31 marzo 2009

LAGARTIJA NICK: CASO ABIERTO (II)

Continúa lloviendo. Alguien subido a un banco trata de imponerse al barullo de la discusión que se extiende en una pequeña plaza, y proclama, espoleado por el alcohol, que un proyecto como Lagartija Nick no podía terminar mediante una vulgar separación o cese de actividad. Sería muy complicado detener el flujo de energía, explica. Sólo podrían parar volatilizándose, desapareciendo de la faz de la tierra para esparcir toda esa energía por el Universo. “Sin fin”, apuntan desde el fondo.
La televisión repite la imagen del interior del libreto de su cd “Lagartija Nick” y, sobre todo, las de “Val del Omar”, tomadas como algo premonitorio, el mensaje previo a “una dulce espera que algún día tendría su culminación”, según una presentadora rubia.
La radio pincha canciones de “Lagartija Nick” a volumen imposible, subrayando la separación del repertorio en “Durante el lanzamiento”, “En el espacio” y “Regreso a la tierra”. Vuelven aquellas historias de los vecinos, que se empujan ante los micrófonos de los reporteros, sobre un enorme artilugio que atravesó el cielo en un instante; otros declaran haber visto al cantante del grupo pataleando mientras unos dedos gigantes se lo llevaban velozmente. En cada esquina se pueden observar bajo la lluvia pequeños grupos que señalan extraños movimientos de estrellas que nadie creerá en unas horas. Un programa de la tarde ha emitido repetidas veces un corte radiofónico antiguo donde Antonio Arias declara en una radio que La Alhambra es una nave espacial. El rumor es un fragor creciente. Adolescentes dicen oír canciones desconocidas del grupo dentro de sus cabezas.
El Teletipo de la Verdad suministra bajo la pantalla de la televisión noticias cortas sobre Lagartija Nick. (““Hipnosis” se grabó en 59 horas”), (“En la letra de “Newton” aparecen fragmentos inspirados por el astronauta español Pedro Duque”), (“”Omega” superó las cincuenta mil copias vendidas en su día”), (“El astrofísico José A. Caballero ayudó al grupo con la portada de “El Shock de Leia””), (“La discográfica Sony ni siquiera se dignó a hacerse cargo de las mezclas de “Val del Omar””)...


Supongo que la conocida inquietud de Morente y la pasión por el riesgo de Arias facilitaron la sucesión de acontecimientos que dieron lugar a la aparición de ese trabajo, fruto de dos proyectos paralelos que terminan confluyendo (el de Morente de adaptar temas de Leonard Cohen y uno de Lagartija Nick sobre Lorca, -Antonio Arias y su cerebro batiente-); que abrió y, dada su excelencia, cerró a la vez su propio camino creativo. No creo que sea la manera definitiva de mezclar flamenco y rock (eso aún tiene mucho margen de definición), pero sí una opción sonora completamente nueva. No reconcilia nada, no mezcla ni hace convivir, simplemente crea algo nuevo, a partir de la emoción e intensidad puestas en todo un proceso vivido en una burbuja creativa sin concesiones ni miedos. Una creación artística indeleble, ajena a la erosión del tiempo y con el magnetismo intacto, que casi siempre ha estado de gira, revitalizada en 2.008 con la compra de los derechos del disco por parte de Enrique Morente y su remasterización en Nueva York de la mano de Alan Silverman. Y con una segunda parte eternamente pendiente.


Omega” (El Europeo, 1.996), incluye revisiones del repertorio de Leonard Cohen y adaptaciones de “Poeta en Nueva York” de Federico García Lorca. Recuerdo que muchos medios comenzaron inopinadamente a referirse a Lagartija Nick como grupo de Thrash-metal, incluso en “Lo más Plus”, con Arias asintiendo e imagino que tomando nota para el futuro inmediato. El disco terminó consagrado como un hito de la World Music, qué le vamos a hacer. Lagartija Nick aceptaron una posición secundaria, pero su presencia es crucial y aporta la mayor parte de las cosas que hacen de éste un trabajo único. Aparecen en seis temas (menos de la mitad) y participan en la composición de cuatro. Inolvidables, como la construcción compleja y atrevida de "Omega”, creando un espacio sonoro denso y onírico; con la batería de Eric ejecutando una base percusiva a partir del ritmo procesional de la Semana Santa (esa misma batería que cuando comenzaba a sonar en las presentaciones conseguía que mucha gente abandonara sus localidades), para acompañar a Morente cantando saeta; y rompiendo en el último tercio en aceradas guitarras que flanquean la percusión única de las palmas. O “Vuelta de paseo”, en la que, tras un inicio plácido con la guitarra de Cañizares, irrumpe el telón eléctrico espoleado por la batería lanzando picotazos, envolviendo y apropiándose del tema con coros fantasmagóricos, compartiendo sus ráfagas con la guitarra flamenca. O “Ciudad sin sueño”, su participación más subrayable: dueños y señores de la instrumentación, crean una atmósfera tan sugerente como inquietante y oscura que, sosteniendo en un aire lóbrego la voz de morente, con la presión del bajo distorsionado y la batería y percusión se dirige a lo enervante y amenazante, con las guitarras tomando más cuerpo que nunca y los miembros del grupo colaborando al pandemónium del crescendo final recitando el poema de Lorca.


El Noticiario de la Verdad abre con esta noticia: “Expertos de todo el mundo diseccionan las letras de canciones como “Estratosfera” para desentrañar el enigma”. La información sale de la radio situada en el centro de cada habitación, ya que la televisión ofrece únicamente entretenimiento, venta e imágenes mudas. Sólo La Tertulia de la Verdad es retransmitida a la vez por ambos medios. En una habitación circular seis tertulianos moderados por una voz en off, dirigen la opinión. Uno de ellos, con barba y gafas colgando del cuello y golpeando sobre su vientre, sostiene que la carrera de Lagartija Nick no ha sido sino una preparación para el supremo momento de una abducción consentida y largamente esperada. ¡¡ Lo de la grabación de un vídeo ha sido sólo una excusa, una patraña!! Se excita por momentos y se balancea en el alto taburete donde está sentado, rozando casi el techo con la cabeza. Algunos papeles y recortes de prensa se le caen y rápidamente un asistente trepa por la patas del asiento para devolvérselos. El contertulio situado enfrente asiente sonriente elevando calmosamente la mano para pedir la palabra, una vez la posee, subraya pomposamente que tal como decía Uwe Lausen de los situacionistas, que no eran cosmopolitas, sino cosmonautas, Lagartija Nick han hecho ese recorrido abandonando definitivamente el espacio urbano por el exterior. Tal paralelismo sorprendió y arrancó los aplausos tanto del resto de los contertulios como de sus sufridos asistentes. Esta teoría tomará con toda seguridad las ondas en los días siguientes, hasta que el misterio vuelva a aplazarse. Un adivino, un astronauta retirado y una actriz en tanga dorado trazan en una pizarra palabras extraídas de letras del grupo que pueden darnos la clave: “Leia”, “Space”, “astro”, “órbita”, “Universo”, “estratosfera” o “Júpiter”; frases como “Eternamente en vuelo”, “En otro cosmos, sin luz ni sonido”, “He abierto tu puerta, saluda al intruso” o “Going to Mars”. El público aplaude puesto en pie el politono de “20 versiones”.


Jack Kerouac alude a la necesidad de “escribir con excitación, a toda prisa, hasta sentir calambres, de acuerdo con las leyes del orgasmo”, y también recomienda encarecidamente “escribid para vuestra felicidad personal”. Esa excitación de la espontaneidad, ese basar la creatividad en sus propias obsesiones o querencias personales, las he visto muy presentes en Antonio Arias y siempre han contado con mi admiración. Creador insomne y arrebatado fue incandescente hilo conductor entre las experiencias e influencias que captaba del mundo que le rodeaba y su trabajo, donde quedaban vertiginosamente volcadas. Hizo de su carrera una pequeña nave espacial reluctante a presiones externas de cualquier tipo, por lo que pienso que nunca terminó de ser lo que la gente quería de él en cada momento, en cada etapa. Hay quien sostiene que Lagartija Nick murió tras “Omega”, no es así, pero bien es cierto que nada volvió a ser igual, de ninguna manera podría serlo. Tras la experiencia de participar en un proceso creativo de tal calado, volcándose alrededor de una idea, creo que a Arias se le hizo imposible volver a la composición al uso, a la colección de canciones, por más que sus discos siempre terminaran conformando un entramado conceptual.


Ese placer de investigar, de abundar en un proyecto concreto, tomó una dimensión definitiva con la figura de José Val Del Omar, extraordinario personaje, creador integral: artista, investigador, cineasta e inventor granadino contemporáneo de Lorca y fallecido en 1.982; padre de técnicas absolutamente innovadoras como el zoom o el sonido diafónico y rupturistas como el “desbordamiento apanorámico de la imagen” o el concepto de “visión táctil”. La conexión era inevitable, sólo Arias y los suyos podían acercarse con la suficiente sensibilidad y tino a este espíritu singular. La aventura de “Omega” se había saldado por el lado negativo con la deserción de Eric, desde mediados de 1.997 baterista de Los Planetas. Su baja es suplida por José Antonio Quesada, y su doble bombo procedente del thrash-metal.
La adaptación de los textos de Val Del Omar, la conversión en sonido de sus visiones, se aborda con una vocación sonora netamente experimental, basada en el trabajo con texturas de sintetizadores y samples, combinados con rock industrial y metal pesado para las guitarras. La expresividad eléctrica anterior, la urgencia punk, quedaban enterrados en un trance de inercia rítmica electrónica estimulada por el dinamismo y posibilidades que ofrecen los textos. Un brusco giro sonoro que, al menos en el contexto de “Val Del Omar” (Sony, 1.998), me pareció muy acertado, incluso revelador. Producido por primera vez por la propia banda, M.A.R. Pareja, además de guitarrista sideral de solos endiablados, es el responsable de sintetizadores y programaciones y autor de la mayoría de las músicas, incluida la de “Énfasis”, oasis entre la metalurgia, un medio tiempo gaseoso que cuenta con la balsámica guitarra acústica de Juan Codorníu. Algo similar al quieto desasosiego de “Respiro en Nueva York”, breve y con un acertado acompañamiento. Por su parte, “Yo día y orden” y “Táctil-visión” parecen los Lagartija de antaño sometidos a la nueva centrifugación; y la descarga de “Celeste”, con la colaboración de Morente, una continuación del espíritu “Omega” celebrado exclusivamente en terreno del grupo. En plena gira de este álbum saldrían de la banda Codorníu y Pareja.


La idea global y el concepto se mantuvieron posteriormente, en etapas que se me antojan difíciles para la banda, con idas y venidas de personal, conflictos y una cada vez mayor incomprensión del público. Pienso que en esos años Antonio Arias se empachó de conceptualismo, pero al menos no engañó a nadie; eligió un camino, una senda de creación, investigación y conocimiento de desiguales resultados. Los discos de la etapa 98-01, dejan una impresión de blindaje sonoro y espacios que se angostan en vez de abrirse; la mecanización termina por limitarlos y convertirlos en previsibles.


Tiempos raros, tiempos de cambios: con la formación original pulverizada, Arias recluta músicos prestigiosos de Granada, procedentes del metal, Paco Luque como única guitarra y David Fernández a la batería, y se hace acompañar de su hermano Ángel (ese gran fan de Esplendor Geométrico) en las programaciones y demás maquinitas. Se acaba la controvertida relación con Sony y aparece Zero, donde publican en 2.000 “Lagartija Nick”. Producido por Pablo Iglesias y la propia banda es un trabajo opaco que abunda en los sonidos metálicos, dirección única y obstinada basada en un trenzado rítmico de alta tensión y un sonido inflamado y oscuro, inyectado de metal. Las descargas de guitarras de Paco Luque y la presencia de Ángel Arias, determinan un sonido tozudo pleno de programaciones, loops y secuenciadores, base de textos telegrafiados en una ambientación ingrávida. “Ondas de Fluencia” con letra de Val Del Omar, aún sobrevive en su repertorio de directo; destacando además temas como “Mar de la tranquilidad”, bella, oscura y sin gravedad, “Azora 67”, que incluye frases del Corán y recovecos siempre de agradecer o “No somos máquinas”, anhelo frío y electrónico desde la soledad de un agujero negro. Los temas aparecen firmados por toda la banda por primera y única vez.


