26 junio 2006
"El escritor...
23 junio 2006
“SIEMPRE HABLANDO DE FÚTBOL”
Aún resuenan en mi cabeza la canción de El Koala dedicada al mundial y la de la selección con el Capitán Canalla (en la tele dicen ex – Inhumanos con el mismo aire que si dijesen ex – Rolling Stones). La pregunta es simple: ¿Por qué? Si ya tenemos asegurado el título de País Más Hortera de Europa, por qué seguir humillando al contrario, abandonemos la presión y dejémosle salir del área. Con las genuinas composiciones de unos La Frontera en horas subterráneas (“No Vuelvas Sin Ella”) para la Eurocopa 2000 o Café Quijano (Eurocopa 2.004), por no citar a las cenizas de The Hurtado Sisters en 1.982: “Viva España, Vamos a Ganar”, está todo controlado . Sé que cuando Ricky Martin cantaba “La Copa de la Vida” peligró nuestro reinado, pero ya pasó, tranquilos, tardarán muchos años en superarnos, sino siempre podemos llamar a… Las Ketchup.
Qué aburridos los ingleses y sus temas para las grandes citas futbolísticas, ¿qué se creerán?: “We Are The Champion” celebérrimo tema de Queen utilizado en TODAS las celebraciones deportivas, sonó por primera vez en 1.977; “World In Motion” de New Order en Italia 90; y “Three Lyons” de The Lightnin´Seeds junto con la revisión que hicieron Oasis del clásico himno Glam “Cum And Feel The Noize” de Slade, en la Eurocopa de Inglaterra de 1.996. Esto por citar algunos ejemplos. El pop británico siempre ha acompañado al deporte rey, el himno prácticamente oficial del Liverpool es el tema de sus paisanos Gerry & The Pacemakers “You´ll Never Walk Alone” (“Nunca Caminarás Solo”), y grupos como The Faces (sobre todo Rod Stewart, al que en una interpretación televisiva en 1.971 de “Maggie May” le dio tiempo a dar unas patadas al balón mientras finalizaba la canción), siempre han sido futboleros; así como Sir Elton John, ese que ahora se aburre con el mundial de Alemania, un ferviente aficionado que fue incluso dueño del club londinense Watford. En los meses previos a la grabación de “London Calling”, The Clash se instalaron en un nuevo local situado en el barrio londinense de Pimlico; durante el trabajo de composición de su álbum mítico jugaron diariamente al fútbol en una pista de tenis asfaltada cercana. The Housemartins irrumpieron en el pop británico como una exhalación en 1.986, dejando muy claro su lugar de procedencia al llamar orgullosamente a su celebrado debut “London 0 Hull 4” (por cierto, el segundo elepé de 091, “Más de Cien Lobos”, producido por Joe Strummer, pudo ser editado en inglés en el Reino Unido con el título de “Europa 0 Granada 4”, y eso antes de lo de los Housemartins). Por su parte The Wedding Present titularon su elepé de 1.987 “George Best”, con el genial y controvertido jugador irlandés en portada. El gran Bob Marley procuraba jugar al fútbol cada vez que podía, y su mortal enfermedad partió, por lo visto, de una lesión mal curada. Entre la escena patria tenemos a Los Planetas, quién puede olvidar su “Un Buen Día” con aquellas referencias a golazos de Mendieta y repasos del Marca, o su tema “La Copa de Europa”, que algo de inspiración futbolera denota. No terminan ahí las referencias futbolísticas para J Planetas: uno de esos grupos paralelos que tiene en Granada responde al nombre de Montero Castillo y Aguirre Suárez, en honor a aquel par de recios defensas oriundos que jugaron en la mejor época del Granada C.F., durante la primera mitad de los setenta. Hablando de este equipo, la mítica indumentaria rojiblanca en disposición horizontal sale momentáneamente del pozo de la 3ª división para ser protagonista del vídeo de Lori Meyers “Dilema”, con Antonio Arias de árbitro y J. de portero patoso. A pesar de que a Lapido no le guste el fútbol, su guitarrista Víctor Sánchez parece que estuvo a punto de dedicarse profesionalmente a tan noble deporte. Quique González, madridista de pro, también se vistió de corto, intentándolo en los infantiles del equipo merengue. Yulio llegó más lejos, así como Álvaro, líder de esos hombres G acelerados que son Pignoise, el cual se retiró del fútbol tras una grave lesión que truncó una prometedora carrera en el equipo blanco. La pizpireta superbanda de Siesta Las Escarlatinas ofrece en su debut un “Sueño Merengue”. De todas formas por la capital de España la mayoría de los musiqueros son atléticos: Joaquín Sabina (por cierto, su “Dieguitos y Mafaldas” es todo un canto a la afición de Boca), Rosendo, o Iñaki de Glutamato Yeyé (que tan ardorosamente cantaba “Soy Un Socio Del Atleti”); así como Coti Sorokin, y muchos de los argentinos que han recalado en la capital. Hablando de argentinos y atléticos, el Mono Burgos, después de colgar los guantes de portero, se ha decidido por el rock, siguiendo la tradición stoniana del país sudamericano. En aquel país y en casi todos, el ídolo es Maradona, y así lo recuerdan temas como “Maradona” de Andrés Calamaro, “Santa Maradona” de Mano Negra o “Maradona Blues” del ínclito Charly García. El sello Siesta celebró su undécimo cumpleaños con el recopilatorio “Derby”, cuya portada consiste en dos sillones, uno blanco y otro rojiblanco. El Real Betis (ese sentimiento) une genios tan dispares como el de Antonio Luque de Sr. Chinarro, Silvio o Kiko Veneno, que ya lo decía en su “Dime A”: “Dime A dime ámame, dime B dime bésame, mucho Betis, mucho Betis e…”. En la otra acera, además de El Arrebato y su himno, el gran Bambino, en su época dorada, era capaz de llevarse de fiesta a su casa a toda la plantilla del Sevilla. Mirando hacia el Barça, ya sabemos que Ronaldinho es percusionista, aparte, Serrat es un culé declarado, como se desprende de temas como el evocador “Temps Era Temps” (“Basora, César, Kubala, Moreno I Manchón...”) o el bonito homenaje que es “Kubala”. El