16 mayo 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (12 de 20)

12. LOS TIEMPOS ESTÁN CAMBIANDO, ¿Y ESO POR QUÉ?


   En 1.990 publican “(A la luz o a la sombra) Todo está permitido” (Hispavox). Un trabajo en la línea del anterior, muy rico musicalmente, sobre todo en los ya habituales arreglos de metales y en una más determinante presencia de órgano. Composiciones elaboradas y una cuidada ambientación que consiguen salvar cualquier síntoma de artificio, quizá porque los temas se fueron preparando durante la gira de “Chicos pálidos…”. Además, en opinión de su autor es la mejor producción de todas. Aunque los tiempos cambian, la banda no deja de tocar, y en el concierto final de gira en Madrid se sortea una Harley-Davidson. Jaime Belaustegui (ex – Los Locos) sustituye a Lantero en la batería. El blues sigue en el ambiente (la estupenda “Suena en los clubs un blues secreto, que parece escapada de otra banda sonora de jazz noir, o “El Gran Capullo en persona”); “Baila idiota” es rock funk irreprochablemente ejecutado, aunque una letra simplista lo desluce. “Chistes rock en ya menor” remite a los Beatles pre-psicodélicos; y un himno tan ilegal como “Canción obscena” parece tener a George Martin detrás, vigilante. Rock sin fisuras ofrecen en “Fotos en primera plana” e imparable en “La virtud”, esta reminiscente de la primera época, urgente y garajera. “Me gusta cómo hueles” con su introducción de teclados es otro gran medio tiempo de madurez compositiva, con regusto final amargo y destacable letra, seguido de “Todo está permitido”, nocturno y sigiloso, con sus detalles latinos. El disco se cierra con “Despierta en el planeta diario” otra inmersión en aguas Pinkfloydianas. Vuelven a convivir procacidad, humor, crónicas vitales, crónicas nocturnas, proclamas y frases memorables.




   En general, el período 88-90 resultó excitante en sonidos y aparición de nuevas propuestas, en algunos casos de capital importancia. Tiempo de cambios, que profundizarán en la década que comienza, ávida de trascender lo inmediatamente anterior, abierta al ruido, a una nueva actitud, tan real y vivificante como huera, según los casos, siempre obligada a la experimentación y el riesgo. Es la culminación del proceso iniciado en la segunda mitad de los ochenta, imponiendo nuevas influencias y referencias. Noise, Grunge, sonido Madchester, y demás mutaciones del pop constituirán la conformación definitiva del caldo de cultivo Indie. Por estos lares, además, los restos de la década anterior que no se han convertido en superventas son condenados al olvido o tratados con desprecio o paternalismo sonrojantes; pocos son los reivindicados. Los Ilegales son de esa época y ya hace tiempo que dejaron de ser excitantes al no adaptarse a los nuevos parámetros. Jorge sigue su camino, como siempre, ofreciendo algunas composiciones a un nivel altísimo y un sonido estupendo, corpulento.


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