26 julio 2014

EL RACISTA PASIVO

El racista pasivo, siempre condescendiente, amable y moderado, se sorprende al tratar con una dependienta sudamericana algo seca de carácter. No termina de entender cómo esa gente no se muestra alegre y chispeante en su presencia. Ante él, que se digna a hablarles con toda naturalidad y los acepta. Es tanta la sorpresa, que se ve en el derecho de manifestar en público su estupefacción sin estar violando ninguno de los artículos del código de lo políticamente correcto. Ese entramado de actitudes prefijadas, silencios y frases medidas que ocultan el alquitrán de su alma y lo sostienen como ciudadano ejemplar y moderno. Una vez finalizado su comentario sobre la inesperada falta de simpatía de la trabajadora del almacén, declara con exceso gestual que él, si por algo se ha caracterizado desde siempre, es por aceptar y tolerar a todo el mundo, sean del color que sean y vengan de donde vengan. En ningún momento se ha parado a pensar que la tolerancia no es una potestad de los privilegiados, que para tener sentido debe ser recíproca, que él también es susceptible de ser aceptado o no. No puede pensarlo. Es completamente imposible. Considera que él y los que son como él constituyen el centro mismo del universo, el lugar noble, limpio y ordenado del que emanan verticales, de arriba abajo, la tolerancia, la comprensión y la bondad, y que de abajo arriba, en dirección a ellos solo puede llegar agradecimiento y admiración; o acaso odio, motivado por la estulticia, la insana envidia y la pobreza.

13 junio 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (20 y final)

20. FIN: UNA ESTATUA EN EL PARQUE, DONDE CAGUEN LOS PÁJAROS

   Finalmente me he decidido por la primera opción que barajé, dirigirme a la casa familiar de Bolgues, palacio rural que data de 1540 y es lugar de retiro habitual de Jorge, además de local de ensayo de la banda. Allí se grabó el delirante vídeo de “He regresado”, por cierto. Aparco y me acerco con la esperanza de no tener que dar más vueltas, al tiempo que discurro la manera de convencerlo para que me acompañe a inaugurar una estatua. Efectivamente, al franquear la entrada suenan perezosamente, en una guitarra muy muy vieja, los acordes de “Tiempos nuevos, tiempos salvajes”. 




* Muchas gracias a Santiago Botero (representante para América de Ilegales y responsable de www.los-ilegales.com) por su inestimable ayuda a la hora de contrastar algunos datos de este artículo.


* Las veinte partes de este artículo están incluidas en el cómic de reciente aparición "Tiempos nuevos, tiempos salvajes", dedicado íntegramente a Ilegales.

09 junio 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (19 de 20)

19. LA ORQUESTA PACHANGUERA PARECE ENTENDER

Caricatura de Enrique Bonet ilustrando el paso de Los Ilegales a Jorge Ilegal y Los Magníficos.


   El presente se llama Jorge Ilegal y los Magníficos (denominación en recuerdo de aquella orquesta de sus inicios), una sorprendente apuesta de Jorge Martínez, acaso decepcionante para algunos. Jorge se lanza bien pertrechado en pos de dignificar el repertorio y el trabajo de las orquestas de baile; para ello se hace acompañar por un cuarteto de “Ilegales” (Belaustegui, Blanco, Flores y Jorge) más el vibrafonista ovetense Xuan Zem, que se zambullen con alma de arqueólogos, convenientemente uniformados y usando instrumentos de época (vibráfono Musser del 37 o guitarras Vega de 1.933 y Vega Duotron de 1.946), para rescatar con suficiencia estilos olvidados, desarrollados con profusión desde los años treinta hasta justo antes de la aparición de Los Beatles: rocanrol primigenio, twist, chachachá, tango, bolero, guarachas o habaneras. Al igual que muchos solistas y grupos se interesan por tratamientos más acústicos y austeros de su sonido en momentos determinados de sus carreras, Jorge Martínez viaja a la esencia recreando su base musical, insuflando vida a esas raíces desarrollando un trabajo serio y artesano, para nada paródico; con un sonido bien templado, contenido y articulado de manera fenomenal, sin trampa, fiel pero alejado de trillados convencionalismos, trabajado con el suficiente tiempo y dedicación en su propio estudio de grabación (“La casa del misterio”, claro, donde ha sido grabado todo el repertorio de Los Magníficos); demostrando que se pueden componer canciones muy personales aun circunscribiéndose a estilos bien definidos. 