propio Joan Manuel relató la anécdota de que el pianista de jazz Tete Montoliu, a pesar de ser ciego, acudía al Nou Camp con frecuencia acompañado de un amigo que le narraba el partido; también contó que una vez, tocando juntos, Tete dio un salto en la banqueta de su piano, y es que por lo visto a veces tocaba mientras escuchaba el fútbol con sus auriculares. No era raro que el trompetista Rudi Ventura amenizara la espera de algún partido con su instrumento desde su localidad. En otro orden de cosas, una vez tropecé en una tienda de ocasión con un single de Julio Alberto, pero no me atreví a ir más allá. El grupo barcelonés Élena titularon así uno de sus temas, “Julio Alberto”. También desde la ciudad condal Los Sencillos ofrecieron en su “Bultacos y Montesas” de 1.997 la irresistible “Phutbol”. “Tú serás del Celta, yo del Deportivo…” cantan Siniestro Total en “La Balada de Cachamuiña y María Pita”. El reciente y magnífico “Sequentialee” de Tarik y La Fábrica de Colores, usa metáforas relacionadas con nuestro deporte en cortes como “A Balón Parado” y “Porque Es Domingo”. El Niño Gusano tienen un tema llamado “Vicente del Bosque” en su elepé “El Efecto Lupa” editado en 1.996, algunos años antes de la vuelta estelar a la actividad del entrenador madridista y sin que la exuberante letra tenga nada que ver con él. Curioso el tema de La Costa Brava, “El Cumpleaños de Ronado”, de un Fran Fernández en plena racha creativa. O los siempre impagables La Granja, que cantaban “Eto´o (su jugador favorito)” cuando el goleador camerunés aún jugaba en el Mallorca. A veces hay encontronazos, como el que se pegó Franco Battiato con un poste mientras jugaba al fútbol de niño, y que le dejó la nariz prominente que ostenta; o el de los de El Canto del Loco, que han denunciado al candidato a la presidencia del Madrid, Baldasano, por regalar entradas para sus conciertos. También hay quien no se entera, como Enrique Urquijo, que a principios de junio de 1.998 se quejaba de las pocas fechas que tenía para actuar ese mes con su grupo Los Problemas. Cuando le explicaron que en ese mes todo estaba parado por los mundiales preguntó: “¿qué mundiales?”.
Publicado en el portal de humor gráfico y cómic "Irreverendos" en junio de 2006
16 junio 2006
"ESPÍRITU BUCANERO"
La edición discográfica de la era del cd y dvd, tan revisionista y completita, ocupa en buena medida el lugar de los antiguos bootlegs, en muchos casos utilizando el divertido término de “Pirata Oficial”. Ediciones con frecuencia delirantes que ayudaron a dotar de verdadero relieve al mito del rock. Así como la Red, en la que ya se puede encontrar todo el conjunto de rarezas que podían cubrir los piratas, bien por acción del mismo espíritu bucanero o por mediación de los propios
autores. Desde los cincuenta a bien entrados los ochenta las ediciones eran singles, elepés, consabidas y previsibles apuestas comerciales que JAMÁS cubrían las expectativas del público más avezado o del fan más entregado.
PATA PALO
Partiendo inicialmente de Holanda e Italia se trataba de directos grabados “en algún lugar bajo el sol” (Robert Fripp se dedicaba a comprar ediciones pirata de King Crimson en todos los países que visitaba), sobrantes de estudio (aquellas sesiones de Syd Barret recogidas en “The Return of The Crazy Diamond”, un vinilo con la galleta y la carpeta en blanco y una hoja adjunta con foto y datos); caras b, entrevistas, versiones, sesiones de radio, grandes desastres (el concierto de Altamont de los Rolling Stones), grandes momentos (“Santa Monica´72” de David Bowie), o capturas con una grabadora de mano (“Live at The Max kansas City” de Velvet Underground). Descuidadas, con datos equivocados, falsas, artesanales, mimadas, también supusieron una importante fuente de ingresos para sus autores, aunque supongo que a la larga beneficiaban al artista. Eran un complemento sin el cual la historia del rock sería infinitamente más plana. Hubo un tiempo en que tener un pirata de tu grupo favorito era cosa obligada. Recuerdo las ediciones en casete que, desde Valencia, hacía la gente de 7º Sello, grabaciones de los lanzamiento del sello neoyorquino Roir, a su vez incunables de Television, Fleshtones, etc…Probablemente el mejor medidor de la leyenda de cualquier artista fuese el número de piratas que tenía por el mundo: Bob Dylan estaba en cabeza (hubo hasta elepés conteniendo los mensajes de su contestador, y las míticas “The Basement Tapes”, antes de la aparición oficial de parte de ellas en 1.975, eran el bootleg más vendido de todos los tiempos). El mercado negro de casetes ha sido fundamental, por otra parte, para la llegada del rock a países del Este u otras zonas donde, o bien estaba proscrito o el poder adquisitivo no llegaba. De los Beatles tenemos cosas como “The Beatles Acoustic Materpieces” (denominado también “Kinfaus” o “The 1.968 demos”), versiones acústicas de la época del álbum blanco grabadas por John, Paul y George; o “More Sweet Apples” que recoge interesantes tomas alternativas del período 66-69. Los Bootleg Series de Bob Dylan están recuperando convenientemente grabaciones que circularon durante años en el mercado pirata, como el mítico concierto de Manchester que recoge “Live 1.966”, oficializado en 1.998. Los desastrosos conciertos en Oakland durante la gira de 1.969, constituyeron el primer pirata de Los Rolling Stones: “LIVEr Than You´ll Ever Be” salió a principios de los setenta vendiendo centenares de miles de ejemplares y contando con el entusiasta recibimiento de la prensa underground. Mick, siempre cuco, se preocupó por el tema, borrando meticulosamente, durante las sesiones de grabación de “Sticky Fingers”, cada amanecer, las cintas suplementarias que registraban diferentes descartes.