A la altura de 2.001, Lagartija es considerado prácticamente un grupo de metal. Ese año aparece “Ulterior”, que trae como principales novedades la vuelta momentánea de M.A.R. Pareja, de nuevo autor de la mayoría de las músicas, y la incorporación de Lorena Enjuto (para apuntalar el ya célebre doble bajo), procedente de la formación madrileña Ratioactive. Planteado como una incursión techno, plagada de máquinas, antes de entrar a grabar se decide hacerlo sin ellas. El resultado es una mecanización de tracción manual pero suficientemente fría, que muta en otro disco metálico. En definitiva, el tercero de similares características, persistiendo el sonido árido, sin aportar nada nuevo y con signos de agotamiento. Aún así, no se pierde el tiempo sumergiéndose en su mundo de textos inquietantes y crípticos, como una oscuridad expansiva, tan reflexivos como anhelantes; algo apocalípticos. “Himno a la materia” se inicia cadenciosa, internando la guitarra en una bruma metálica para acompañar un texto del pensador y jesuita francés Pierre Teilhard de Chardin. La influencia del padre de los conceptos de cosmogénesis y noosfera viene de Val Del Omar, siempre tan presente. “Asesinos” es un guiño a Rimbaud, mientras “Emergencia” se articula por etapas: desperezándose con su entrada psicodélica, abordando la descarga metalera de rigor, su breve reconcentrado de guitarra wha-wha y enfrentando su latigazo de liberador estribillo punk, que otorga carta de naturaleza al tema. “Intensidad” con sus percusiones, guitarras de alto octanaje y bajo jazzy, me recuerda a la época de “Su”, pero mucho más plana. “Dos”, descarga más cerca del hardcore, y “Decadencia” son los nueve minutos más estimulantes para mí musicalmente del disco, para nada plomizos: posee un riff básico de guitarra que realmente levanta la canción ayudándola a volar, y su parte final suena a un añejo encuentro entre los Stones y los Stooges. La intrigante “Cielo Ulterior”, conecta con la candencia inicial del disco.


Otros proyectos quedaron sin plasmación discográfica por diversos motivos, como el dedicado a los Libros Plúmbeos del Sacromonte o a “La Guerra de los Mundos”, ambicioso plan de asalto pergeñado tras “Ulterior” que parte de la fiel traslación del disco de Jeff Wayne de 1.978. Fue presentado en Granada en un par de ocasiones y quedó pendiente de editar por problemas de derechos. Ofrecido a Sony tras “Val Del Omar”, no es difícil imaginar el gesto de incredulidad de aquellos tipos. Todo esto les llevó a una situación de hastío que invitaba a tomar otra dirección, así de simple. Siguiendo el principio de “escribid para vuestra felicidad personal”, retomaron la ilusión por la composición, por la canción en sí y valoraron convenientemente todo el calado y grandeza que pueden contener sus breves minutos de duración. Desapareció la gravedad y el rostro de la Lagartija pareció distenderse. Un disco de Lagartija Nick pensado para seguidores tras “Omega” hubiese sido un fraude, algo en lo que Arias no hubiese creído, aunque le hubiera reportado con seguridad mejores réditos comerciales. Lo mismo que seguir por el camino de la introspección temática hubiese sido un error, probablemente por no contar ya con la ilusión o la frescura necesarias para permanecer en un camino al que habían dedicado siete años de su vida como grupo.

30 marzo 2009

LAGARTIJA NICK: CASO ABIERTO (I)

“El grupo de rock granadino Lagartija Nick desapareció la pasada noche sin dejar rastro”. Así empezó todo. Una fría noche invernal de 2.009, hace demasiados años ya, pero que aún recuerdo vívidamente. Hoy se celebra un nuevo aniversario de aquel día lleno de misterio y preguntas sin respuesta y, lejos de caer en el olvido o en el inframundo de los misterios sin resolver, se ha convertido en una fecha señalada, un día de celebración de lo desconocido, fecha de referencia para los imposibles. El día en que el vacío nos visitó por primera vez y por un solo segundo. Los hechos: la banda volvió a la Alhambra la noche del 20 de febrero de 2.009, casi once años después de su visita nocturna para las fotos del libreto de “Val Del Omar”; el motivo esgrimido era grabar algo, pero nadie se pone de acuerdo acerca de qué: unos dicen un vídeo, otros una canción, otros captación de ruidos, alguno, incluso, lectura de poesía automática. La cuestión es que nadie los volvió a ver. Ascendieron al monumento cargados de material y no bajaron, sólo dejaron como recuerdo mudo de aquel día un coche vacío. Ninguna de las personas que permanecían en el lugar escuchó ni vio nada fuera de lo habitual. Sólo un leve zumbido en unos casos, llegaron a declarar algunos, o un breve destello en otros.


Esta noche, desde el habitáculo de mi pequeña emisora de radio observo ventanas parpadeantes por el trasiego nervioso de siluetas dentro de los pisos; veo a un tipo que trata de romper la monotonía antes de hundirse en ella narrando las andanzas de Lagartija Nick y chillando algunas de sus canciones, emergido del techo de una furgoneta vieja y gris, megáfono en mano. El conductor apenas frena en las curvas mientras la lluvia cae empapándolo todo, siendo el sudor de la oscuridad en una noche de metálico frío, y matizando su silencio con un sonido antiguo, como de recuerdos que se contraponen. Mientras, un chico espera impaciente para cruzar la calle con una camiseta en la que se puede leer “El mundo del rock es un trampolín para los mediocres”. En una pared de la catedral sé que alguien ha escrito apresuradamente “Donde nunca ha llegado el amor, llegará la policía”.


Este aniversario lo celebro, como cada año, con una sensación extraña que me agarra el estómago mientras hablo con vosotros, mis escasos y desconocidos oyentes; de fondo se oye la reedición en vinilo de “Inercia”, publicada un año antes de la fatídica fecha. Cuando me hice con ella y la volví a escuchar tranquilamente pensé que era una obra maestra y así llegué a escribirlo; es curioso, en su día no recuerdo haber llegado a una conclusión tan contundente. Un disco que quiso ser instantáneo y finalmente logró vencer al tiempo. Rememoro el principio de todo: el nombre (sacado de un tema de Bauhaus, tras manejar otros menos inspirados como Las Moscas o Clan) que comienza a correr de boca en boca; la presencia, ya mítica en aquellos años, de Eric Jiménez a la batería; los constantes rumores, la expectación, las idas y venidas de Arias de 091, la formación de trío con un melenudo Juan Codorníu, la desesperante espera de una actuación en el granadino Paseo del Salón, o la aparición en el recopilatorio GRX (no especialmente destacable). Y, poco después (ya con M.A.R. Pareja en la otra guitarra), la advertencia de un amigo, sorprendentemente avisado: “atento a lo que están haciendo Lagartija Nick”. Y los singles, tres que fui comprando antes de enfrentarme al elepé debut, que presentaban temas que crujían, una apuesta turbadora que, con sus deudas más o menos patentes, no remitían directamente a nadie y mostraban una firme aspiración de trascender; dejándome la sensación de estar ante algo nuevo. Un proyecto en ciernes vibrante, directo e impactante, que creció poderosamente desde un envoltorio after-punk que nunca desapareció del todo; era la germinación inesperada de la semilla de T.N.T. Antonio Arias, su líder, venía de una banda consolidada, 091, y no pocos consideraron su decisión de abandonarla demasiado arriesgada, un error que iba a pagar caro. El tiempo no tardó en demostrar que Arias debía salir de ahí y volar solo, demasiado talento, demasiada inquietud y cosas que decir como para permanecer atado a un secundario papel de bajista callado. Dicen que los temas que luego conformaron “Hipnosis” fueron presentados en el local de ensayo de los Cero, pero aquello estaba llamado a, como finalmente sucedió, tomar una vía de escape propia y crecer hasta convertirse en una de las pocas propuestas rock con personalidad que se podían escuchar en la época por parte de grupos españoles, y eso que aquélla no era mala.


Lagartija Nick mostraban influencias de su tiempo, comunes a otras bandas contemporáneas, pero eran sólo un empuje puntual, un desvío concreto, un puente. La influencia no era tomada como un fin en sí mismo. No se mimetizaban en sus referentes ni en el momento, no eran la coartada moderna de un músico reconocido, aunque joven, que trata de subirse al carro de los noventa execrando los ochenta. Su estética, sus textos, su propuesta global e intenciones estaban lejos del ansia de modernidad indie, cuyo catálogo existencial terminó incluyendo más prejuicios que posibilidades.


Hipnosis” (Romilar-D, 1.991) fue su primer álbum, producido por Fino Oyonarte de Los Enemigos. Supuso una liberación de energía, circulaba velozmente por los cauces del punk pero los iba dinamitando a su paso con menos fuegos artificiales que muchos; eran explosiones sordas y contundentes. Los temas latían poderosamente a base de distorsión y urgencia, como una ciudad noctívaga sumida en el caos de la vida moderna. Se transmite la sensación de algo irrefrenable que se acerca. El futuro, en la voz-proclama de Antonio Arias, de pronto es un coche en marcha que te sube sin dejar que se acomodes ni pedirte opinión: viajarás y viajarás sin poder pararte ni un minuto a pensar, mientras que la vida, convertida en una imparable sucesión de imágenes, te confunde. “No lo puedes ver”, remite en su inicio a Spacemen 3, pero después el punk golpea el subsuelo de la canción. “Déjalos sangrar” o “La Gran Depresión”, con un inesperado sitar, tributan a Sonic Youth, tal que “El Mundo Desaparecido de los guantes”, ese viaje psicodélico inspirado en “Mote”, de un disco tan candente aquel año como “Goo”. Mientras, riffs stoogianos funcionan como carburante en “Napalm” y “Tan raro, tan extraño, tan difícil”, con su toxicidad diluida en la urgencia del proceso. Escuchado años después se echa en falta más contundencia en la producción, unas guitarras menos opacas, menos huecos.


Consumismo deificado, vacío y sobreinformación; el hombre incrustado apresuradamente en el molde de la tecnología; el vertiginoso recorrido por el cegador mundo de la fugacidad, o el acercamiento constante a una incierta promesa de neón que nunca es alcanzada porque jamás deja de distanciarse. Un año después continúa la narración del torbellino del escenario vital y sensitivo (el vuelco desenfrenado de percepciones, o acaso la máquina de escribir de Dylan rodeada de fotografías en pleno vórtice); el gran collage que se cuela en los oídos dejando una sensación perturbadora: fantasía, automatismo, alienación, el amor y su déficit (presentes de una forma u otra en las letras de Antonio); y ese hilo invisible que siempre les conecta y conectará con el espacio exterior. Lagartija Nick fichan por Sony (que ya intentó en su momento publicar “Hipnosis”) y aparece “Inercia”, para mí su gran elepé, en el que dotan de verdadero sentido a la palabra urgencia. Esta decisión, por cierto, hace que les lluevan los primeros palos (pero, ¿de cuánta gente y circunstancias debe independizarse un artista para ser coherente consigo mismo y conseguir avanzar creativamente?). Dos meses de grabación y la producción de Owen Davies (XTC, Manic Street Preachers), dan como resultado una propuesta que crece por el mejor camino posible, tanto en textos como en música, estallando en su mejor versión. El sonido se compacta y uniformiza (los temas se suceden en un perfeccionado carrusel de electricidad e imágenes), ganando en contundencia y complejidad, y alcanzando una personalidad definitiva, plagada de distorsión, wha-whas que muerden las paredes y psicodelia puntiaguda. Las grandes expectativas del primer álbum son superadas de largo. Las composiciones indelebles se suceden: “Universal”, “Rock´n´roll´zine” o las stoogianasPorno-Stereo” y “Satélite” (esta con su inicio tomado del "Cum on feel the noize" de Slade y su guiño al “A well respected man” de los Kinks); o la emblemática "Nuevo Harlem", que contiene trazas del "The Prince" de Madness.  


