor de la Facultad de Teología, siguió estudios de medicina, profesión que ejerció durante un corto pero intenso período, hasta que a partir de 1.919 se decantó definitivamente por la literatura y las tablas. De aquella época son los relatos que aparecen en “Morfina”, breves y reveladores textos a modo de diario íntimo de un joven médico, que narra de forma concisa y lúcida, penetrante, su experiencia profesional, incluida una adicción a la morfina que posteriormente superaría. En aquel momento aún no habían explosionado su febril imaginación ni su disparatado humor, inspirados en parte por Gógol; éstos avisan elocuentemente en “Maleficios” (1.924), un hilarante y agotador laberinto de situaciones absurdas y surrealistas a partir de un equívoco provocado por la lenta burocracia soviética (que supone un excelente anticipo de Boris Vian); y que aún en esa época alternará con el realismo de “La Guardia Blanca”, su primera novela. Habiendo descubierto ya que la sátira, usada en su justa medida, suele ser un arma certera, un zarpazo infalible, en “Corazón de Perro” (1.925), añade a las cualidades mostradas en “Maleficios” el ingrediente de una ciencia-ficción utilizada para bucear más profundamente en los nuevos resortes de su país. Última pieza necesaria para forjar un lúcido discurso, a la vez fantástico, satírico y mordaz; que continuará con "Los Huevos Fatales”, ese mismo año. Contemporáneo de otros silenciados por lo implacable del sistema comunista como Boris Pasternak, Anna Ajmatova o Eugeni Zamiatin; o directamente masacrados, como el poeta Osip Mandelstam o Boris Pilniak, su independencia de criterio y su hartazgo del proselitismo de la exaltación revolucionaria, le granjearon problemas y persecuciones. Las entregas que iban apareciendo en la prensa de la en principio popular “Corazón de Perro”, quizá su sátira más feroz contra el Régimen, desencadenaron definitivamente las hostilidades que acabaron interrumpiendo también una exitosa carrera como dramaturgo, con obras como “La Isla Púrpura”, “El Apartamento de Zona” o “Las Jornadas de Turbin” (adaptación de la citada “La Guardia Blanca” de 1.924) representándose a la vez con aceptación del público en 1.928, justo antes de caer definitivamente en desgracia. Su trabajo fue censurado y él expulsado de las férreas asociaciones que agrupaban a escritores y dramaturgos. Ante sus constantes problemas con el poder, en 1.930 escribió a Stalin (quién por cierto le admiraba) pidiendo que se le permitiese abandonar el país o volver a su vida normal, dirigiéndose a él en estos términos: “El escritor que afirme que puede seguir escribiendo en donde no existe la libertad de creación, es como el pez que declara públicamente no necesitar de agua para seguir existiendo”. El dictador respondió autorizando un par de representaciones más de “Las Jornadas...”, para sumirlo a continuación en el ostracismo. Durante todos esos años hasta su muerte consagró su tiempo al teatro, ocupando puestos secundarios en el Teatro del Arte o el Bolshoi. A la última etapa de su vida pertenecen la inconclusa “Novela Teatral” y la unánimemente reconocida como su obra maestra, “El Maestro y Margarita”, cuya redacción le ocupó desde finales de los años veinte hasta su muerte. Quedó ciego en 1.939, muriendo un año después con estas últimas obras aún inéditas, enterrado en el mismo silencio a que fue condenado en vida.
En 1.966 se empezó a publicar en la revista Moskva “El Maestro y Margarita” convenientemente censurado. Poco después apareció la traducción inglesa, detonante del culto que la obra consiguió en toda Europa. En enero de 1.968, la leída Marianne Faithfull le pasó la novela a su chico, Mick Jagger, quién encontró en ella la inspiración necesaria para la letra de “Sympathy For the Devil”.
RENACER DESDE LO MÁS ABISAL DE LOS DESPACHOS
“El Maestro y Margarita”, después de superar la quema de una primera versión por parte de su autor, las continuas correcciones y el olor a sótano del olvido, vio la luz en su país en condiciones normales en 1.973. Al igual que la versión íntegra de su “Corazón de Perro” (que trajo la Perestroika), “Doctor Zhivago”, “Réquiem” o “Nosotros”, fue tristemente escamoteada a sus compatriotas durante demasiado tiempo. La novela actualmente es considerada una de las obras maestras de la narrativa rusa, y su versión teatral ha sido y es ampliamente representada. Su mito y poder simbólico para los rusos, que creció fuertemente con los cambios experimentados por la sociedad al inicio de los noventa, llega hasta el punto de que los itinerarios del libro han pasado a formar parte de las rutas turísticas de Moscú.
Esta es la obra más puramente fantástica de Bulgákov. Abunda en los temas que ha tratado con anterioridad, consiguiendo la sublimación y el justo equilibrio de todas sus constantes creativas; sorprendiendo, a pesar de retratar un momento histórico concreto, su inalterable frescura. Engrandece y enriquece sus armas de siempre: la fantasía, los elementos paródicos, el ritmo, el absurdo, los diálogos, la visión satírica o la ironía. Un libro de despedida mimado y sufrido, inmenso de significado, y más teniendo en cuenta las condiciones anímicas en que fue escrito. A pesar de todo se observa algún desajuste, como el final de los protagonistas, entre el capítulo 30 y el epílogo, lo que denota que quizá el libro no estaba pulido del todo a la muerte de su autor.
El cine se ocupó de ella en 1.972, con la película dirigida por Aleksandar Petrovic; y el director ruso Vladimir Bortko (que ya rodó “Corazón de Perro”, en 1.988) ha vuelto sobre ella este año. No he tenido ocasión de ver todavía ninguna de estas adaptaciones, aunque de todas formas yo siempre imagino un “Maestro y Margarita” dirigido por Tim Burton.
PAZ, LIBERACIÓN, PERDÓN Y ARREPENTIMENTO
El sarcasmo y la provocación principales consisten en crear un protagonista con el que la cultura oficial se ceba por escribir nada menos que una obra absolutamente realista y humana sobre Poncio Pilatos, en plena efervescencia ideológica de la Unión Soviética. A esta “desfachatez” se suma el poner en liza las sobrenaturales fuerzas del bien y el mal, algo absolutamente inadmisible en ese momento. Bulgákov se vale para satirizar la sociedad moscovita de la época nada menos que del Diablo, y esta sugestiva idea le permite exponer descarnadamente lo más esperpéntico de determinados sectores, una vez enfrentados a tan inesperado visitante.
Resumiendo: el Diablo elige Moscú para la celebración de su Baile del Plenilunio Primaveral de ese año. A partir de esa paródica idea que Bulgákov se saca de la manga, su pluma pergeña diferentes excusas, coincidencias y situaciones para confrontar a Voland (que así se llama) y su séquito con los responsables del teatro Varietés de Moscú, la Comisión de Espectáculos o cierta elite literaria, entre otros. Más tarde, la soltería de messere Voland le lleva a buscar una dama que le acompañe en ese baile, y una serie de improbables circunstancias lo conducen a… Margarita, la amada del singular Maestro. Así como otras igualmente improbables involucran a Dios en el proceso.
El libro primero pone en marcha la peripecia de la aparatosa visita del Diablo: su aparición y la forma de relacionarse con los ciudadanos, alternándola con los retazos fundamentales del libro sobre Poncio Pilatos escrito por el Maestro. En el segundo comienzan a precipitarse los acontecimientos y la historia central toma cuerpo, se desarrolla la fantástica aventura de los protagonistas. Aparecen el Maestro y Margarita en plenitud, y las historias toman los caprichosos recovecos que las terminan fundiendo en un catártico desenlace final, en el que se habla de paz, liberación, perdón, y arrepentimiento. Al final, se nos informa del destino de todos los personajes de este grotesco y bullicioso mosaico moscovita.
MIRANDO POR LA VENTANA DEL NÚMERO 50
Bulgákov concibe como punto neurálgico de esta fantástica historia su propio apartamento, el piso número 50 del 302 de la calle de la Sadóvaya, residencia satánica para la posteridad. Desde allí proyecta una imaginación liberada de las limitaciones de la verosimilitud, el tiempo y el espacio; construyendo en un caudaloso devenir de acontecimientos, punzantes y vívidos frescos de puntuales personajes y arquetipos. Lo fantástico se hace con las riendas, envolviendo y transformando la vida cotidiana. Surge natural de cualquier detalle, libera las palabras, relativiza los principios morales y funde el gris uniforme de unos tiempos cada vez más decepcionantes, haciéndolos estallar en inesperados colores, en cualquier instante, en cualquier lugar. Un diablo que saca a la superficie las miserias del aparato burocrático en que se ha convertido ya la Unión Soviética de entreguerras y su plétora de intereses creados.
Desde el principio pincha la agudeza y retumban las dobles lecturas. El retrato social se va perfilando indeleble mediante inolvidables trazos: la atracción y el recelo con lo extranjero, las consideraciones sobre la libertad para ser ateo en Rusia, cada ciudadano un policía… El problema de la vivienda en Moscú, la especulación; el temor a perder el carné de MASSOLIT (y sus privilegios), el espionaje entre vecinos, las deportaciones, la burocratización (alguien solicita un certificado al mismísimo Diablo), el uso recurrente del hospital mental (el cochero que quiere que utilicen su vehículo para internar a “Desamparado”: “¡ En el mío!, que ya se sabe de memoria el camino al manicomio!”); la uniformidad del pensamiento o el materialismo ideológico imperante.
Demoledora, por cierto, la alegórica descripción de las actividades del servicio secreto en la época romana o la de la detención de un gato común tomado por miembro del séquito de Voland. Significativa la obsesión de todo el mundo por dar una explicación “científica” a lo ocurrido; y, sobre todo, cómo al final lo consiguen poniendo unos el esfuerzo de explicarlo, y los demás el ímprobo de creerlo (“era necesario inventar justificaciones ordinarias para sucesos extraordinarios”, se dice por algún sitio). Pone en la picota el papel de los intelectuales: denuncia sus privilegios y la indolencia acomodaticia de sus vidas y carreras, bien acopladas al dogmatismo imperante. Ofrece remarcables reseñas de miseria y carencias, y también aprovecha para deslizar algún definitivo ejemplo sobre la crueldad e inutilidad de las guerras.
ESCALERAS ABAJO
Esmeradas y siempre ajustadas descripciones, ágilmente expuestas, conviven chispeantes diálogos. Es como si la prosa se precipitase escaleras abajo desnuda y vistiéndose sobre la marcha, llegando abajo sin haber perdido el equilibrio y perfectamente ataviada. Definición y precisión en la composición de escenas, en la presentación de los personajes y la manera en que aparecen en el relato; en sus reacciones o sus movimientos, que a veces resultan incluso coreográficos, teatrales. Caricaturizados, pero lo suficiente para que resulten creíbles, precaución que se ahorra con el inolvidable séquito demoníaco.
El aliento narrativo de la mejor tradición rusa pervive vibrante mientras el Bulgákov dramaturgo brilla en los dos capítulos en que se desarrolla una representación teatral, éstas nos son descritas de tal modo que nos imaginamos cómodamente sentados en el patio de butacas. Gusta añadir a las descripciones generales detalles accesorios, pinceladas postreras que intensifican el momento con sutilidad: “…puso su mano ardiente sobre la cabeza del niño, con el pelo recién cortado”, “…las ventanas daban a un patio asfaltado, que todas las mañanas limpiaban unos coches especiales con cepillos…”. Expone percepciones con el toque justo (“Sentía frío debajo del corazón…”), y emplea para las comparaciones imágenes curiosas y eficaces (“...con las manos duras y frías como el pasamanos de un autobús”, “…cejas pobladas y pardas como carcomidas por la polilla”, “El amor surgió ante nosotros como surge un asesino en la noche”).
Como en el grueso de la obra del ucraniano, el narrador es omnisciente, se distancia de los acontecimientos como si se tratase de una leyenda. Se dirige al lector relatándole en clásica tercera persona una historia, y juega a convencerlo de la veracidad de los hechos mediante el uso irónico de silogismos o la profusión de datos anecdóticos. Lo anima o le habla en términos burlonamente moralizantes, reflexionando y opinando acerca de lo que narra.
El relato general, como decíamos, se enlaza y alterna con el de Pilatos haciendo coincidir las frases finales e iniciales de cada capítulo. Éste se inserta en el transcurrir de la obra inicialmente contado por Voland, posteriormente soñado por “Desamparado” y después leído por Margarita. En él Bulgákov utiliza un estilo distinto al suyo, el correspondiente al Maestro, exento de humor e ironía; centrado en hacer un retrato fidedigno del procurador y los hechos, grave, naturalista, minucioso y descriptivo en grado sumo, aun a riesgo de lastrar peligrosamente un relato que en su parte central avanza sin respiro. Ambos coinciden en un espacio temporal de tres días (de mediodía de miércoles a sábado por la tarde). Aparte de otros estratégicos paralelismos, como las premonitorias tormentas, o las demostraciones de poder y adivinatorias tanto de Jesús como del Diablo en sus primeras apariciones.
Los rasgos de la literatura del absurdo brotan nerviosos e inesperados, saltan sobre el lector; desde el gorrito con la M que porta el Maestro, a la comicidad caricaturesca de Koróviev cuando se dispone al silbar en el momento de la despedida, o ese grajo que se larga volando sobre la rueda de un coche.
