El racista pasivo, siempre
condescendiente, amable y moderado, se sorprende al tratar con una dependienta
sudamericana algo seca de carácter. No termina de entender cómo esa gente no se
muestra alegre y chispeante en su presencia. Ante él, que se digna a hablarles
con toda naturalidad y los acepta. Es tanta la sorpresa, que se ve en el
derecho de manifestar en público su estupefacción sin estar violando ninguno de
los artículos del código de lo políticamente correcto. Ese entramado de actitudes
prefijadas, silencios y frases medidas que ocultan el alquitrán de su alma y lo
sostienen como ciudadano ejemplar y moderno. Una vez finalizado su comentario
sobre la inesperada falta de simpatía de la trabajadora del almacén, declara
con exceso gestual que él, si por algo se ha caracterizado desde siempre, es
por aceptar y tolerar a todo el mundo, sean del color que sean y vengan de
donde vengan. En ningún momento se ha parado a pensar que la tolerancia no es una
potestad de los privilegiados, que para tener sentido debe ser recíproca, que
él también es susceptible de ser aceptado o no. No puede pensarlo. Es
completamente imposible. Considera que él y los que son como él constituyen el
centro mismo del universo, el lugar noble, limpio y ordenado del que emanan
verticales, de arriba abajo, la tolerancia, la comprensión y la bondad, y que
de abajo arriba, en dirección a ellos solo puede llegar agradecimiento y
admiración; o acaso odio, motivado por la estulticia, la insana envidia y la pobreza.
26 julio 2014
16 julio 2014
15 julio 2014
14 julio 2014
11 julio 2014
10 julio 2014
30 junio 2014
27 junio 2014
13 junio 2014
JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (20 y final)
20. FIN: UNA ESTATUA
EN EL PARQUE, DONDE CAGUEN LOS PÁJAROS
Finalmente me he decidido por la primera opción que barajé, dirigirme a
la casa familiar de Bolgues, palacio rural que data de 1540 y es lugar de
retiro habitual de Jorge, además de local de ensayo de la banda. Allí se grabó
el delirante vídeo de “He regresado”,
por cierto. Aparco y me acerco con la esperanza de no tener que dar más vueltas,
al tiempo que discurro la manera de convencerlo para que me acompañe a
inaugurar una estatua. Efectivamente, al franquear la entrada suenan
perezosamente, en una guitarra muy muy vieja, los acordes de “Tiempos nuevos, tiempos salvajes”.
* Muchas gracias a Santiago Botero (representante para América de
Ilegales y responsable de www.los-ilegales.com) por su inestimable ayuda a la
hora de contrastar algunos datos de este artículo.
* Las veinte partes de este artículo están incluidas en el cómic de reciente aparición "Tiempos nuevos, tiempos salvajes", dedicado íntegramente a Ilegales.
09 junio 2014
JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (19 de 20)
19. LA ORQUESTA PACHANGUERA PARECE ENTENDER
El presente se llama Jorge Ilegal
y los Magníficos (denominación en recuerdo de aquella orquesta de sus
inicios), una sorprendente apuesta de Jorge Martínez, acaso decepcionante para
algunos. Jorge se lanza bien pertrechado en pos de dignificar el repertorio y
el trabajo de las orquestas de baile; para ello se hace acompañar por un
cuarteto de “Ilegales” (Belaustegui, Blanco, Flores y Jorge) más el
vibrafonista ovetense Xuan Zem, que
se zambullen con alma de arqueólogos, convenientemente uniformados y usando
instrumentos de época (vibráfono Musser del 37 o guitarras Vega de 1.933 y Vega
Duotron de 1.946), para rescatar con suficiencia estilos olvidados, desarrollados con profusión desde los años treinta hasta justo antes de la
aparición de Los Beatles: rocanrol primigenio, twist, chachachá, tango, bolero,
guarachas o habaneras. Al igual que muchos solistas y grupos se interesan por
tratamientos más acústicos y austeros de su sonido en momentos determinados de
sus carreras, Jorge Martínez viaja a la esencia recreando su base musical,
insuflando vida a esas raíces desarrollando un trabajo serio y artesano, para
nada paródico; con un sonido bien templado, contenido y articulado de manera
fenomenal, sin trampa, fiel pero alejado de trillados convencionalismos,
trabajado con el suficiente tiempo y dedicación en su propio estudio de
grabación (“La casa del misterio”, claro, donde ha sido grabado todo el
repertorio de Los Magníficos); demostrando que se pueden componer canciones muy
personales aun circunscribiéndose a estilos bien definidos.