PATA DIGITAL
Lo de ahora es otra cosa, si eres más o menos vendedor tienes tu cd copiado en las famosas mantas callejeras (algunos dicen que no eres nadie si no estás allí expuesto, y otros, como el rapero sevillano Haze, decidieron distribuir de este modo su “Crónicas del Barrio”, una opción libremente escogida) si no, siempre queda Internet. La piratería así concebida cuenta con todas las simpatías, primero porque facilita a bajo precio o gratis cosas que de otra forma habrían de pagarse (o sea motivos tan mercantilistas como cualesquiera otros), y por ese sentimiento tan arraigado de que el que reclama un beneficio económico, por muy legítimo que sea, es el malo, si no se trata de nosotros, claro. En un foro internetero alguien aducía que lo natural era disfrutar la cultura de forma gratuita. Hay que tener en cuenta que NO siempre son grandes-corporaciones-globalizadoras-con-la-sonrisa-de-Bush las beneficiarias de la venta de discos, a veces hay pequeñas compañías que hacen mucho por la música y que deben recuperar gastos, sobre todo para que su importante trabajo siga mereciéndoles la pena. Es curioso: todo el mundo piensa que quien tiene que ceder su trabajo gratis es el prójimo. Ahí termina nuestra revolución: todos menos yo. Qué pena, estábamos a punto de alcanzar el ideario de los sesenta, la Microsociedad Sonriente de Aficionados a la Música: tú me das tu música y yo no te cobro el pan, o reviso tu coche y atiendo a tu hijo en mi consulta sin cargo. El sueño era bello, pero el intento ha quedado frustrado. Algo vuelve a quedar claro: sólo el que no puede hacer valer sus derechos queda fuera. Y eso no parece muy novedoso.
El otro día un músico me hizo llegar sus nuevas canciones a través de Soulseek, su opción prácticamente única es la autoedición. Sólo él debe decidir si quiere que todo el mundo las consiga así o mediante la compra de un cd que las contenga. Si elige el formato clásico: venderlas comprimidas en un cd, tras haber pasado por un estudio de grabación, un diseño de portada, promoción, fabricación, etc, su decisión debería ser respetada. Pero la realidad es otra, cuando edite su disco alguien le tocará la espalda y dirá: “ejem… hemos estado pensando en ti, y hemos decidido colgar tus canciones en internet, para que, en pos de la libertad, lleguen a los oídos de todo el mundo, así serás más conocido, tendrás más conciertos, la gente buscará tus otros trabajos, etc…”. Después le pellizcarán la cara y se irán. Resumiendo, olvídate de decidir por ti mismo, alguien sabe lo que te conviene mejor que tú. Tomemos nota amigos.
ABORDAJES APARTE…
Mi opinión es que la promoción y la publicidad (o sea, mayormente el poder del dinero) siguen y seguirán mandando (si TODO está en la red no hay ninguna razón especial para que alguien prefiera invertir su tiempo en tus canciones si no se entera convenientemente de su existencia), y por mucho que el libre intercambio de archivos arrase, quien esté más respaldado llegará más lejos y tendrá más acceso al reconocimiento y al beneficio que se desprenda de todo ello. El que no lo tenga se la jugará teniendo muchas posibilidades de diluirse sin lograr ningún tipo de compensación. Por eso ha llegado la hora de la versatilidad, de adaptar la legislación a los tiempos y explorar convenientemente internet como posibilidad nueva e inmensa (derechos de autor, tipos de comercialización…). Cada cual debe ser libre de decidir si colgar sus canciones gratuitamente, si cobrar las descargas, si ofrecer dos minutos, o si seguir el noble arte de darnos a conocer la otra cara de la música, al modo de la vieja piratería, ofreciendo al mundo directos, descartes, versiones, etc…Ya nada será igual, y parece razonable que una herramienta del alcance de internet sirva para igualar las posibilidades de la gente.
Publicado en el portal de humor y cómic "Irreverendos" en junio de 2.006.
10 junio 2006
ENTREVISTA A EL DOGHOUSE
¿Cómo distéis a parar con vuestros huesos en Granada?
Lardner: Llevaba toda mi vida moviéndome de un sitio a otro. Me ha gustado Granada desde el primer momento, y hace siete años, decidí venir aquí. Ya estoy asentado.
Todo empezó a partir del homenaje a Joe, en el Sacromonte, ¿qué recuerdos guardáis de aquello?