Los hombres de negro no paran de tocar, mostrándose como una de las formaciones más sólidas del panorama nacional y además en constante crecimiento. “Su” (Sony, 1.995), cierra la, a posteriori, denominada trilogía inicial (ese cable tenso que aún vibra igual cuando lo golpeas), y, a pesar de contener subrayables ejemplos de ansiedad y vértigo, cambia velocidad por profundidad. La base rítmica se vuelve más obcecada y pesada, atronadora por momentos, con una presencia de batería inconmensurable que aporta una rotundidad sin paliativos. Las guitarras adquieren un mayor protagonismo, se inflaman y adensan, extendiéndose por cualquier hueco y desarrollándose de manera más vehemente (los solos de M.A.R. Pareja, que comparte la autoría de todas las músicas, vuelan febriles). Creo que por primera vez puede hablarse de oscuridad dentro de un sonido que en ningún momento deja de ser excitante y rutilante, aun ofreciéndose notablemente endurecido y agresivo. Jesús Arias co-escribe algunas letras con su hermano Antonio, en un momento en que los textos tantean un lirismo pausado y reflexivo, convirtiéndolo en su trabajo más personal hasta la fecha. “La curva de las cosas” es una canción especial, diferente en el mundo de los granadinos; tan dramática como sugerente, dentro de su palpable tensión, alterna la plácida ascensión por un medio tiempo esencialmente desnudo, con la caída libre. Por su parte “Su”, el tema, fascina en su intensidad llameante.

29 marzo 2009

DIRECTO ALL FREEDOM DUO

El otro día asistí a la actuación de Tom Lardner y el armonicista All Freedom en el granadino pub La Tertulia. All Freedom Duo, que se llaman cuando van juntos, recorriendo los polvorientos caminos de la tradición blues y folk estadounidense, país de procedencia de Tom. Lardner es un cantante y guitarrista infatigable y de una contagiosa vitalidad, hay algo whitmaniano en él: desprende humor, alegría de vivir, pasión por la música, y una envidiable capacidad de comunicación. Toda la energía que genera y acumula la reparte entre la electricidad del rock inmediato de El Doghouse (su proyecto más asentado discográficamente y que comparte con Richard Dudanski, baterista que fue de los míticos 101´ers de Joe Strummer), The Rank Strangers, conjunto a tres voces de folk norteamericano, y el que nos ocupa.
Como si de dos sonrientes vagabundos que recorrieran los Estados Unidos de la época de la Gran Depresión se tratara, aparecieron en el pequeño escenario del pub. A pecho descubierto, sin micros ni electrificación de ningún tipo, un formato que precisa más que ningún otro la comunión con el público y la colaboración de éste, sobre todo con su silencio. Transmitieron un sonido vibrante, gozoso e imperfecto que consigue llenarlo todo: la percusión de los golpes sobre el cuerpo de la guitarra, de los pies sobre la madera del escenario, de las palmas sobre las piernas, el juego de armónicas de Freedom, con su pinta bonachona, y la vigorosa acústica de Tom, viva, directa, tan cargada de fuerza como de regusto a miles de historias y vidas pasadas. Lardner, animoso, introduce cada tema con algún breve apunte siempre enriquecedor, sabiendo situar al oyente con dos palabras en el momento de cada canción. El abanico es extenso, folk y blues primitivos (“Fishin´Blues” de Henry Thomas, “Midnight Special blues” de Leadbelly, un animoso “Drinkin´wine Spo-dee-o-dee drinkin´ wine” de Stick Mcghee, con el contrapunto de Freedom recitando todos los tipos de vino imaginables; la inicial “Last fair deal gone down” de Robert Johnson o tradicionales como “Drink Muddy Water”), gospel (“Down by the riverside”, con coros de Freedom), tradicionales bluegrass (“Nine pound Hammer”, “Pig in a pen” o “Salty Dog Blues”), country (piezas de Merle Haggard y Hank Williams tales que “Lost Highway” o “Jambalaya”; junto a clásicos modernos como “Me and Bobby McGee” de Kriss Kristofferson), “Cakewalk into Town” de Taj Mahal y clásicos rock de sólida raigambre como “Wild Horses” de los Stones o “Friend of the devil” de Grateful Dead. Yéndose por donde habían venido con su final “duelo de armónicas”. Un repertorio interpretado con entrega y pasión, atrayéndose toda la atención y la complicidad del poco público que tuvimos la fortuna de disfrutar de esos momentos tan especiales.

18 enero 2009

ENTREVISTA A MANOLO BERTRÁN (DR. DIVAGO)

Queridos Psicocamaleones:

Manolo Bertrán, líder de la banda valenciana Dr. Divago, es un personaje singular sin aditivos, en esencia; y por eso lo traemos a estas irreverendas páginas. La suya es una gran voz que continúa la tradición de su tierra, la Comunidad Valenciana: sobrada, personal, dúctil y clara; perfectamente reconocible, capaz de moverse del desgarro al sosiego sin aspavientos. Comunica letras que saben contener una historia huyendo de los lugares comunes, reflexiones más allá de lo previsible; curiosas y acertadas descripciones, fotografías precisas o enigmáticas y atrayentes divagaciones. Imaginativas metáforas sin gratuidad que se deslizan en muchas ocasiones hacia una realidad paralela.
Su grupo es, por simplificar, la mezcla perfecta entre la new wave y la mejor tradición melódica de los sesenta. Melodías cuidadas en composiciones siempre inmediatas y hasta vertiginosas, con un punto nervioso incluso en las baladas, un latido propio e intenso de estimulante instrumentación. La apuesta de Manolo Bertrán y los suyos está clara desde “Regalos Vivos” (1.992) y los seis elepés que le han seguido: un mundo lírico sorprendente precipitado al oyente en forma de grandes momentos pop envueltos en un sonido vigoroso y limpio, eléctrico, concreto y cortante en su esquematismo, aunque cada vez más enriquecido y detallista. Estamos ante un estilo muy definido y personal, la primera escucha siempre recuerda a lo anterior, no sorprende. Pero no se trata de eso, ni Neil Young, Paul Weller o Antonio Vega van a hacerlo, probablemente ya ni Tom Waits. Se ha desarrollado un lenguaje, una expresión propia que, a partir de la segunda escucha comienza a reclamar su espacio, a diferenciarse y crecer respecto de lo anterior, revelándose como algo distinto y disfrutable por sí mismo.
En “Las canciones del año que viene” (Molusco Discos, 2.008), su último trabajo hasta la fecha, la voz aparece como siempre en primer plano, secundada por unas guitarras especialmente cuidadas: expresivas, medidas, sucias, urgentes o hambrientas; derivando en muchas ocasiones en punteos más roll que rock (“Horas y horas” con su guiño final a los New York Dolls). La base rítmica continúa tan reconocible, clavada, con el añadido de las percusiones de su productor, Dani Cardona; o la armónica de Chumi, ese sello tan distintivo, que habla entre la aridez de “Madrugadas” y vuela en “Frunciendo el ceño”, corte tan imparable como “Los Dioses y los hombres”, “Ezequiel” o “Cuando perdimos el rumbo” que empieza desde el estribillo, sobrevolado de punk. De ahí se pasa a la complejidad de “El viejo campeón” y “Las canciones del año que viene”; o a momentos tan apacibles como laberínticos, tales que el blues impregnado de swing “Murciélagos”, “Mirar por dentro” o “La habitación de Charo”. Temas estos dos últimos, por cierto, situados por el autor entre los cinco mejores de su carrera.
En Efe Eme podéis descargar gratuitamente “El día de autos”, disco que recoge rarezas y versiones de la banda difíciles de localizar. Os dejo con Manolo Bertrán.


- ¿Cuáles fueron los primeros discos o bandas que te influyeron?
Sin lugar a dudas, The Beatles. El “A Hard Day`s Night” que mi hermano (él tenía 12 ó 13 años y yo andaría por los 8) trajo a casa un buen día, allá por el 74, fue desencadenante. Luego llegaron muchas más cosas....

- ¿Cuánto tiempo dedicas a preparar el material de cada álbum?Pues un año largo desde que empiezo a componer y arreglamos las canciones en el local de ensayo y hasta que pasamos a grabar. Ahora me encuentro inmerso en el vértigo de la primera fase para el próximo álbum. Apenas tengo canción y media.

- Supongo que no podrás dedicarte exclusivamente a la música, ¿piensas que esa situación limita la creatividad de algún modo, o por el contrario puede enriquecerla?
Creo que te limita. Aunque vives para esto, no puedes dedicarle toda la atención que requiere. Aunque, sinceramente, no sé cómo hubieran ido las cosas de haber podido vivir de la música. Hay quien piensa que el grupo hace tiempo que estaría disuelto.

- ¿Escribes otro tipo de textos, aparte de las letras de las canciones?
No, me he especializado en esto de las letras. De chiquillo, escribí algunas poesías que no estaban mal, o eso me parecía. Algunos versos fueron a parar a mis primeras canciones. Y algún relato malo también hice.

- ¿Cómo escribes una canción?, ¿de dónde suele partir la idea?
No tengo una metodología muy definida ni tampoco me suelen inspirar siempre las mismas cosas. En muchas ocasiones he partido de la letra; en otras una melodía a la que le encajo el texto. Lo normal es que luego todo se vaya desarrollando a la vez. Quiero decir que casi nunca tengo toda la melodía hecha para encajarle letra ni toda la letra escrita para ponerle música. Es más normal que al principio sólo tenga una estrofa o una parte de ella, o un estribillo. A veces la idea llega por cosas que te cuentan, a veces vivencias personales; a veces una noticia en un periódico, una conversación que escucho en el autobús o que tengo en un taxi, un libro o una película, en ocasiones cosas que me han sugerido los propios componentes del grupo o mi pareja. Cuando estoy en período de composición estoy alerta para cazar todas las canciones que están flotando a mi alrededor.

- ¿Qué te motiva a hacer canciones?
No lo sé, siento esa necesidad. Me emocionan determinadas canciones de otros y supongo que lo que busco es emocionarme y provocar esa emoción también en los demás con mis canciones. No hago canciones para la mera diversión ni para que acompañen de una forma amable o entretengan a un supuesto público; soy más ambicioso en este sentido, persigo una reacción fuerte. En un mal momento, porque hoy en día la mayoría de la gente lo que busca en la música es evadirse, relajarse y que no le coman la cabeza. A mí me gusta meterme de lleno en el universo de una canción, dentro de lo que cuenta la letra y la música. Me fastidia esa actitud tan insensible o tan tibia con respecto a la música o a cualquier otra disciplina artística.
Escribo canciones desde los 13 años, siempre he estado fascinado por esta parcela del trabajo musical y es la que más me llena y me satisface. Al principio lo hacía de forma totalmente libre, sin pensar en cumplir plazos ni nada, claro. Ahora, ya estoy metido en una pequeña vorágine y yo mismo me marco los tiempos para componer, me disciplino mínimamente para cumplir esos plazos y tener material preparado para que el grupo pueda trabajar. Pero no compongo todo el tiempo. Antes sí lo hacía, lo que provocó que durante aproximadamente los primeros diez años Divago tuviera bastante material almacenado. Ahora utilizo los tiempos de presentaciones en directo y promoción para airearme, para descansar de componer y centrarme en lo otro.

– El rasgo clave de Dr. Divago, en mi opinión, es la manera de conjugar un sonido generalmente inmediato y vibrante con tu mundo literario, sugerente y complejo. Pienso que el pop, sobre todo el más directo y colorista musicalmente, no se aprovecha lo suficiente como portador de textos de calado, desperdiciando una inmensa arma de comunicación. ¿Qué opinas al respecto?
Comparto este punto de vista pero entiendo que, normalmente, lo hacen así porque no les interesa. En determinados subestilos del pop o del rock, las letras tienen menos peso, incluso existe el género instrumental en el que se renuncia por completo a ellas. Siempre que se mantengan unos mínimos de buen gusto, todas las opciones me parecen respetables. El problema viene cuando los textos rebosan mal gusto o están especialmente descuidados. Intento huir siempre de eso, no ya como autor (que también, claro) sino como oyente o como se le quiera llamar.

- Algo que creo que mejora en cada disco es el sonido. ¿Cómo sueles plantear la grabación con vuestro productor Dani Cardona?, ¿en qué parte de ésta hacéis más hincapié?, ¿qué cosas han ido cambiando con los años?
Cada vez es más sencillo. Ahora mismo hasta grabamos en directo. Hacemos especial hincapié en tener unas tomas que reflejen bien lo que somos en el local de ensayo. Dentro del estudio, Dani es el director. Intentamos que haya escuchado las canciones antes de entrar a grabar. Luego grabamos en directo hasta que nos sirven, como mínimo, las tomas de batería. Muchas veces el bajo también queda listo o alguna guitarra. Sobre las tomas definitivas de Wally corregimos algunas cosas de bajos y guitarras. Después vienen solos de guitarra, de armónica, voces y coros. Y luego las mezclas, que muchas veces las hace Dani solo. Yo intento estar siempre pero a veces no puedo por motivos laborales.