El primer lanzamiento
fue “Jorge Ilegal y Los Magníficos”
(Pop Up, 2.011) siguiendo la fórmula
de seis composiciones propias y cinco versiones. De las primeras destaca la
exuberancia de “Nuevo rumbo”, el
joropo venezolano “Estrella venenosa”,
el vals onírico “Jardín mortal” o el
chachachá de “No creo”. Entre las
segundas se encuentra el bolero “Inútilmente”
del mexicano Alfredo Núñez de Borbón,
una recreación escueta y swing de “Bésame mucho”; “Miradla”, amarga
composición de Joan Baptista Humet
de 1.975, tratada con genuina delicadeza; una gran revisión del twist “Si é spento il sole”, ejecutado a medio camino entre Adriano Celentano y Torquato y Los 4; y el rock & roll “Il ribelle” (de nuevo Celentano). Tras editar ese mismo 2.011
“El twist de Jorge Ilegal y Los Magníficos”,
encuadrado en una serie de ep’s temáticos por ahora interrumpida, en octubre de
2.012 apareció su segundo trabajo “El
guateque del hombre lobo” (Pop Up),
con Jorge disfrazado de hombre lobo en una portada genial. Se trata de un disco
más centrado en el twist y el rocanrol (y por ello mejor recibido por el grueso
de los seguidores de Ilegales) que, aunque más directo y divertido, ofrece
menos sustancia musical que su predecesor. Recuperando los temas del ep
mencionado, se repite el sistema de seis originales más seis versiones en esta
ocasión; entre las primeras encontramos inspirado rocanrol serie B ejecutado
con clase (“Soy un hombre lobo” o "Niña voodoo”), el instrumental morriconiano “Spaguetti & tequila”, con esos coros marciales que recuerdan a
“Heil Hitler!”, y temas como “Molesta”, con base twist pero
desarrollada al modo de aquellos temas de Ilegales a medio tiempo con personaje
femenino (“Barbie torcida”). En el lado de las versiones está “Renata”, tema a través del cual Jorge
conoció el twist, recreaciones de clásicos de siempre vía Teen Tops como “Despeinada”,
“La plaga” (“Good golly miss Molly” de Little
Richard) o “Popotitos” (ésta más
cercana musicalmente a la original, “Bonny Moronie”, de Larry Williams); y
adaptaciones propias como la de la incandescente “Trouble” (“Problemas”) o
“Sixteen tons” de Merle Travis (“Dieciséis toneladas”, archiversionada también en español). Con
varios cambios de formación que no restan prestaciones a su sonido, suelen
resucitar para su directo temas ilegales
que se acoplan como un guante al sonido de Los Magníficos, como “Como lo haces tú”, “El piloto”, “La fiesta” o “Al borde”. Si pasan por tu ciudad alguna vez, aprovecha.
06 junio 2014
JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (18 de 20)
18. 126 EJERCICIOS DE
ARROGANCIA Y 1 HOMENAJE.
Ilegales se despidieron con la caja “126 canciones” (Pop Up Music,
2.009) que recoge (Jorge se encabezonó en ello) todas las canciones que
llegaron a grabar y la edición de un libreto con las letras. Están las versiones en maqueta de “Stick de hockey”,
“Ángel exterminador” (tan reggae) y “El piloto”; los temas no incluidos en
los elepés, y diez canciones inéditas: la mencionada “Desesperados” de 1.981 (en su día desechada por Arrebato); así como
(acertados) descartes de “Todos están
muertos” con la voz añadida para la ocasión, como “Melmoth” inspirada en la célebre novela gótica de C.R. Maturin “Melmoth el errabundo”; “Nabo”, instrumental surf grabado originalmente para Radio 3
que no fue finalmente utilizado; el soul
de “El anticristo” original de
1.984, en la que destacan metales y órgano (me extraña que no la publicase en
el período Hispavox); y la fronteriza “Western”,
caricatura de aquella estética vaquera de algunos grupos de Madrid durante los
años ochenta, cantada con la carga irónica de un Josele Santiago. Por otra parte “Te dan todo”, “Rey del insomnio” de 1.999, acelerado corte inspirado en parte en un prometedor Fernando Alonso, que enlaza
perfectamente con el rock imparable de “Busco colores”; el folk de la sombría “Hoy no hay sonrisas” (su “mirada glacial” a la muerte), y “Quántica”, que cuenta por única vez con una segunda voz femenina en
un tema de Ilegales (“una soprano que es buena chica pero bebe”), son temas
grabados en 2.009.
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2.010, su año de despedida con la extensa gira “Adiós Amiguitos”, les llevó incluso a
actuar en el FIB, algo impensable con la anterior dirección del festival.
Supongo que es algo que en su momento provocaría escozor en el seno de la “modernidad”;
como su participación en aquella fiesta de Rock de Lux, en la que, para que
sonase bien “La casa del misterio”
tuvo que despedir del escenario a la mitad de la banda de acompañamiento. Ese
mismo año, Pop Up puso en circulación una edición en vinilo ("Once canciones ilegales") que incluía las diez
canciones inéditas comentadas más una revisión cargada de swing de “I should have known better” de The Beatles.