El primer lanzamiento fue “Jorge Ilegal y Los Magníficos” (Pop Up, 2.011) siguiendo la fórmula de seis composiciones propias y cinco versiones. De las primeras destaca la exuberancia de “Nuevo rumbo”, el joropo venezolano “Estrella venenosa”, el vals onírico “Jardín mortal” o el chachachá de “No creo”. Entre las segundas se encuentra el bolero “Inútilmente” del mexicano Alfredo Núñez de Borbón, una recreación escueta y swing de “Bésame mucho”; “Miradla”, amarga composición de Joan Baptista Humet de 1.975, tratada con genuina delicadeza; una gran revisión del twist  “Si é spento il sole”, ejecutado a medio camino entre Adriano Celentano y Torquato y Los 4;  y el rock & roll “Il ribelle” (de nuevo Celentano). Tras editar ese mismo 2.011 “El twist de Jorge Ilegal y Los Magníficos”, encuadrado en una serie de ep’s temáticos por ahora interrumpida, en octubre de 2.012 apareció su segundo trabajo “El guateque del hombre lobo” (Pop Up), con Jorge disfrazado de hombre lobo en una portada genial. Se trata de un disco más centrado en el twist y el rocanrol (y por ello mejor recibido por el grueso de los seguidores de Ilegales) que, aunque más directo y divertido, ofrece menos sustancia musical que su predecesor. Recuperando los temas del ep mencionado, se repite el sistema de seis originales más seis versiones en esta ocasión; entre las primeras encontramos inspirado rocanrol serie B ejecutado con clase (“Soy un hombre lobo” o "Niña voodoo”), el instrumental morriconiano “Spaguetti & tequila”, con esos coros marciales que recuerdan a “Heil Hitler!”, y temas como “Molesta”, con base twist pero desarrollada al modo de aquellos temas de Ilegales a medio tiempo con personaje femenino (“Barbie torcida”). En el lado de las versiones está “Renata”, tema a través del cual Jorge conoció el twist, recreaciones de clásicos de siempre vía Teen Tops como “Despeinada”, “La plaga” (“Good golly miss Molly” de Little Richard) o “Popotitos” (ésta más cercana musicalmente a la original, “Bonny Moronie”, de Larry Williams); y adaptaciones propias como la de la incandescente “Trouble” (“Problemas”) o “Sixteen tons” de Merle Travis (“Dieciséis toneladas”, archiversionada también en español). Con varios cambios de formación que no restan prestaciones a su sonido, suelen resucitar para su directo temas ilegales que se acoplan como un guante al sonido de Los Magníficos, como “Como lo haces tú”,  “El piloto”, “La fiesta” o “Al borde”. Si pasan por tu ciudad alguna vez, aprovecha.


06 junio 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (18 de 20)

18. 126 EJERCICIOS DE ARROGANCIA Y 1 HOMENAJE.




   Ilegales se despidieron con la caja “126 canciones” (Pop Up Music, 2.009) que recoge (Jorge se encabezonó en ello) todas las canciones que llegaron a grabar y la edición de un libreto con las letras. Están las versiones en maqueta de “Stick de hockey”, “Ángel exterminador” (tan reggae) y “El piloto”; los temas no incluidos en los elepés, y diez canciones inéditas: la mencionada “Desesperados” de 1.981 (en su día desechada por Arrebato); así como (acertados) descartes de “Todos están muertos” con la voz añadida para la ocasión, como “Melmoth” inspirada en la célebre novela gótica de C.R. Maturin “Melmoth el errabundo”; “Nabo”, instrumental surf grabado originalmente para Radio 3 que no fue finalmente utilizado; el soul de “El anticristo” original de 1.984, en la que destacan metales y órgano (me extraña que no la publicase en el período Hispavox); y la fronteriza “Western”, caricatura de aquella estética vaquera de algunos grupos de Madrid durante los años ochenta, cantada con la carga irónica de un Josele Santiago.  Por otra parte “Te dan todo”, “Rey del insomnio” de 1.999, acelerado corte inspirado en parte en un prometedor Fernando Alonso, que enlaza perfectamente con el rock imparable de “Busco colores”; el folk de la sombría “Hoy no hay sonrisas” (su “mirada glacial” a la muerte), y “Quántica”, que cuenta por única vez con una segunda voz femenina en un tema de Ilegales (“una soprano que es buena chica pero bebe”), son temas grabados en 2.009. 


2.010, su año de despedida con la extensa  gira “Adiós Amiguitos”, les llevó incluso a actuar en el FIB, algo impensable con la anterior dirección del festival. Supongo que es algo que en su momento provocaría escozor en el seno de la “modernidad”; como su participación en aquella fiesta de Rock de Lux, en la que, para que sonase bien “La casa del misterio” tuvo que despedir del escenario a la mitad de la banda de acompañamiento. Ese mismo año, Pop Up puso en circulación una edición en vinilo ("Once canciones ilegales") que incluía las diez canciones inéditas comentadas más una revisión cargada de swing de “I should have known better” de The Beatles. 