En el libro segundo, el maestro se expresa descreído, vencido y melancólico; desprende su dolor, despojando la prosa, haciendo flotar las palabras tristemente en el aire. Es el contrapunto pausado a la historia. Margarita, por su parte, verdadero revulsivo del relato desde su aparición, toma la primera persona con firmeza (incluso la segunda para dirigirle intensos pensamientos al Maestro).
La sátira y el humor se mantienen incólumes, pero las vicisitudes de esta segunda parte progresivamente internan la historia por vericuetos de enorme lirismo y aliento poético, la pluma se torna etérea y se vuelve profundamente sensitiva (“La luz de la luna despedía un calor suave”); íntima, incluso a la hora de desvelar la vida cotidiana de Voland y su séquito. El texto filtra momentos donde conviven lo dramático y lo romántico, todo bajo un insondable manto de fantasía y majestuosidad; fascinante y abismal, proyectando de vez en vez, claroscuros góticos sobre las páginas.
MEFISTÓFELES EN CAMISETA
Puede ser tomada como una comedia elaborada a partir del “Fausto” de Goethe (el cual aparece citado en varias ocasiones), invariablemente urbana y aparentemente más ligera. Un “Fausto” desmadrado, si se quiere, y centrado en una dirección más punzante y real. Son tantos los puntos de contacto como las diferencias de fondo: el nombre de Margarita se vuelve a usar en un personaje (aunque no de la misma relevancia y significado); aquí, la clásica pugna entre el bien y el mal se convierte en una lucha entre lo sobrenatural (donde reside la justicia) y lo terrenal (de donde ha desaparecido), aunque permanece la idea de su complementariedad; son evidentes las similitudes entre Voland y Mefistófeles, siendo aquél menos cruel y más condescendiente y justo con su acreedora; dos personajes principales mercadean con el Diablo, sí, pero en Bulgákov la protagonista paga su deuda sin intervención divina. Valga también citar las semejanzas en lo que respecta a la Noche de Valpurgis, o incluso al truco de los regalos que desaparecen. Junto a este insoslayable referente, los burlescos Popota y Koróviev, así como el resto de sus compinches, parecen personajes especialmente perversos escapados del mundo de la Alicia de Lewis Carroll.
Vuelve la sátira inmediata, corrosiva, con el ingrediente extra de un humor negro que ya cuelga de los títulos de los numerosos capítulos. La fina ironía de un observador privilegiado y analítico en constante rezumar. Cuidada indagación psicológica de la ciudadanía, sus actitudes, sus costumbres (la escena de la magia negra, uno de los momentos culminantes, muestra una población tan superficial y anhelante como la de cualquier otro lugar). En muchos momentos es una trepidante novela de aventuras y en otros una divertida comedia de enredo a veces frenética, que arrastra incluso los momentos más trágicos o violentos. Con piezas que encajan en ocasiones trabajosamente, y a las que acaso el lector empuje para preservar esa invencible sensación de deseo y ansia de libertad que flota en esta novela.
El Libro Segundo gana en intriga. Interrogantes, dudas y misterios (¿alguien le dictó la novela al maestro?, ¿puede Dios aparecer convertido en un vaso que guiña?...) mantienen en vilo el futuro de los personajes, siempre con la fatalidad en los talones. Aquí, Margarita se pone en manos del diablo por amor y toda la magia comienza a rodar, convirtiéndose en la inercia del momento en bruja vengadora que, maliciosa, se solaza perpetrando travesuras y bromas pesadas gracias a su poder. Mientras vuela libre parece, por un instante, querer abrazar lo “faústico”, ese deseo de plenitud, esa huida hacia delante en pos de todas las experiencias. Llama la atención su atracción por Voland, su entrega a él sin reservas, su determinación: “Todo era así porque así tenía que ser”.
CIUDADANOS Y CAMARADAS
El grueso de secundarios son personajes que terminan desquiciados, pululando frenéticos por esta obra por momentos coral. Sus destinos y peripecias son lanzados como fuegos artificiales. Generalmente pagan de una forma u otra por sus actos, residiendo ahí el lado moralizante de nuestra historia. Intuyéndose en él algún ajuste de cuentas personal y una inevitable saña por parte del autor.
Respecto de los personajes principales, Voland, como hemos señalado, parte de los rasgos del Mefistófeles goethiano: irónico, agudo, manipulador, artero, perverso; representa lo atrayente de saltarse las reglas de la naturaleza, la seguridad de dominar y el poder para doblegar lo ruin y vulgar del ser humano. Capaz, en efecto, de levantar tantas simpatías como a Mick. Sus correligionarios serían los mejores personajes para un cómic de superhéroes del averno.
El Maestro aparece bien entrada la novela. Se trata de un héroe inédito, trasunto claro de un Bulgákov olvidado y condenado a las tinieblas del silencio; injustamente vilipendiado desde los periódicos mientras todas las puertas se cierran. Él alberga los sentimientos más amargos: la frustración, la rabia, la pérdida, la depresión.
Margarita, por su parte, es el romanticismo puro: bella, inteligente, moderna, arrojada, tierna y apasionada. Una heroína de fuerza magnética, solitaria y un punto ingenua. Una mujer presentada tal cual es por Bulgákov, que deja a un marido modélico, pero que es incapaz de satisfacerla, para lanzarse a darlo todo por aquél que realmente la ha enamorado. Ambos componen una pareja inusual y absolutamente entrañable. Una complementación simbólica, la duda frente a la seguridad, la desesperanza frente a la fe. Nosotros, por nuestra parte, vivimos intensamente sus dudas y esperanzas, su compás de espera.
PERMÍTEME POR FAVOR QUE ME PRESENTE
“Please allow me to introduce myself…”. Así comienza la letra de “Sympathy for the Devil” de los Rolling Stones (primer corte del flamante “Beggars Banquet” de 1.968), previamente denominada “The Devil is my Name”. En ella, Mick Jagger utiliza la correcta manera de presentarse de Voland en el primer capítulo, para ese verso inicial. Poco después, parte de los comentarios del Diablo de Bulgákov acerca de Pilatos, que tanto sorprendieron a sus contertulios, para aludir al contenido del libro del Maestro: “I was around when Jesús Christ hand his moments of doubt and faith, i made dann sure that Pilate washed his hands and sealed his fate” (“Estaba cerca cuando Jesucristo tuvo sus momentos de duda y fe, me aseguré de que Pilatos se lavara sus manos y sellara su destino”). En el resto del texto, el letrista muestra el poder luciferino apuntando su presencia en determinados momentos históricos, gracias al don de la ubicuidad de que Voland hace gala en su inesperada aparición en Los Estanques del Patriarca. El conocido estribillo también recuerda la confusión y el caos creado por el Diablo en Moscú: “Pleased to meet you, hope you guess my name. But what´s puzzling you is the nature of my game” (“El gusto es mío, espero que adivines mi nombre. Pero lo que te confunde es la naturaleza de mi juego”). Finalmente, cabe comparar la afabilidad inicial con lo amenazante del último verso: “Or I´ll lay your soul to waste” (“O arrojaré tu alma a la basura”).
Y así consiguió Mick Jagger ser el Señor de la Oscuridad eternamente, a golpes de 6,23 minutos. El resto es por todos conocido: percusiones impregnadas de vudú, maracas, los ágiles dedos de Nicky Hopkins sobre el omnipresente piano, los coros y la guitarra maullando tras el tercer estribillo. Un mejunje que jamás baja de temperatura, comandado por una voz cada vez más desgarrada. Y así, eternamente, seguirá Jimmy Miller controlando tras la mesa, Godard grabándolo todo y Voland tras él observando con una media sonrisa.
08 septiembre 2006
JOSÉ CASAS “Plasticland” (Indoor)
José Casas, guitarrista y principal compositor de los sevillanos Helio, vuelve a enviar señales desde su nave pop. En 2.003 se editó este CD que, sin embargo, acabó en el dique seco ajeno a cualquier tipo de distribución; algo tan triste como absurdo. Ahora su autor se decide a distribuirlo por sí mismo, cosa que servidor aplaude efusivamente. Para la grabación José se apoyó en destacados representantes de la escena sevillana: mientras él se ocupaba de las guitarras y los teclados, la voz principal la compartieron José Romero y Chencho Fernández, y por la base rítmica pasaron compañeros de aventuras como Pacoco o Paco Parra. “Plasticland” contiene ocho impecables muestras de pop clásico que mantienen sabiamente el equilibrio entre ornamentación y frescura; la melodía siempre encuentra su salida airosa y espontánea, algo clave para el pop. Hay temas reminiscentes de la capacidad resolutiva del mejor repertorio new wave (esa época que tanto le marcó), de lo definido de su dibujo, tales como “My Five Senses” (con su aire reggae y el rapeado final de Sandra de Hébridas y Sr. Chinarro) y el potencial éxito “Bo Diddley Kidnaps” (en la onda Madness/Specials), ambos, por cierto, poseedores de ingeniosas letras. Un trabajo cuidado y artesanal, de ajustado sonido y estratégicos arreglos; canela fina insoslayable para exquisitos degustadores de pop intemporal. Canciones con detalles ocultos y vericuetos que recorrer. Poderosas ensoñaciones con ese algo crujiente que las dota de magnetismo (“Running Man”), construcciones como la de “Plasticland”, el tema, que me trae a la memoria a los Waterboys; o algo tan vibrante como “Where are my heroes living”, que viaja inspirada y huidiza sobre retazos de psicodelia. Composiciones, en fin, confiadas a la expresividad del diálogo entre eléctricas y acústicas como “Change your tale”, deudora del eje Byrds-Teenage fanclub, “Robin Hood Song” su “Five Years” particular, o ese fibroso ejemplo de power-pop elegante que es “Behind Evil flower´s park”.
Publicado en el nº 230 de la revista Ruta 66.
Publicado en el nº 230 de la revista Ruta 66.
06 septiembre 2006
DIRECTO CHRISTINA ROSENVINGE+BELLE AND SEBASTIAN+MERCURY REV
“TERRAL NOCHE 2.006”
Auditorio Municipal de Málaga, 19-07-06.
El Auditorio Municipal de Málaga es un espacio amplio y al aire libre, concebido y diseñado, como su nombre indica, para el disfrute de la música en directo. Todo suena mejor sin ecos, reverberaciones y demás, y hasta el sonido de los aplausos viaja libre e impecable. Los grupos sonaron bien y su música se pudo disfrutar plenamente. Así las cosas, en el inicio de la velada con CHRISTINA ROSENVINGE quedó convenientemente subrayada su mecánica interna de fragilidad y contención. Un quinteto con base rítmica discreta y eficaz, una guitarra de turbulenta vida subterránea, con sus momentos de fragor y un ambiente marcado por notas de piano y chelo secundando la voz susurrante y queda de Christina. En algún momento pensé que un espacio reducido acogería mejor esas canciones, esa tenuidad de engañosa dulzura pop minimalista imbricada de folk y silencios; pero aun en un espacio grande, con mucho menos público del necesario para hacerlo acogedor, brilló su distancia, el punto de frialdad de su quietud. Abrió y cerró al piano, primero con “Continental 62” y “Windows”, y finalmente, tras el trepidante desarrollo de “White Hole”, con un magnífico inédito atravesado de blues y una intensa y dramática recreación de "Tok Tok”. Un final en vertiginoso crescendo que cumplió su cometido de dejar con ganas de más. En medio, temas de los últimos discos como “Submission”, “Glue”, y otros momentos realmente remarcables como “A Liar To Love”, “King Size” o “¿Quién Me Querrá?”.
El pase de BELLE AND SEBASTIAN cumplió con todas las expectativas, fue la actuación sin altibajos ni pasos en falso de un grupo en gira constante, además de una envidiable concatenación de grandes canciones. Los escoceses manejan tal envidiable número de clásicos que cada concierto (con un repertorio siempre cambiante) se convierte en una celebración que cuenta con el factor sorpresa de qué repertorio utilizarán cada vez. Infalibles desde la inicial “Sleep The Clock Around”, pero también algo cansados, volvieron a desplegar esa ya profesional e incesante maquinaria de relevos con músicos entrando y saliendo e intercambiando instrumentos, y de la que brotan melodías, ritmos y armonías que asimilan los patrones que han confeccionado el mejor pop: coros, palmas y bailes; sin guitarras o con tres, con violín o chelo, dúos de melódica, la trompeta sin estridencias de siempre, piano, órgano y sintes, las percusiones, etc. Hubo tiempo para todo, temas clásicos de ep´s, como el acercamiento definitivo a Love que fue “Dog on wheels” o “Jonathan David” y su aire Kinks con ese riff de chispeante órgano psicodélico. Recuperaciones del primer álbum como “The State I Am” cantada inicialmente con el público, o la robótica coreografía de “Electronic Renaissance”. Estuvieron atemperados en la densidad soul y funk de “If She Wants Me”, “Funnie Little Frog” y “Song For A Sunshine”. Sonaron recios en temas como “The Boys Are Still Blue” y su empacho de T-Rex; cantaron baladas alrededor del fuego como “Dress Up In You” con Sarah sentadita en el escenario; realizaron acústicas incursiones como “Judy and The Dream Of Horses”; y resultaron festivos en la saltarina “We Are The Sleepyheads” con sus coros cantarines, la robusta “Sukie In The Graveyard” o “I´m a Cuckoo”. Como único bis dejaron “The Boy With The Arab Strap”. Suficiente. A MERCURY REV les tocó cerrar en contra de lo previsto inicialmente. Salieron con ganas y a por todas, con toda su parafernalia de imágenes, citas y sentencias sobreimpresas en pantalla y su natural querencia por la colección de momentos álgidos. Abrieron con “You´re My Queen”, una de sus composiciones más inmediatas convertida en elocuente aquelarre sónico de más de siete minutos para poner al personal en situación. Con Donahue de sobreinterpretado maestro de ceremonias y Grasshopper disparando al público con el mástil de su guitarra, definitivamente escapado de un casting de Scorsese. Continuaron ganando terreno con “In A Funny Way” (donde los Mercury se encuentran con Pulp y The Jesus & Mary Chain), y “Black Forest”, rompiendo de nuevo con “Vermillion”. Con una base rítmica vibrante y gomosa (esas mazas en “The Dark Is Rising”), el peso del sonido reside en los teclados de Jeff Mercel, un suntuoso manto de tupido terciopelo que cae sobre las composiciones envolviéndolas y elevándolas de principio a fin: pianos, órganos, cuerdas o el theremin de “Tides Of The Moon”. La guitarra de Grasshopper resucitó en algunos momentos, poniéndose al mando de algunos tramos de saludable ruido. La actuación fue intensa, con algo de esa sustancia oscura de los mejores Rev, destacando momentos como la culminante interpretación de “The Dark Is Rising” o “Opus 40” que desembocó en una desgarrada lectura de “Gotta Serve Somebody” de Bob Dylan. El ya disperso y entregado público agradeció los bises, “Holes”, con Jonathan a la acústica, y “Secret For A Song”.