Hasta ahora, la última
ampliación de su legado discográfico es “Ni un minuto de silencio” (Pop Up,
2.012), edición en DVD y vinilo que supone el tercer directo de la banda y que
contiene su concierto de despedida de los escenarios españoles, celebrado en la
madrileña sala Penélope el 11 de diciembre de 2.010. Más de dos horas de rock
en las que cuentan, con el fin de recuperar algunos temas menos habituales en
sus directos, con el apoyo del saxo de Juan
Flores y el metalófono de Xuan Zem.
Por otro lado, Jorge Martínez, esta reeditando cuidadosamente en vinilo los
discos oficiales la banda, y promete ir publicando digitalmente directos de
todas sus épocas.
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| Imagen del último concierto de Ilegales en España, celebrado en Santa Pola el 12 de febrero de 2.011 (Foto de Alberto Cean) |
02 junio 2014
JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (17 de 20)
17. LOS ILEGALES DE
ESPAÑA
Así se denomina en Latinoamérica a Ilegales para diferenciarlos de un
conjunto de salsa del mismo nombre. Para Santiago
Botero, responsable desde Colombia de la web oficial de Ilegales y habitual
acompañante de la banda en sus giras al otro lado del charco, el grupo de Jorge
Martínez “ha influenciado mucho en la cultura popular latinoamericana, aquí en
América, en la mayoría de países, Ilegales es una banda de culto, no es un
grupo comercial y esto es lo que hace que el punkie medio valore más al grupo. Las
letras irreverentes y contra ciertos sistemas y estereotipos es lo que siempre
ha influido de la banda en América. En Colombia, Chile o Ecuador, existen clubs
de fanáticos, bares donde les hacen constantemente tributos, e innumerables
bandas que tocan música influida por Ilegales y hacen covers de sus temas”. El acercamiento de Ilegales a Latinoamérica se
produjo por primera vez en los años ochenta, actuando en 1.986 en Ecuador junto
a Hombres G (Guayaquil, en medio de
disturbios y ante veinte mil enfervorizados espectadores), levantando polémica
y provocando debates por sus letras en aquel país. Posteriormente han sido
muchas las ocasiones en que han vuelto, consiguiendo cada vez llenos más
clamorosos. Entre otras citas señaladas, en 1.987 actuaron de nuevo en Ecuador,
en Guayaquil y la capital Quito. En agosto de 2.001 tocaron en la plaza de
toros de Quito, al año siguiente otra vez en Ecuador (Manta) y Chile, y en
marzo de 2.003 se presentaron en Medellín (Colombia), así como otras
actuaciones en Ecuador. En el año 2.006 volvieron a Quito y Medellín. Su
periplo americano también incluye conciertos y actuaciones promocionales en
México o Estados Unidos. En 2.011 volvieron para despedirse de nuevo a Quito y
Guayaquil y en 2.012 repitieron en Ecuador (Cuenca y Ambato) y Colombia
(Medellín). Según Jorge, a Ilegales aún les quedan un par de visitas para
despedirse de plazas donde han tenido gran éxito, y de un público que siempre
les ha recibido con los brazos abiertos.
30 mayo 2014
JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (16 de 20)
16. GUITAR MAN: PELIGRO
DE INCENDIO
Un año después, con “Si la muerte
me mira de frente me pongo de lao”, Jorge Martínez inaugura un nuevo sello,
La Casa
del Misterio, optando por la autoedición; camino este tomado sin mejor
opción a la que agarrarse por muchos artistas en la década de dos mil. Se
decide a volver al formato de trío (se cae el saxo de Juan Flores), con un
sonido crudo, directo y forjado con revitalizadoras aristas (sorprende la rabia
que desprende la voz de Jorge en ocasiones), que le congracia en parte con su
primera y gloriosa época. Mejor sonido, pero temas no tan inspirados como aquéllos. A pesar de ello, aquí se encuentran algunos de los mejores que
Martínez haya escrito nunca, como “Chica del Este” (basado en una composición folk tradicional popularizada por Joan Baez en su primer álbum como "Silver dagger") o “Libérate”. Este
último es uno de sus orgullos: tardó veintiocho años en completarlo, en atinar
con lo que la composición le pedía; complejo, expansivo, cabalgando sobre
diversos niveles de intensidad, tan reflexivo en la mirada interior como
evocador de espacios inconmensurables. “El demonio” remite al tema de la delincuencia juvenil, rock directo, sin
rodeos, que canta las gestas de un delincuente infantil sevillano cabecilla de
su propia banda. “Héroe de los gatos”
y “Si la muerte me mira de frente me pongo de lao” circundan la década de los cincuenta, y qué decir de la
rotunda adaptación de “Riot in cell block #9” de
Leiber-Stoller (“Motín en la prisión”).