Hasta ahora, la última ampliación de su legado discográfico es “Ni un minuto de silencio” (Pop Up, 2.012), edición en DVD y vinilo que supone el tercer directo de la banda y que contiene su concierto de despedida de los escenarios españoles, celebrado en la madrileña sala Penélope el 11 de diciembre de 2.010. Más de dos horas de rock en las que cuentan, con el fin de recuperar algunos temas menos habituales en sus directos, con el apoyo del saxo de Juan Flores y el metalófono de Xuan Zem. Por otro lado, Jorge Martínez, esta reeditando cuidadosamente en vinilo los discos oficiales la banda, y promete ir publicando digitalmente directos de todas sus épocas.

Imagen del último concierto de Ilegales en España, celebrado en Santa Pola el 12 de febrero de 2.011 (Foto de Alberto Cean)



02 junio 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (17 de 20)

17. LOS ILEGALES DE ESPAÑA


   Así se denomina en Latinoamérica a Ilegales para diferenciarlos de un conjunto de salsa del mismo nombre. Para Santiago Botero, responsable desde Colombia de la web oficial de Ilegales y habitual acompañante de la banda en sus giras al otro lado del charco, el grupo de Jorge Martínez “ha influenciado mucho en la cultura popular latinoamericana, aquí en América, en la mayoría de países, Ilegales es una banda de culto, no es un grupo comercial y esto es lo que hace que el punkie medio valore más al grupo.          Las letras irreverentes y contra ciertos sistemas y estereotipos es lo que siempre ha influido de la banda en América. En Colombia, Chile o Ecuador, existen clubs de fanáticos, bares donde les hacen constantemente tributos, e innumerables bandas que tocan música influida por Ilegales y hacen covers de sus temas”. El acercamiento de Ilegales a Latinoamérica se produjo por primera vez en los años ochenta, actuando en 1.986 en Ecuador junto a Hombres G (Guayaquil, en medio de disturbios y ante veinte mil enfervorizados espectadores), levantando polémica y provocando debates por sus letras en aquel país. Posteriormente han sido muchas las ocasiones en que han vuelto, consiguiendo cada vez llenos más clamorosos. Entre otras citas señaladas, en 1.987 actuaron de nuevo en Ecuador, en Guayaquil y la capital Quito. En agosto de 2.001 tocaron en la plaza de toros de Quito, al año siguiente otra vez en Ecuador (Manta) y Chile, y en marzo de 2.003 se presentaron en Medellín (Colombia), así como otras actuaciones en Ecuador. En el año 2.006 volvieron a Quito y Medellín. Su periplo americano también incluye conciertos y actuaciones promocionales en México o Estados Unidos. En 2.011 volvieron para despedirse de nuevo a Quito y Guayaquil y en 2.012 repitieron en Ecuador (Cuenca y Ambato) y Colombia (Medellín). Según Jorge, a Ilegales aún les quedan un par de visitas para despedirse de plazas donde han tenido gran éxito, y de un público que siempre les ha recibido con los brazos abiertos. 


30 mayo 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (16 de 20)

16. GUITAR MAN: PELIGRO DE INCENDIO


   Un año después, con “Si la muerte me mira de frente me pongo de lao”, Jorge Martínez inaugura un nuevo sello, La Casa del Misterio, optando por la autoedición; camino este tomado sin mejor opción a la que agarrarse por muchos artistas en la década de dos mil. Se decide a volver al formato de trío (se cae el saxo de Juan Flores), con un sonido crudo, directo y forjado con revitalizadoras aristas (sorprende la rabia que desprende la voz de Jorge en ocasiones), que le congracia en parte con su primera y gloriosa época. Mejor sonido, pero temas no tan inspirados como aquéllos. A pesar de ello, aquí se encuentran algunos de los mejores que Martínez haya escrito nunca, como “Chica del Este” (basado en una composición folk tradicional popularizada por Joan Baez en su primer álbum como "Silver dagger") o “Libérate”. Este último es uno de sus orgullos: tardó veintiocho años en completarlo, en atinar con lo que la composición le pedía; complejo, expansivo, cabalgando sobre diversos niveles de intensidad, tan reflexivo en la mirada interior como evocador de espacios inconmensurables. “El demonio” remite al tema de la delincuencia juvenil, rock directo, sin rodeos, que canta las gestas de un delincuente infantil sevillano cabecilla de su propia banda. “Héroe de los gatos” y “Si la muerte me mira de frente me pongo de lao” circundan la década de los cincuenta, y qué decir de la rotunda adaptación  de “Riot in cell block #9” de Leiber-Stoller (“Motín en la prisión”). “Verano del 93”, surgida después de una fiesta afterhours, es soul a corazón abierto, y el twist vuelve en “Como lo haces tú”. El pop regresa con “Señorita “qué rara soy””, mientras el power-trio inflamable de extracción setentera se desarrolla a pleno pulmón en “Con los ojos abiertos” o “Vuelven los problemas”, lindando incluso con lo progresivo (“La rabia de vivir”). Por último, “A prueba de marcas”, corte acústico tocado con su Epiphone, recrea esa melodía naif tan suya. Para mí su disco más completo desde “Regreso al sexo químicamente puro”.