Publicado en el nº231 de la revista Ruta 66.
Auditorio Municipal de Málaga, 19-07-06.
El Auditorio Municipal de Málaga es un espacio amplio y al aire libre, concebido y diseñado, como su nombre indica, para el disfrute de la música en directo. Todo suena mejor sin ecos, reverberaciones y demás, y hasta el sonido de los aplausos viaja libre e impecable. Los grupos sonaron bien y su música se pudo disfrutar plenamente. Así las cosas, en el inicio de la velada con CHRISTINA ROSENVINGE quedó convenientemente subrayada su mecánica interna de fragilidad y contención. Un quinteto con base rítmica discreta y eficaz, una guitarra de turbulenta vida subterránea, con sus momentos de fragor y un ambiente marcado por notas de piano y chelo secundando la voz susurrante y queda de Christina. En algún momento pensé que un espacio reducido acogería mejor esas canciones, esa tenuidad de engañosa dulzura pop minimalista imbricada de folk y silencios; pero aun en un espacio grande, con mucho menos público del necesario para hacerlo acogedor, brilló su distancia, el punto de frialdad de su quietud. Abrió y cerró al piano, primero con “Continental 62” y “Windows”, y finalmente, tras el trepidante desarrollo de “White Hole”, con un magnífico inédito atravesado de blues y una intensa y dramática recreación de "Tok Tok”. Un final en vertiginoso crescendo que cumplió su cometido de dejar con ganas de más. En medio, temas de los últimos discos como “Submission”, “Glue”, y otros momentos realmente remarcables como “A Liar To Love”, “King Size” o “¿Quién Me Querrá?”.
El pase de BELLE AND SEBASTIAN cumplió con todas las expectativas, fue la actuación sin altibajos ni pasos en falso de un grupo en gira constante, además de una envidiable concatenación de grandes canciones. Los escoceses manejan tal envidiable número de clásicos que cada concierto (con un repertorio siempre cambiante) se convierte en una celebración que cuenta con el factor sorpresa de qué repertorio utilizarán cada vez. Infalibles desde la inicial “Sleep The Clock Around”, pero también algo cansados, volvieron a desplegar esa ya profesional e incesante maquinaria de relevos con músicos entrando y saliendo e intercambiando instrumentos, y de la que brotan melodías, ritmos y armonías que asimilan los patrones que han confeccionado el mejor pop: coros, palmas y bailes; sin guitarras o con tres, con violín o chelo, dúos de melódica, la trompeta sin estridencias de siempre, piano, órgano y sintes, las percusiones, etc. Hubo tiempo para todo, temas clásicos de ep´s, como el acercamiento definitivo a Love que fue “Dog on wheels” o “Jonathan David” y su aire Kinks con ese riff de chispeante órgano psicodélico. Recuperaciones del primer álbum como “The State I Am” cantada inicialmente con el público, o la robótica coreografía de “Electronic Renaissance”. Estuvieron atemperados en la densidad soul y funk de “If She Wants Me”, “Funnie Little Frog” y “Song For A Sunshine”. Sonaron recios en temas como “The Boys Are Still Blue” y su empacho de T-Rex; cantaron baladas alrededor del fuego como “Dress Up In You” con Sarah sentadita en el escenario; realizaron acústicas incursiones como “Judy and The Dream Of Horses”; y resultaron festivos en la saltarina “We Are The Sleepyheads” con sus coros cantarines, la robusta “Sukie In The Graveyard” o “I´m a Cuckoo”. Como único bis dejaron “The Boy With The Arab Strap”. Suficiente. A MERCURY REV les tocó cerrar en contra de lo previsto inicialmente. Salieron con ganas y a por todas, con toda su parafernalia de imágenes, citas y sentencias sobreimpresas en pantalla y su natural querencia por la colección de momentos álgidos. Abrieron con “You´re My Queen”, una de sus composiciones más inmediatas convertida en elocuente aquelarre sónico de más de siete minutos para poner al personal en situación. Con Donahue de sobreinterpretado maestro de ceremonias y Grasshopper disparando al público con el mástil de su guitarra, definitivamente escapado de un casting de Scorsese. Continuaron ganando terreno con “In A Funny Way” (donde los Mercury se encuentran con Pulp y The Jesus & Mary Chain), y “Black Forest”, rompiendo de nuevo con “Vermillion”. Con una base rítmica vibrante y gomosa (esas mazas en “The Dark Is Rising”), el peso del sonido reside en los teclados de Jeff Mercel, un suntuoso manto de tupido terciopelo que cae sobre las composiciones envolviéndolas y elevándolas de principio a fin: pianos, órganos, cuerdas o el theremin de “Tides Of The Moon”. La guitarra de Grasshopper resucitó en algunos momentos, poniéndose al mando de algunos tramos de saludable ruido. La actuación fue intensa, con algo de esa sustancia oscura de los mejores Rev, destacando momentos como la culminante interpretación de “The Dark Is Rising” o “Opus 40” que desembocó en una desgarrada lectura de “Gotta Serve Somebody” de Bob Dylan. El ya disperso y entregado público agradeció los bises, “Holes”, con Jonathan a la acústica, y “Secret For A Song”.
Publicado en el nº231 de la revista Ruta 66.
25 agosto 2006
“EL POEMA NERVIOSO”
La barbilla forma ángulo recto con el cuello, un ángulo un tanto arqueado, tenso. Su vértice oculta una saliva que nunca se termina de tragar, una presencia inquietante que desgasta, como una idea clavada en el cerebro o un disco perfectamente rayado.
El disco rayado es el tiempo, una semana antes del verano de dos mil; tiempo petrificado sucumbiendo ante el calor del sol, dominado por su luz entreverada de humo de automóviles. La idea clavada en mí eres tú y tu angustia se encalla en tu garganta, lo sé. Figura de perfil hiriente, no me mires para que ame tu ausencia.
Los pantalones ceñidos se pasean brevemente desde la parada del autobús hasta la vuelta de la esquina. Yo estoy en el roce de los muslos, en su chasquido. Piernas largas y negras aliviando ese tiempo petrificado. El presuroso vuelo de una paloma que mira antes de cruzar. Yo estoy en el chasquido de sus alas. Yo sigo el devenir del humo de su cigarro mañanero.
Hay ideas que roen cuando los días se tornan largos. El tiempo extra pesa inútil con el tictac de la espera de la noche reflejado en su insultante claridad; nunca es tarde, hasta que de pronto lo es y el día se derrumba. ¿Dónde escondí esas horas? Tú las escondías de cintura para arriba en el mostrador de una cafetería inmunda, aunque soleada, pero siempre inmunda. Las escondías bien, hasta ahogarlas y consumirlas entre cafés tardíos, copas precoces y cervezas monótonas; periódicos hechos una calamidad sobre la barra, y el reflejo de la televisión en las miradas de los presentes. Taciturnos dueños de su espera que odian sin poderlo reconocer todo aquello que ven demasiado a menudo.
Paso por el tiempo, transcurro, aguantando la respiración; tomando aire cuando te veo salir al mediodía, por la tarde, por la noche. Siempre pendiente a mi gracioso reloj. Mientras estás dentro los dos estamos encerrados, todo está tan lejos. Desde mi ventana consigo verte evolucionar entre mesas y sillas, gracias a esa excesiva cristalera. Silenciosa, diligente, curiosamente experta; el perfil no decae, y esa curva de arco tenso que recorta mi perspectiva del mundo, esa saliva intragable sabe a hierro como la rabia, se nota. Voy a entrar.
Una vez dentro el tiempo parece articulado mecánicamente, como si el distante aire acondicionado le diese cuerda. Hoy no me hablas pero a cambio me sonríes, con todos esos perfiles pintados, y desapareces. Atiendes altanera las peticiones de los clientes: labios fruncidos, sonrisa presta, ojos vivos, nariz altiva, ángulo recto. Durante el imperturbable baile de tu faldita roja el tiempo se concentra alrededor del tintinear de vasos, tazas o platos. Cada vez más tintineo, más precipitación de tiempo, menos luz.
Mi vaso también tintinea, mi billete sale a relucir, es un yoyó que te atrae y te suelta, siempre te suelta, para que sigas contando el tiempo. La caprichosa luminosidad de la máquina tragaperras, sapo sonriente, marca chirriante el último tiempo. La luz se diluye, y tú también, adiós... hasta mañana...
La noche es un lento garbeo del tiempo, de mi tiempo silencioso y sin referencias. Es un puto balcón desde el que mirar el día pasado, aunque sea de reojo, si no hay otra cosa mejor que hacer. Te asomas y siempre está ahí, sujeto a la posibilidad de un improbable análisis, de un escrutinio absurdo, a la estúpida ilusión de que te dé tiempo a pensar en él un poquito. Sólo te libras del día realmente si la noche ofrece fuegos artificiales que admirar, si guarda el tiempo a buen recaudo para que no oigamos su latir y los acontecimientos se vuelven gozosamente inevitables.
Tú te has ido, mi deseo constante, mi reloj móvil e inmutable. ¿Cómo parar tu devenir?, ¿ cómo evitar tu trayecto?, ¿ cómo hacerte tragar saliva?, ¿ cómo atraerte hacia mí de pronto y borrar tu ausencia? Y es que sé que cuando se ama intensamente se llega a asir el tiempo, sé que se cabalga sobre una inopinada sucesión de minutos llenos de historia, y el tictac desaparece.
¿Qué placer puede haber en destrozar un reloj?, verlo romperse sin duda, pero, más que nada, tener el privilegio de observar como marca sus últimos segundos. Provocarle la muerte natural.
Alterar el futuro sería pretencioso, trastocar el orden deseable. Acumulé el tiempo a mi alrededor cuando mi martillo comenzó a estamparse decidido contra la cristalera, de forma seca y concienzuda. Al principio fue frustrante, el escaparate retrocedía con un resoplar sordo, encajando los golpes con suficiencia. Su temblor me asustaba y envilecía, las luces de las ventanas empezaban a iluminarse y él seguía aguantando como el tiempo, ese boxeador eterno. Así hasta que una lluvia de crujidos me ovacionó y todo fue más fácil. Las cinco de la madrugada y con el tiempo allí, a mis pies, escribí el poema nervioso; mi martillo desgajando trozos de cristal con estruendo de victoria, mis manos lanzando fuego. Me voy.
Todo anda por el suelo o suspendido en el aire, nada está clavado ya, nada en su sitio. Sé que me quedará tiempo para ver a ese reloj morir: se detendrá el autobús ante mis jadeantes ojos, bajarás y los pantalones ceñidos se pasearán brevemente desde la parada hasta la vuelta de la esquina. Y allí se trastocará mi tiempo, y tu tiempo.
El disco rayado es el tiempo, una semana antes del verano de dos mil; tiempo petrificado sucumbiendo ante el calor del sol, dominado por su luz entreverada de humo de automóviles. La idea clavada en mí eres tú y tu angustia se encalla en tu garganta, lo sé. Figura de perfil hiriente, no me mires para que ame tu ausencia.
Los pantalones ceñidos se pasean brevemente desde la parada del autobús hasta la vuelta de la esquina. Yo estoy en el roce de los muslos, en su chasquido. Piernas largas y negras aliviando ese tiempo petrificado. El presuroso vuelo de una paloma que mira antes de cruzar. Yo estoy en el chasquido de sus alas. Yo sigo el devenir del humo de su cigarro mañanero.