“Verano del 93” , surgida después de una fiesta afterhours, es soul a corazón abierto, y el twist vuelve en “Como lo haces tú”. El pop regresa con “Señorita “qué rara soy””, mientras el power-trio
inflamable de extracción setentera se desarrolla a pleno pulmón en “Con los ojos abiertos” o “Vuelven los problemas”, lindando
incluso con lo progresivo (“La rabia de vivir”). Por último, “A prueba de marcas”, corte acústico tocado con su Epiphone, recrea esa melodía naif tan suya. Para
mí su disco más completo desde “Regreso
al sexo químicamente puro”.
28 mayo 2014
EL JUEZ Y EL FISCAL
El juez y el fiscal aún no saben
con certeza que en pocos años lo serán. Librados por fin del colegio mayor,
comparten piso y estudian con ahínco. Ambos desean a la misma mujer, una
estudiante de matemáticas que a veces los visita y se divierte con sus maneras
protocolarias de repartirse la limpieza del cuarto de baño. El juez y el fiscal
preparan los exámenes finales de último curso de derecho sitiados por el seco
calor asfáltico de la ciudad. Deambulan por su apartamento en pantalón corto y
sin camisa. Golpean las paredes presos de la ansiedad. Piensan en su futuro
para darse ánimos y maldicen entre dientes los muebles antiguos y los
electrodomésticos agonizantes y abollados que tienen a su disposición. En
momentos de descanso, bajan suspirando en chanclas a comprar algo a la calle; ven
las tertulias políticas de la televisión con aire paternalista, y fuman
apostados en un largo balcón desconchado, observando el paso de los coches y a
la gente por las aceras. No sienten envidia por casi nadie, más bien pena y
cierto rechazo. La amiga matemática llega al piso a veces para tomar café y
hacer tiempo para cualquier otro menester. Ambos la desean entre cafés sin
demasiado ardor y con una pizca de despecho anidando en su interior. Son
felices estudiando, avanzando, aunque algo que está por venir, que crece poco a
poco en ellos, hace que lentamente se detesten. Toda la teoría que amasan y van
colocando en su cerebro conforma la llave que siempre les han mostrado tras la
vitrina, lo que siempre han deseado. Con el tiempo, toda esa masa será también
la base de sus certezas, de su desarrollo profesional. El escudo que absorberá
sin inmutarse los golpes de la realidad y la duda.
El juez y el fiscal, que aún no
saben que lo serán, no sienten más que estupor al observar cigarro en ristre el
triste espectáculo de sus vecinos de enfrente. Mayores, adictos a la televisión,
que nunca está apagada; sin libros ni periódicos, solo folletos publicitarios, floreros,
sillones y figuritas que seguramente huelen a polvo. Y un sofá, en el que se
hunden en pijama. Y unas persianas, que parecen dientes llenos de sarro, que se
levantan cada mañana ruidosas y cansinas, como un largo bostezo.
Pasan las semanas, se acercan los
últimos exámenes. La estudiante de matemáticas, cada vez más distanciada, se
comunica con ellos mediante anodinos y maternales mensajes de whatsapp, y ellos ríen y ni se hablan,
aunque en el fondo sueñan con empapelar algún día al chico con el que ha
comenzado a salir y, en momentos de tensión, con zancadillearse el uno al otro.
Se turnan en las tareas y se proveen de tabaco. Se observan cuando el otro no
mira. Se escapan un rato a algún botellón
ineludible y se muestran distantes, enumerándose los presuntos delitos que
pasan ante sus ojos en voz baja. Por encima de los cafés, a través de los
programas deportivos de radio, miran a los detestables vecinos de enfrente, que
tampoco parecen hablar nunca, siempre masticando y bebiendo algo, siempre con
la boca llena, siempre cambiando de canal, siempre en zapatillas antes de irse
a dormir.
El juez y el fiscal arden en
deseos de estrellar un huevo contra la persiana podrida de enfrente, pero no
terminan de atreverse. Una tarde, mientras el marido la levanta observan un
potente bíceps sobre el que destaca un siniestro tatuaje. Ya con los huevos
colocados cuidadosamente en una cajita sobre la mesilla del balcón, deciden
anular la operación por si, en caso de ser sorprendidos, la acción ajustada a
derecho de las fuerzas de seguridad llega después de la venganza física de
aquel energúmeno televisivo, trabajador manual sin duda embrutecido.