- ¿Eres comprador habitual de discos?, ¿eres completista o coleccionista?
Compro discos desde los 13 años, pero nunca he sido coleccionista. De la gente que me gusta mucho suelo tenerlo todo o casi todo, pero son casos contados. Me gusta tener un poco de todo, dentro de lo que me gusta, principalmente rock`n´roll, aunque no sólo. Ahora mismo sigo comprando cd´s y algún vinilo de vez en cuando.

- Cuidáis en la medida de lo posible la grabación de vídeos en cada disco. ¿Es un empeño artístico más que promocional?
Bueno, ese empeño artístico habría que agradecérselo a la gente que nos ha hecho vídeos: dr. Mongole, José Uris, 2manyproducers, Juan Martín Avilés, entre otros. Por nuestra parte, los vídeos casi siempre ha sido rentables económicamente, ésa es la verdad del cuento. Aparte de poner la jeta en aquellos en los que salimos, de alguna sugerencia aislada y de que yo hice el guión de “No tan bueno” y el de “Frunciendo el ceño”, el resto del mérito artístico es suyo.

- ¿Temas como “Murciélagos” pueden señalar otra línea compositiva de Manolo Bertrán?No, no lo creo. Salió así, pero es un mero coqueteo con el swing. No veo que nos vayamos a decantar por esa línea.

– “Ezequiel” parece totalmente autobiográfica. ¿Buceas a menudo en vivencias personales a la hora de escribir?
Muchas veces, cada vez más. A partir del cuarto disco esto se hizo mucho más patente, aunque podría señalar componentes personales en las letras de cualquiera de mis discos. Efectivamente, Ezequiel era un compañero de colegio, un absentista escolar del copón. Sin embargo, los aspectos biográficos y de ficción se entrelazan para construir la historia.

– Hay referencias pugilísticas en “El viejo campeón” y “Frunciendo el ceño” (sin olvidar “La esquina del ring”). ¿Te parece la mejor metáfora de la derrota y la desubicación?La mejor metáfora de la vida. Esto incluiría la derrota, pero también el resurgimiento, la revancha.

- ¿Hay canciones que vuelven, composiciones dejadas de lado que te interesan de pronto, que se te aparecen con un significado renovado?Pocas veces aunque alguna vez ha pasado. Antes de llegar al local de ensayo e incluso antes de ponerme a trabajar en serio una idea, aplico mi propio filtro.

- Casi veinte años como grupo, pero a la banda se le notan la frescura y las ganas intactas. ¿Desde dentro, qué diferencias ves entre el Doctor actual y el de los primeros discos?
Es una tontería decirlo pero ahora tenemos mucha más experiencia y sabemos mejor el terreno que pisamos y cómo debemos abordar el trabajo. En los primeros discos hubo mayor dispersión, aunque tienen algunas buenas canciones y todavía me reconozco en ellas. En cuanto a estilo empezamos a encarrilarnos para mi gusto con “El loco del chándal”, que es un disco muy rico y muy curioso.
Esa frescura y esas ganas de las que hablas se las puedes achacar a la formación actual, con más de cinco años de estabilidad. Está claro que la vieja guardia es incombustible, pero las incorporaciones de Edu y David, que hoy en día se pueden considerar veteranos de guerra, fueron lo que necesitaba el Doctor.

- ¿Cuál es para ti la perfecta canción pop, y de la que más orgulloso estás de cuantas has escrito?
Me gustan todas, pero tengo mis preferidas. En los 5 primeros puestos, tal como lo veo ahora mismo, podrían estar, no necesariamente en este orden, “Srta. Alfa”, “No tan bueno”, “La habitación de Charo”, “Un minuto antes de la realidad”, “Tirando a dar” y “Mirar por dentro”.

– Ocho discos, seis compañías. ¿Muchas decepciones con las discográficas?
Realmente, pocas. Y gordas gordas, muy pocas. Nuestro principal problema con las discográficas con las que hemos trabajado siempre ha sido que eran sellos muy pequeñitos que no podían hacer más por nosotros. Generalmente, melómanos con poco dinero que no podían ofrecernos las suficientes expectativas como para desilusionarnos después. Por otro lado, hasta hace unos años siempre ofrecíamos nuestro trabajo a muchas otras discográficas, grandes y pequeñas, que nunca lo quisieron. Hoy en día ya no perdemos el tiempo con esas cosas.

- ¿Has notado que conozca más gente a Dr. Divago desde que proliferan las descargas gratuitas de internet?
Seguro. Y asociarnos para ello con gente profesional y con trayectoria como Efe Eme ha sido un acierto. Todavía se puede descargar un recopilatorio de rarezas de Doctor Divago en sus páginas. La inmediatez de internet facilita muchas cosas que cuando empezábamos eran impensables. Sin embargo, en la era pre-internet nos ofrecían más conciertos que ahora. A pesar de lo que dicen algunos, internet (y el mero hecho de que te escuchen por la cara) no es la solución a los problemas de los músicos. Ahora bien, se ha convertido en un instrumento importante al que nosotros tratamos de sacar el máximo partido.


Publicado en Irreverendos en enero de 2.009

02 noviembre 2008

JOSÉ IGNACIO LAPIDO “LA LEYENDA DEL HOMBRE QUE ACUNABA PALABRAS Y DESTILABA SONIDOS”

¿El reflexivo termina haciendo música reflexiva? Probablemente sí. Quizá por ello este disco, como el anterior, suena así, engarzando a la perfección las sensaciones que transmiten las letras con las que provocan las músicas, conduciendo al oyente, con fluidez y presteza, hacia un mismo caudal. Vuelven a volar palabras surgidas tras una pausa del pensamiento, en las que la gravedad se confunde con la ironía y la cotidianidad se cubre de misterio; donde el narrador coloca sus dudas sobre el tapete pero también saltan personajes a la palestra. Entre un carrusel de imágenes retornan la religión y el individuo con sus incontables formas de relación; la espera frente a la desesperanza; el hastío y la resignación ante la pujanza de los sueños como liberación. Estribillos y frases definitivos. Lirismo que enhebra sombrío existencialismo con destellos de luz.
El responsable de todo esto es José I. Lapido, ese rockero de pro, amante de las guitarras crujientes y del magnetismo que desprenden tanto las raíces sonoras como el mejor pop. Cazador inagotable de melodías e investigador a tiempo completo de las turbulencias del alma, sin dejar de prestar atención al ruido de fondo de la calle ni de torcerle burlonamente el gesto a las miserias y contradicciones de nuestro mundo. “Cartografía” (Pentatonia, 2.008), es su quinto trabajo en solitario, otro paso lleno de decisión en una carrera sin fisuras.
La música se mece alambicada en “Largo de contar” o el dramatismo y la profundidad de “Algo me aleja de ti”, construida a fuego lento, dulcemente arropada aunque por momentos desnuda. Un mar calmo que acoge las palabras que transcurren por él como un anhelo o una respuesta. Frente a ellas se encuentra “El truco”, la canción riff, contundente y poderosa, envuelta en un halo levemente psicodélico, pico eléctrico de este trabajo.
El resto es música clara, a veces temblorosa. Sonido destilado y ajustado (el traje a medida de las canciones que son para siempre), mucho más matizado que rotundo, con esa delicadeza que surge de lo esmerado de la ejecución y de trabajar con materiales nobles. El autor en trance de despojamiento, regodeándose en los silencios y en sonoridades que lejos de asaltar al oyente le susurran espolvoreándole su magia, que es el poso de sus esencias. El campo continúa abriéndose, se equilibra el protagonismo entre las guitarras y unas teclas cada vez más creativas, cómodas entre la profusión de acústicas que conviven con eléctricas que no dejan de reivindicarse, pacientemente afiladas, con rastros de la mejor tradición songwritter norteamericana en medios tiempos que llegan muy adentro, acortando distancias con el oyente a base de expandir su propuesta, abundando en detalles country folk. Tersura, aridez y arrebato melódico, con esos crescendos y coros ya intransferibles del pop mejor templado, que invitan a imaginar a unos Kinks imbuidos por The Band o viceversa. Sinuosa musicalidad de latido firme, libre de efectismos y gratuidades, brillante en su propia suficiencia, luminosa en su respirar. Son composiciones de las que levantan y cierran el telón, calando hasta los huesos.
Tal vez una carrera en solitario consista en eso, en el camino recorrido en la búsqueda de uno mismo, del yo musical, de la expresión más pura y directa.
José Ignacio Lapido toma la palabra.



Con la experiencia acumulada, ¿se tiende a la búsqueda de lo esencial?

Diremos como aquel: “yo no busco, encuentro”. La verdad es que mi posición a la hora de crear es cada vez más pasiva. Espero a que las canciones vengan a mí. Antes era capaz de estar horas con la guitarra hasta encontrar la combinación de acordes perfecta que cuadrara con cierta melodía o que me sirvieran para acabar un estribillo. Ahora, si se me resisten, los dejo estar. Siempre pienso que acabarán por volver a llamar a mi puerta, como el hijo pródigo. Lo esencial en una canción es la melodía y la letra. Eso siempre lo he cuidado. Atención: también el ritmo es importante. Popi lo sabe bien.


Los dos últimos discos muestran una mayor sensación global de cohesión entre las letras y las músicas que las arropan, esa es la impresión que me da a mí al menos. ¿Qué piensas de esto?

Pues no lo sé. Ya te digo que siempre he intentado cuidar ese aspecto y mi trabajo me cuesta. Supongo que cada vez dejo pasar menos versos de relleno, pero no soy consciente de que antes de los dos últimos discos no fuera así también.


¿Los conciertos acústicos han sido influencia capital en el sonido del nuevo disco?

No. Los conciertos acústicos no los hago por una especial necesidad expresiva sino por una razón más prosaica. Cuando el recinto no se acomoda a las posibilidades de la banda completa me piden que lo haga “en acústico”, para armar menos ruido se entiende. También es más barato, todo hay que decirlo.
Si te refieres a que en el disco hay más espacio a las sonoridades acústicas, es cierto. La banda sonaba bien en esa tesitura y las canciones pedían ese tratamiento. Podíamos haber hecho arreglos techno o heavy metal, una canción admite todo, pero luego me daría vergüenza ir a comprar el pan. A las canciones, al contrario que a los nacionalistas, hay que darles lo que piden


Respecto de la canciones de “Cartografía”: silencios, espacios, detalles… ¿Puede ser más intensa la comunicación musical así?

Los silencios en música son tan importantes como los sonidos. Si no hubiera huecos entre las notas y espacios entre los golpes rítmicos estaríamos hablando de cacofonía. Por otro lado, mi afán de comunicación con mis canciones es relativamente escaso. Hago canciones por el mero placer de mortificarme.


Es obvio que cada vez produces mejor tus discos, o al menos se transmite una idea más clara de lo que quieres. Aparte de la experiencia y el aprendizaje, ¿qué ideas o puntos de vista has ido incorporando o cambiando a la hora de afrontar la producción de los temas?

Lo que te decía antes: valorar el silencio en su justa medida. Para ser un buen productor hay que tener paciencia, oído y tiempo. Yo sólo tengo lo segundo.

¿Tendría sentido a estas alturas la presencia de un productor en tus discos?

De un buen productor, sí. El problema es que cuando descubres si un productor es bueno o malo es al final, cuando el disco está acabado y ya no hay remedio. En cualquier caso te diré que si no hay productores ajenos en mis discos es por falta de presupuesto. Mis autoediciones están muy limitadas en el aspecto presupuestario y me tengo que hacer cargo de todos los trabajos para los que no sea estrictamente necesario que se encargue otro profesional. Yo, que siempre he querido ser un vago, me veo forzado por las circunstancias a trabajar como una bestia. Así de ingrato es el rock & roll


Es la primera vez en tu carrera en solitario que encargas la masterización a alguien ajeno al proceso de grabación y mezcla. ¿Qué motivó esta decisión y qué ha aportado esta circunstancia?

Me lo recomendaron en Producciones Peligrosas. Bueno, yo ya sabía lo importante que es la masterización como punto final de la producción de un disco, lo que ocurre es lo que te decía antes: el presupuesto. Esta vez, en mi empeño por arruinarme antes de llegar a los 50, he decidido tirar la casa por la ventana y masterizar el disco como “Dios manda”. Una buena masterización ayuda a que el disco suene bien en cualquier reproductor. ¿Has visto lo bien que suenan todos esos discos de mierda que ponen en la radio?


