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26 febrero 2013

EL FIN DE LA CRISIS


A la mañana siguiente de que el Presidente del Gobierno apareciese en televisión dando formalmente la crisis por terminada, rodearon la manzana durante quince minutos hasta conseguir aparcar la envejecida furgoneta bajo la lluvia. Después entraron en la sucursal bancaria algo cansados, serios y cautelosos, sin rozarse siquiera. Ella iba unos pasos por delante, completamente ajena a su acompañante,  sin compartir el paraguas, cosa que a él no parecía importarle. Tras el amplio ventanal se les podía ver escuchando en silencio y con leves asentimientos las explicaciones de un chico joven trajeado que se acariciaba la corbata mientras sonreía, y se ponía muy serio cuando buscaba datos en el ordenador o miraba de reojo los gestos de su compañero de mesa. Ella parecía preguntar tímidamente de vez en cuando, a lo que el trajeado respondía cabeceando y sonriendo como un bobo en dirección a él.
 
 
Tras firmar incontables papeles salieron, quince minutos más tarde, llevando entre los dos, codo con codo,  una tele de plasma bajo la lluvia. Cada uno la cogía de un lado, él de la parte de abajo, ella de más arriba, avanzando como podía. Él guiaba la operación vociferando y del brazo de ella colgaba el paraguas, imposible de usar en esas condiciones. El encorbatado los acompañó solícito a la salida y les abrió la puerta con decisión, pero al comprobar el cariz de la lluvia que caía, escondió el brazo y les dijo adiós con la mano, como si fuesen a iniciar un largo viaje.

18 enero 2013

PATERAS


“Hola hijo, a tu madre y a mí nos hizo muy feliz tu correo del otro día, ya que sabemos que siempre andas muy ocupado. Es estupendo que te vayan tan bien las cosas en el estudio de arquitectura, y a tu esposa en su empleo, que no recuerdo ahora en qué consistía, y que todo funcione tan maravillosamente bien por allí. Ojalá podáis venir esta vez a pasar unos días en Navidad. Tus hermanos tienen ganas de saludaros y nosotros de ver a los niños. Dile a Antje, tu esposa, que no tema por su seguridad, que las cosas están mal, pero que aún podemos pasear por el pueblo sin que nos asalten, y que de los contenedores de basura no salen hombres harapientos armados. Por otra parte, en el restaurante de la carretera se come bastante bien. Tu hermano estuvo el otro día en un almuerzo con los compañeros y me dijo que los trataron muy bien, y que os explique que nadie fuma en ellos saltándose la ley. Respecto de la situación general, he de decirte que ha descendido bastante la inmigración, ya no llegan tantas pateras. Me acordé de ti al leer el dato, y de cuánto te inquietaba la llegada masiva de inmigrantes. Pedro, el hijo de Manolo, el del taller, acaba de terminar la carrera. Me ha dicho que le gustaría hablar contigo si vienes para que le asesores. A él también le gustaría ir a Alemania. Todos por aquí agradecen lo que hiciste por sus hijos, y están contentos de que muchos del pueblo estéis en la misma ciudad. Tú, Jaime de camarero, el hijo de Pepe en la construcción, la hija de María de enfermera y los demás. La mayoría estarán aquí para las fiestas. Bueno, no te entretengo más, me despido esperando tu respuesta. Un abrazo mío y de tu madre para ti, Antje, y los niños, Edwina y Nobert.”



Publicado en el nº149 de la revista de humor on line "El Estafador", dedicado a "Pateras de españoles".