Ese temor los mantiene un par de
días ocultos y pensativos tras el toldo de su balcón. Pero el deseo febril y
acumulado termina por imponerse, así que deciden trazar un plan, no sin antes
sopesar pros y contras y valorar rutas de huida y coartadas. La emoción les
late en la garganta. Llaman a su amiga matemática y a su amigo para que les
acompañen en una breve celebración en casa tras el penúltimo examen. Cuando
llegan les muestran orgullosos y un poco fuera de sí los cartones de huevos,
les comunican su plan y todos actúan con rapidez, respirando superioridad mientras
trasiegan latas de cerveza. Lanzan huevos a víctimas indefensas e inofensivas
elegidas con precisión: un chico que arrastra una moto por la acerca, una
señora mayor que tira de un carrito de la compra, dos obreros, inmigrantes a su
parecer, que salen de un bar. Se contienen ante un tipo trajeado, pero al
observar arrugas en la chaqueta y en el cuello motivadas por el sudor le
arrojan otro. Tras cada lanzamiento se esconden, se echan al suelo riendo, beben
y gesticulan. Los damnificados se detienen en la acera y miran hacia la silenciosa
colmena de balcones. Cuando el semáforo de enfrente se pone en rojo, hacen puntería
sobre algún vehículo modesto justo cuando inicia la marcha, con excelentes
resultados. Para cuando la matemática y su amigo se muestran cansados de la
broma, el juez y el fiscal ya parecen estar completamente desatados. Por los
resquicios del toldo de su balcón proyectan huevos y trozos de plátano sin ton
ni son, y también se divierten estampándolos contra el suelo y los muebles. Dirigen
sus lanzamientos a los coches aparcados, hasta hacer saltar alguna alarma; tiran
sobre cualquier transeúnte; sobre la chica que acaba de salir de un portal; con
inmenso placer sobre la persiana podrida de enfrente, deseando ver aparecer el
tatuaje; y, finalmente, con toda violencia, sobre el coche de policía que se
detiene ante el tumulto de peatones que miran hacia arriba. Después, ante la
perplejidad que paraliza a sus invitados, el juez y el fiscal, que aún no saben
que lo serán, abandonan precipitadamente el piso dejándolos encerrados.
Una vez en la calle, mezclándose
entre el gentío de curiosos y presuntos agredidos, se dirigen educadamente a
los policías que miran hacia arriba y se presentan como inquilinos del 3º C,
mostrando una honda preocupación y gran extrañeza, y ofreciéndose a acompañar a
los agentes de la ley en caso de que vean conveniente echar un vistazo a su
piso, donde habían dejado a unos amigos, una pareja, estudiando. Mientras el
proyecto de fiscal se muestra compungido y colaborador, el futuro juez se
adelanta subrepticiamente para abrir la puerta del piso, instantes antes de que
la policía suba.
26 mayo 2014
JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (15 de 20)
En 1.998 aparece “El apóstol de la lujuria” (Avispa),
con la imagen de la miniatura “Sátiro” del Museo Arqueológico Nacional de
Atenas en la portada. Rubén Mol (ex
de The Amateurs o Los Más Turbados) se sienta a la
batería. Se tiende a las canciones más directas, airadas y endurecidas (“He regresado”, “Saber vivir”). “Un cuchillo que se llama educación” parece un cruce entre “Con la niebla” y un filme de cine negro. Jorge reconoce que escuchó
mucha música de películas antiguas para grabar este disco, y se nota (en las
inapelables “El lobo malo del bosque”
y “El Ángel”, e incluso en el
inspirado chispazo pop de “¡Cuánta belleza!”). “Jesusito de mi vida”
(ojo a la letra) encuentra acomodo en ese sonido grunge que le influyó durante esa etapa, y la irónica “He decidido comportarme”, en referencias más setenteras. “Todos somos traidores” (tema favorito
de Jorge) es el medio tiempo que este suele reservarse: evocador, tenue, fatal.
Curiosa la incorporación del rocanrol “Perjudicial”, inesperada fuga de dos minutos proveniente de 1.981 y
recuperado para la ocasión, que cuela su desparpajo entre este intrincado bosque
de electricidad, aunque se dice que muchas canciones fueron grabadas en las
primeras tomas.
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| Cómic del dibujante Francisco Peña inspirado en el tema "El ángel" de Ilegales |
Pasan cuatro años hasta volver a saber de Jorge musicalmente hablando. A
través de Santo Grial aparece su
segundo directo, “El día que cumplimos veinte años” (2.002). Para celebrar ese aniversario reúne a todos los
músicos que pasaron por Ilegales, salvo Iñigo
Ayestarán (fallecido en 1.988) y David
Alonso, la primera formación del grupo. El concierto se celebra ante quince
mil personas en la plaza de la Catedral de Oviedo, el 9 de septiembre de 2.002.
El sonido es inmejorable, y el grupo, con la definitiva vuelta de Belaustegui a la batería, no puede
estar en mejor forma.
23 mayo 2014
JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (14 de 20)
14. ALTA TENSIÓN Y PALABRAS INCANDESCENTES
Tres años más tarde, en plena travesía del desierto, fichan por Avispa y publican “El corazón es un animal extraño”, ya fuera de toda onda y circuito.