La fe religiosa, la esperanza que provoca, puede ser el alivio surgido de una inmensa mentira. La gran interrogación que tantas veces nos empequeñece, ese vacío, llegar a utilizarse como yugo. Parece ser que sigues teniendo muy presente esa relación entre el hombre y sus circunstancias con el hecho religioso.


La religión es muy importante pero más importante es la idea de Dios que es una abstracción del Bien absoluto. Para que esa idea funcione hace falta que previamente exista el Mal. Se trata de que Dios, el que sea, ponga Orden en el Caos. Los hombres primitivos necesitaban respuestas y se agarraron al clavo ardiente de la fe en lo ultraterreno y en el poder mágico de ciertos elementos de la naturaleza. El hombre del siglo XXI necesita respuestas y se mete en los Hare Krishna o en los Legionarios de Cristo, paga sus cuotas y limpia su conciencia. Yo necesito respuestas y hago canciones que hablan de Dios y del vino. Soy politeísta.


¿Requiere mucha fe el mundo del rock?

El rock en España necesita fe, esperanza y caridad. Las virtudes teologales, las bienaventuranzas y cuatro padrenuestros. La cosa está muy mal. Todo lo que recemos es poco.



¿Es el compositor de rock el defensor de una causa perdida?

El compositor de rock es una especie en extinción que debería estar en un zoológico o en una institución mental adecuada, en la que se le tratara de su empecinamiento obsesivo por luchar contra los elementos.



¿Cómo se lleva el creador de canciones con la realidad?

Tengo otras ocupaciones profesionales que me obligan a bajar diariamente de la nube. Aunque la verdad es que nunca he sido uno de esos “creadores” que se cree investido por un don especial. Yo empecé a componer canciones porque era más divertido y emocionante que estudiar Física y Química.



¿Deja alguna vez el compositor de pensar en canciones?

Sí, cuando voy a echar la primitiva todos los jueves.



¿Qué mantiene la ilusión artística de un tipo como José Ignacio Lapido?

No tengo ningún tipo de ilusión. Soy un profesional de la desilusión. He hecho Cartografía porque tenía que hacerlo, era un compromiso conmigo mismo (con el que fui alguna vez) y con los que me rodean, pero si te digo la verdad, me ha dado más sinsabores que alegrías. Hacer discos, ahora mismo, es una pérdida de tiempo y de dinero.



¿Se sigue asomando el José Ignacio que compraba sus primeros discos en Granada a la hora de acometer los riffs de tu guitarra, o el tiempo ha terminado por adormecerlo?

Mis bostezos son los mismos ahora que entonces.


¿Ha influido el hecho de contar con una banda estable (crucemos los dedos), sus prestaciones instrumentales, en el cariz de las composiciones? ¿Han surgido por esto hallazgos sonoros y de arreglos tanto en el local como en el estudio, algo no inicialmente previsto que haya quedado plasmado en alguna canción?

Sin duda. Las canciones de Cartografía suenan como suenan porque la banda las ha trabajado como si fueran propias. Les estoy muy agradecido a todos ellos por el empeño y el talento derrochado. En el estudio siempre surgen hallazgos inesperados pero todos los temas venían muy ensayados del local.


Canciones anteriores hubiesen aceptado muy bien algún arreglo de cuerda, sin embargo no se han añadido hasta ahora, en el tema “Algo me aleja de ti”. ¿Eras inicialmente remiso a incluirlos?

No surgió la oportunidad. En este caso me encontré por la calle con Nicolás Medina, el arreglista, y hablamos del tema y a los dos nos gustó la idea de colaborar. Creo que ha sido un acierto.



Te imagino preparando concienzudamente los conciertos. Me gustaría saber si lleváis todo bien medido o hay algún espacio para la sorpresa o la improvisación.

Improvisamos poco, la verdad.


Dylan decía que cualquier cosa en la que valga la pena pensar merece ser cantada. ¿Puede ser que la escritura automática, el más o menos libre fluir de los pensamientos en el papel, muestre realmente lo que queremos decir, sin condicionantes externos?

Muchas veces ocurre así, pero la presunta libertad de esa escritura ha de ser conducida a un destino cierto por alguien, en este caso el autor. No es buena idea escribir lo primero que te viene a la cabeza sin un plano del sitio de llegada. Las palabras, por muy libertinas que sean, necesitan una idea en la que quedarse a dormir.


De todas formas los textos de “Cartografía” me han parecido más directos y expresivos que en otras ocasiones.

Gracias.


En algún sitio he leído unas declaraciones tuyas en las que dices que el rock ha perdido influencia social, algo evidente. ¿Qué tiene de positivo el hecho de que desaparezca de la primera plana, en el aspecto creativo?

No creo que la actual situación de decadencia del rock me influya para nada a la hora de componer. Yo siempre he estado en decadencia, así que llevo ventaja en ese aspecto.

¿Crees que hubo algún momento en que fue posible una cultura pop real en España?

De hecho la hay, en los subterráneos de algunas ciudades.

¿Qué otros solistas del panorama español actual te parecen recomendables?

Miguel Ángel Villanueva, José Casas.


Es inevitable preguntarte lo último que estás escuchando o leyendo, lo siento. Y dado que aquí tenemos mucho que ver con el tema, ¿eres o has sido lector de tebeos?

Ahora no leo tebeos, no sé por qué. En mi niñez leía muchísimos, todos los de Bruguera: Mortadelo, Anacleto, Doña Urraca, también los TBO originales, el doctor Fritz de Copennhague… luego pasé a Tintín, a Asterix y a Hazañas Bélicas, de los que era comprador habitual. En la adolescencia compraba el Víbora. Me gustaban sobre todo los americanos como Robert Crumb o Gilbert Shelton.


Tras los meses pasados desde la aparición de “Cartografía” y una vez rodado en directo, se puede preguntar ya acerca de las sensaciones que te produce el disco en su conjunto.

Fuera metáforas y falsa modestia: el disco es cojonudo. No me explico cómo me ha podido salir tan bien.


Ya que prácticamente hemos llegado los últimos, ¿En qué porcentaje de entrevistas te han preguntado por 091?

En un 101%.


Vamos a ilustrar esta entrevista con una caricatura ¿Cómo se captará mejor a José Ignacio Lapido, enfrentado al micrófono u observando la realidad como un pensador de Rodin a punto de levantarse?

Tal vez con la guitarra colgada en el momento en el que la realidad me pasa por encima como una apisonadora mientras hago la señal de la victoria. Puede añadirse una onomatopeya entre exclamaciones para ilustrar el sonido de mis huesos al quebrarse.



Publicado en el portal de humor y cómic Irreverendos en octubre de 2.008.

24 agosto 2008

TODO ES MENTIRA (2): LA MENTIRA

Mentir viene a significar decir, a sabiendas, algo que no es cierto, con todo lo que eso conlleva de polvorín desencadenante de posibles y desconocidas consecuencias. Exactamente: “decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa”. Una primera acepción de la Real Academia de la Lengua que limita notablemente el campo imaginativo, y carga hasta los topes de motivación concreta el hecho: mezquindad, interés, maldad, piedad, desconfianza, miedo... Yo prefiero la tercera: “fingir, aparentar”. De estas dos palabras, pienso, se compone en buena medida todo lo que nuestra historia y nuestro mundo tienen de complejidad y mito. También se nutren de ellas buena parte de nuestra creatividad y colorido.
Por ello, la mentira también es, en ocasiones, el combustible que masajea y estimula la felicidad momentánea del ser humano; pequeño animalillo con los pies clavados en la tierra, lo que consigue que le broten chispas en los ojos.
Javier posee una sonrisa de esas que desordenan toda la cara, abierta y franca; desinhibida a la hora de mostrar caprichosas y amarillentas ubicaciones dentales; de las que hacen los ojos más saltones y provocan bruscos movimientos de mandíbula y ligeros y continuos de nariz. Se dedica a organizar no sé qué cosas y al montaje de otras, y me relata las vicisitudes de su actividad de manera veloz pero ordenada, traveseando enfático, con una agilidad sin límites, gesticulando sin parar y no pudiendo evitar algún que otro saltito. Los cigarros parecen consumirse solos entre sus dedos tras una única y definitiva calada. No recuerdo prácticamente ningún momento de su conversación en el que no escapase humo de su boca. Tras lograr introducir a duras penas algunas preguntas relativas a su trabajo que poco alteraron el devenir del discurso, la charla derivó hacia un monólogo cada vez más delirante y apasionante. Sus proyectos en algún momento le sacaron de nuestro pueblo, nuestra provincia, y lo llevaron en volandas a Madrid, donde ayudó a un personaje televisivo a montar un enmarañado tinglado en el que él se ocuparía de la infraestructura y que, gracias a su eficiencia y discreción, terminó coordinando casi en su totalidad a cambio de varios miles de euros (muchos menos de los que se llevó el principal implicado). Posteriormente, todas estas andanzas, dice, tuvieron una traducción televisiva de alcance que nada tenía que ver con la verdad (mientras hablaba su lengua volaba y su sonrisa crecía hasta convertir su nariz en un cuerpo extrañamente libre). “Todo un montaje”, reflexionó finalmente mientras aterrizaba dulcificando el gesto y mirando al infinito, ahora con un palillo aparecido de pronto entre sus dientes; “un artificio vendido como real a los pobres televidentes, a los pringados”.
“No te puedes imaginar todo lo que se esconde detrás de la realidad”, me dijo con tono paternal mientras yo me despedía agradeciéndole la historia. Durante diez minutos, ambos fuimos felices.

19 agosto 2008

TODO ES MENTIRA: AUTOMATISMO COLOQUIAL

Así denominaba Josep Pla a esas conversaciones que se repiten cada cierto tiempo entre los mismos interlocutores. Y es cierto que es una eficacísima forma de orden blando, de paz civilizada. Llegar a un lugar y saber de antemano lo que te van a decir y lo que has de contestar a veces aburre, o incluso desespera, pero en el fondo proporciona un reconfortante sedimento de calma, la ligera y dulce sensación de que todo encaja. Hablar más de la cuenta, contestar a las preguntas de siempre sin las respuestas de siempre, detenerse en el saludo más tiempo del preciso produce intranquilidad en el otro, le obliga a rectificar el paso de baile, le aturde. Cuando aparecemos cíclica y puntualmente en un lugar, todos somos para todos momentáneas parejas de baile. Los encuentros, breves, requieren una medida de los movimientos justa y coordinada: contacto físico en forma de saludo (se admite el beso fugaz en el aire, pero se aconseja el estrechamiento firme de manos, preferible a la mano muerta, siempre inquietante. El abrazo debe ser usado con cautela); intercambio de preguntas habituales no demasiado incisivas pero sin dar la sensación de rutinarias (si esto no puede evitarse se recomienda énfasis en el tono), algún comentario gracioso o acompañamiento con risas del que haga el otro, si éste se adelanta; y, por último, salto de trampolín: dejar el silencio necesario, unos cuatro segundos, para dar pie o poder tomar la iniciativa para ejecutar una despedida limpia de sospechas, e incluso apenada (no se recomienda ser tan afectado). El tímido se queda corto, el raro no se encuentra, el correcto actúa sin tacha, el carismático cumple y pone alguna nota graciosa de su cosecha, y el gracioso eleva la nota sin poderlo remediar.

El encaje tranquiliza, reflexionar sobre cada episodio de nuestra vida, aunque sea brevemente, desasosiega y agota a un ser humano maniatado social y económicamente en el mejor de los casos. Lo políticamente correcto no es más que eso, la maquinaria circular que va sustituyendo unos lugares comunes por otros, el molde en el que encajar adaptado a los tiempos, cómo pensar y ser para descansar y considerarse un buen terrícola/o sin temor a esa desgracia de no comprender, ahora que todo está tan claro y definido. Por eso, al igual que esas funciones predeterminadas de los ordenadores, tendemos a automatizar el mayor número posible de nuestras relaciones, opiniones, actos e incluso percepciones. Supongo que por ahí surge eso de la sociedad y su homogeneidad. El político sabe que el votante piensa lo justo y lo básico, si cuela la frase clave se lo ganará, a sabiendas de que no continuará indagando. La discográfica, que divisa la planicie casi perfecta de la sociedad mejor que ningún sociólogo televisivo, conoce las dosis de bombardeo que precisa el oyente para admirar la calidad artística del cantante de turno, así como la cualidad a potenciar de éste. Quizá por eso David Bisbal actuó ante el Parlamento Europeo.