Hay ideas que roen cuando los días se tornan largos. El tiempo extra pesa inútil con el tictac de la espera de la noche reflejado en su insultante claridad; nunca es tarde, hasta que de pronto lo es y el día se derrumba. ¿Dónde escondí esas horas? Tú las escondías de cintura para arriba en el mostrador de una cafetería inmunda, aunque soleada, pero siempre inmunda. Las escondías bien, hasta ahogarlas y consumirlas entre cafés tardíos, copas precoces y cervezas monótonas; periódicos hechos una calamidad sobre la barra, y el reflejo de la televisión en las miradas de los presentes. Taciturnos dueños de su espera que odian sin poderlo reconocer todo aquello que ven demasiado a menudo.
Paso por el tiempo, transcurro, aguantando la respiración; tomando aire cuando te veo salir al mediodía, por la tarde, por la noche. Siempre pendiente a mi gracioso reloj. Mientras estás dentro los dos estamos encerrados, todo está tan lejos. Desde mi ventana consigo verte evolucionar entre mesas y sillas, gracias a esa excesiva cristalera. Silenciosa, diligente, curiosamente experta; el perfil no decae, y esa curva de arco tenso que recorta mi perspectiva del mundo, esa saliva intragable sabe a hierro como la rabia, se nota. Voy a entrar.
Una vez dentro el tiempo parece articulado mecánicamente, como si el distante aire acondicionado le diese cuerda. Hoy no me hablas pero a cambio me sonríes, con todos esos perfiles pintados, y desapareces. Atiendes altanera las peticiones de los clientes: labios fruncidos, sonrisa presta, ojos vivos, nariz altiva, ángulo recto. Durante el imperturbable baile de tu faldita roja el tiempo se concentra alrededor del tintinear de vasos, tazas o platos. Cada vez más tintineo, más precipitación de tiempo, menos luz.
Mi vaso también tintinea, mi billete sale a relucir, es un yoyó que te atrae y te suelta, siempre te suelta, para que sigas contando el tiempo. La caprichosa luminosidad de la máquina tragaperras, sapo sonriente, marca chirriante el último tiempo. La luz se diluye, y tú también, adiós... hasta mañana...
La noche es un lento garbeo del tiempo, de mi tiempo silencioso y sin referencias. Es un puto balcón desde el que mirar el día pasado, aunque sea de reojo, si no hay otra cosa mejor que hacer. Te asomas y siempre está ahí, sujeto a la posibilidad de un improbable análisis, de un escrutinio absurdo, a la estúpida ilusión de que te dé tiempo a pensar en él un poquito. Sólo te libras del día realmente si la noche ofrece fuegos artificiales que admirar, si guarda el tiempo a buen recaudo para que no oigamos su latir y los acontecimientos se vuelven gozosamente inevitables.
Tú te has ido, mi deseo constante, mi reloj móvil e inmutable. ¿Cómo parar tu devenir?, ¿ cómo evitar tu trayecto?, ¿ cómo hacerte tragar saliva?, ¿ cómo atraerte hacia mí de pronto y borrar tu ausencia? Y es que sé que cuando se ama intensamente se llega a asir el tiempo, sé que se cabalga sobre una inopinada sucesión de minutos llenos de historia, y el tictac desaparece.
¿Qué placer puede haber en destrozar un reloj?, verlo romperse sin duda, pero, más que nada, tener el privilegio de observar como marca sus últimos segundos. Provocarle la muerte natural.
Alterar el futuro sería pretencioso, trastocar el orden deseable. Acumulé el tiempo a mi alrededor cuando mi martillo comenzó a estamparse decidido contra la cristalera, de forma seca y concienzuda. Al principio fue frustrante, el escaparate retrocedía con un resoplar sordo, encajando los golpes con suficiencia. Su temblor me asustaba y envilecía, las luces de las ventanas empezaban a iluminarse y él seguía aguantando como el tiempo, ese boxeador eterno. Así hasta que una lluvia de crujidos me ovacionó y todo fue más fácil. Las cinco de la madrugada y con el tiempo allí, a mis pies, escribí el poema nervioso; mi martillo desgajando trozos de cristal con estruendo de victoria, mis manos lanzando fuego. Me voy.
Todo anda por el suelo o suspendido en el aire, nada está clavado ya, nada en su sitio. Sé que me quedará tiempo para ver a ese reloj morir: se detendrá el autobús ante mis jadeantes ojos, bajarás y los pantalones ceñidos se pasearán brevemente desde la parada hasta la vuelta de la esquina. Y allí se trastocará mi tiempo, y tu tiempo.
19 agosto 2006
TEMA DEL MES
ADAM GREEN "Nat King Cole" (Adam Green) ("Jacket Full Of Danger", Rough Trade 2.006).
"Irresistible e insoslayable por aunar elegancia, elocuencia y nervio en un pañuelo de dos minutos y medio. Guitarra acústica y base rítmica trepidantes, gotas latinas de piano, y virulentos estallidos de instrumentos de cuerda con los que también llega a conversar de blues"
"Irresistible e insoslayable por aunar elegancia, elocuencia y nervio en un pañuelo de dos minutos y medio. Guitarra acústica y base rítmica trepidantes, gotas latinas de piano, y virulentos estallidos de instrumentos de cuerda con los que también llega a conversar de blues"
16 agosto 2006
QUEDAN INAUGURADAS ESTAS FIESTAS
Empiezan las fiestas, comienza a respirarse en el ambiente de la ciudad fundida por el sol y por su propia actitud como de silencio administrativo inerte. Hay calles cortadas y sillas de madera cuidadosamente colocadas en la plaza. He observado que todo aquello que sea susceptible de congregar a centenares de personas sin preguntas que hacer ni dudas que plantear, bien vale el geométrico esfuerzo de colocar sillas de velatorio bien alineaditas, bien dispuestas (¿las veremos así en el día del velatorio de nuestra somnolienta democracia?). El periodista de cámara presentará al pregonero oficial llegado de muy lejos y absoluto desconocedor de la zona que sus ojos observarán con interés urgente por primera vez. El pregonero leerá claro y rápido, folios en alto, el texto tópico y tristemente recurrente que le habrá sido preparado: cobrará generosamente por escupir tropicales tópicos con buena dicción por entre una perenne sonrisa tendente a la congelación (¿logrará seguir el vertiginoso ritmo la intérprete para sordos?). El Alcalde tomará la palabra paternalmente, “¡guapo!”, gritará la vecina que acaba de colocar al niño (soy de una tierra curiosa: si denuncias ante un conocido el nepotismo y la corrupción seculares de la contratación pública puede ser que éste acabe de conseguir un empleo en tales circunstancias, así que prometo, en el caso de conseguirlo yo mismo antes de finalizar esta reflexión aturrullada, hacérselo saber). Veterano ya el regidor, pues no puede ser joven ya que alcanzó ese deseado puesto tras lustros de servicio gris al partido, sonreirá a toda la concurrencia. El fermento pastoso de un gesto gris difícilmente maleable ya, se tratará de combatir con atuendo veraniego: relajada camisa de manga corta de clara tonalidad, y descongestionando su verticalidad de personaje romo echándose sobre el atril para mostrar una sonrisa imposible de día de fiesta, deseando que el viento semitropical mueva un poquito su flequillo y le dé ese toque travieso y jovial inexistente en ese baúl oscuro. Desde allí se dirigirá con fingido entusiasmo al pueblo aplaudidor para decirle, apuntándole con su brazo, que se lo merece todo y que “sois los mejores”. Estará deseando terminar, ¿le dolerá mentir? Después de un esfuerzo semejante bajará del escenario acompañado de otros miembros del partido igual de joviales y bamboleantes, ellas portarán abanicos, y relojes de estrecha correa alrededor de gruesas muñecas bronceadas, las más metidas en faena llevarán una flor por algún lugar de la cabeza. Barnizados por su sudor, todos en popular procesión estrecharán manos, brazos y hombros, tocarán cabezas de niños, besarán y compartirán graciosamente sus impresiones sobre la ola de calor con el pueblo noble y ya inofensivo (los americanos nos está cambiando las temperaturas). Pasearán despacio y beberán graciosamente de alguna bota de vino rancio pero bienintencionado. Invitarán a disfrutar de las fiestas a los que las han sufragado, harán campaña masiva y vomitarán toda esa demagogia duramente dosificada durante el año. ¡ Estas fiestas no las tiene nadie!, ¡traemos mejores artistas que tal ciudad! ¡el carácter de nuestro pueblo es el mejor! ¡somos sinceros, nobles, acogedores! ¡qué sol, que clima, qué sol, qué gente,...qué sol!.......... Y el concejal del pelo engominado mirará al cielo ya nocturno diciendo: “hasta tenemos las estrellas más brillantes”.
15 julio 2006
"EL DESTINO ES CAPRICHOSO Y ADEMÁS ESTÁ BORRACHO"
BARRY GIFFORD “Gente Nocturna” (“Night People-Arise and Walk”, 1.992)
Acabo de terminar “Gente Nocturna” de Barry Gifford y ¿qué vi?: un violento cóctel de estampas de colores chillones que se precipitan sobre el lector. Una miríada de personajes absolutamente estrafalarios y memorables que, desde su forma de discurrir a sus nombres, indumentarias o aspecto, conforman un retrato esperpéntico y atroz de la Norteamérica profunda. Te familiarizas con ellos y saltan momentos después por los aires, qué le vamos a hacer: el destino es caprichoso y además está borracho.
El libro avanza a golpe de microhistorias, está estructurado en multitud de episodios brevísimos que se van relacionando entre sí, hablándonos con mucho humor y acidez, además de ternura (a su manera), de sexo, de una violencia inusitada y gratuita, de religión y fundamentalismo multiplicados por los medios de comunicación; y siempre de muertes: truculentas, absurdas, casuales o increíbles. Personajes que se entrecruzan mediante una red de caprichosas coincidencias. Todo macerado en r´n´b, soul, blues y algo de country.
Gifford se muestra, como es habitual, excesivo y exagerado sin recato. Lleva lo tragicómico al extremo, envuelto en situaciones surrealistas y alucinantes. Con esas preciosas y pormenorizadas descripciones tan suyas, y algo tan americano como la reseña de casi todas las marcas comerciales de los objetos aparecidos para dar más realismo y cercanía al relato. Y, como siempre también, parece perseguir a su incansable e independiente pluma.
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Barry Gifford
07 julio 2006
DIRECTO SR. CHINARRO + TARIK Y LA FÁBRICA DE COLORES
Industrial Copera (Granada)
25 de mayo de 2006
Pues la cosa sucedió al revés de como me esperaba. La actuación de Tarik estuvo lastrada por el mal sonido desde el principio de los casi cincuenta y cinco minutos que duró, consistente en la casi totalidad de “Sequentialee” con algunas muestras de sus trabajos anteriores (“Di Ahora” o “Entonces, por qué”, un tema que siempre ha estado en el repertorio de Álvaro Muñoz). Con la batería de Eric Jiménez determinando la potencia del sonido de la banda, Tarik apuesta por un sonido crudo y saturado por momentos, sacrifica los matices en pos de la energía y el gusto por retorcer y exprimir las canciones. El sonido mejoró al filo de la media hora, con la interpretación unida de “Wasted Song” y “Cinnamon Girl” de Neil Young; tras esto la cosa se tranquilizó con “Oyendo canciones”, y a partir de ahí el sonido desembocó en una inaguantable sucesión de acoples que destrozaron la interpretación de canciones como “Porque es Domingo”. Es jodido que la falta de un técnico apropiado se cargue la posibilidad de disfrutar de un gran repertorio. Tras esto, lo de Chinarro, sonó celestial, con la voz de Antonio Machín recibiendo y despidiendo su actuación. Ha sido el primer concierto en condiciones que he visto del sevillano, ajustado, suficiente, ágil. Ha decidido ir al grano y los instrumentos suenan bien (dos guitarras, bajo y batería), la voz se distinguía perfectamente, y las interrupciones fueron las mínimas, con un Antonio Luque cómodo en su papel de maestro de ceremonias de sí mismo, abandonando su ya legendaria irregularidad escénica y siempre irónico, tan comunicativo ante el micro como ido tras las imágenes que se proyectaban en la sala durante sus monótonas partes instrumentales. Junto a sólo tres temas de siempre (“Cero En Gimnasia”, “Estrenos TV” y “Pico Veleta”), y temas de su último disco (las iniciales “Dos Besugos” y “Morado”, “El Peor Poema”, “El Rayo Verde”, “El Cuadro” o “Cabo Trafalgar”), sonaron multitud de temas inéditos (cosa que pocos grupos se atreven a hacer) que irán en su próximo álbum con Mushroom Pillow, entre ellos “Yo no soy Militar”, “Del Montón”, “No Dispares” o “Esplendor en la Hierba”. Su repertorio se ha iluminado ostensiblemente, más inspirado incluso en los textos; las guitarras tienen más carácter y la inyección de ritmo dota de novedosas perspectivas y espacios al marcado estilo Chinarro. Las nuevas canciones van por la misma senda, calando a la primera, y en algunas el singular músico sevillano filtra naturalmente un gozoso encuentro entre Décima Víctima, Calexico y los Coyotes de “Mujer y Sentimiento” (“La Última Cena”).