L: Los comienzos de El Doghouse fueron un poco antes. Lo del Sacromonte fue una fiesta. Varios días ensayando en mi garaje (literalmente) con toda esa gente, para luego subir y pasarlo pipa. Un privilegio.
D: La verdad es que llevaba dos gorras (sic) esos días - la de músico y organizador-, y, por culpa de la última (¡que pesaba mucho!) resultaron unos días bastante estresantes. Pero vamos, al final creo que la gran mayoría de la gente se lo pasó muy bien, ¡y yo también mientras tocaba!
Conocemos más o menos la carrera de Dudanski (101´ers, PIL, Raincoats...), pero ¿qué nos puedes contar de la tuya Tom?
"In Heat" es un trabajo de rock intenso, orgánico, ¿cómo abordasteis la grabación?
L: Richard y yo nos metimos en el estudio en Guadix, y grabamos catorce temas en varios días. Tocamos a la vez, Richard poniendo las pistas de la batería y yo la voz y guitarra acústica de guía. Fue una grabación bastante “en directo”, sin claqueta. Luego, vinieron unos amigos de Madrid (Julian Kanevsky en la guitarra eléctrica, Héctor Oliveira en el bajo y Pedro López con la mandolina) para colaborar. Tuvimos mucha suerte al poder contar con músicos de este calibre. Más tarde, después de rehacer las voces y guitarra acústica, invitamos al increíble Paul Stoker para poner los vientos.
¿Cómo son vuestros directos? ¿Soléis hacer versiones?
L: Bastante frenéticos. Cuando estamos bien de sonido, nos abandonamos a la locura. Y con mucho volumen…ingrediente esencial. Aparte de Dudanski y yo, tenemos al Doctor Olmedo en la guitarra eléctrica, y Maki, el hijo de Richard, en el bajo.
Ya nos sobra material nuestro para llenar un concierto, pero seguimos haciendo alguna versión: una de nuestro amigo Tymon Dogg, otra de los 101ers, algo de Iggy, Ramones, the Clash…
¿Cómo se puede encontrar el CD? ¿Tenéis distribución?
L: Seguimos buscando distribuidor…no es fácil. Por ahora, se puede pedir en nuestra web (www.eldoghouse.com), y en varios puntos en Granada (ProMusica, Melgamusic, Moriarty)
D: Esperamos noticias al respecto en el año nuevo. Hay un par de distribuidores con quienes estamos hablando….
¿Os habéis planteado regrabar algún tema de 101´ers, tipo "Sweety Of the St. Moritz"?
L: “Silent Telephone” ya forma parte de nuestro repertorio, e imagino que grabaremos una versión para el próximo disco.
L: La verdad es que no salgo demasiado, me gusta lo que hacen Quini (La Guardia) y José Antonio (091) con su Mezcal. Y El Perro del Hortelano me parecen cada vez más consolidados. He visto algunos grupos de rock y heavy, y siempre me gusta, pero no recuerdo los nombres.
D: Me pareció potentísima la actuación de Lagartija en el Zaidín de este año. Eric en la batería fenomenal. Me gustó también el nuevo giro de Paco Chica con Kennedy. Los chicos y chicas de Almanjáyar en el “Taller de Compás” siempre igual de buenos…
L: La oportunidad de gritar a los cielos. La fuerza corriendo por las venas. He crecido con el rock´n´roll, y estaré escuchándolo y tocándolo (si puedo) hasta el final.
D: Me gusta escuchar y tocar todo tipo de música, ¡pero tocar la batería en una buena banda de rock tiene poca comparación!
08 junio 2006
NIÑOS MUTANTES EN DIRECTO
28 DE ABRIL DE 2.006
Niños Mutantes son de esas bandas que han logrado construir una fórmula sonora inmediatamente reconocible desde el principio de su carrera, un cancionero sin altibajos al que siempre ronda el fantasma de la repetición, pero jamás exento de puntos brillantes y memorables. Tener las ideas claras les ha permitido evolucionar sin sobresaltos, no hay etapas olvidadas ni temas de los que renegar. Su ya intransferible personalidad se ha macerado entre los patrones melódicos de los Brincos y la mítica urgencia noise de los Pixies; el firme armazón sonoro de la escena británica de la primera mitad de los ochenta (como tantos grupos de la generación indie) y el gusto cada vez mayor por el pop más excelso de los sesenta. En Motril dejaron muestra de un sonido básico pero sin fisuras, bien templado (a pesar de ciertos desajustes), y cada vez más dramático y reconcentrado; siempre avanzando en pos del clímax sonoro. Desde el inicio con “La Última Vez”, “Bárbara” y “Nada Nuevo” todo esto quedó claro. La banda ordenó su repertorio alrededor de sus dos caras fundamentales: alternó sus momentos más inmediatos (“Katherine”/”Florecer”), (“Elévame”/”Ítaca”) con los más intensos y desgarrados (“Gente Normal”/”El Corazón es un Cazador Solitario”), (“Fuego Dentro”/”Ayer”, éstas con un barbudo Juan Alberto a los teclados). Junto a éstos, otros medios tiempos de singular encanto, marca de la casa, como el clásico “Globo” u “Oso Polar”; o la catártica “Una Semana”. Su gusto por los contrastes sonoros sin demasiadas complicaciones y el ruido, se puso de manifiesto en la elección de “Ejército de Brutos Mecánicos” como fin de la primera parte de la actuación, en detrimento de infinitos temas mejores. Ya en los breves bises, con la inclusión de acústica, nos regalaron la magnífica “Las Horas Perdidas” y “Capitán Cobarde”, pero nos negaron “La Ardilla Roja”, que hubiera sido un bonito colofón.