28 mayo 2014

EL JUEZ Y EL FISCAL

El juez y el fiscal aún no saben con certeza que en pocos años lo serán. Librados por fin del colegio mayor, comparten piso y estudian con ahínco. Ambos desean a la misma mujer, una estudiante de matemáticas que a veces los visita y se divierte con sus maneras protocolarias de repartirse la limpieza del cuarto de baño. El juez y el fiscal preparan los exámenes finales de último curso de derecho sitiados por el seco calor asfáltico de la ciudad. Deambulan por su apartamento en pantalón corto y sin camisa. Golpean las paredes presos de la ansiedad. Piensan en su futuro para darse ánimos y maldicen entre dientes los muebles antiguos y los electrodomésticos agonizantes y abollados que tienen a su disposición. En momentos de descanso, bajan suspirando en chanclas a comprar algo a la calle; ven las tertulias políticas de la televisión con aire paternalista, y fuman apostados en un largo balcón desconchado, observando el paso de los coches y a la gente por las aceras. No sienten envidia por casi nadie, más bien pena y cierto rechazo. La amiga matemática llega al piso a veces para tomar café y hacer tiempo para cualquier otro menester. Ambos la desean entre cafés sin demasiado ardor y con una pizca de despecho anidando en su interior. Son felices estudiando, avanzando, aunque algo que está por venir, que crece poco a poco en ellos, hace que lentamente se detesten. Toda la teoría que amasan y van colocando en su cerebro conforma la llave que siempre les han mostrado tras la vitrina, lo que siempre han deseado. Con el tiempo, toda esa masa será también la base de sus certezas, de su desarrollo profesional. El escudo que absorberá sin inmutarse los golpes de la realidad y la duda.

El juez y el fiscal, que aún no saben que lo serán, no sienten más que estupor al observar cigarro en ristre el triste espectáculo de sus vecinos de enfrente. Mayores, adictos a la televisión, que nunca está apagada; sin libros ni periódicos, solo folletos publicitarios, floreros, sillones y figuritas que seguramente huelen a polvo. Y un sofá, en el que se hunden en pijama. Y unas persianas, que parecen dientes llenos de sarro, que se levantan cada mañana ruidosas y cansinas, como un largo bostezo.

Pasan las semanas, se acercan los últimos exámenes. La estudiante de matemáticas, cada vez más distanciada, se comunica con ellos mediante anodinos y maternales mensajes de whatsapp, y ellos ríen y ni se hablan, aunque en el fondo sueñan con empapelar algún día al chico con el que ha comenzado a salir y, en momentos de tensión, con zancadillearse el uno al otro. Se turnan en las tareas y se proveen de tabaco. Se observan cuando el otro no mira. Se escapan un rato a algún botellón ineludible y se muestran distantes, enumerándose los presuntos delitos que pasan ante sus ojos en voz baja. Por encima de los cafés, a través de los programas deportivos de radio, miran a los detestables vecinos de enfrente, que tampoco parecen hablar nunca, siempre masticando y bebiendo algo, siempre con la boca llena, siempre cambiando de canal, siempre en zapatillas antes de irse a dormir.

El juez y el fiscal arden en deseos de estrellar un huevo contra la persiana podrida de enfrente, pero no terminan de atreverse. Una tarde, mientras el marido la levanta observan un potente bíceps sobre el que destaca un siniestro tatuaje. Ya con los huevos colocados cuidadosamente en una cajita sobre la mesilla del balcón, deciden anular la operación por si, en caso de ser sorprendidos, la acción ajustada a derecho de las fuerzas de seguridad llega después de la venganza física de aquel energúmeno televisivo, trabajador manual sin duda embrutecido.

Ese temor los mantiene un par de días ocultos y pensativos tras el toldo de su balcón. Pero el deseo febril y acumulado termina por imponerse, así que deciden trazar un plan, no sin antes sopesar pros y contras y valorar rutas de huida y coartadas. La emoción les late en la garganta. Llaman a su amiga matemática y a su amigo para que les acompañen en una breve celebración en casa tras el penúltimo examen. Cuando llegan les muestran orgullosos y un poco fuera de sí los cartones de huevos, les comunican su plan y todos actúan con rapidez, respirando superioridad mientras trasiegan latas de cerveza. Lanzan huevos a víctimas indefensas e inofensivas elegidas con precisión: un chico que arrastra una moto por la acerca, una señora mayor que tira de un carrito de la compra, dos obreros, inmigrantes a su parecer, que salen de un bar. Se contienen ante un tipo trajeado, pero al observar arrugas en la chaqueta y en el cuello motivadas por el sudor le arrojan otro. Tras cada lanzamiento se esconden, se echan al suelo riendo, beben y gesticulan. Los damnificados se detienen en la acera y miran hacia la silenciosa colmena de balcones. Cuando el semáforo de enfrente se pone en rojo, hacen puntería sobre algún vehículo modesto justo cuando inicia la marcha, con excelentes resultados. Para cuando la matemática y su amigo se muestran cansados de la broma, el juez y el fiscal ya parecen estar completamente desatados. Por los resquicios del toldo de su balcón proyectan huevos y trozos de plátano sin ton ni son, y también se divierten estampándolos contra el suelo y los muebles. Dirigen sus lanzamientos a los coches aparcados, hasta hacer saltar alguna alarma; tiran sobre cualquier transeúnte; sobre la chica que acaba de salir de un portal; con inmenso placer sobre la persiana podrida de enfrente, deseando ver aparecer el tatuaje; y, finalmente, con toda violencia, sobre el coche de policía que se detiene ante el tumulto de peatones que miran hacia arriba. Después, ante la perplejidad que paraliza a sus invitados, el juez y el fiscal, que aún no saben que lo serán, abandonan precipitadamente el piso dejándolos encerrados.