25 de mayo de 2006
Pues la cosa sucedió al revés de como me esperaba. La actuación de Tarik estuvo lastrada por el mal sonido desde el principio de los casi cincuenta y cinco minutos que duró, consistente en la casi totalidad de “Sequentialee” con algunas muestras de sus trabajos anteriores (“Di Ahora” o “Entonces, por qué”, un tema que siempre ha estado en el repertorio de Álvaro Muñoz). Con la batería de Eric Jiménez determinando la potencia del sonido de la banda, Tarik apuesta por un sonido crudo y saturado por momentos, sacrifica los matices en pos de la energía y el gusto por retorcer y exprimir las canciones. El sonido mejoró al filo de la media hora, con la interpretación unida de “Wasted Song” y “Cinnamon Girl” de Neil Young; tras esto la cosa se tranquilizó con “Oyendo canciones”, y a partir de ahí el sonido desembocó en una inaguantable sucesión de acoples que destrozaron la interpretación de canciones como “Porque es Domingo”. Es jodido que la falta de un técnico apropiado se cargue la posibilidad de disfrutar de un gran repertorio. Tras esto, lo de Chinarro, sonó celestial, con la voz de Antonio Machín recibiendo y despidiendo su actuación. Ha sido el primer concierto en condiciones que he visto del sevillano, ajustado, suficiente, ágil. Ha decidido ir al grano y los instrumentos suenan bien (dos guitarras, bajo y batería), la voz se distinguía perfectamente, y las interrupciones fueron las mínimas, con un Antonio Luque cómodo en su papel de maestro de ceremonias de sí mismo, abandonando su ya legendaria irregularidad escénica y siempre irónico, tan comunicativo ante el micro como ido tras las imágenes que se proyectaban en la sala durante sus monótonas partes instrumentales. Junto a sólo tres temas de siempre (“Cero En Gimnasia”, “Estrenos TV” y “Pico Veleta”), y temas de su último disco (las iniciales “Dos Besugos” y “Morado”, “El Peor Poema”, “El Rayo Verde”, “El Cuadro” o “Cabo Trafalgar”), sonaron multitud de temas inéditos (cosa que pocos grupos se atreven a hacer) que irán en su próximo álbum con Mushroom Pillow, entre ellos “Yo no soy Militar”, “Del Montón”, “No Dispares” o “Esplendor en la Hierba”. Su repertorio se ha iluminado ostensiblemente, más inspirado incluso en los textos; las guitarras tienen más carácter y la inyección de ritmo dota de novedosas perspectivas y espacios al marcado estilo Chinarro. Las nuevas canciones van por la misma senda, calando a la primera, y en algunas el singular músico sevillano filtra naturalmente un gozoso encuentro entre Décima Víctima, Calexico y los Coyotes de “Mujer y Sentimiento” (“La Última Cena”).
03 julio 2006
DIRECTO JOHN PARISH + IDAHO Y MICK HARVEY
Teatro José Tamayo (Granada).
27 y 28 de mayo de 2006
27 y 28 de mayo de 2006
Interesantísimo, y desgraciadamente poco concurrido, ciclo de Pop-Rock en el teatro José Tamayo de Granada. El viernes 26 abrieron fuego RICHARD SWIFT y RICHMOND FONTAINE, a los que no pude ver. Aquí nos ocuparemos de los dos días siguientes.
Una platea casi vacía vio Jeff Martin de IDAHO al tomar asiento para interpretar solo al piano, arropado por samples, ritmos y su voz quebradiza, “The Mistery”, “Live Today Again” y “When Sunday Comes”, para mí lo mejor de su actuación. Después llegó la banda y volvieron las guitarras de cuatro cuerdas, con John K. Berry y su mando a distancia para ir poniendo vídeos de fondo. Con la tensión de antaño abandonaron la senda íntima, algo deslavazada, frágil y ensoñadora de “The Lone Gunman”. Arrebato, slowcore, estallidos controlados, o subidas y bajadas de tensión con cambio de baquetas por escobillas en el mismo tema fueron la tónica general. Se despidieron de una noche anodina con una reseñable “Stare At The Sky”, culminando un buen adiós con el único bis de la noche, “To be The One”, con Jeff a los teclados y Berry haciendo slide con la guitarra. Poca gente más se encontró JOHN PARISH cuando apareció, acompañado de esa banda de excepción que le secunda: Marta Collica a los teclados y voz (miembro de Sepiatone junto a Hugo Race), Georgia Poli bajo y coros (Micevice) y Jean Marc-Butty, batería que ha sido de P.J. Harvey. Desplegaron una música directa, esencial, contenida, pero de esa que trae el chispazo que la hace terriblemente especial. Parish ha incluido en su último trabajo, “Once Upon A Little Time”, temas lo suficientemente contagiosos y definitivos como para capturar sin remisión a cualquier audiencia. Asimila la música de raíz americana, pasándola por su crujiente tamiz sonoro, tan atmosférico como vibrante, siempre con un relieve muy acusado, impregnándola a la vez de misterio y naturalidad. Resultaron inmediatos, irresistibles (“Kansas City Electrician”), hipnóticos y graves, eso sin que Parish dejara de sonreír y evolucionar tímidamente por el escenario con su aire de paciente artesano. Poli aportaba elegancia mientras Butty se convertía en el auténtico motor de la noche, usando mayormente escobillas que alternaba de manera imparable con baquetas, maracas o mazas. Marta Collica estuvo sugerente con los teclados, de sus manos salían ruidos, fondos sonoros, vuelos de órgano, y profusión de notas de piano. Parish atacaba a veces las cuerdas de su guitarra con toque percutor, resultaba cortante y saturado, o trasladaba mediante vibrato una pulsación a la vez árida y lírica a los temas. Maracas en lugar de baquetas y ambientación sonora cargada para “Boxes” y “Amelia”, tan delicada como épica, interpretada por Marta y con Georgia utilizando arco sobre su bajo. Aparecieron los ecos loureedianos de “Choice” con el batería recordando a Moe Tucker con sus mazas; epatante el crescendo de “The Last Thing I Heard Her Say” (el redoble de escobillas, uff…), y hermoso el recogimiento de “Glade Park” acompasada rítmicamente sólo con platillos. Demoledoras, finalmente, “Sea Defences” y “Even Redder Than That Too” (la versión potente del CD), ésta con un Butty enloquecido golpeando sus tambores con maraca y escobilla.
El bis se abrió con “Pray Them Bars Away”, el primer Hazlewood del fin de semana, con la perezosa guitarra de Parish acompañada de maracas o shaker por los demás. Yéndose, difuminando esa velada especial, con el instrumental “Westward Airways” uno de los momentos culminantes de su anterior trabajo. Al día siguiente MICK HARVEY contó con bastante más expectación (el marchamo Bad Seeds pesa). Apoyado por dos miembros de la banda madre: James Johnson, cuya presencia tiene gran valor estratégico (acompañamientos precisos de eléctrica –más comedidos que en el cd- y teclados; arranques ocasionales de órgano y las contadas muestra de guitarra-cuchilla) y la batería eficaz, matizada e imaginativa en segundo plano de Thomas Wydler; contando además con la sensación casi física del contrabajo de Rosie Westbrook. Harvey no se separó de su guitarra acústica en ningún momento. Hablador y bromista, chapurreando frases en castellano, dirigía el cotarro plácidamente. Hizo pausas entre las canciones, evitando tensar su efecto ni sumergirse demasiado en el dramatismo a que invitaban, aprovechando el silencio, que en un espacio así se convierte perfectamente en un instrumento más. Su sonido, como no podría ser de otra manera, remite a los últimos años de los Bad Seeds, pero Harvey no es Nick Cave, ni lo pretende, no interpreta los textos ni se sumerge en ellos. Canta de manera correcta composiciones especiales a las que ha respetado su esencia, partiendo de ésta para embellecerlas unas veces con sombras y otras con luces. Cayeron, entre otras, todo el “One Man´s Treasure” menos “Will You Surrender”, uno de sus dos temas propios. Rotundas recreaciones de “The River” o “Man Without A Home”, contenida y envolvente “Planetarium”, tal que “Come Into My Sleep”, en ella la Westbrook usó ocasionalmente arco, lo mismo que en casi la totalidad de “Bethelridge” composición etérea de la que Harvey no quiere desprenderse en vivo y que la banda supo ejecutar intensa y brumosa, dándole el punto justo de lejanía. Pantanosas y afiladas, como no podría ser de otro modo, resultaron “Demon Alcohol” y “Mother Earth”, removiendo algo por dentro la segunda en este fan de Jeffrey Lee Pierce; y, casi al final, el segundo Hazlewood, “First St. Blues”, culminante con Johnson ocupado en la guitarra con el apoyo armónico de la parte de órgano pregrabada. En los bises, incluyó su referencia inevitable a Gainsbourg, una briosa “Bonnie & Clyde”, alejada de su patrón habitual y el imparable swing a punto de descarrilar en que se convirtió “Intoxicated Man”. Tras tanto desparpajo instrumental esto no podía quedar así, por lo que en una postrera salida tocaron una inmensa “Come On Spring” perteneciente al proyecto Antenna de Kim Salmon (la única que arrancó unos lejanos coros de Johnson) y cerraron con el recogido tema de Fred Neil “A Little Bit Of Rain”. Sobrados.
Una platea casi vacía vio Jeff Martin de IDAHO al tomar asiento para interpretar solo al piano, arropado por samples, ritmos y su voz quebradiza, “The Mistery”, “Live Today Again” y “When Sunday Comes”, para mí lo mejor de su actuación. Después llegó la banda y volvieron las guitarras de cuatro cuerdas, con John K. Berry y su mando a distancia para ir poniendo vídeos de fondo. Con la tensión de antaño abandonaron la senda íntima, algo deslavazada, frágil y ensoñadora de “The Lone Gunman”. Arrebato, slowcore, estallidos controlados, o subidas y bajadas de tensión con cambio de baquetas por escobillas en el mismo tema fueron la tónica general. Se despidieron de una noche anodina con una reseñable “Stare At The Sky”, culminando un buen adiós con el único bis de la noche, “To be The One”, con Jeff a los teclados y Berry haciendo slide con la guitarra. Poca gente más se encontró JOHN PARISH cuando apareció, acompañado de esa banda de excepción que le secunda: Marta Collica a los teclados y voz (miembro de Sepiatone junto a Hugo Race), Georgia Poli bajo y coros (Micevice) y Jean Marc-Butty, batería que ha sido de P.J. Harvey. Desplegaron una música directa, esencial, contenida, pero de esa que trae el chispazo que la hace terriblemente especial. Parish ha incluido en su último trabajo, “Once Upon A Little Time”, temas lo suficientemente contagiosos y definitivos como para capturar sin remisión a cualquier audiencia. Asimila la música de raíz americana, pasándola por su crujiente tamiz sonoro, tan atmosférico como vibrante, siempre con un relieve muy acusado, impregnándola a la vez de misterio y naturalidad. Resultaron inmediatos, irresistibles (“Kansas City Electrician”), hipnóticos y graves, eso sin que Parish dejara de sonreír y evolucionar tímidamente por el escenario con su aire de paciente artesano. Poli aportaba elegancia mientras Butty se convertía en el auténtico motor de la noche, usando mayormente escobillas que alternaba de manera imparable con baquetas, maracas o mazas. Marta Collica estuvo sugerente con los teclados, de sus manos salían ruidos, fondos sonoros, vuelos de órgano, y profusión de notas de piano. Parish atacaba a veces las cuerdas de su guitarra con toque percutor, resultaba cortante y saturado, o trasladaba mediante vibrato una pulsación a la vez árida y lírica a los temas. Maracas en lugar de baquetas y ambientación sonora cargada para “Boxes” y “Amelia”, tan delicada como épica, interpretada por Marta y con Georgia utilizando arco sobre su bajo. Aparecieron los ecos loureedianos de “Choice” con el batería recordando a Moe Tucker con sus mazas; epatante el crescendo de “The Last Thing I Heard Her Say” (el redoble de escobillas, uff…), y hermoso el recogimiento de “Glade Park” acompasada rítmicamente sólo con platillos. Demoledoras, finalmente, “Sea Defences” y “Even Redder Than That Too” (la versión potente del CD), ésta con un Butty enloquecido golpeando sus tambores con maraca y escobilla.