Publicado en el nº229 de la revista Ruta 66.
05 junio 2006
HONDONERO “Señales” (Flor y Nata, 2.006)
Un disco de guitarras en primer plano, cuidadas y crujientes, como en todos los de Hondonero, la banda de Juan Antonio Mateo, una firma bien conocida en esta casa. Los malagueños presentan un cuarto trabajo caracterizado por un mayor instinto pop a la caza de estribillos, aparte de más matizado y variado en cuestión de sonido que anteriores entregas; con letras eminentemente reflexivas y algo sombrías, una mirada desencantada sobre la áspera realidad. Hay deudas con los riffs de aquel Nuevo Rock Americano de los ochenta, sobre todo en la inmediatez de “Suerte”, que aúna rock´n´roll y power-pop, o “Reflejos”, salpicado de efectos sonoros y dulcificados coros. Una potente adaptación al castellano del “Blood and Roses” de los Smithereens, nos devuelve definitivamente aquel espíritu. Por otro lado tenemos la apañada “Electric Raga” que, como su nombre indica, se apunta al siempre efectivo pop psicodélico de bases programadas, aquí con sitar tocado por Juan Antonio. Mientras, “Diferente” y “Lo Mejor de Ti” abundan en el pop de marchamo clásico, y “Esclavo de Tu Piel” es un medio tiempo que enlaza a los Burning más melódicos con Coti. Por último, guitarras rasposas y urgentes para “Señales”, con la alargada sombra de 091 detrás, que también cobija a “Ying & Yang” y “Cómo Tú Lo Recordabas”. Como pero, señalar que algunos temas me parecen pelín extensos, con codas finales prescindibles, como el caso de “Esclavo de tu Piel”.
Reseña aparecida en el nº 228 de la revista Ruta 66.
02 junio 2006
MISIVA Nº2: “A VUELTAS”
31 mayo 2006
LULA “Zapatos nuevos” (Lucinda Records, 2.006)
| La guitarrista apasionada. Un repertorio que ofrece rock, pop y punk por los cuatro costados, pero yendo mucho más allá de limitarse a pisar el acelerador y sonreír: glam, Thunders (“Guarra”), guiños a Blondie (“Perfecta”), reminiscencias de los Cramps (“Llámame”) o ligereza indie (“Estás Solo”). Estribillos acertados (“California” es de esos sencillos que lo tienen todo), canciones inspiradas y muy bien acabadas, evitando complicaciones pero sin caer en la simpleza. Un power-trio con la contundencia precisa y un buen sonido de guitarras, relevantes y crudas. Patrizia muestra una gran voz, sobrada, sensual y con mucho mayor calado y madurez que la lolita de Los Romeos, aparte de ser una buena guitarrista. No hay impostación, los textos, a pesar de su carga erótica, no resultan forzados; son directos, pero cada letra ofrece hallazgos y versos memorables que trascienden esa impronta. No se trata del típico repertorio unidireccional, cada tema tiene personalidad propia, ostenta un carácter a pesar de tener el mismo patrón sonoro. Reseña publicada en el nº 31 del periódico Diagonal de Madrid |
29 mayo 2006
“DEMASIADO BORRACHO…”
| Estimados Psicocamaleones: Ya nada es como antes, recuerdo a Genesis P-Orridge de Psychic TV bebiendo vino a morro mientras la augusta Paloma Chamorro trataba en vano de entrevistarle y su hijo correteaba por allí. Eran los ochenta y el programa “La Edad de Oro”. Ahora, más de veinte años después, sólo aparece gente bebiendo así, y masivamente, en espacios públicos y lo peor, sin visos de desear un escenario por allí cerca con un grupo actuando. El alcohol acompaña y aísla, hunde y anima y, últimamente, se ha convertido en una de las grandes rutinas del ocio. El mundo de la música está plagado de vinagres, como todos sabemos, pero no entraremos en el rastro luctuoso del alcohol, no es nuestra intención asustar a la juventud uniforme. Tan sólo recordaremos con cariño a Bon Scott de AC/CD, el sin par Silvio o Janis Joplin con su botella de Southern Comfort. Y aprovecharemos para enviarle a Shane McGowan unos tickets descuento de cualquier bar. Tampoco nos detendremos en los tópicos de la bebida: cosas como “emborracharme de ti”, “amargo licor”, “aquel trago”... Me dan ganas de soldarme a una barra de bar indefinidamente. Como temario de urgencia recomendado para las maratonianas sesiones de botellón/a comenzaremos con “Vamos muy bien” de Obús, “Hermano Bebe” de Siniestro Total o el “Entre Borrachos” de MCD, versión libre del “My Way” vía Sid Vicious. Ante su eructante inmediatez palidece la del tertuliano Ramoncín (“Hormigón, Mujeres y Alcohol”). Para pijos a los que les cueste lanzarse se puede recuperar “El Club Del Alcohol” de Danza Invisible. Me niego a entrar en el farragoso mundo de “Saca el güisqui Cheli” (me viene a la cabeza intermitentemente la cara del alcalde de Granada sonriendo). Beber, beber. Manolo Tena se hace el duro, “Quiero Beber y No Olvidar”. Qué certero el gran bluesmen Robert Johnson en ese “Drunken Hearted Man”. La Polla Records de “Salve!”, aquel debut tan catártico para tanta gente, fueron sin embargo precavidos ante el líquido elemento (“Txus no bebas tanto, no pierdas la cabeza”). Y es que las mezclas no son recomendables, los suecos Last Days Of April hablan de “Aspirins and Alcohol” y Jorge Cafrune de “Coquita y Alcohol”. No