Fue en el centro de una capital europea, la
fachada de un teatro lucía majestuosa, perfectamente iluminada. Paco respiró
hondo y apretó la mano de su pareja. Una vez dentro del restaurante, tras
finalizar su paseo, hubo de encerrarse en el baño para gritar su emoción ante
el aguijonazo de una gran idea. De vuelta a España fue creciendo kilómetro a
kilómetro hasta llegar a su pueblo siendo su alcalde y un político de renombre
provincial, dejando atrás al pequeño turista sonriente. La idea consistía en
construir un gran teatro en su localidad, a pesar de contar ésta con poco más
de mil habitantes. Convenció durante un almuerzo a sus concejales y otros
jerifaltes del partido, y el proyecto se fue concretando en sucesivos ágapes.
La fachada era su obsesión, imponente, gloriosa; toda una aparición de belleza
clásica a dos calles de la carretera general y la gasolinera. Una vez tuvieron
los distintos presupuestos en sus manos, calcularon el momento de inicio de las
obras para que terminasen con el tiempo justo para inaugurar el teatro antes de
la fecha de convocatoria de elecciones. Sin embargo, durante el proceso, a Paco
comenzaron a presionarle desde altas esferas por todas las cosas que el partido
rival construía en la poblaciones cercanas, así que, ni corto ni perezoso, puso
otra gran idea sobre el mantel del restaurante en un almuerzo del partido: El
Teatro Más Grande del Mundo. Como había dinero y las obras iban a un ritmo rapidísimo,
Paco consiguió aumentar el proyecto y multiplicar las licitaciones con la
inclusión en el mismo complejo de dos pistas de paddle y una de fútbol sala, un gimnasio, un restaurante, un centro
de interpretación de la cultura ancestral del pueblo, dos plantas de
aparcamientos en los sótanos, y un coqueto hotel de cinco estrellas que
realzase el aspecto rural y diferencial de la zona. Todo contenido en la grandeza
de la luminosa fachada, por supuesto. Un par de años después, los analistas
llegaron a la conclusión de que los habitantes de aquel pueblo habían vivido
muy por encima de sus posibilidades.
Mostrando entradas con la etiqueta burbuja inmobiliaria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta burbuja inmobiliaria. Mostrar todas las entradas
16 noviembre 2012
EL TEATRO MÁS GRANDE DEL MUNDO
09 noviembre 2012
UNA HABITACIÓN CON VISTAS
No admitiré más fotos, estoy harto de que los
del pueblo seamos la atracción de todos esos turistas extranjeros o procedentes
de ciudades españolas que parecen turistas extranjeros, con ese aire que se dan
de no haber pisado un pueblo en su vida. Estoy harto de sus autobuses y de los
guías buscavidas que llaman a mi puerta a cualquier hora. De sus preguntas
absurdas y risitas. De sus monedas de cincuenta céntimos o un euro sobre el ataúd.
Al principio tuvo gracia: unas fotos, los periódicos, algunos reporteros de
televisión, etc. Pero ya no. Todos nos machacaban con aquello de que teníamos
que crear riqueza por nosotros mismos, nos amenazaban con retirar toda ayuda o
subvención, los medios paseaban las fotos de los más desdentados y las
viviendas más ruinosas por todo el mundo. Por eso un día, Pedro, el alcalde,
que vive en la ciudad, nos reunió a los trescientos cuarenta y ocho vecinos que
quedamos para hablarnos de las vistas del cementerio, de su situación
privilegiada en lo alto del monte, algo único a nivel mundial, decía; de lo
incómodo del acceso, de que estamos todos cada vez más mayores, de que la vejez
es inexorable; de ecología, de economía sostenida y más cosas. Total, que nos
convenció para cambiar el cementerio de sitio y que en su lugar construyesen
unos apartamentos de los que por ahora sólo se ve la estructura de hormigón a
medio hacer. Después de derruir a todo correr el muro encalado y los tejados, destruir
los nichos y arrancar los cipreses, que bien altos estaban, ya no se ve
movimiento alguno. La cosa es que Pedro, un par de días antes de comenzar las
obras, nos volvió a reunir para decirnos que faltaban unos permisos o no sé
qué, y que ese cementerio reluciente y amplio que nos iba a construir la
promotora en menos de una semana aquí cerquita, en el antiguo campo de fútbol,
se iba a retrasar unos días. Así qué, tuvimos que guardar provisionalmente los
restos de nuestros muertos en nuestras cocheras y patios. Y ahora van pasando
los meses y nada. Excusas, promesas, que si crisis, que si ERE, que si bancos,
que si la Administración Central, y mientras, nosotros rezando para no morirnos
en estas condiciones y creando riqueza por nosotros mismos dejándonos
fotografiar junto a los féretros con el traje típico puesto y una sonrisa.
Publicado en el nº140 de la revista de humor on line "El Estafador", dedicado a los cementerios.
Suscribirse a:
Entradas
(
Atom
)