El bis se abrió con “Pray Them Bars Away”, el primer Hazlewood del fin de semana, con la perezosa guitarra de Parish acompañada de maracas o shaker por los demás. Yéndose, difuminando esa velada especial, con el instrumental “Westward Airways” uno de los momentos culminantes de su anterior trabajo. Al día siguiente MICK HARVEY contó con bastante más expectación (el marchamo Bad Seeds pesa). Apoyado por dos miembros de la banda madre: James Johnson, cuya presencia tiene gran valor estratégico (acompañamientos precisos de eléctrica –más comedidos que en el cd- y teclados; arranques ocasionales de órgano y las contadas muestra de guitarra-cuchilla) y la batería eficaz, matizada e imaginativa en segundo plano de Thomas Wydler; contando además con la sensación casi física del contrabajo de Rosie Westbrook. Harvey no se separó de su guitarra acústica en ningún momento. Hablador y bromista, chapurreando frases en castellano, dirigía el cotarro plácidamente. Hizo pausas entre las canciones, evitando tensar su efecto ni sumergirse demasiado en el dramatismo a que invitaban, aprovechando el silencio, que en un espacio así se convierte perfectamente en un instrumento más. Su sonido, como no podría ser de otra manera, remite a los últimos años de los Bad Seeds, pero Harvey no es Nick Cave, ni lo pretende, no interpreta los textos ni se sumerge en ellos. Canta de manera correcta composiciones especiales a las que ha respetado su esencia, partiendo de ésta para embellecerlas unas veces con sombras y otras con luces. Cayeron, entre otras, todo el “One Man´s Treasure” menos “Will You Surrender”, uno de sus dos temas propios. Rotundas recreaciones de “The River” o “Man Without A Home”, contenida y envolvente “Planetarium”, tal que “Come Into My Sleep”, en ella la Westbrook usó ocasionalmente arco, lo mismo que en casi la totalidad de “Bethelridge” composición etérea de la que Harvey no quiere desprenderse en vivo y que la banda supo ejecutar intensa y brumosa, dándole el punto justo de lejanía. Pantanosas y afiladas, como no podría ser de otro modo, resultaron “Demon Alcohol” y “Mother Earth”, removiendo algo por dentro la segunda en este fan de Jeffrey Lee Pierce; y, casi al final, el segundo Hazlewood, “First St. Blues”, culminante con Johnson ocupado en la guitarra con el apoyo armónico de la parte de órgano pregrabada. En los bises, incluyó su referencia inevitable a Gainsbourg, una briosa “Bonnie & Clyde”, alejada de su patrón habitual y el imparable swing a punto de descarrilar en que se convirtió “Intoxicated Man”. Tras tanto desparpajo instrumental esto no podía quedar así, por lo que en una postrera salida tocaron una inmensa “Come On Spring” perteneciente al proyecto Antenna de Kim Salmon (la única que arrancó unos lejanos coros de Johnson) y cerraron con el recogido tema de Fred Neil “A Little Bit Of Rain”. Sobrados.
Publicado en el nº 229 de la revista Ruta 66.
30 junio 2006
CARVER, EL HOMBRE DE AL LADO
Raymond Carver “Sin Heroísmos, por favor” (Bartleby Editores, 2.005)
Publicado en el nº229 de la revista Ruta 66.
Muchas palabras me vienen a la cabeza cuando pienso en Raymond Carver, el hombre que colocó el relato corto en una dimensión desconocida; es entonces cuando más envidio su maravillosa contención. Hay algo en ellos inquietante, enigmático, desde los propios títulos, una ironía desesperanzada, fría. Su paciente pluma hace salir a la luz, sin forzarlas, esas piezas que no terminaron de encajar en el complejo engranaje de las relaciones humanas; hurga en la soledad, el miedo, el deseo soterrado o la frustración. Se percibe la vulnerabilidad a flor de piel. No es realismo sucio, acaso cotidiano, y por eso más duro. Capta retazos de vida como tomados al azar y nos deja mirar a través de las cortinas antes de ocultar el desenlace, o simplemente dejarlo caer: él cuenta la historia, pero no tiene soluciones. Pone en liza la casualidad, lo fortuito, la anécdota, dejando así una sensación general quebradiza. Transmite fidedignamente la tensión, los compases de espera. Maestro en historias que son la superficie de muchos volcanes dormidos; la desesperación que va a emerger. El futuro inmediato es un animal acorralado que se mueve nervioso de un lado a otro bajo las losetas.
Su estilo queda definido por la observación meticulosa y su vocación esencial; una mirada intensa y perseverante, unida a un ritmo interno impecable, que puede ser frenético. Hay digresiones en sus relatos, pequeñas historias dentro de historias como “Póngase usted en mi lugar”. Derivaciones sorprendentes y a veces serpenteantes, que a veces terminan en vía muerta, pero siempre con la finalidad de enriquecer la sensación de lo narrado.
Escenifica con soltura situaciones concretas y describe pequeños gestos con una concreción milimétrica. Es cuidadosa su enumeración de cosas y hechos; detalles en apariencia superfluos conforman un clímax único y perturbador. Las escenas colectivas son ajustadas y ágiles. Hay retratos despiadados, a veces fulminantes; de un dramatismo duro y a flor de piel, pero también hay lugar para el humor como en “Catedral” o para el cinismo bukowskiano de “Vitaminas”. Los puntos de vista del protagonista (masculino o femenino), lo que percibe desde su situación física, lo que le martillea, sus movimientos y campo de visión, se alternan con el narrador omnisciente, entre ajeno y comprensivo.
Diálogos reales y frescos surgen de su escritura seca y lacónica espontáneamente, como sin intervención del autor; brotan entre ese implacable avanzar de frases cortas, cápsulas de información precisa, partes del rompecabezas. Carver consiguió aprehender hábilmente los intersticios de la gente de a pie, acariciar sus rugosidades, palpando los dramas de la clase trabajadora estadounidense, atendiendo muy especialmente a las relaciones de pareja, como granítica metáfora de la incomunicación, de la fragilidad ante el paso del tiempo: alquileres, desamor, mudanzas, hastío, alcohol, inestabilidad laboral, familias rotas…“Sin heroísmos, por favor” (Bartleby Editores, 2.005), recientemente traducido al castellano, apareció por primera vez en 1.991. Una recopilación de textos del escritor norteamericano llevada a cabo por su mujer, la escritora Tess Gallagher, y William L. Stull. Contiene algunos de sus primeros relatos y poemas (cosas tan sugerentes como “Galletas de Soda”), dispersos en multitud de publicaciones; así como críticas literarias, prólogos, introducciones, ensayos o una especie de “cómo se hizo” de algunos de sus relatos. Un libro que viene a completar sustanciosamente el legado del autor de “Catedral”. En tono directo y ameno, a veces confesional y siempre riguroso, nos habla de sus maestros (Chéjov o Hemingway), de su relación con el cine, de escritores noveles, de la amistad…; y se nos ofrece una muestra definitiva de su manera de entender la literatura (ese lirismo que imprime a las palabras cuando se refiere a su poesía); dejándonos además determinantes pistas acerca de su forma de trabajar. De entre los relatos encontramos “Tiempos Revueltos”, el primero que le publicaron, aquí se cuece el prosista inquietante (apoyándose en sucesos extraordinarios), aún lejos de su estilo y en pos de Faulkner, demorándose en las descripciones y buscando denodadamente la metáfora, sin haber solucionado la cuestión del ritmo. “Manzanas Rojas y Brillantes” es un retrato social, irónico, truculento y delirante, incluyendo esos juegos experimentales que el Carver posterior detestaría. Sin embargo, “El Pelo”, sí señala la senda futura. “El Cuaderno de Augustine” es un fragmento de novela que no llegó a más. Aquí escribe sobre relaciones a punto de quebrarse como tantas veces (“Si me necesitas, llámame”, “Qué queréis ver”…); y tiene como invitado especial el pavo de “Plumas”. Para el iniciado será una gozada, y atrapará sin remisión al amante de la literatura, sobre todo norteamericana.
Publicado en el nº229 de la revista Ruta 66.
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raymond carver
27 junio 2006
THE BELLRAYS “Have a Little Faith”(Bittersweet, 2.006)
Negro es el color
Congraciar de una manera tan arrolladora punk-rock y soul, cumplió uno de los sueños musicales que muchos albergábamos: lava guitarrera, vértigo y el profundo calado de la voz de Lisa Kekaula conservando vivo el latir del soul. Toda esa visceralidad permanece aquí, pero la cosa cambia, se juega con los detalles, se recrean estilos y los silencios dejan su impronta. Se produce una vuelta acaso a las intenciones sonoras de sus inicios, antes de la entrada de Tony Fate. Es interesante encontrarles ahora retomando el pulso de su sonido primigenio tras haber recorrido centenares de escenarios defendiendo repertorios arrolladores. Música que suda por los cuatro costados r´n´b, y que sube y baja de tensión como en un instintivo ejercicio respiratorio. “Tell The Lie” exuda blaxploitation y “Have A Little Faith” flota en nubes de sedosidad y cuerdas. Hay desarrollos setenteros, puro soul, evoluciones reptantes, arrebato, o momentos francamente especiales como “Lost Disciples”. Hasta en los trallazos se cuelan detalles de estilo.
Publicado en el nº 33 del periódico Diagonal de Madrid.
26 junio 2006
"El escritor...
"El escritor, el artista, por muy maldito y escandaloso que haya sido, por muy inconveniente que resulte a sus contemporáneos, es reasumido en una posteridad inmediata, es aprovechado, taxidermizado, se le positiviza y ya sirve para aprender métrica o moral. Hay grandes ejemplos de esto. Toda la historia de la cultura en realidad es eso. La transvaloración de todos los valores, que diría Nietzsche, pero entendido al revés. Lo que en su día fue subversivo con el tiempo se torna instructivo. La cultura es una domesticación. FRANCISCO UMBRAL, extraído de "De Mortal y Rosa".
23 junio 2006
“SIEMPRE HABLANDO DE FÚTBOL”
Estimados Psicocamaleones:
Aún resuenan en mi cabeza la canción de El Koala dedicada al mundial y la de la selección con el Capitán Canalla (en la tele dicen ex – Inhumanos con el mismo aire que si dijesen ex – Rolling Stones). La pregunta es simple: ¿Por qué? Si ya tenemos asegurado el título de País Más Hortera de Europa, por qué seguir humillando al contrario, abandonemos la presión y dejémosle salir del área. Con las genuinas composiciones de unos La Frontera en horas subterráneas (“No Vuelvas Sin Ella”) para la Eurocopa 2000 o Café Quijano (Eurocopa 2.004), por no citar a las cenizas de The Hurtado Sisters en 1.982: “Viva España, Vamos a Ganar”, está todo controlado . Sé que cuando Ricky Martin cantaba “La Copa de la Vida” peligró nuestro reinado, pero ya pasó, tranquilos, tardarán muchos años en superarnos, sino siempre podemos llamar a… Las Ketchup.
Qué aburridos los ingleses y sus temas para las grandes citas futbolísticas, ¿qué se creerán?: “We Are The Champion” celebérrimo tema de Queen utilizado en TODAS las celebraciones deportivas, sonó por primera vez en 1.977; “World In Motion” de New Order en Italia 90; y “Three Lyons” de The Lightnin´Seeds junto con la revisión que hicieron Oasis del clásico himno Glam “Cum And Feel The Noize” de Slade, en la Eurocopa de Inglaterra de 1.996. Esto por citar algunos ejemplos. El pop británico siempre ha acompañado al deporte rey, el himno prácticamente oficial del Liverpool es el tema de sus paisanos Gerry & The Pacemakers “You´ll Never Walk Alone” (“Nunca Caminarás Solo”), y grupos como The Faces (sobre todo Rod Stewart, al que en una interpretación televisiva en 1.971 de “Maggie May” le dio tiempo a dar unas patadas al balón mientras finalizaba la canción), siempre han sido futboleros; así como Sir Elton John, ese que ahora se aburre con el mundial de Alemania, un ferviente aficionado que fue incluso dueño del club londinense Watford. En los meses previos a la grabación de “London Calling”, The Clash se instalaron en un nuevo local situado en el barrio londinense de Pimlico; durante el trabajo de composición de su álbum mítico jugaron diariamente al fútbol en una pista de tenis asfaltada cercana. The Housemartins irrumpieron en el pop británico como una exhalación en 1.986, dejando muy claro su lugar de procedencia al llamar orgullosamente a su celebrado debut “London 0 Hull 4” (por cierto, el segundo elepé de 091, “Más de Cien Lobos”, producido por Joe Strummer, pudo ser editado en inglés en el Reino Unido con el título de “Europa 0 Granada 4”, y eso antes de lo de los Housemartins). Por su parte The Wedding Present titularon su elepé de 1.987 “George Best”, con el genial y controvertido jugador irlandés en portada. El gran Bob Marley procuraba jugar al fútbol cada vez que podía, y su mortal enfermedad partió, por lo visto, de una lesión mal curada. Entre la escena patria tenemos a Los Planetas, quién puede olvidar su “Un Buen Día” con aquellas referencias a golazos de Mendieta y repasos del Marca, o su tema “La Copa de Europa”, que algo de inspiración futbolera denota. No terminan ahí las referencias futbolísticas para J Planetas: uno de esos grupos paralelos que tiene en Granada responde al nombre de Montero Castillo y Aguirre Suárez, en honor a aquel par de recios defensas oriundos que jugaron en la mejor época del Granada C.F., durante la primera mitad de los setenta. Hablando de este equipo, la mítica indumentaria rojiblanca en disposición horizontal sale momentáneamente del pozo de la 3ª división para ser protagonista del vídeo de Lori Meyers “Dilema”, con Antonio Arias de árbitro y J. de portero patoso. A pesar de que a Lapido no le guste el fútbol, su guitarrista Víctor Sánchez parece que estuvo a punto de dedicarse profesionalmente a tan noble deporte. Quique González, madridista de pro, también se vistió de corto, intentándolo en los infantiles del equipo merengue. Yulio llegó más lejos, así como Álvaro, líder de esos hombres G acelerados que son Pignoise, el cual se retiró del fútbol tras una grave lesión que truncó una prometedora carrera en el equipo blanco. La pizpireta superbanda de Siesta Las Escarlatinas ofrece en su debut un “Sueño Merengue”. De todas formas por la capital de España la mayoría de los musiqueros son atléticos: Joaquín Sabina (por cierto, su “Dieguitos y Mafaldas” es todo un canto a la afición de Boca), Rosendo, o Iñaki de Glutamato Yeyé (que tan ardorosamente cantaba “Soy Un Socio Del Atleti”); así como Coti Sorokin, y muchos de los argentinos que han recalado en la capital. Hablando de argentinos y atléticos, el Mono Burgos, después de colgar los guantes de portero, se ha decidido por el rock, siguiendo la tradición stoniana del país sudamericano. En aquel país y en casi todos, el ídolo es Maradona, y así lo recuerdan temas como “Maradona” de Andrés Calamaro, “Santa Maradona” de Mano Negra o “Maradona Blues” del ínclito Charly García. El sello Siesta celebró su undécimo cumpleaños con el recopilatorio “Derby”, cuya portada consiste en dos sillones, uno blanco y otro rojiblanco. El Real Betis (ese sentimiento) une genios tan dispares como el de Antonio Luque de Sr. Chinarro, Silvio o Kiko Veneno, que ya lo decía en su “Dime A”: “Dime A dime ámame, dime B dime bésame, mucho Betis, mucho Betis e…”. En la otra acera, además de El Arrebato y su himno, el gran Bambino, en su época dorada, era capaz de llevarse de fiesta a su casa a toda la plantilla del Sevilla. Mirando hacia el Barça, ya sabemos que Ronaldinho es percusionista, aparte, Serrat es un culé declarado, como se desprende de temas como el evocador “Temps Era Temps” (“Basora, César, Kubala, Moreno I Manchón...”) o el bonito homenaje que es “Kubala”. El propio Joan Manuel relató la anécdota de que el pianista de jazz Tete Montoliu, a pesar de ser ciego, acudía al Nou Camp con frecuencia acompañado de un amigo que le narraba el partido; también contó que una vez, tocando juntos, Tete dio un salto en la banqueta de su piano, y es que por lo visto a veces tocaba mientras escuchaba el fútbol con sus auriculares. No era raro que el trompetista Rudi Ventura amenizara la espera de algún partido con su instrumento desde su localidad. En otro orden de cosas, una vez tropecé en una tienda de ocasión con un single de Julio Alberto, pero no me atreví a ir más allá. El grupo barcelonés Élena titularon así uno de sus temas, “Julio Alberto”. También desde la ciudad condal Los Sencillos ofrecieron en su “Bultacos y Montesas” de 1.997 la irresistible “Phutbol”. “Tú serás del Celta, yo del Deportivo…” cantan Siniestro Total en “La Balada de Cachamuiña y María Pita”. El reciente y magnífico “Sequentialee” de Tarik y La Fábrica de Colores, usa metáforas relacionadas con nuestro deporte en cortes como “A Balón Parado” y “Porque Es Domingo”. El Niño Gusano tienen un tema llamado “Vicente del Bosque” en su elepé “El Efecto Lupa” editado en 1.996, algunos años antes de la vuelta estelar a la actividad del entrenador madridista y sin que la exuberante letra tenga nada que ver con él. Curioso el tema de La Costa Brava, “El Cumpleaños de Ronado”, de un Fran Fernández en plena racha creativa. O los siempre impagables La Granja, que cantaban “Eto´o (su jugador favorito)” cuando el goleador camerunés aún jugaba en el Mallorca. A veces hay encontronazos, como el que se pegó Franco Battiato con un poste mientras jugaba al fútbol de niño, y que le dejó la nariz prominente que ostenta; o el de los de El Canto del Loco, que han denunciado al candidato a la presidencia del Madrid, Baldasano, por regalar entradas para sus conciertos. También hay quien no se entera, como Enrique Urquijo, que a principios de junio de 1.998 se quejaba de las pocas fechas que tenía para actuar ese mes con su grupo Los Problemas. Cuando le explicaron que en ese mes todo estaba parado por los mundiales preguntó: “¿qué mundiales?”.