Obstante Dr. Feelgood se quedan con “Milk and Alcohol”, quién lo diría. Serge Gainsbourg habla a través de Mick Harvey de un “Intoxicated Man”. Con el botellón dicen que desaparece la garrafa, lo celebraremos escuchando “Moonshine Whiskey” de Van Morrison. Los mods Brighton 64 no entienden de consejos en “Quiero Beber”, una especie de lectura garajera del “Taxman” de Los Beatles, y los tiernos TCR dicen en “Tengo Que Beber”, que “perder el hígado no está mal si el corazón consigues salvar”… eso es amor señores. Por su parte Robe de Extremoduro se pone reflexivo en “Salir, Beber”. Una nota social, Platero y Tú con “Voy a acabar borracho”, La Banda Trapera del Río y … “Nacido del Polvo de un Borracho y del Coño de una Puta” o “Drunk Divorced Floozie”, un rock´n´roll del pirado de Mojo Nixon. Los beodos cantan: “Borracho” de Los Brincos, “Estoy Borracho” de Morcillo el Bellaco y Los Rítmicos (“Los zapatos blancos están sucios de bebida” ¡qué estilo!). Los catalanes Decibelios se declaraban “Borrachos y Orgullosos”, y José Alfredo Jiménez ponía los puntos sobre las íes, “Llegó borracho el borracho”. Qué mejor lugar para estar bebido que las estrellas, como cantan Smog. Estupendo el tema “Alcohol”, incluido por los Kinks en “The Muswell Hillbillies”, de un sonido que nos recuerda a Tom Waits. Éste se tiró media vida dando la impresión de avanzar por el mundo con un saco de botellas al hombro, además no era hábil para la invención de excusas, sino no culparía a su pobre piano de sus desmanes “The Piano has been drinking (not me)”.... Aunque Kid Koala (por favor no confundir) abunda en el tema con “Drunk Trumpet”. Hay gente que bebe demasiado pronto (The Handsome Family ,“Drunk By Noon”) demasiado jóvenes (histórico el lamento de 713avo Amor en el estribillo de “Cielo Bajo Tierra”: “Porque una niña de seis años bebe más que yo, bebe más que la tierra, bebe más que yo...”), o demasiado tiempo (“3/4 de siglo de borrachera” del grupo del Javier Corcobado de 1.983, los 429 Engaños, incluido en una maqueta de infame sonido). La religión ante todo señor Rouco, tal como dicen Bright Eyes en “Drunk Kids and Catholics”, lírica, brillante y sorprendente banda. Aunque hay quien ya se pasa de la raya (The Palace Brothers “I was drunk at the Pulpit”) o ve connotaciones malignas (qué hermosa guitarra pantanosa la de Bambi Lee Savage en “Demon Alcohol”). Alabamos la sinceridad de Jello Biafra de los Dead Kennedys, tiene un problema que han versionado muchas otras bandas (“Too Drunk to Fuck”). Los Rodríguez por su parte ocultan la realidad en “No Estoy Borracho” (mira cómo me mantengo en un solo pie”). Para que luego digan que Alaska y cía. no se preocupaban por sus conciudadanos: escuchen a Kaka de Luxe en “Peligrosos Sociales” (borracho no se puede conducir por la ciudad)”. El alcohol puede ser una tragedia familiar, John Denver pone el dedo en la llaga y suplica “Please daddy (Don´t get drunk this crhistmas)”. Poner nombre a tu grupo puede ser un problema, unas copas ayudan a solucionarlo: Dead Chinaskis o Alcohol Jazz, por no mencionar a Kaos Etílico, Delirium Tremens y cosas así de sutiles. Los garajeros neoyorquinos The Chesterfield Kings estuvieron inspirados al titular “Drunk on Muddy Waters” su acercamiento al blues de 1.990. Entre las debilidades de Josele Santiago estaba también el alcohol, como queda claro en su tema “Afición”, personal adaptación del clásico “Milkcow Blues”. Tal ocurría con el desaparecido Enrique Urquijo, su “Quiero beber hasta perder el Control”, con su aire tex-mex, es una de las más estremecedoras composiciones en castellano que hablan sin paños calientes del alcohol como compañero de desdichas (“Mis lágrimas se mezclan con alcohol”), sin olvidar “El Último Trago” de Chavela Vargas o el alcohol que macera la venganza en “La Cuchilla” de Aterciopelados: pasión asesina pura. Jorge Martínez de los Ilegales es un público y notorio aficionado a todo tipo de bebidas espiritosas, pero éstas no aturden su visión lo más mínimo. En “Caramelos Podridos” nos dejó un preciso retrato de los años salvajes. Por su parte el recordado Silvio le puso Barra Libre a una de sus formaciones. La denominó con un deseo. En “Vodka con Limón” se lanza a rockanrolear, celebrando la vida con su vaso en la mano. Hablando de canciones con títulos de bebidas, el whiskey se lleva la palma (el ron parece que sólo se puede mencionar meneando el esqueleto con rijosa sonrisa). La Frontera avisaban desde la barra de un bar, “Si el Whiskey no te arruina, las mujeres lo harán” (chicas, no abandonen la sala por favor); la vida se disfruta mejor según John Lee Hooker con “One bourbon, one Scotch & one biere”, uno detrás de otro. Mark Lanegan tituló “Whiskey for the holy ghosts” su magnífico trabajo de 1.994, por cierto, uno de los mejores cortes se llama “Borracho”. Cerramos el apartado Whiskey con Thin Lizzy y su versión del tradicional irlandés “Whiskey in the Jar”, aunque también podíamos incluir, según creencia popular, el “Cuatro Rosas” de Gabinete Caligari. Pero en lo que respecta a canciones con nombre de bebida una de mis favoritas es “Ginebra Seca” de Burning. Ya lo decía en gran Rory Gallagher: “Too Much Alcohol”. Publicado en el portal de humor y cómic "Irreverendos" en mayo de 2.006 |