Una vez en la calle, mezclándose entre el gentío de curiosos y presuntos agredidos, se dirigen educadamente a los policías que miran hacia arriba y se presentan como inquilinos del 3º C, mostrando una honda preocupación y gran extrañeza, y ofreciéndose a acompañar a los agentes de la ley en caso de que vean conveniente echar un vistazo a su piso, donde habían dejado a unos amigos, una pareja, estudiando. Mientras el proyecto de fiscal se muestra compungido y colaborador, el futuro juez se adelanta subrepticiamente para abrir la puerta del piso, instantes antes de que la policía suba.

26 mayo 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (15 de 20)

15. A CUBIERTO EN EL BOSQUE ELÉCTRICO


    En 1.998 aparece “El apóstol de la lujuria” (Avispa), con la imagen de la miniatura “Sátiro” del Museo Arqueológico Nacional de Atenas en la portada. Rubén Mol (ex de The Amateurs o Los Más Turbados) se sienta a la batería. Se tiende a las canciones más directas, airadas y endurecidas (“He regresado”, “Saber vivir”). “Un cuchillo que se llama educación” parece un cruce entre “Con la niebla” y un filme de cine negro. Jorge reconoce que escuchó mucha música de películas antiguas para grabar este disco, y se nota (en las inapelables “El lobo malo del bosque” y “El Ángel”, e incluso en el inspirado chispazo pop de “¡Cuánta belleza!”). “Jesusito de mi vida” (ojo a la letra) encuentra acomodo en ese sonido grunge que le influyó durante esa etapa, y la irónica “He decidido comportarme”, en referencias más setenteras. “Todos somos traidores” (tema favorito de Jorge) es el medio tiempo que este suele reservarse: evocador, tenue, fatal. Curiosa la incorporación del rocanrol “Perjudicial”, inesperada fuga de dos minutos proveniente de 1.981 y recuperado para la ocasión, que cuela su desparpajo entre este intrincado bosque de electricidad, aunque se dice que muchas canciones fueron grabadas en las primeras tomas.




Cómic del dibujante Francisco Peña inspirado en el tema "El ángel" de Ilegales


   Pasan cuatro años hasta volver a saber de Jorge musicalmente hablando. A través de Santo Grial aparece su segundo directo, “El día que cumplimos veinte años” (2.002). Para celebrar ese aniversario reúne a todos los músicos que pasaron por Ilegales, salvo Iñigo Ayestarán (fallecido en 1.988) y David Alonso, la primera formación del grupo. El concierto se celebra ante quince mil personas en la plaza de la Catedral de Oviedo, el 9 de septiembre de 2.002. El sonido es inmejorable, y el grupo, con la definitiva vuelta de Belaustegui a la batería, no puede estar en mejor forma. 


23 mayo 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (14 de 20)

14. ALTA TENSIÓN Y PALABRAS INCANDESCENTES


   Tres años más tarde, en plena travesía del desierto, fichan por Avispa y publican “El corazón es un animal extraño”, ya fuera de toda onda y circuito. Un disco desigual, pero con momentos a reivindicar ya. Sonido más oscuro y constreñido, notablemente endurecido y con todo el peso depositado en las guitarras salvo puntuales y afortunadas emergencias del saxo de Juan Flores (se prescinde de los teclados). Alejandro Blanco toma el bajo para no dejarlo ya. El comienzo es fulgurante: “Mi sangre oculta un veneno” es ese tema soberbio que, escrito por otro, viajaría en las maletas de más de un pinchadiscos a la última en música negra. Le sigue una extraordinaria revisión de “El loco soy yo” de Los Bravos, la primera versión que publican oficialmente (no en vano “Black is black” fue el primer disco de Jorge). El tema que da título al CD abunda en ese espacio de reflexión tan suyo que es el medio tiempo, esta vez tenso y duro, con sentimientos a flor de piel y asfixiante coraza grunge, estilo que destaca en la actitud declamatoria de temas como “La luz de las enfermedades oscuras” o “Lo único que consigo hacer bien es el mal” a la que creo que le sobra toda la parte “rap”. La inspiración aún resplandece en “Enamorado de la sangre ajena” y, “En el parque de invierno”, breve e inquietante respiro acústico, nos devuelve al Jorge de lirismo brumoso y susurrante. Para su autor, aparte de su disco favorito, es el más literario, y puede que sea cierto. No contiene sus mejores letras, pero todas están muy trabajadas.