Un disco desigual, pero con momentos a reivindicar ya. Sonido más oscuro y
constreñido, notablemente endurecido y con todo el peso depositado en las
guitarras salvo puntuales y afortunadas emergencias del saxo de Juan Flores (se prescinde de los
teclados). Alejandro Blanco toma el
bajo para no dejarlo ya. El comienzo es fulgurante: “Mi sangre oculta un veneno” es ese tema soberbio que, escrito por
otro, viajaría en las maletas de más de un pinchadiscos a la última en música
negra. Le sigue una extraordinaria revisión de “El loco soy yo” de Los
Bravos, la primera versión que publican oficialmente (no en vano “Black is black” fue el primer disco de
Jorge). El tema que da título al CD abunda en ese espacio de reflexión tan suyo
que es el medio tiempo, esta vez tenso y duro, con sentimientos a flor de piel
y asfixiante coraza grunge, estilo
que destaca en la actitud declamatoria de temas como “La luz de las enfermedades oscuras” o “Lo único que consigo hacer bien es el mal” a la que creo que le sobra toda la parte “rap”. La inspiración aún
resplandece en “Enamorado de la sangre ajena” y, “En el parque de invierno”,
breve e inquietante respiro acústico, nos devuelve al Jorge de lirismo brumoso
y susurrante. Para su autor, aparte de su disco favorito, es el más literario,
y puede que sea cierto. No contiene sus mejores letras, pero todas están muy
trabajadas.
19 mayo 2014
JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (13 de 20)
13. LEJOS DE LA FAUNA
DE SALÓN
Tras un año sabático, la cabeza calva que siempre bulle de proyectos
vuelve, abundando en lo mismo pero apretando más los dientes, con “Regreso al sexo químicamente puro” (Hispavox). En el año de parón Rafa Kas decide cambiar de aires y
vuelve Willy Vijande, para
desaparecer definitivamente después de este disco. Aquí encontramos imparable soul a lo James Brown
para otro irrefrenable fresco callejero en “Drogas duras llenan sepulturas”; riff blindado para “Los chicos desconfían” e inspiración tejana para el blues-rock de “No me gusta el blues”.
“Oración” es de esas canciones que
deberían adorar los mods, pop sesentero de esencias negroides reminiscente de
los Small Faces. Mientras con “El jardín del pecado” se dan el gustazo
jazz-swing, “Dextroanfetamina-No quiero ir a la mili” es una acelerada parodia punk que no pasa de la anécdota, ese
tema que suele sobrar en algunos discos de Ilegales. El psychobilly “El número de la bestia” viaja a lo más
oscuro de los cincuenta, lugar frecuentado por Jorge Martínez. “Regreso al sexo químicamente puro”
continúa la vereda señalada por “Me gusta cómo hueles”: medio tiempo inspirado,
de amable y dulce melodía y despiadado retrato de caída libre. “Algo prepara una emboscada” es rock de serie B inflamable y cortante cual cuchilla. Y el beat desaforado de “No puedo controlarme” es antesala de la
despedida con un corte instrumental de “El jardín del pecado”. Otro caudal de sonidos intemporales apartados de la
actualidad, curiosamente en la década en que por primera vez todas las
miradas se vuelven hacia el Principado con aquello del “Xixon Sound”.
16 mayo 2014
JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (12 de 20)
12. LOS TIEMPOS ESTÁN
CAMBIANDO, ¿Y ESO POR QUÉ?
En 1.990 publican “(A la luz o a
la sombra) Todo está permitido” (Hispavox).
Un trabajo en la línea del anterior, muy rico musicalmente, sobre todo en los ya
habituales arreglos de metales y en una más determinante presencia de órgano.
Composiciones elaboradas y una cuidada ambientación que consiguen salvar
cualquier síntoma de artificio, quizá porque los temas se fueron preparando
durante la gira de “Chicos pálidos…”. Además, en opinión de su autor es la
mejor producción de todas. Aunque los tiempos cambian, la banda no deja de
tocar, y en el concierto final de gira en Madrid se sortea una Harley-Davidson.
Jaime Belaustegui (ex – Los Locos)
sustituye a Lantero en la batería. El blues sigue en el ambiente (la estupenda
“Suena en los clubs un blues secreto”, que parece escapada de otra banda
sonora de jazz noir, o “El Gran Capullo en persona”); “Baila idiota” es rock funk irreprochablemente ejecutado, aunque una letra simplista lo desluce. “Chistes rock en ya menor” remite a los Beatles pre-psicodélicos; y un himno
tan ilegal como “Canción obscena” parece tener a George Martin detrás, vigilante. Rock sin fisuras ofrecen en “Fotos en primera plana” e imparable en
“La virtud”, esta reminiscente de la
primera época, urgente y garajera. “Me gusta cómo hueles” con su introducción de teclados es otro gran medio
tiempo de madurez compositiva, con regusto final amargo y destacable letra, seguido
de “Todo está permitido”, nocturno y
sigiloso, con sus detalles latinos. El disco se cierra con “Despierta en el planeta diario” otra
inmersión en aguas Pinkfloydianas.
Vuelven a convivir procacidad, humor, crónicas vitales, crónicas nocturnas,
proclamas y frases memorables.