Para el éxito se apela a los instintos primarios, mecanizados por la costumbre, no contaminados por el pensamiento ni la duda surgidos de la capacidad crítica o de la simple posibilidad de pararse un segundo y mirar alrededor. Todo se precipita sin pausa, provocando que el mero hecho de detenerse provoque desazón y una invencible sensación de soledad. Se atosiga con canciones de duración raramente superior a los cuatro minutos, sin silencios, con ritmo estridente o crescendo demoledor; de efecto instantáneo (inicio-trama-desenlace). Fórmula aplicable a los argumentos cinematográficos y televisivos en forma de contundentes lecciones morales que los personajes transmiten con miradas cómplices al espectador y que se traducen según los casos en finales felices o desgraciados, y siempre en una moraleja rancia. Y a la literatura, cada vez más llena de palabras y más licuada de reflexión. Todo encaja.

13 marzo 2008

"THE WICKER MAN" ( Robin Hardy, 1.973)

No sabía que era una película de terror hasta que lo leí por ahí. Cuando la vi me pareció una comedia coral colmada de encantadora ingenuidad, fascinación y misterio hasta los minutos finales; un amable y singular suspense. Por una parte, se sigue una trama finalmente sorprendente e ingeniosa, una suerte de armazón que retiene la atención del espectador. Alrededor de esto se expanden, se quieren mostrar y decir muchas cosas que forman el cuerpo extraño y el cariz mítico de este filme de Robin Hardy. La perspectiva religiosa es la clave de ese lado mágico del filme, aventurando una fe que descansa en creencias primigenias basadas en la naturaleza, de inspiración druida; lo que hace que la cinta tire de bastante aroma hippie y abunde en la percepción del planeta como paraíso perdido. Sensaciones acentuadas por los temas que adornan con generosidad la película, gemas de música tradicional entreverada de estupendas composiciones de folk-pop ribeteadas de psicodelia muy de la época, a cargo de Paul Giovanni, autor de la banda sonora. La confrontación del tradicionalismo británico con esa idea libertaria toma como metáfora a un caricaturesco policía, temeroso de Dios, conservador y virgen, convenientemente exagerado, llevado a una isla perdida de Escocia para investigar la desaparición de una niña. Memorable es su lucha contra el deseo mientras al otro lado de la pared una sensual Britt Ekland interpreta “The Willow´s Song” (canción recreada con toda su candidez por Isobel Campbell en su “Milkwhite Sheets” de 2.006). Se apunta un mundo de ensueño que ridiculiza y deja sin habla al cristianismo pacato, aunque postreramente le conceda un respiro, acaso nimbado de cierta ironía. Añoranza de un mundo feliz, liberado de las ataduras del mundo y desprejuiciado (un deseo aún vivo a la altura de aquel año), cuyo colorido y estimulante erotismo se imponen al halo de conspiración que envuelve la actitud de todo el pueblo y de su señor, lord Summerisle (un estupendo Christopher Lee que termina por ser él mismo), restando impacto y gravedad a su final para dejar en el espectador un revuelo de sensaciones encontradas. Por cierto, hay una revisión reciente con Nicholas Cage de protagonista.

04 marzo 2008

LA FAMILIA CUIDARÁ DE TI

Queridos Psicocamaleones:


Al límite del tiempo, como siempre, vuelvo con otro artículo interactivo; de esos que todos podéis ir completando hasta casi el fin de los días, añadiendo datos hasta aburriros. Lo mejor para disfrutar en familia, vamos.
Sí, es cierto, el mundo de la música está lleno de hermanos. Vamos a comenzar recordando a los que se llevan bien o al menos permanecen juntos, como los Asheton de los Stooges, un millón de años después reunidos con Iggy para reverdecer laureles (sin éxito). O los Vaughan, el menor, Stevie Ray, rutilante guitarrista del blues tejano, falleció en accidente de helicóptero el 27 de agosto de 1.990, creciendo su leyenda desde ese instante hasta el punto de que el 3 de octubre (fecha de su nacimiento) ha sido declarado por el Estado de Tejas como el día de Stevie Ray Vaughan. El mayor, Jimmy, primera influencia de su hermano, fue el guitarrista de los míticos Fabulous Thunderbirds, y continúa su carrera en solitario. Nacho y Xabel Vegas, ambos formaron parte de Manta Ray; cuando el primero inició una de las carreras más brillantes de la música independiente española, el segundo ironizó sobre el hecho en alguna entrevista, ahora sigue concienzudamente sus pasos con Las Uvas de la Ira. Los Colís acompañaron a Javier Corcobado en su proyecto descarnado y ruidista de 1.988, denominado Demonios Tus Ojos, a la vez que ponían en marcha su sugerente proyecto Vamos A Morir. Javier continuó con los esenciales Mil Dolores Pequeños, y sigue en la brecha con Las Malas Lenguas. Nombre éste usado por los hermanos Auserón para su vuelta a los escenarios, tantos años después de Radio Futura.
Los hermanos canadienses Timmins forman Cowboy Junkies, grupo muy especial, aún en activo, que despuntó a final de los ochenta con discos como “The Trinity Sessions” o “The Caution Horses”. Magia ralentizada y oscuridad country guiada por el acariciador roce de la voz de Margo. No os perdáis su “Sweet Jane”.
Otros hermanos, David y Serge Bielanko, núcleo central desde Philadelphia de la para muchos mejor banda de rock americano de los últimos años, Marah, no lo tuvieron fácil en su niñez. Criados por su madre tras el abandono de su padre francés, crecieron muy unidos y con un sólido concepto de la importancia de la familia y del lugar de procedencia de uno.
John Fogerty, alma creativa de Credence Clearwater Revival, compartió aquellos gloriosos años con su hermano mayor, Tom, que se encargaba de la guitarra rítmica, habiendo sido cabeza visible de la banda anterior de los hermanos, The Golligows. Tom terminó por abandonar la formación por negarse a aceptar el liderazgo de su hermano por más tiempo, debutando en solitario en 1.972. Falleció de Tuberculosis en 1.990.
Tras publicar tres elepés, y enfrentados a un callejón sin salida, Los Secretos deciden tirar la toalla. Tres años después, Enrique vuelve con nuevas canciones, optando por reflotar el nombre original en vez de presentarse en solitario, como se le propuso. En la operación, Javier, el tercer hermano en discordia, sale por la puerta trasera.
Los hermanos Reid, The Jesus & Mary Chain. No sé qué pasaría por sus cabezas en feed-back, pero sus diferencias insalvables finiquitaron una de las bandas británicas más influyentes de la segunda mitad de los ochenta, antesala del noise y del indie. William abandonó en plena gira norteamericana tras enfrentarse a su hermano, que estaba como una cuba, en pleno concierto. Las tensiones que mantenían desde hace tiempo estallaron. Como el amor todo lo puede, en 2.007 volvieron. Pero parece que…
Los Robinson de Georgia formaron a mediados de los ochenta The Black Crowes, que recogen, para bien y para mal, la semilla sureña de los Allman Brothers, símbolo de aquel sonido durante los setenta.
Los hermanos Davies de The Kinks (Ray, ex –marido de Chrissie Hynde de Pretenders, y Dave), debutaron en 1.957 en un pub de su humilde barrio londinense. Desde entonces, aparte de convertirse en un grupo capital para la historia de pop, han forjado una historia paralela de desencuentros, inquinas, rivalidades y sonoros enfrentamientos en escena, puestos de actualidad por el siempre resentido Dave en su autobiografía “Kink”. Pero siempre están unidos de alguna manera. En estos momentos esperamos su vuelta a la actividad tras la embolia sufrida por Dave en 2.004. Una actualización de la historia fraternal de los Kinks la protagonizan los hermanos Gallagher de Oasis pero con menos talento y mucha más autocomplacencia y procacidad. Aunque su relación como hermanos sea mucho más civilizada, prefiero a los hermanos McDonald de Redd Kross como relevo de los Davies. No estrictamente por el sonido, sino por la actitud, la expresividad y las intenciones. Tras la primera separación de la banda angelina, formaron un interesante grupo de pop irresistible, Ze Malibu Kids, con la mujer de Steve, Ann Waronker (hija del productor Joey Waronker) y la hija de Jeff, Astrid, que contaba sólo ocho años.
Bob Dylan siempre gustó de rodear su biografía de un halo de misterio. En 1.962 cambió su apellido original, Zimmerman, por el de Dylan, e inventó un pasado familiar extravagante, lejos del verdadero, mucho más convencional. La prensa no tardó en descubrirlo claro, y el bueno de Bob prohibió a los suyos volver a atender a nadie remotamente parecido a un periodista. A finales de 1.974, su hermano David, tan alejado del meollo de su vida, le animó a regrabar los temas que no le convenciesen de “Blood On The Tracks” con músicos locales de Minneapolis, ayudando así a dar el toque definitivo a ese gran álbum. El único hijo de Dylan que siguió los pasos de su padre con decisión fue Jakob, con su grupo The Wallflowers.
El hermano gemelo de Elvis Presley murió en el momento de su nacimiento: hubiese habido dos.
George Young, hijo de inmigrantes escoceses en Australia fundó en 1.964 la banda Easybeats, con la que desarrolló una frenética actividad durante el resto de la década, teniendo en el incontestable “Friday On My Mind” su mayor éxito. Posteriormente, siguió una carrera de compositor y productor junto a su compañero de grupo Harry Vanda, llegando a tener repercusión muchos años después bajo la denominación Flash and The Pan. En los setenta produjo los primeros discos y representó al grupo de sus dos hermanos menores, Angus y Malcolm: AC/DC.
Los hermanos Wilson, encabezados por Brian, formaron el núcleo de los Beach Boys, junto con el primo Mike Love, en 1.961, sufriendo la presión constante y los malos tratos de su padre, Murray, durante años. Un caso similar de padre enfermizo por el éxito de sus vástagos lo protagonizaron los Jackson Five con su desquiciado progenitor, Joseph Jackson, fundador y representante del grupo.
Un rumor extendido decía que los Ramones eran hermanos, e incluso alguien apuntó que descendientes de españoles. Ni lo uno ni lo otro: lo siento, no hemos inventado el punk. Sólo unos tipos de Queens que marcaron un punto de inflexión en la música popular, y que por lo leído sólo fueron amigos el 10% del tiempo que permanecieron juntos.
Chris Jagger, hermano mayor de Mick, ha tenido una carrera errática desde 1.973, casi siempre vinculada al blues y el soul, y ajena a la enormidad de su apellido. Aunque para muchos sea así, no debe recordarnos la historia del hermano cantante de Clinton.

El hijo de John Bonham, Jason, se hizo con la batería de Led Zeppelin. Debutó con ellos en un concierto en el Madison Square Garden de Nueva York, el 14 de Mayo de 1.988, durante la celebración del 40 aniversario de la compañía Atlantic y ahí sigue cada vez que se anuncia una reunión. Y el de Ringo Starr con la de The Who. Para qué buscar más lejos.
Steve Earle (casado con la bellísima cantante Allison Moorer) y Steve Young son referentes de la mejor música norteamericana de raíz, desde el folk al country. Más joven, carismático y controvertido el primero, y más dedicado a la composición para otros el segundo. Sus hijos, Justin Townes (por Van Zandt) Earle y Jubal Lee Young, se entregan respectivamente a la música de raíz más agreste y al country alternativo con ribetes pop. Juntitos estuvieron de gira por España a finales de 2.007.
North Mississippi Allstar, poderosa banda formada en 1.996 que atesora lo mejor del blues y country más eléctrico y se inscribe en la escena jam norteamericana, está formada por dos hijos del gran Jim Dickinson, veterano músico y productor afincado en Memphis; además tuvieron como guitarrista hasta anteayer a Duwayne Burnside hijo del bluesmen R.L. Burnside. Mejores palos imposibles.
No coincide, sin embargo, el estilo atmosférico y contenido del argentino Birabent con el clasicismo rock que hizo famoso a su padre en Argentina y posteriormente España, Moris, el autor de la celebérrima “Sábado en la noche”. Shooter Jennings interpretó a su padre, el temperamental cantante country Waylon Jennings, en el biopic de Johnny Cash “Walk The Line”. Un buen homenaje.
Marvin Gaye, mito de la música soul, no pudo plantearse esa opción, ya que murió tiroteado por su predicador padre en 1.984. Más tragedia, la de los Buckley, el padre, Tim, murió en 1.975 de sobredosis de heroína, cuando su hijo Jeff contaba con nueve años. En 1.997, éste pereció ahogado en el río Wolf, en Memphis. Una desaparición rodeada de misterio a los treinta años, cuando sólo había publicado el imprescindible “Grace”.
Solomon Burke, esa ingente masa de soul, cuenta con veintiún hijos y ochenta y tantos nietos. Con esa prole no podía perder el tiempo. A finales de los sesenta, tras terminar la sesión de grabación de uno de sus éxitos, se dispuso a abandonar el estudio; interpelado por esas prisas, contestó que no podía entretenerse porque a las pocas horas debía conducir un vehículo quitanieves.
Por su parte, Eric Clapton quedó totalmente noqueado y marcado cuando descubrió que sus padres eran realmente sus abuelos y que la que decía ser su hermana era su verdadera madre.