19 mayo 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (13 de 20)

13. LEJOS DE LA FAUNA DE SALÓN


   Tras un año sabático, la cabeza calva que siempre bulle de proyectos vuelve, abundando en lo mismo pero apretando más los dientes, con “Regreso al sexo químicamente puro” (Hispavox). En el año de parón Rafa Kas decide cambiar de aires y vuelve Willy Vijande, para desaparecer definitivamente después de este disco. Aquí encontramos imparable soul a lo James Brown para otro irrefrenable fresco callejero en “Drogas duras llenan sepulturas”; riff blindado para “Los chicos desconfían” e inspiración tejana para el blues-rock de “No me gusta el blues”. 



“Oración” es de esas canciones que deberían adorar los mods, pop sesentero de esencias negroides reminiscente de los Small Faces. Mientras con “El jardín del pecado” se dan el gustazo jazz-swing, “Dextroanfetamina-No quiero ir a la mili” es una acelerada parodia punk que no pasa de la anécdota, ese tema que suele sobrar en algunos discos de Ilegales. El psychobilly “El número de la bestia” viaja a lo más oscuro de los cincuenta, lugar frecuentado por Jorge Martínez. “Regreso al sexo químicamente puro” continúa la vereda señalada por “Me gusta cómo hueles”: medio tiempo inspirado, de amable y dulce melodía y despiadado retrato de caída libre. “Algo prepara una emboscada” es rock de serie B inflamable y cortante cual cuchilla. Y el beat desaforado de “No puedo controlarme” es antesala de la despedida con un corte instrumental de “El jardín del pecado”. Otro caudal de sonidos intemporales apartados de la actualidad, curiosamente en la década en que por primera vez todas las miradas se vuelven hacia el Principado con aquello del “Xixon Sound”.

16 mayo 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (12 de 20)

12. LOS TIEMPOS ESTÁN CAMBIANDO, ¿Y ESO POR QUÉ?


   En 1.990 publican “(A la luz o a la sombra) Todo está permitido” (Hispavox). Un trabajo en la línea del anterior, muy rico musicalmente, sobre todo en los ya habituales arreglos de metales y en una más determinante presencia de órgano. Composiciones elaboradas y una cuidada ambientación que consiguen salvar cualquier síntoma de artificio, quizá porque los temas se fueron preparando durante la gira de “Chicos pálidos…”. Además, en opinión de su autor es la mejor producción de todas. Aunque los tiempos cambian, la banda no deja de tocar, y en el concierto final de gira en Madrid se sortea una Harley-Davidson. Jaime Belaustegui (ex – Los Locos) sustituye a Lantero en la batería. El blues sigue en el ambiente (la estupenda “Suena en los clubs un blues secreto”, que parece escapada de otra banda sonora de jazz noir, o “El Gran Capullo en persona”); “Baila idiota” es rock funk irreprochablemente ejecutado, aunque una letra simplista lo desluce. “Chistes rock en ya menor” remite a los Beatles pre-psicodélicos; y un himno tan ilegal como “Canción obscena” parece tener a George Martin detrás, vigilante. Rock sin fisuras ofrecen en “Fotos en primera plana” e imparable en “La virtud”, esta reminiscente de la primera época, urgente y garajera. “Me gusta cómo hueles” con su introducción de teclados es otro gran medio tiempo de madurez compositiva, con regusto final amargo y destacable letra, seguido de “Todo está permitido”, nocturno y sigiloso, con sus detalles latinos. El disco se cierra con “Despierta en el planeta diario” otra inmersión en aguas Pinkfloydianas. Vuelven a convivir procacidad, humor, crónicas vitales, crónicas nocturnas, proclamas y frases memorables.




   En general, el período 88-90 resultó excitante en sonidos y aparición de nuevas propuestas, en algunos casos de capital importancia. Tiempo de cambios, que profundizarán en la década que comienza, ávida de trascender lo inmediatamente anterior, abierta al ruido, a una nueva actitud, tan real y vivificante como huera, según los casos, siempre obligada a la experimentación y el riesgo. Es la culminación del proceso iniciado en la segunda mitad de los ochenta, imponiendo nuevas influencias y referencias. Noise, Grunge, sonido Madchester, y demás mutaciones del pop constituirán la conformación definitiva del caldo de cultivo Indie. Por estos lares, además, los restos de la década anterior que no se han convertido en superventas son condenados al olvido o tratados con desprecio o paternalismo sonrojantes; pocos son los reivindicados. Los Ilegales son de esa época y ya hace tiempo que dejaron de ser excitantes al no adaptarse a los nuevos parámetros. Jorge sigue su camino, como siempre, ofreciendo algunas composiciones a un nivel altísimo y un sonido estupendo, corpulento.