En general, el período 88-90 resultó excitante en sonidos y aparición de
nuevas propuestas, en algunos casos de capital importancia. Tiempo de cambios,
que profundizarán en la década que comienza, ávida de trascender lo
inmediatamente anterior, abierta al ruido, a una nueva actitud, tan real y
vivificante como huera, según los casos, siempre obligada a la experimentación
y el riesgo. Es la culminación del proceso iniciado en la segunda mitad de los
ochenta, imponiendo nuevas influencias y referencias. Noise, Grunge, sonido Madchester, y demás mutaciones del pop
constituirán la conformación definitiva del caldo de cultivo Indie. Por estos lares, además, los
restos de la década anterior que no se han convertido en superventas son
condenados al olvido o tratados con desprecio o paternalismo sonrojantes; pocos
son los reivindicados. Los Ilegales son de esa época y ya hace tiempo que
dejaron de ser excitantes al no adaptarse a los nuevos parámetros. Jorge sigue su camino, como siempre, ofreciendo
algunas composiciones a un nivel altísimo y un sonido estupendo, corpulento.
14 mayo 2014
HUELE A CÍRCULO CERRADO
Puede que mostrarse abiertamente
en contra de la muerte a tiros de alguien en la calle - teniendo en cuenta que se
trataba de una mujer dedicada a la política, que era de un partido de derechas,
ostentaba innumerables cargos y daba la impresión de practicar alegremente el
nepotismo y el abuso de poder tan ampliamente asumidos por nuestra cultura-,
tenga un matiz excesivamente conservador, acaso melifluo, en esta España
bizarra y delirante que por minutos nos sorprende más. Arriesgándome a pecar de
eso, debo decir que el asesinato en León de Isabel Carrasco, presidenta de la Diputación de esa provincia, me
ha helado la sangre. Por lo visto, su asesina era miembro del mismo partido, y
el móvil responde a cuestiones personales, no sé hasta qué punto relacionadas
con su forma de actuar en política.
Lo sé, lo sé, en los tiempos que
corren, los que tratan de poner paz o al menos cierta mesura son rápidamente
calificados de cobardes o caricaturizados de blandengues y comodones. Puedes
ser visto como un pesado que le habla a las olas durante el temporal, evitando
mojarse los pies, o tal que un árbitro despistado que corre por el patio del
recreo, silbato en ristre, manoteando y pitando sin causar ningún efecto,
mientras todos se insultan, zahieren y pelean; gallardos y orgullos de su
legitimidad y compromiso, de defender con ahínco y valentía sus inamovibles
posiciones. Malos tiempos, cuando los depósitos de odio están tan llenos. Incluso
desde un punto de vista eminentemente práctico, no creo que las reacciones
violentas provocadas o apoyadas por los caudales de odio que circulan a nuestro
alrededor, aporten finalmente resultados positivos para el bien común.
Soluciones firmes a problemas tan enquistados de convivencia.
Y es que, convivir no es solo
dejar vivir, tolerarse. Convivir es actuar con la debida responsabilidad en los
actos de la vida; constituir de una vez ese avance armónico basado en unos
escrupulosos respeto y asunción de los derechos y obligaciones, mediante el
cual poder ser un trabajador rentable sin morir en el tajo o cobrar una
miseria, o ser un empresario imaginativo y ambicioso, pero también decente, un
usuario comedido o un político activo y honesto.
Da la impresión de que quien se
opone por principio al uso de la fuerza, al hecho de tomarse la justicia por su
mano, colabora activamente al mantenimiento de los privilegios de la casta
política. Y esto de casta sí es algo que ellos se han ganado a pulso con el
mayor de los descaros. Vivimos una sensación de círculo cerrado, de ambiente
viciado, irrespirable. Los mensajes se estrellan mustios contra nuestros oídos,
cada vez más parecidos a un muro ante los que resbala esa constante y acuosa
salsa de mentiras y excusas vanas. No se ven luces fiables al final del camino
porque el camino parece haber terminado y la fiabilidad de los políticos está
bajo mínimos, algo perfectamente demostrable. La desesperación está motivada
por eso mismo. Las cosas están mal y nadie parece de fiar, los discursos suenan
manidos, plomizos, imposibles de cambiar con algún tinte de verosimilitud; los
silencios huelen, los bancos y los poderosos de siempre manosean sin ninguna
fuerza moral que los ponga en su lugar desde los poderes públicos. La sociedad
se rompe en jirones y maldice a la vez que boquea.