Publicado en el portal de humor gráfico y cómic "Irreverendos" en junio de 2006
Aún resuenan en mi cabeza la canción de El Koala dedicada al mundial y la de la selección con el Capitán Canalla (en la tele dicen ex – Inhumanos con el mismo aire que si dijesen ex – Rolling Stones). La pregunta es simple: ¿Por qué? Si ya tenemos asegurado el título de País Más Hortera de Europa, por qué seguir humillando al contrario, abandonemos la presión y dejémosle salir del área. Con las genuinas composiciones de unos La Frontera en horas subterráneas (“No Vuelvas Sin Ella”) para la Eurocopa 2000 o Café Quijano (Eurocopa 2.004), por no citar a las cenizas de The Hurtado Sisters en 1.982: “Viva España, Vamos a Ganar”, está todo controlado . Sé que cuando Ricky Martin cantaba “La Copa de la Vida” peligró nuestro reinado, pero ya pasó, tranquilos, tardarán muchos años en superarnos, sino siempre podemos llamar a… Las Ketchup.
Qué aburridos los ingleses y sus temas para las grandes citas futbolísticas, ¿qué se creerán?: “We Are The Champion” celebérrimo tema de Queen utilizado en TODAS las celebraciones deportivas, sonó por primera vez en 1.977; “World In Motion” de New Order en Italia 90; y “Three Lyons” de The Lightnin´Seeds junto con la revisión que hicieron Oasis del clásico himno Glam “Cum And Feel The Noize” de Slade, en la Eurocopa de Inglaterra de 1.996. Esto por citar algunos ejemplos. El pop británico siempre ha acompañado al deporte rey, el himno prácticamente oficial del Liverpool es el tema de sus paisanos Gerry & The Pacemakers “You´ll Never Walk Alone” (“Nunca Caminarás Solo”), y grupos como The Faces (sobre todo Rod Stewart, al que en una interpretación televisiva en 1.971 de “Maggie May” le dio tiempo a dar unas patadas al balón mientras finalizaba la canción), siempre han sido futboleros; así como Sir Elton John, ese que ahora se aburre con el mundial de Alemania, un ferviente aficionado que fue incluso dueño del club londinense Watford. En los meses previos a la grabación de “London Calling”, The Clash se instalaron en un nuevo local situado en el barrio londinense de Pimlico; durante el trabajo de composición de su álbum mítico jugaron diariamente al fútbol en una pista de tenis asfaltada cercana. The Housemartins irrumpieron en el pop británico como una exhalación en 1.986, dejando muy claro su lugar de procedencia al llamar orgullosamente a su celebrado debut “London 0 Hull 4” (por cierto, el segundo elepé de 091, “Más de Cien Lobos”, producido por Joe Strummer, pudo ser editado en inglés en el Reino Unido con el título de “Europa 0 Granada 4”, y eso antes de lo de los Housemartins). Por su parte The Wedding Present titularon su elepé de 1.987 “George Best”, con el genial y controvertido jugador irlandés en portada. El gran Bob Marley procuraba jugar al fútbol cada vez que podía, y su mortal enfermedad partió, por lo visto, de una lesión mal curada. Entre la escena patria tenemos a Los Planetas, quién puede olvidar su “Un Buen Día” con aquellas referencias a golazos de Mendieta y repasos del Marca, o su tema “La Copa de Europa”, que algo de inspiración futbolera denota. No terminan ahí las referencias futbolísticas para J Planetas: uno de esos grupos paralelos que tiene en Granada responde al nombre de Montero Castillo y Aguirre Suárez, en honor a aquel par de recios defensas oriundos que jugaron en la mejor época del Granada C.F., durante la primera mitad de los setenta. Hablando de este equipo, la mítica indumentaria rojiblanca en disposición horizontal sale momentáneamente del pozo de la 3ª división para ser protagonista del vídeo de Lori Meyers “Dilema”, con Antonio Arias de árbitro y J. de portero patoso. A pesar de que a Lapido no le guste el fútbol, su guitarrista Víctor Sánchez parece que estuvo a punto de dedicarse profesionalmente a tan noble deporte. Quique González, madridista de pro, también se vistió de corto, intentándolo en los infantiles del equipo merengue. Yulio llegó más lejos, así como Álvaro, líder de esos hombres G acelerados que son Pignoise, el cual se retiró del fútbol tras una grave lesión que truncó una prometedora carrera en el equipo blanco. La pizpireta superbanda de Siesta Las Escarlatinas ofrece en su debut un “Sueño Merengue”. De todas formas por la capital de España la mayoría de los musiqueros son atléticos: Joaquín Sabina (por cierto, su “Dieguitos y Mafaldas” es todo un canto a la afición de Boca), Rosendo, o Iñaki de Glutamato Yeyé (que tan ardorosamente cantaba “Soy Un Socio Del Atleti”); así como Coti Sorokin, y muchos de los argentinos que han recalado en la capital. Hablando de argentinos y atléticos, el Mono Burgos, después de colgar los guantes de portero, se ha decidido por el rock, siguiendo la tradición stoniana del país sudamericano. En aquel país y en casi todos, el ídolo es Maradona, y así lo recuerdan temas como “Maradona” de Andrés Calamaro, “Santa Maradona” de Mano Negra o “Maradona Blues” del ínclito Charly García. El sello Siesta celebró su undécimo cumpleaños con el recopilatorio “Derby”, cuya portada consiste en dos sillones, uno blanco y otro rojiblanco. El Real Betis (ese sentimiento) une genios tan dispares como el de Antonio Luque de Sr. Chinarro, Silvio o Kiko Veneno, que ya lo decía en su “Dime A”: “Dime A dime ámame, dime B dime bésame, mucho Betis, mucho Betis e…”. En la otra acera, además de El Arrebato y su himno, el gran Bambino, en su época dorada, era capaz de llevarse de fiesta a su casa a toda la plantilla del Sevilla. Mirando hacia el Barça, ya sabemos que Ronaldinho es percusionista, aparte, Serrat es un culé declarado, como se desprende de temas como el evocador “Temps Era Temps” (“Basora, César, Kubala, Moreno I Manchón...”) o el bonito homenaje que es “Kubala”. El propio Joan Manuel relató la anécdota de que el pianista de jazz Tete Montoliu, a pesar de ser ciego, acudía al Nou Camp con frecuencia acompañado de un amigo que le narraba el partido; también contó que una vez, tocando juntos, Tete dio un salto en la banqueta de su piano, y es que por lo visto a veces tocaba mientras escuchaba el fútbol con sus auriculares. No era raro que el trompetista Rudi Ventura amenizara la espera de algún partido con su instrumento desde su localidad. En otro orden de cosas, una vez tropecé en una tienda de ocasión con un single de Julio Alberto, pero no me atreví a ir más allá. El grupo barcelonés Élena titularon así uno de sus temas, “Julio Alberto”. También desde la ciudad condal Los Sencillos ofrecieron en su “Bultacos y Montesas” de 1.997 la irresistible “Phutbol”. “Tú serás del Celta, yo del Deportivo…” cantan Siniestro Total en “La Balada de Cachamuiña y María Pita”. El reciente y magnífico “Sequentialee” de Tarik y La Fábrica de Colores, usa metáforas relacionadas con nuestro deporte en cortes como “A Balón Parado” y “Porque Es Domingo”. El Niño Gusano tienen un tema llamado “Vicente del Bosque” en su elepé “El Efecto Lupa” editado en 1.996, algunos años antes de la vuelta estelar a la actividad del entrenador madridista y sin que la exuberante letra tenga nada que ver con él. Curioso el tema de La Costa Brava, “El Cumpleaños de Ronado”, de un Fran Fernández en plena racha creativa. O los siempre impagables La Granja, que cantaban “Eto´o (su jugador favorito)” cuando el goleador camerunés aún jugaba en el Mallorca. A veces hay encontronazos, como el que se pegó Franco Battiato con un poste mientras jugaba al fútbol de niño, y que le dejó la nariz prominente que ostenta; o el de los de El Canto del Loco, que han denunciado al candidato a la presidencia del Madrid, Baldasano, por regalar entradas para sus conciertos. También hay quien no se entera, como Enrique Urquijo, que a principios de junio de 1.998 se quejaba de las pocas fechas que tenía para actuar ese mes con su grupo Los Problemas. Cuando le explicaron que en ese mes todo estaba parado por los mundiales preguntó: “¿qué mundiales?”.
Publicado en el portal de humor gráfico y cómic "Irreverendos" en junio de 2006
16 junio 2006
"ESPÍRITU BUCANERO"
Queridos Psicocamaleones:
La edición discográfica de la era del cd y dvd, tan revisionista y completita, ocupa en buena medida el lugar de los antiguos bootlegs, en muchos casos utilizando el divertido término de “Pirata Oficial”. Ediciones con frecuencia delirantes que ayudaron a dotar de verdadero relieve al mito del rock. Así como la Red, en la que ya se puede encontrar todo el conjunto de rarezas que podían cubrir los piratas, bien por acción del mismo espíritu bucanero o por mediación de los propios
autores. Desde los cincuenta a bien entrados los ochenta las ediciones eran singles, elepés, consabidas y previsibles apuestas comerciales que JAMÁS cubrían las expectativas del público más avezado o del fan más entregado.