Las niñeras, a pesar de los vídeos que circulan por la tele, a veces son como de la familia. La famosa intérprete de “Do The Locomotion”, Little Eva, tuvo su oportunidad porque cuidaba de los niños de Carole King y Jerry Goffin. La oyeron cantar por los pasillos y de ahí al éxito en 1.962. O Jesca Hoop. Su condición de niñera de los hijos de Tom Waits es lo que le abrió los portones de hierro de la industria. Otra fuerza emergente del nuevo folk norteamericano con su elepé debut de 2007, “Kismet”.

La pareja, esa gran desconocida. Richard and Linda Thompson, venerable pareja del folk británico, formaron dúo y matrimonio entre 1.972 y 1.982. Tras la ruptura total, a Linda se le diagnosticó afonía histérica debida al estrés. Richard Thompson mantiene una versátil y sólida carrera y Linda ha editado recientemente un disco muy interesante, “A Versatile Heart”. Además, Teddy, el hijo de ambos, compone muchos de los temas de su madre, aparte de mantener una carrera en solitario, y la pequeña Camila está a punto de decidirse a grabar.
Algunos se casan con sus coristas, Dylan con Carolyn Dennis en 1.986 para dar la mayor protección a la hija de ambos, nacida cinco meses antes y llamada Desiree Gabrielle Dennis-Dylan, y Bruce Springsteen con la rubia Patty Scialfa.
Fred “Sonic” Smith, guitarrista de MC5 y Patti Smith (apellidos coincidentes), vivieron juntos desde 1.980 hasta la muerte de él en 1.994. Tuvieron dos hijos; el mayor, Jackson Smith, es guitarrista de la banda de Patti.
Los Beatles y las esposas: Yoko Ono ha pasado a la historia como la principal aniquiladora de los de Liverpool. McCartney formó The Wings, grupo de largo recorrido, junto a su mujer Linda en 1.971, aunque ya habían editado ese mismo año a nombre de los dos “Ram”. A Pattie Boyd, mujer de Harrison y después de Eric Clapton, le cabe el honor de haber inspirado temas claves de la música pop como “Layla” o “Something”.
Para el que no lo sepa, Kurt Cobain se casó con Courtney Love.
Blue Mountain, grupo compuesto por el matrimonio formado por Laurie Stirratt y Cary Hudson, es una de las referencias actuales del country alternativo. Y country y misterio destilan las canciones de Low, grupo liderado por la pareja formada por Mimi Parker y Alan Sparhawk, mormones de Duluth (Minnesota).
Mamas and the Papas es probablemente el nombre de grupo más terriblemente familiar. El cuarteto hippie parecía compuesto por dos matrimonios, pero sólo se trataba del formado por los Phillips (Michelle y el gran John). Abba sí eran dos matrimonios, qué empalagoso. Ya están divorciados, claro.
Jon Spencer y Cristina Martínez, su esposa de origen extremeño, han compartido y pertenecido durante más de veinte años a multitud de bandas clave de rock and roll terminal y blues primitivo en Nueva York (The Honeymoon Killers, Pussy Galore, Boss Hog o la Blues Explosion). Los vi en un Espárrago, como Boss Hog, y allí estaba Jon, sabiendo colocarse con su guitarra en un segundo plano tras su despampanante esposa. Y es que los sonidos primitivos unen más de lo que parece, así el caso de las oscuras almas matrimoniadas de los Cramps (Lux Interior y Poison Ivy) o Royal Trux (Neil Hagerty y Jennifer Herrema, que a la sazón producen algunos discos bajo el seudónimo Adam & Eve); o lo sónico, cuyas turbulentas ondas envuelven desde hace años (qué cursi ha quedado) a Ira y Georgia de Yo La Tengo, y a Thurston y Kim de Sonic Youth.
El guitarrista y cantante gospel de Chicago Pops Staples formó un conjunto soul-gospel a partir de la segunda mitad de los sesenta con sus hijas Celota y Mavis (ésta destacó y destaca como solista, con un último álbum producido por Ry Cooder), y su hijo Pervis: The Staple Singers. Vivieron su época dorada en el sello Stax, durante los últimos sesenta y los primeros setenta. The Carter Family, un trío formado por un matrimonio más cuñada en 1.927, es considerado uno de los padres fundadores de la música country. La formación original pervivió hasta 1.943 (a pesar de que Alvin y Sara Carter se divorciaron en 1.936), convirtiéndose después en The Carter Sisters & Maybelle Mother, o sea, la cuñada y sus tres hijas. Entre ellas estaba June, que en 1.968 contrajo matrimonio con Johnny Cash, tras acompañarle durante años en sus giras, reconduciendo así su vida. Por parte de Johnny, dos de los cuatro hijos provenientes de su primer matrimonio también siguieron la senda musical: Ray Liberto Jr y Rosanne Cash, ésta sí convertida en celebridad country. En lo que respecta a June, destaca su hija Carlene Carter, fruto de su matrimonio con Carl Smith.
Bob Marley (hijo del militar de Liverpool Norval Marley) contrajo matrimonio con Rita Anderson en 1.966. Aparte de los hijos que tuvo con ella (el más popular como músico es Ziggy), tuvo a bien dejar un rosario de pequeños Marley con otras tantas madres. Por ello, Ziggy colabora gozosamente con muchos de sus hermanos de padre, destacando musicalmente Stephen o Damian, aunque no son los únicos que se dedican a al reggae. Rita, aparte de controlar el legado de Bob y relatar que sólo tenía dos calzoncillos en su polémico libro “No Woman, No Cry”, también graba discos y actúa. Una recomendación postrera, su colaboración con Nacho Scola y Gregorio Paniagua en el disco “Spectacles for Tribuffalos”. Toda una exquisita rareza.



Publicado en el portal de humor gráfico "Irreverendos" en febrero de 2.008.

03 marzo 2008

“NO COUNTRY FOR OLD MEN” (“No Es País Para Viejos”, Joel and Ethan Cohen, 2.007)

Acabo de llegar del cine y llevo un rato dándole vueltas a la película. Me ha encantado, apunto antes de nada. No es de esas que te lanzan contra el teclado deseoso de transmitir algo que bulle dentro, desde luego. Su efecto es lento pero irreductible, reposado, casi paladeable. Se trata de un juego de contención, de un filme con acción, pero una acción fatigosa, desesperada, anhelante. Silencios, miradas pausadas de cámara, lejanías, polvo y moteles; la lentitud y la inmensidad del desierto se trasladan a la imagen, así como la pavorosa seguridad con que avanza lo inexorable; el sosiego y la frialdad con que la violencia se desarrolla y la muerte se produce. La peripecia, como en cualquier gran historia es sólo un decorado, una excusa que centra su interés en elementos clásicos (una persecución, un dinero robado), ofrecida con pulso firme y suficiencia. Sin un plano sobrante, sin el más mínimo síntoma de gratuidad o desfallecimiento. Es una historia descorazonadora de fe perdida, de desesperanza tomada con resignación y una ironía a veces chocante, levemente cortante. Diálogos compuestos por frases lapidarias, por un humor oscurecido por el polvo y las carreteras. McCarthy reflexiona en su literatura sobre el género humano, muestra lo que ve en él, sin artificios, ni paños calientes; sin divagar, como una punzada. La realidad como crudeza inmediata. 1.980, un asesino a sueldo que deviene psicópata, impasible, intuitivo a la vez que metódico, que se mueve como la prosa de su creador, con los movimientos justos, medidos, con efectividad y claridad de ideas. Anton Chigurh (Javier Bardem), sólo cree en una urdimbre de justicia del destino desarrollada en su mente ida a algún lugar remoto, con el botón de muestra del azar de monedas lanzadas al aire para decidir entre la vida y la muerte. Una especie de Dios despiadado con los humanos, inconmovible y armado.
Ed Tom Bell (Tommy Lee Jones), el sheriff, escudriña desde la vejez acechante y el desánimo creciente, su propia fragilidad y la de los cimientos de su mundo, la inutilidad de su entrega, la cercanía de la nada: “Creí que en mi vejez Dios se me aparecería de algún modo, pero no ha sido así”. El mal late con su corazón poderoso, infatigable, indomable, filtrándose por doquier. Un sombrío paisaje contra el que poco parece poder hacerse. En donde la humanidad sólo se manifiesta en destellos de amor, fidelidad a la amistad, o la capacidad de un hombre para arriesgarlo todo por llevar agua a un moribundo, haciendo caso a su conciencia. Algo que sólo un ser humano puede hacer.

17 febrero 2008

ELISABETH SANXAY HOLDING La Pared Vacía (Traducción de Matuca Fernández de Villavicencio, Lumen, 2.007)

Lucia Holley vive dedicada a su familia mientras su marido combate en Europa durante la 2ª Guerra Mundial. Este modélico retrato se verá alterado de manera fulgurante. Desde ese momento, Lucia transmite en primer plano su ingenuidad, las dudas y complejos que la atenazan, su vulnerabilidad, la frustración y el creciente vacío existencial de una mujer frágil resguardada en férreos valores; pero también la determinación y la fuerza que éstos le proporcionan. Todo esto logra transmitir al lector con maestría una creciente inquietud, una desazón basada en esa fragilidad, golpeada inopinadamente por sucesos del todo inesperados. Esa urgencia, ese estar en vilo ante una situación límite constituyen la espina dorsal de la novela, lo que hace crecer en intensidad una trama que no para de enredarse, haciendo sentir casi físicamente la opresión de las horas que pasan.

Elisabeth Sanxay, reputada novelista neoyorquina obligada por la crisis del 29 a decantarse por la novela de suspense, vuelca todo el protagonismo sobre los hombros de Lucia, desplegando el mecanismo interno de sus pensamientos, la vorágine de sus sensaciones, el desdoblamiento del ama de casa ejemplar. Situada permanentemente en la cuerda floja, la novela vibra entre las manos mientras late fuerte el corazón de nuestra heroína de circunstancias, presa del pánico ante la visión de su mundo desmoronándose. Decisiones rápidas en frases cortas, virajes de opinión, digresiones, reflexiones construidas en un instante y al momento desbaratadas. Entreveradas con las suficientes descripciones y dibujo de personajes, y el ágil evolucionar de la historia que la narradora proporciona con extrema lucidez. Los diálogos brotan rápidos y precisos, y los dedos de la Sanxay aprovechan para escarbar en la moral, el concepto del bien y el mal o la culpa. Yendo y viniendo por los pasillos, subiendo y bajando escaleras, Lucia afronta una dramática historia que pone en jaque el bienestar de su familia bien norteamericana, a la vez que en su interior bulle una íntima y creciente insatisfacción, abriéndose en paralelo un vivo caudal reflexivo acerca de las limitaciones del ama de casa en una sociedad burguesa y gris.

Quizá la solución final sea lo que menos me seduzca de esta novela aparecida en 1.947 que entusiasmó a Raymond Chandler y a un servidor.



Publicado en el nº 248 de la revista Ruta 66

14 febrero 2008

"Una sociedad...

"Una sociedad construida y pacificada se basa en un entretejido de mutuos menosprecios pasivos" (Josep Pla, "El Cuaderno Gris").