20 mayo 2006
ANITUA RHUMBA
17 mayo 2006
MISIVA Nº1: ANHELO
10 mayo 2006
“TODO EMPEZÓ CON PAUL AUSTER”
07 mayo 2006
TRENES QUE SE CRUZAN
Respetuosos con la raíces, prudentes, son más revitalizadores que renovadores, nunca rupturistas. Los tres beben hasta la ebriedad de los sonidos más genuinamente norteamericanos, se reflejan en su pasado más brillante. Absorben desde el country, el folk o el rock´n´roll clásico a Television o Sonic Youth. Podrían ser otros, pero Drive By Truckers, Ryan Adams y Wilco (así, en orden de mayor a menor enraizamiento) son patentes ejemplos de ese constante renacer de la música estadounidense, y por ende del rock en general. Trenes que evolucionan atravesando su bagaje musical, saliendo y entrando por distintos túneles, avanzando paralelos o cruzándose (esos momentos en que proyectos distintos pueden sonar tan parecidos). Los músicos norteamericanos siempre han vuelto sobre sus pasos en momentos de duda. Cuando las escenas se saturan o llegan a un callejón sin salida se tiende a volver la vista a atrás, a revisar las temáticas, instrumentos y formas de componer de siempre.
DRIVE BY TRUCKERS proceden del sur, de Athens (Georgia), la misma ciudad de REM y B-52´s. En los primeros noventa el núcleo central formaba la banda Adam House´s Cat. Aparecieron en 1.996 y ya cuentan con siete discos editados, grabando la mayoría de las veces prácticamente en vivo. Liderados por Patterson Hood, son ya míticas las tres guitarras de este quinteto amante del sonido analógico. Son los más previsibles del trío, los más apegados a los clásicos y eso en cuestión de sonido les encanta. Guardianes de las esencias del rock sureño, las temáticas y la especial atmósfera del sur va tan unidas a ellos como las particulares portadas de sus discos, a cargo de Wes Freed. Sus influencias fundamentales son The Allman Brothers Band, Lynyrd Skynyrd, Neil Young, o los Rolling Stones de los primeros setenta.
“Southern rock opera” (2.002) es su trabajo más ambicioso, de grabación y puesta a punto larga y tortuosa. Un inagotable doble elepé inspirado netamente por el espíritu de Lynyrd Skynyrd, en el que su música despegó definitivamente.
RYAN ADAMS es también sureño (nació en Jacksonville). Empezó haciendo punk-rock, pero su primer contacto relevante con la música fue a través de la banda Whiskeytown con la que grabó cuatro álbumes de country rock. Debutó en solitario con “Heartbreaker” (2.000), y su fama creció espectacularmente dos años después con el disco “Gold” y su single “New York, New York”. Partiendo de la música de raíz como los otros dos, comparte con éstos el gusto por Neil Young y el country; estando más cercano a Wilco en la impronta de Dylan y a los Truckers en la de los Stones. Con algo de enfant terrible, díscolo e imprevisible, es un músico intuitivo, convincente y apasionado. Maneja a su antojo todos los resortes del rock y sus influencias abrazan tanto al Dylan de la segunda mitad de los sesenta como a los Smiths. Versiona a Oasis a la vez que hace puro rock americano de empaque o canciones estremecedoras por su fragilidad. Puede sonar urgente o cristalino, desaforado u ortodoxo. Acompañarse de guitarra y voz, arreglos de cuerda, metales o detalles electrónicos. Tras ofrecer con “Rock´n´roll” un erizado compendio del rock y el pop más inmediatos, en 2.005 volvió con tres trabajos de arrebatador calado, que dejan muestra definitiva de su trascendencia como creador. “Jacksonville City Nights” no puede dejar de sonar.
WILCO. Natural de Belleville, Illinois, Jeff Tweedy publicó cuatro álbumes con Uncle Tupelo, banda seminal del denominado country alternativo, entre 1.990 y 1.993 (“No Depression” se convirtió en todo un referente). El otro lider de la banda, Jay Farrar, formó Son Volt.
Si Adams da muestras de ser un creador infatigable, éstos dejan una sensación de avance constante, casi obsesivo. Esta imparable evolución del grupo dejó pronto significativamente atrás los violines, mandolinas o dobros de Max Jonnston, uno de los supervivientes de Uncle Tupelo.
Ofrecen el abanico de influencias más extenso: Neil Young, Dylan, beatles, kinks (no en vano son los que tienen más sentido pop de los tres), kraut rock, Television o Sonic Youth (ensimismamiento eléctrico, distorsión, Jim O´Rourke colaborando). Su sonido de nutre cada vez más, sin verse afectado para nada en su esencia, de programaciones, efectos sonoros, mayor toxicidad, y estructuras más arriesgadas y experimentales. El jefe Tweedy es un buceador sonoro, tanteador de atmósferas y oteador de horizontes pendientes de aparecer. De todas formas su signo distintivo es su instinto compositivo, algo que le emparenta en cierto a modo con REM, por su capacidad de hacer canciones capaces de trascender cualquier etiqueta. Sólo hermosas canciones.