14 mayo 2014

HUELE A CÍRCULO CERRADO

Puede que mostrarse abiertamente en contra de la muerte a tiros de alguien en la calle - teniendo en cuenta que se trataba de una mujer dedicada a la política, que era de un partido de derechas, ostentaba innumerables cargos y daba la impresión de practicar alegremente el nepotismo y el abuso de poder tan ampliamente asumidos por nuestra cultura-, tenga un matiz excesivamente conservador, acaso melifluo, en esta España bizarra y delirante que por minutos nos sorprende más. Arriesgándome a pecar de eso, debo decir que el asesinato en León de Isabel Carrasco, presidenta de la Diputación de esa provincia, me ha helado la sangre. Por lo visto, su asesina era miembro del mismo partido, y el móvil responde a cuestiones personales, no sé hasta qué punto relacionadas con su forma de actuar en política.

Lo sé, lo sé, en los tiempos que corren, los que tratan de poner paz o al menos cierta mesura son rápidamente calificados de cobardes o caricaturizados de blandengues y comodones. Puedes ser visto como un pesado que le habla a las olas durante el temporal, evitando mojarse los pies, o tal que un árbitro despistado que corre por el patio del recreo, silbato en ristre, manoteando y pitando sin causar ningún efecto, mientras todos se insultan, zahieren y pelean; gallardos y orgullos de su legitimidad y compromiso, de defender con ahínco y valentía sus inamovibles posiciones. Malos tiempos, cuando los depósitos de odio están tan llenos. Incluso desde un punto de vista eminentemente práctico, no creo que las reacciones violentas provocadas o apoyadas por los caudales de odio que circulan a nuestro alrededor, aporten finalmente resultados positivos para el bien común. Soluciones firmes a problemas tan enquistados de convivencia.

Y es que, convivir no es solo dejar vivir, tolerarse. Convivir es actuar con la debida responsabilidad en los actos de la vida; constituir de una vez ese avance armónico basado en unos escrupulosos respeto y asunción de los derechos y obligaciones, mediante el cual poder ser un trabajador rentable sin morir en el tajo o cobrar una miseria, o ser un empresario imaginativo y ambicioso, pero también decente, un usuario comedido o un político activo y honesto.

Da la impresión de que quien se opone por principio al uso de la fuerza, al hecho de tomarse la justicia por su mano, colabora activamente al mantenimiento de los privilegios de la casta política. Y esto de casta sí es algo que ellos se han ganado a pulso con el mayor de los descaros. Vivimos una sensación de círculo cerrado, de ambiente viciado, irrespirable. Los mensajes se estrellan mustios contra nuestros oídos, cada vez más parecidos a un muro ante los que resbala esa constante y acuosa salsa de mentiras y excusas vanas. No se ven luces fiables al final del camino porque el camino parece haber terminado y la fiabilidad de los políticos está bajo mínimos, algo perfectamente demostrable. La desesperación está motivada por eso mismo. Las cosas están mal y nadie parece de fiar, los discursos suenan manidos, plomizos, imposibles de cambiar con algún tinte de verosimilitud; los silencios huelen, los bancos y los poderosos de siempre manosean sin ninguna fuerza moral que los ponga en su lugar desde los poderes públicos. La sociedad se rompe en jirones y maldice a la vez que boquea.

Esta mañana, en la cafetería, mientras iban apareciendo en la televisión más datos sobre el trágico suceso, una señora me ha mirado diciendo: “Yo no me meto en estas cosas”. En ese momento sentí una sacudida en todo el cuerpo; ha sido, sin duda, la frase que más me ha impactado de entre todas las que he tenido la triste suerte de leer y escuchar desde ayer. ¿Qué empuja a una persona normal a evitar pronunciarse sobre el asesinato a sangre fría de un político, en este caso del PP? Hasta no hace demasiado tiempo, un hecho así hubiese erizado la piel de cualquiera. Lo razonable parecía ser que, ante la presencia de un político a todas luces corrupto, que la oposición, los medios de comunicación o incluso los ciudadanos, denunciasen su actitud, horadasen así su credibilidad, mostrasen su verdadera cara, forzaran su dimisión; no esperar a que le disparen en la calle para acusarlo veladamente de tenérselo merecido. Más allá del hecho de aplaudir o mostrarse comprensivo con un asesinato hay algo larvado mucho más peligroso: la sensación, cada vez más extendida por lo que veo, de que la única forma real de que determinados sectores paguen de verdad sus excesos y desmanes sea con la muerte o al menos tomándose cada cual la justicia por su mano. Es, sin duda, el camino más corto hacia la barbarie.