09 enero 2008

SÉ FELIZ, PERO NO ME PREGUNTES CÓMO (FELICITACIÓN CLÁSICA DE NAVIDAD)

Estimados psicocamaleones, reflexionemos:


¿Qué cantante ha ganado más pasta a costa de la Navidad que Bing Crosby? Su “White Christmas” transmitía paz, ¿verdad? Qué tiempos, qué capacidad de convicción, qué envidia para Rouco y sus secuaces (con esa cara que tienen de no parar de escuchar “Homo Christmas” de Pansy Division cada vez que pasean por las calles). El sencillo que contenía esa canción continúa siendo el más vendido de la historia, y su elepé “Merry Christmas” es uno de los habituales de cada Navidad, patente ejemplo de que las mencionadas fechas son el más esmerado resultado del arte de la repetición. Poco antes de morir recibió a un calculador David Bowie, quién se la jugó con el reto del dúo imposible, firme como estaba en su intención de convertirse en una estrella Navidades Blancas para ese mercado norteamericano que se resistía a su androginia. Tras un intercambio de frases absurdas ambos interpretan junto al piano el clásico “Drummer Boy” (“El Tamborilero”). El encuentro tuvo traslación discográfica, claro, con la foto de los dos interfectos en aquella ocasión, en forma de single, “Peace on Earth”. ZZZzzzzz. Si hay que escuchar compilaciones navideñas prefiero a Elvis Presley, que para eso ya sacó un “Christmas Album” en 1.957, los temas navideños de Spike Jones y su orquesta o, mejor, la spectoriana recopilación “A Christmas gift for you” de 1.963, con las Ronettes, las Crystals o Darlene Love. O, ya lanzados, algo tan inquietante y acariciador como el “Christmas” de Low; “A christmas album” de Bright Eyes; “Horny Holidays!”, el disco de ese gran punk de la música de raíz norteamericana llamado Mojo Nixon, publicado en 1.992 (Santa Claus go straight to the ghetto, yeahhh), o las interesantes incursiones instrumentales de los paisanos Granadians en “Feliz Navidad con…”, de las navidades de 2.003.

He de señalar antes de seguir que “El tamborilero” NO es una canción de Raphael. Años después Jesús Arias se desgañitaría haciendo su particular lectura con T.N.T., incluida en el disco navideño de Dro “Navidades radioactivas”, de 1.982, uno de los mitos discográficos de la movida y pasto de coleccionistas. Allí estaban también Siniestro Total, los N-634 de Kike Turmix, Derribos Arias, Mogollón, etc… En 1.994 Servando Carballar volvió a repetir la jugada con “Navidades Furiosas”, un muestrario de lo más señero de la escena indie de la época, con apariciones estelares de Los Planetas, Cancer Moon, y unos casi finiquitados Surfin´Bichos. Más recientemente los sellos Jabalina y Siesta, adalides del pop exquisito, disfrutan como niños con sus recopilaciones respectivas “Cuentos de Navidad” y “Fantasía de Navidad”.

La Navidad, ya se sabe, es la época de los tópicos agitados con delirio, de las buenas intenciones más vanas que darse puedan, del llueve sobre mojado y todos esperando que llueva, de apartarse del árbol con distante ironía y el polvorón en la boca, de prohibir el Belén a no ser que reivindique la causa Palestina o esté compuesto por moteros. El abrazo del gran esfuerzo publicitario, la torsión zambombera del sentido común, el calorcillo febril del consumo. La gente autoendulza como puede su acritud, y eso no deja de ser fantástico. ¿Un acuerdo colectivo? Un dejarse llevar resbalando por la paga extra mientras ésta lo hace entre luces, altavoces en las calles y tiempo huidizo y brilloso. Es un tiempo que concita por mor del calendario laboral y los convenios la posibilidad de contar con algo más de pasta y de ver a gente a la que cada día es más difícil ver. Si me hubiese levantado rabiosamente inconformista, escribiría que la misma sociedad que te oprime y determina tu vida afloja la presión en estas fechas para que consumas más, pero, lo cierto, es que estoy bastante constipado y comiéndome una hojaldrina.
Manifestar gusto por ella es infantil y adocenado, y probablemente atacarla con aquello de la hipocresía, el consumo desaforado y demás resulte a estas alturas más que nada grosero por evidente; y en muchas ocasiones interesado, ya que generalmente sólo se persigue destacar ante el enemigo invisible. Como me dijo un compañero de trabajo: “aprovecha la paga extra para comprarte más discos de esos que te gustan”. Demasiados discos. Los excesos en el terreno musical son legendarios: precios desorbitados o recopilaciones engañabobos que nadie osaría poner en circulación en otra época del año, oportunismo sonrojante, empacho arreglístico en interpretativo sin recato, teatralidad y edulcoración sin medida, obviedad sin límite. Un ejemplo de esto que no nos ponga de mala leche es el proceso de traslación navideña del clásico de los Troggs “Love is all around” en una buena comedia, “Love Actually”, a cargo del gran Billy Night. Aún a riesgo de resultar repetitivo, esas interpretaciones de los músicos favoritos del momento y la forma de prestarse a cualquier tipo de invento televisivo, creo que son el punto culminante de la hipocresía de las fechas. Casi lo peor del mundo.

La industria del disco es un mamut que lleva años tambaleándose sin llegar a caer, la sangre empapa lentamente su lomo, pero su mirada no está tan perdida como pensamos. Al menos sigue manipulando sin recato la televisión pública española. Sus lanzamientos navideños nos inundan, y, al final, todos tropezando por las escaleras mecánicas.
Todos los estilos musicales han abrazado en algún momento la cuestión navideña, y las recopilaciones e incluso los discos dedicados por un artista al tema son abrumadora legión (nunca coleccionéis discos navideños). En el apartado de “Discos Navideños Delirantes” podemos colocar “A very special Christmas live” de 1.998. Disco benéfico grabado en directo en ¡¡la Casa Blanca!!, que cuenta con interpretaciones de iconos de la industria de aquel momento como Bon Jovi (sí, el de las mansiones), Sheryll Crow, Run DMC, o Eric Clapton. La cosa termina con una jam de un clásico marmóreo, “Santa Claus is coming to town”, tema de intensa y agitada vida, paseado a lo largo de los años, entre muchos otros, por el gran Bing, Frank Sinatra en plan jazz y swing; Chris Isaak con la ex - Fleetwood Mac, Stevie Nicks, en una lectura gratamente rescatable; la irresistible de Lynyrd Skynyrd, los Beach Boys, las mágicas Crystals, el mismísimo Springsteen; una Diana Krall no excesivamente fría, y… Michael Bolton. Esto me trae a la cabeza en el apartado “Todos los artistas en el estudio ultramotivados y como si fuesen sorprendidos en una sesión de trabajo”, el vídeo de Band Aid, con las estrellitas británicas de 1.984. También estaba Paul Weller.

Vello erizado: el “Feliz Navidad” de Boney M. uno de los mejores play back groups del mundo e ideal para ser reivindicados en la España tan festiva que estamos viviendo. José Feliciano era tan grave... Aunque siempre podemos elegir la versión teleñeca de La Casa Azul o la de El Vez, incluida en el recomendable recopilatorio “Punk Rock Xmas”, junto a temas de Celibate Rifles, Dickies o los Ramones (la voz de Joey siempre consigue transmitirme un aire positivo).

El anglo Papá Noel, gana de largo como protagonista de canciones, como podemos observar, aunque los Reyes Magos están dignamente representados con gente tan insigne como La Terremoto de Alcorcón (“Me han echao los reyes un ipod de 80 gigas”), los aguafiestas de Astrud con “Son los padres”, o los Siniestro Total de “Afunfún Afanfán”.

Los Planetas no podían dejar de pasar el hecho navideño por el tamiz de humor negro de sus canciones, “El Espíritu de la Navidad”, tiene la gracia de sonar algo navideña, además de ser una buena canción. Ay, el intangible Espíritu de la Navidad, Coldplay felicitaron tan señaladas fechas a sus fans con un vídeo humorístico en el que bailaban algunos de sus éxitos disfrazados de época (todos criticamos la Navidad y todos le guiñamos). Sufjan Stevens tiene un halo navideño en todas las cosas que hace. Por eso parecía predestinado a lanzar “Songs for Christmas”, caja de cinco cd´s grabados en cinco años y lanzada a finales de 2.006. A atesorar temas como “Come on! Let´s boggey to the Elf Dance!”. Los frenéticos y prolíficos The Beach Boys de la primera época ya grabaron su disco navideño en 1.964, “Christmas Album”, reeditado luego sin parar y con distintas denominaciones. En 2.005, el renacido Brian Wilson, publicó el suyo personal, "What I Really Want For Christmas", tras la estela del controvertido “Smile”.

Ya hemos advertido que la Navidad altera las mentes (o agudiza el ingenio): los madrileños Tennessee, en un vano intento de recuperar tiempos mejores, sacaron para las de 1.993 un disco navideño (no en vano en la mejor tradición del rock and roll clásico); Billy Idol, cantante hace medio millón de años de la banda punk inglesa X-Generation, y cómodamente transplantado al mundo de las FM estadounidenses hace lustros, toma gozoso el relevo de crooner navideño empalagoso con el añadido de cirugía plástica en la swingueante “Jingle Bell Rock”. Algo más sano sin duda que las debilidades de Kid Rock, otra FM norteamericana andante, que actuó para los soldados destacados en Irak en las navidades de 2.006.

A pesar de todo podéis vengaros con los cascos puestos. Para furibundos desertores de estas fiestas se recomiendan reflexiones como la de Silvio Rodríguez en “Canción de Navidad”, o directamente temas como el de Estado Crítico incluido en aquel recopilatorio de la primera eclosión Hip-Hop española de finales de los ochenta, “Navidad Hip-Hop” (amenazadores con “Dónde estás Navidad, ven aquí si te atreves…”) o el single navideño de MCD para Basati Diskak. Pero nada mejor que cosas como “Feliz Falsedad” de Soziedad Alkoholika y el “Villancico” de Ska-P, o la eterna obviedad de los raca-raca llena caja de siempre. En el apartado “versiones a patada limpia de villancicos para cagarme en la Navidad” destaca sobremanera el “Noche de Paz” de Extremoduro. Robe, burro como él solo pero dejando siempre algún verso memorable.

En la línea crítica, pone el vello de punta la portada del single del grupo punk AHV, “En Navidad también comemos”. Un golpe seco de todas todas. Sin más complicaciones, y para ese CD secreto de temas de Navidad que sólo escucharás cuando estés a solas en el coche, los Airbag nos regalaron en su momento “Buscando los regalos de Navidad”, puro Spector vs Los Ramones. El “Merry Christmas Everybody” de Slade está bastante potable con ese riff tan glam ya a la altura de 1.980. Atesorable como la revisión de “All i want for Christmas” de Lois Casino, “The Christmas Song” de The Raveonettes o “It´s Christmas time” de Yo La Tengo. Siempre Tom Waits, tanto en su recreación de “Silent night” como en la de “Christmas card for a hooker in Minneapolis”. Eels con “Christmas is going to the dogs”, o el nunca bien ponderado Ex Poch Pinza y su “Navidad en el almacén”. En “Don't belive in Xmas” los garrulos The Sonics cantan a Santa Claus al son del “Have love will travel”, y unos The Trashmen menos salvajes y más modositos que de costumbre bailan con él en “Dancin´with Santa”. Y no puedes olvidarte de The Pogues y “Fairytale of New York”, nº 2 en listas con el dueto entre McGowan y Kristy McColl en pleno ambiente navideño.

Los Beatles tuvieron su peculiar relación con la Navidad, regalando cada año a los miembros de su club de fans flexi-discos conmemorativos, siempre irónicos y algo excéntricos; auténticos tesoros para coleccionistas. La cosa se inició con el de 1.963 con saludos de cada miembro y breves versiones, como la del clásico “Rudolph, the red-nosed reindeer”. En 1.964 con “Another Beatles Christmas Records”, ofrecieron junto a los ya habituales saludos una versión de “Jingle Bells”. Al año siguiente, fieles a su cita, publicaron “The Beatles Third Christmas record”, junto a parodias de temas como “Yesterday” se encuentra una versión de “Happy Christmas to ya list´nas”. Para las de 1.966 apareció “The Beatles fourth christmas record (Pantomime: everywhere it´s Christmas)”. Más conocido posteriormente por el subtítulo y formado por breves composiciones originales a modo de número cómico. Al año siguiente la jugada se repite con “The Beatles Fifth Christmas record (Christmas time is here again)”, conteniendo el tema que da nombre al subtítulo, ya más conocido. En 1.970 finalmente, todo este material fue recopilado y editado en formato elepé con el nombre de “The Beatles Christmas Album” en su versión norteamericana, denominación que sería al cabo la más conocida. Años más tarde, ya con el grupo separado, John Lennon grabaría la celebérrima “Happy Xmas (The war is over)” single de Navidad lanzado a continuación de “Imagine”, su exitoso elepé de 1.971.


Artículo aparecido en el portal de humor gráfico Irreverendos, en enero de 2.008.