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09 octubre 2016

TINTA NEGRA



Mi mirada pierde el pulso:
se inclina con las inclinadas,
desenfoca con las desenfocadas.
Resbala reducida a lágrima azul
sobre la piedra que acabamos siendo todos.
Vislumbra, casi como un recuerdo
que late en el rabillo del ojo,
restos desperdigados de nuevas ilusiones apagadas,
como una hoguera abandonada;
cargas y descargas de alambradas de silencio,
aceras cuarteadas,
calles oscuras para siempre,
espacio común mancillado, viciado, amedrentado,
y puentes inacabados.
Mastica eterna tierra seca de tiempo estancado
y asfalto reventado,
que estalla con desidia,
empujado por hierbajos de acero.

El sol, tan desorientado,
despilfarra su luz, su poder,
oscureciéndonos
para iluminar dientes de oro,
impunidad,
pistolas, navajas,
supersticiones,
volantes que giran y hebillas de cinturones.

Mi esperanza ha sido finalmente maniatada
por discursos volátiles que encadenan la palabra.
Aislada en la sala de espera.
Absorbida en el sumidero de imágenes.
Golpeada contra la pared por la verdad insoportable.
Enroscada en un nido de cobardía.

La injusticia y la vileza
no paran de segregar su tinta negra;
nunca se terminan de aclarar.
Jamás conseguimos ver el fondo del río.
Se acumulan, se suceden,
Se homenajean, se reverencian,
Se honran, se condecoran.
Se estratifican formando muros y más muros
que empapelar
a base de mentiras,
viejas ilusiones encendidas
y promesas, muchas promesas.



(Este poema ha sido escrito con motivo del Sexto Encuentro de Escritores por Ciudad Juárez, celebrado el día 7 de octubre de 2016 en el Jardín del Museo Casa de Los Tiros de Granada)

04 octubre 2015

ANIVERSARIO DEL NÚMERO CERO

Con los adjetivos adormilados,  celebro
un nuevo aniversario del número cero.
Punteo de versos la nada,
buscando desesperado
a quien entregar mi palabra
mientras siento el eco de tu grito
extenderse por todo este universo sin voz.
Poso mi mano sobre la tierra mojada
sin atreverme a apretarla.
Arrastro como puedo la primera persona,
donde yace mi corazón
amargado por no encender la razón,
agotado de no ser exclamación
fuerte y resuelta,
puño en la mesa,
mano firme y acogedora.
Mientras, cuerdas tiran de mí
hacia el tibio centro de la mentira,
que acolcha la conciencia
frente a cualquier aldabonazo.
Llueve butano
de la mirada arrugada de los vecinos
que resbala tras la mirilla.
Las cucharillas
remueven la anestesia.
Mueren los minutos, desperdiciados
en ennegrecer el alma
acumulando callejones sin salida
en un continuo bostezo de aniquilación.
El miedo es ahora abominable soledad
de ilusión cercenada,
de asunto petrificado, de impunidad,
de llaveros y risas que dejan de tintinear
y teléfonos que nunca pararán de sonar
tras tu eco, en este universo sin voz.
Soledad de amordazados en el centro del mercado,
de televisión encendida en el cerebro
al volumen que requiere
su transfusión por cualquier ciudad,
convertidas todas ya en vetusto almacén
de fronteras, esquinas  y murmullos.
El carrusel del absurdo
siempre deja oír
entre titular y titular
entre fraude y mentira
la respiración del animal
que nos hocica el cuello de títere
y, una y otra vez,
el silencio impuesto de la resignación
levanta la inmensa pared del mundo
que encierra a cada cual
dentro de un falso abrigo,
en una calculada espiral de distancias
y olvidos.



(Este poema ha sido escrito con motivo del Quinto Encuentro de Escritores por Ciudad Juárez, celebrado el día 2 de octubre de 2015 en el Museo Casa de Los Tiros de Granada)

02 octubre 2013

EL GATO MÁS SILENCIOSO QUE CONOZCO

Mientras te hablo
persigue el olvido mi voz,
en carrera pactada
con el tiempo:
el gato más silencioso que conozco.
Ese calmoso silente que va esparciendo
la ceniza acuosa que adormece nuestros pasos.
Pero, antes de que mi voz sea enterrada 
entre la hojarasca de voces
que redundan,
vuelan y adornan,
quisiera poder escribirte
algo que nunca hayas escuchado;
quisiera servirte,
dejar de morder el aire.

Conformar, por fin, el poema percutor
que explota en mi pensamiento

El terror enturbia la blanca espuma,
loco de miedo y odio
hacia la libertad,
como un caballo iracundo
entre el oleaje de la vida.
Arranca cada vez algo
que no se podrá recuperar;
siega latidos e ilusiones:
esa luz que desboca al asesino.

Todo cambia, todo crece
todo brilla, todo florece
menos tú.
El mal nunca se desmenuza
entre los dedos del bien
simplemente se aleja un poco para volver
como un perro rabioso
a la primera llamada.
Todos opinan,
mientras persiste el círculo negro
ante el que nadie se detendrá jamás.

Quiero que salga fuego de mi voz
para envolverte
y sacarte de allí.
Apretar fuertemente tus manos,
romper distancias,
levantar murallas de dignidad.
Tener poder y no ser tan débil,
tan voluble como soy.

Los trenes de la justicia
van y vienen
ruidosos sobre nuestras cabezas
para nunca parar en el lugar adecuado

Leo para ti aquí de pie
con voz ajada y amarga
minutos antes del olvido de mis palabras
sintiéndome la tenue excusa del silencio.

Nuestra cobardía nos corrompe,
nuestra corrupción nos envilece,
nuestra lenta podredumbre nos absorbe.
Pero los espejos aún esconden nuestro deterioro.

Todo da vueltas sin asidero
dentro de la burbuja del tiempo,
ese presente fugaz
tan repentinamente pasado.
Allí te oigo reír,
te siento soñar, respirar,
entonces algo se detiene
y se me clava el frío de tu ausencia.
Miro hacia adentro.
Callo,
sin saber qué decir
y es terrible.
Y soy otro opinador entrecortado,
otro espectador distraído más
del dolor y el sufrimiento.

La tragedia nos mira fijamente
desde inmensas ojeras
labradas a base de preguntas sin respuesta,
endurecidas por mantener vivo el recuerdo
entre tormentas de impunidad.
Por soportar la insoportable normalidad del vacío,
la muda crueldad del prójimo.

Encubrimiento
dejadez
manipulación
mentira
ocultación
prejuicio…

Odiosas palabras,
escupitajos de  injusticia
en nuestra cara.
Sustantivos que se agolpan
acerbos en mi garganta.
Y siento asco y hastío
de masticarlos
para reproducirlos una vez más
desde un hilo de voz
que me avergüenza.





Poema compuesto para y leído en el “3º encuentro de escritores por Ciudad Juárez”, celebrado en el Centro Cívico del Zaidín en Granada (España), el 28 de septiembre de 2.013.