Las redes sociales, esa múltiple voz de la sociedad, ese avance armónico real constituido ya como subconsciente eternamente crispado del pueblo español, es capaz de dejar en pañales la maquinaria de manipulación que el político más experto y maquiavélico jamás se hubiera atrevido a soñar; solo que, de heterogénea, dispara bilis inmediata en todas direcciones. Practica el “y tú más” con más pasión que ningún político chusquero, oculta subrepticiamente determinadas realidades o carga las tintas sobre cualquier nimiedad que convenga a los intereses que defiende, con más denuedo en ocasiones que los propios. Lugar ideal para desatar el morbo; lanzar piedras entre el cierto anonimato del tumulto, pero para que te vean bien y se regodeen los que te rodean; para hace bromas crueles matizadas (o no) de ironía y procacidad, tratar de parecer justiciero, ideológicamente puro o desembalar todo el cinismo que en la vida permanece en el armario. Lo único bueno es que aún no está totalmente domada: las huestes de diversos bandos se cruzan y a veces anulan con sus improperios, aunque en ocasiones la sensación de mezquindad se puede recoger con los dedos.

Las acusaciones que apuntaron inicial y apresuradamente a sectores opuestos o enfrentados a las políticas del Gobierno, como desencadenantes de los hechos, denotan una mezquindad nauseabunda. Aprovechan de la misma manera el suceso para alimentar sus posiciones. Algo totalmente infame.


Así pues, muchos son los arribistas que tratan de pescar en el río revuelto de ese cadáver tiroteado en un puente; pero algo me dice que más de un bocazas, espoleado por la fiebre electoralista de alimentar el odio de los suyos, o de los que cree suyos, en vez de tratar de aportar a la situación un poco de buen juicio, va a patinar un poco después de hoy.

12 mayo 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (11 de 20)

11. LA MÁQUINA SUENA BIEN CUANDO RESPIRA

En 1.988 salió al mercado “Chicos pálidos para la máquina”, esta vez con Hispavox. La popularidad declina (aún recuerdo, en la época, a un Ordovás entristecido en el Diario Pop anunciando: “Ilegales, entre la fama y el malditismo”) y los cambios se suceden, Alfonso Lantero (que venía de clavar los ritmos en The Nativos) entra definitivamente en lugar de David Alonso a la batería. Willy Vijande, que aún se lamenta de todo el rock que perdieron al dar el paso hacia el sonido de este elepé, dejará la banda al poco de grabarlo, expulsado finalmente por su adicción. Alejandro Felgueroso lo sustituye, y a mitad de la gira hace lo propio con él Rafa “Nenuco” Kas. Se inicia una etapa que durará otros dos álbumes (período 1.988-1.992). Jorge Martínez aparca el tiralíneas de su trío, ampliando la formación a quinteto con la incorporación de Juan Flores (“El Hombre-Lobo de Mieres”) al saxo y Antolín de la Fuente a los teclados. Es un cambio arriesgado, importante; una decisión netamente artística. Jorge considera cerrada su fase más popular, su indeleble marca de fábrica, y apuesta decididamente por unas composiciones donde el estilo desplaza a la rabia; siendo expuestas con placidez y delicadeza en los detalles, inundadas por la estimulante presencia de metales y teclas. Canciones algo más largas, pero sin romper la ley no escrita ilegal de la concisión. El repertorio exuda blues, guiñando a las mejores orquestas (“Lavadora blues”, recuperada y bruñida), visitando Nueva Orleans (“Al borde”) o deslizándose con brillantez entre humo y cine negro en “Mala suerte”. Inoculados de clasicismo, miman el surf en un “El fantasma de la autopista” inspirado por el tema de 1.962 de The Beach Boys "Surfin'", a la sazón primer single del grupo de Brian Wilson. 



Los Ilegales traviesos y directos se asoman más sonrientes que amenazantes en “Un marciano” (que parece el reverso gamberro del “Guru Zakun kin kon” de Vainica Doble) y “Tengo una rana metida en una lata”, cuya letra y descarga de guitarra, doy fe, divierte a algunos niños pequeños. “Chicos pálidos para la máquina” suena inflamada y álgida, con ese pesado fondo de órgano teatral y tenebroso. Ganan terreno canciones de madura y sugestiva elaboración, con espacios para el silencio, como “Cara al peligro”,  “Ángel exterminador” (por fin le llegó su momento, resultando posteriormente la más popular del disco), o “En el pasado” (Gilmour asomando la cabeza de nuevo). En los textos se matiza la dureza (que ni mucho menos desaparece), y ganan terreno la reflexión pausada, el humor negro, lo alucinatorio y onírico, así como cierto surrealismo. Sobrados de repertorio, se permiten publicar un single (que Discoplay regalaba con la compra del elepé) con dos joyas del calibre de “Con la niebla” y “Acabaremos mal”.