PATA PALO
Partiendo inicialmente de Holanda e Italia se trataba de directos grabados “en algún lugar bajo el sol” (Robert Fripp se dedicaba a comprar ediciones pirata de King Crimson en todos los países que visitaba), sobrantes de estudio (aquellas sesiones de Syd Barret recogidas en “The Return of The Crazy Diamond”, un vinilo con la galleta y la carpeta en blanco y una hoja adjunta con foto y datos); caras b, entrevistas, versiones, sesiones de radio, grandes desastres (el concierto de Altamont de los Rolling Stones), grandes momentos (“Santa Monica´72” de David Bowie), o capturas con una grabadora de mano (“Live at The Max kansas City” de Velvet Underground). Descuidadas, con datos equivocados, falsas, artesanales, mimadas, también supusieron una importante fuente de ingresos para sus autores, aunque supongo que a la larga beneficiaban al artista. Eran un complemento sin el cual la historia del rock sería infinitamente más plana. Hubo un tiempo en que tener un pirata de tu grupo favorito era cosa obligada. Recuerdo las ediciones en casete que, desde Valencia, hacía la gente de 7º Sello, grabaciones de los lanzamiento del sello neoyorquino Roir, a su vez incunables de Television, Fleshtones, etc…Probablemente el mejor medidor de la leyenda de cualquier artista fuese el número de piratas que tenía por el mundo: Bob Dylan estaba en cabeza (hubo hasta elepés conteniendo los mensajes de su contestador, y las míticas “The Basement Tapes”, antes de la aparición oficial de parte de ellas en 1.975, eran el bootleg más vendido de todos los tiempos). El mercado negro de casetes ha sido fundamental, por otra parte, para la llegada del rock a países del Este u otras zonas donde, o bien estaba proscrito o el poder adquisitivo no llegaba. De los Beatles tenemos cosas como “The Beatles Acoustic Materpieces” (denominado también “Kinfaus” o “The 1.968 demos”), versiones acústicas de la época del álbum blanco grabadas por John, Paul y George; o “More Sweet Apples” que recoge interesantes tomas alternativas del período 66-69. Los Bootleg Series de Bob Dylan están recuperando convenientemente grabaciones que circularon durante años en el mercado pirata, como el mítico concierto de Manchester que recoge “Live 1.966”, oficializado en 1.998. Los desastrosos conciertos en Oakland durante la gira de 1.969, constituyeron el primer pirata de Los Rolling Stones: “LIVEr Than You´ll Ever Be” salió a principios de los setenta vendiendo centenares de miles de ejemplares y contando con el entusiasta recibimiento de la prensa underground. Mick, siempre cuco, se preocupó por el tema, borrando meticulosamente, durante las sesiones de grabación de “Sticky Fingers”, cada amanecer, las cintas suplementarias que registraban diferentes descartes.
PATA DIGITAL
Lo de ahora es otra cosa, si eres más o menos vendedor tienes tu cd copiado en las famosas mantas callejeras (algunos dicen que no eres nadie si no estás allí expuesto, y otros, como el rapero sevillano Haze, decidieron distribuir de este modo su “Crónicas del Barrio”, una opción libremente escogida) si no, siempre queda Internet. La piratería así concebida cuenta con todas las simpatías, primero porque facilita a bajo precio o gratis cosas que de otra forma habrían de pagarse (o sea motivos tan mercantilistas como cualesquiera otros), y por ese sentimiento tan arraigado de que el que reclama un beneficio económico, por muy legítimo que sea, es el malo, si no se trata de nosotros, claro. En un foro internetero alguien aducía que lo natural era disfrutar la cultura de forma gratuita. Hay que tener en cuenta que NO siempre son grandes-corporaciones-globalizadoras-con-la-sonrisa-de-Bush las beneficiarias de la venta de discos, a veces hay pequeñas compañías que hacen mucho por la música y que deben recuperar gastos, sobre todo para que su importante trabajo siga mereciéndoles la pena. Es curioso: todo el mundo piensa que quien tiene que ceder su trabajo gratis es el prójimo. Ahí termina nuestra revolución: todos menos yo. Qué pena, estábamos a punto de alcanzar el ideario de los sesenta, la Microsociedad Sonriente de Aficionados a la Música: tú me das tu música y yo no te cobro el pan, o reviso tu coche y atiendo a tu hijo en mi consulta sin cargo. El sueño era bello, pero el intento ha quedado frustrado. Algo vuelve a quedar claro: sólo el que no puede hacer valer sus derechos queda fuera. Y eso no parece muy novedoso.
El otro día un músico me hizo llegar sus nuevas canciones a través de Soulseek, su opción prácticamente única es la autoedición. Sólo él debe decidir si quiere que todo el mundo las consiga así o mediante la compra de un cd que las contenga. Si elige el formato clásico: venderlas comprimidas en un cd, tras haber pasado por un estudio de grabación, un diseño de portada, promoción, fabricación, etc, su decisión debería ser respetada. Pero la realidad es otra, cuando edite su disco alguien le tocará la espalda y dirá: “ejem… hemos estado pensando en ti, y hemos decidido colgar tus canciones en internet, para que, en pos de la libertad, lleguen a los oídos de todo el mundo, así serás más conocido, tendrás más conciertos, la gente buscará tus otros trabajos, etc…”. Después le pellizcarán la cara y se irán. Resumiendo, olvídate de decidir por ti mismo, alguien sabe lo que te conviene mejor que tú. Tomemos nota amigos.
ABORDAJES APARTE…
Mi opinión es que la promoción y la publicidad (o sea, mayormente el poder del dinero) siguen y seguirán mandando (si TODO está en la red no hay ninguna razón especial para que alguien prefiera invertir su tiempo en tus canciones si no se entera convenientemente de su existencia), y por mucho que el libre intercambio de archivos arrase, quien esté más respaldado llegará más lejos y tendrá más acceso al reconocimiento y al beneficio que se desprenda de todo ello. El que no lo tenga se la jugará teniendo muchas posibilidades de diluirse sin lograr ningún tipo de compensación. Por eso ha llegado la hora de la versatilidad, de adaptar la legislación a los tiempos y explorar convenientemente internet como posibilidad nueva e inmensa (derechos de autor, tipos de comercialización…). Cada cual debe ser libre de decidir si colgar sus canciones gratuitamente, si cobrar las descargas, si ofrecer dos minutos, o si seguir el noble arte de darnos a conocer la otra cara de la música, al modo de la vieja piratería, ofreciendo al mundo directos, descartes, versiones, etc…Ya nada será igual, y parece razonable que una herramienta del alcance de internet sirva para igualar las posibilidades de la gente.
Publicado en el portal de humor y cómic "Irreverendos" en junio de 2.006.
La edición discográfica de la era del cd y dvd, tan revisionista y completita, ocupa en buena medida el lugar de los antiguos bootlegs, en muchos casos utilizando el divertido término de “Pirata Oficial”. Ediciones con frecuencia delirantes que ayudaron a dotar de verdadero relieve al mito del rock. Así como la Red, en la que ya se puede encontrar todo el conjunto de rarezas que podían cubrir los piratas, bien por acción del mismo espíritu bucanero o por mediación de los propios
autores. Desde los cincuenta a bien entrados los ochenta las ediciones eran singles, elepés, consabidas y previsibles apuestas comerciales que JAMÁS cubrían las expectativas del público más avezado o del fan más entregado.
PATA PALO
Partiendo inicialmente de Holanda e Italia se trataba de directos grabados “en algún lugar bajo el sol” (Robert Fripp se dedicaba a comprar ediciones pirata de King Crimson en todos los países que visitaba), sobrantes de estudio (aquellas sesiones de Syd Barret recogidas en “The Return of The Crazy Diamond”, un vinilo con la galleta y la carpeta en blanco y una hoja adjunta con foto y datos); caras b, entrevistas, versiones, sesiones de radio, grandes desastres (el concierto de Altamont de los Rolling Stones), grandes momentos (“Santa Monica´72” de David Bowie), o capturas con una grabadora de mano (“Live at The Max kansas City” de Velvet Underground). Descuidadas, con datos equivocados, falsas, artesanales, mimadas, también supusieron una importante fuente de ingresos para sus autores, aunque supongo que a la larga beneficiaban al artista. Eran un complemento sin el cual la historia del rock sería infinitamente más plana. Hubo un tiempo en que tener un pirata de tu grupo favorito era cosa obligada. Recuerdo las ediciones en casete que, desde Valencia, hacía la gente de 7º Sello, grabaciones de los lanzamiento del sello neoyorquino Roir, a su vez incunables de Television, Fleshtones, etc…Probablemente el mejor medidor de la leyenda de cualquier artista fuese el número de piratas que tenía por el mundo: Bob Dylan estaba en cabeza (hubo hasta elepés conteniendo los mensajes de su contestador, y las míticas “The Basement Tapes”, antes de la aparición oficial de parte de ellas en 1.975, eran el bootleg más vendido de todos los tiempos). El mercado negro de casetes ha sido fundamental, por otra parte, para la llegada del rock a países del Este u otras zonas donde, o bien estaba proscrito o el poder adquisitivo no llegaba. De los Beatles tenemos cosas como “The Beatles Acoustic Materpieces” (denominado también “Kinfaus” o “The 1.968 demos”), versiones acústicas de la época del álbum blanco grabadas por John, Paul y George; o “More Sweet Apples” que recoge interesantes tomas alternativas del período 66-69. Los Bootleg Series de Bob Dylan están recuperando convenientemente grabaciones que circularon durante años en el mercado pirata, como el mítico concierto de Manchester que recoge “Live 1.966”, oficializado en 1.998. Los desastrosos conciertos en Oakland durante la gira de 1.969, constituyeron el primer pirata de Los Rolling Stones: “LIVEr Than You´ll Ever Be” salió a principios de los setenta vendiendo centenares de miles de ejemplares y contando con el entusiasta recibimiento de la prensa underground. Mick, siempre cuco, se preocupó por el tema, borrando meticulosamente, durante las sesiones de grabación de “Sticky Fingers”, cada amanecer, las cintas suplementarias que registraban diferentes descartes.
PATA DIGITAL
Lo de ahora es otra cosa, si eres más o menos vendedor tienes tu cd copiado en las famosas mantas callejeras (algunos dicen que no eres nadie si no estás allí expuesto, y otros, como el rapero sevillano Haze, decidieron distribuir de este modo su “Crónicas del Barrio”, una opción libremente escogida) si no, siempre queda Internet. La piratería así concebida cuenta con todas las simpatías, primero porque facilita a bajo precio o gratis cosas que de otra forma habrían de pagarse (o sea motivos tan mercantilistas como cualesquiera otros), y por ese sentimiento tan arraigado de que el que reclama un beneficio económico, por muy legítimo que sea, es el malo, si no se trata de nosotros, claro. En un foro internetero alguien aducía que lo natural era disfrutar la cultura de forma gratuita. Hay que tener en cuenta que NO siempre son grandes-corporaciones-globalizadoras-con-la-sonrisa-de-Bush las beneficiarias de la venta de discos, a veces hay pequeñas compañías que hacen mucho por la música y que deben recuperar gastos, sobre todo para que su importante trabajo siga mereciéndoles la pena. Es curioso: todo el mundo piensa que quien tiene que ceder su trabajo gratis es el prójimo. Ahí termina nuestra revolución: todos menos yo. Qué pena, estábamos a punto de alcanzar el ideario de los sesenta, la Microsociedad Sonriente de Aficionados a la Música: tú me das tu música y yo no te cobro el pan, o reviso tu coche y atiendo a tu hijo en mi consulta sin cargo. El sueño era bello, pero el intento ha quedado frustrado. Algo vuelve a quedar claro: sólo el que no puede hacer valer sus derechos queda fuera. Y eso no parece muy novedoso.
El otro día un músico me hizo llegar sus nuevas canciones a través de Soulseek, su opción prácticamente única es la autoedición. Sólo él debe decidir si quiere que todo el mundo las consiga así o mediante la compra de un cd que las contenga. Si elige el formato clásico: venderlas comprimidas en un cd, tras haber pasado por un estudio de grabación, un diseño de portada, promoción, fabricación, etc, su decisión debería ser respetada. Pero la realidad es otra, cuando edite su disco alguien le tocará la espalda y dirá: “ejem… hemos estado pensando en ti, y hemos decidido colgar tus canciones en internet, para que, en pos de la libertad, lleguen a los oídos de todo el mundo, así serás más conocido, tendrás más conciertos, la gente buscará tus otros trabajos, etc…”. Después le pellizcarán la cara y se irán. Resumiendo, olvídate de decidir por ti mismo, alguien sabe lo que te conviene mejor que tú. Tomemos nota amigos.
ABORDAJES APARTE…
Mi opinión es que la promoción y la publicidad (o sea, mayormente el poder del dinero) siguen y seguirán mandando (si TODO está en la red no hay ninguna razón especial para que alguien prefiera invertir su tiempo en tus canciones si no se entera convenientemente de su existencia), y por mucho que el libre intercambio de archivos arrase, quien esté más respaldado llegará más lejos y tendrá más acceso al reconocimiento y al beneficio que se desprenda de todo ello. El que no lo tenga se la jugará teniendo muchas posibilidades de diluirse sin lograr ningún tipo de compensación. Por eso ha llegado la hora de la versatilidad, de adaptar la legislación a los tiempos y explorar convenientemente internet como posibilidad nueva e inmensa (derechos de autor, tipos de comercialización…). Cada cual debe ser libre de decidir si colgar sus canciones gratuitamente, si cobrar las descargas, si ofrecer dos minutos, o si seguir el noble arte de darnos a conocer la otra cara de la música, al modo de la vieja piratería, ofreciendo al mundo directos, descartes, versiones, etc…Ya nada será igual, y parece razonable que una herramienta del alcance de internet sirva para igualar las posibilidades de la gente.
Publicado en el portal de humor y cómic "Irreverendos" en junio de 2.006.
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