Esta mañana, en la cafetería,
mientras iban apareciendo en la televisión más datos sobre el trágico suceso,
una señora me ha mirado diciendo: “Yo no me meto en estas cosas”. En ese
momento sentí una sacudida en todo el cuerpo; ha sido, sin duda, la frase que
más me ha impactado de entre todas las que he tenido la triste suerte de leer y
escuchar desde ayer. ¿Qué empuja a una persona normal a evitar pronunciarse
sobre el asesinato a sangre fría de un político, en este caso del PP? Hasta no
hace demasiado tiempo, un hecho así hubiese erizado la piel de cualquiera. Lo
razonable parecía ser que, ante la presencia de un político a todas luces
corrupto, que la oposición, los medios de comunicación o incluso los ciudadanos,
denunciasen su actitud, horadasen así su credibilidad, mostrasen su verdadera
cara, forzaran su dimisión; no esperar a que le disparen en la calle para
acusarlo veladamente de tenérselo merecido. Más allá del hecho de aplaudir o
mostrarse comprensivo con un asesinato hay algo larvado mucho más peligroso: la
sensación, cada vez más extendida por lo que veo, de que la única forma real de
que determinados sectores paguen de verdad sus excesos y desmanes sea con la
muerte o al menos tomándose cada cual la justicia por su mano. Es, sin duda, el
camino más corto hacia la barbarie.
Las redes sociales, esa múltiple
voz de la sociedad, ese avance armónico real constituido ya como subconsciente eternamente
crispado del pueblo español, es capaz de dejar en pañales la maquinaria de
manipulación que el político más experto y maquiavélico jamás se hubiera atrevido
a soñar; solo que, de heterogénea, dispara bilis inmediata en todas
direcciones. Practica el “y tú más” con más pasión que ningún político
chusquero, oculta subrepticiamente determinadas realidades o carga las tintas
sobre cualquier nimiedad que convenga a los intereses que defiende, con más
denuedo en ocasiones que los propios. Lugar ideal para desatar el morbo; lanzar
piedras entre el cierto anonimato del tumulto, pero para que te vean bien y se regodeen
los que te rodean; para hace bromas crueles matizadas (o no) de ironía y
procacidad, tratar de parecer justiciero, ideológicamente puro o desembalar
todo el cinismo que en la vida permanece en el armario. Lo único bueno es que
aún no está totalmente domada: las huestes de diversos bandos se cruzan y a veces
anulan con sus improperios, aunque en ocasiones la sensación de mezquindad se
puede recoger con los dedos.
Las acusaciones que apuntaron
inicial y apresuradamente a sectores opuestos o enfrentados a las políticas del
Gobierno, como desencadenantes de los hechos, denotan una mezquindad
nauseabunda. Aprovechan de la misma manera el suceso para alimentar sus
posiciones. Algo totalmente infame.
Así pues, muchos son los arribistas
que tratan de pescar en el río revuelto de ese cadáver tiroteado en un puente;
pero algo me dice que más de un bocazas, espoleado por la fiebre electoralista
de alimentar el odio de los suyos, o de los que cree suyos, en vez de tratar de
aportar a la situación un poco de buen juicio, va a patinar un poco después de
hoy.
12 mayo 2014
JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (11 de 20)
11. LA MÁQUINA SUENA BIEN CUANDO RESPIRA
En 1.988 salió al mercado “Chicos pálidos para la máquina”, esta vez con Hispavox. La popularidad declina (aún recuerdo, en la época, a un Ordovás entristecido en el Diario Pop anunciando: “Ilegales, entre la fama y el malditismo”) y los cambios se suceden, Alfonso Lantero (que venía de clavar los ritmos en The Nativos) entra definitivamente en lugar de David Alonso a la batería. Willy Vijande, que aún se lamenta de todo el rock que perdieron al dar el paso hacia el sonido de este elepé, dejará la banda al poco de grabarlo, expulsado finalmente por su adicción. Alejandro Felgueroso lo sustituye, y a mitad de la gira hace lo propio con él Rafa “Nenuco” Kas. Se inicia una etapa que durará otros dos álbumes (período 1.988-1.992). Jorge Martínez aparca el tiralíneas de su trío, ampliando la formación a quinteto con la incorporación de Juan Flores (“El Hombre-Lobo de Mieres”) al saxo y Antolín de
Los
Ilegales traviesos y directos se asoman más sonrientes que amenazantes en “Un marciano” (que parece el reverso
gamberro del “Guru Zakun kin kon” de
Vainica Doble) y “Tengo una rana metida en una lata”,
cuya letra y descarga de guitarra, doy fe, divierte a algunos niños pequeños. “Chicos pálidos para la máquina” suena
inflamada y álgida, con ese pesado fondo de órgano teatral y tenebroso. Ganan
terreno canciones de madura y sugestiva elaboración, con espacios para el
silencio, como “Cara al peligro”, “Ángel exterminador” (por fin le llegó su momento, resultando posteriormente la más popular del disco), o “En el pasado” (Gilmour asomando la cabeza de nuevo). En los textos se matiza la
dureza (que ni mucho menos desaparece), y ganan terreno la reflexión pausada, el humor
negro, lo alucinatorio y onírico, así como cierto surrealismo. Sobrados de
repertorio, se permiten publicar un single (que Discoplay regalaba con la
compra del elepé) con dos joyas del calibre de “Con la niebla” y “Acabaremos mal”.
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