Instalados en Chicago, Wilco iniciaron su andadura según los preceptos de Uncle Tupelo, los cambios de planteamiento llegaron a partir del inmenso “Being Three” (Reprise, 1.996) y, sobre todo, con “Yankee Hotel Foxtrot” (Nonesuch, 2.002) por el que el sello Reprise se deshizo de ellos, trayendo además importantes cambios en la formación. Fue una apuesta ganada, un singular ejercicio de abstracción que provocó un viraje de intenciones cuando todo estaba comercialmente de cara. Entre medias tuvieron tiempo de volver a las raíces al hacer dos discos con Billy Bragg (la serie “Mermaid Avenue”), sobre textos perdidos de Woody Guthrie; aquellos a los que Dylan hace referencia en su autobiografía. “A Ghost is Born”, prácticamente grabado en vivo en el estudio, ha sido su último disco oficial hasta el reciente directo “Kicking Television: Live in Chicago”. Hasta el próximo tren.
Publicado en el portal de humor gráfico y cómic "Irreverendos" en mayo de 2.006
03 mayo 2006
“CRASH” ( Paul Haggis, 2005)
20 abril 2006
HUBERT SELBY JR. “ÚLTIMA SALIDA PARA BROOKLYN”
Esto auguró más o menos Allen Ginsberg respecto de la gran novela de Hubert Selby Jr., “una bomba que explotará sobre los Estados Unidos y será leída ávidamente incluso dentro de cien años”.
Selby nació en 1.928 en Brooklyn (Nueva York), muriendo en 2.004 a causa de las afecciones pulmonares que le acompañaron toda su vida. Genio poco valorado y nunca premiado, siempre vivió con el lastre de sus carencias físicas (fue varias veces desahuciado por los médicos). A pesar del impacto de “Última Salida Para Brooklyn” (1.964) -su ópera prima ahora reeditada en edición de bolsillo por Anagrama-, cayó paulatinamente en el olvido, aunque no dejó de desarrollar hasta su muerte esa literatura tan asfixiante y humana que siempre reflejó el cuarto oscuro de la sociedad estadounidense. Pocos libros, espaciados en el tiempo a causa de su salud, entre los que cabe destacar “The Room” de 1.971, “Réquiem por un Sueño” (1.978) o “The Willow Tree” (1.998).
Abandonó la marina mercante al contraer una tuberculosis que le imposibilitó para realizar trabajos físicos, hecho que le condujo a la literatura a los veintiocho años. Comparado con Dos Passos, Céline (paralelismos con su “Viaje al fin de la noche” de 1.932), Burroughs o Miller, tardó seis años en culminar una creación que le dejó exhausto (sólo el relato “Tralala”, le llevó dos años y medio). La crudeza de sus líneas hizo que el libro fuese condenado por obscenidad en Inglaterra. Otro escritor procesado, como antes Flaubert o después Houllebecq.
El cine no trató mal su obra, “Última Salida Para Brooklyn” fue llevada a las pantallas en 1.989 por Uli Edel; y “Réquiem por un Sueño” en 2.001 por Darren Aronofsky, interesantísima y efectista cinta ésta, en la que podemos ver al bueno de Selby haciendo un cameo como deslenguado guardia de una prisión.
Asimismo merece la pena recordar que Selby ha realizado grabaciones de Spoken Word como “Live in Europe 1.989” (Thirsty Ear, 1.996) con Henry Rollins como productor; o “Blue Eyes and Exit Wounds” (Exit Wounds, 1.998) a medias con el célebre periodista musical y escritor Nick Tosches. También ha colaborado con Lydia Lunch.
1. En “Última Salida Para Brooklyn” Selby regresa a su adolescencia para exponer una condensación de hechos que son virutas de una realidad abrupta, hostil y sobre todo evitada; situados en años cegados de unidad nacional y apuestas por una nueva era. El narrador no se vale de su omnisciencia para juzgar, sacar conclusiones o vislumbrar salidas (quizá sólo entradas). Todo parece sometido a un determinismo descorazonador. Un narrador que bascula entre la distancia y la empatía con una envidiable capacidad para introducir al lector en el fragor de la mente, los ojos y la piel de los personajes.
Se trata de una prosa vigorosa, esencial y fragmentaria, que se vuelve anfetamínica, incendiándose por momentos. Frases cortas, una mirada urgente que puede saltar de un punto a otro sin detenerse, o fijarse de pronto en alguna secuencia que nos sitúe mejor, que nos arrastre irremisiblemente más adentro del relato. Situaciones difíciles de olvidar, relatadas puntualmente.
Los diálogos se funden con el caudal narrativo, en su acelerado crepitar. Exclamaciones, mayúsculas o paréntesis dan relieve a gritos, pensamientos, o aclaraciones de una voz narradora que trufa su inventario de sucesos con aisladas descripciones mordaces y despiadadas; gotas de un humor que evita ser hilarante; y que alterna ágilmente lenguajes y perspectivas. Esas descripciones son a veces enumeraciones de datos y sensaciones; o una sucesión de acontecimientos rápidos o previsibles engarzados por conjunciones, que precipitan y acumulan las percepciones en el lector. También nos obsequia con imágenes brillantes, intensas y efectivas que trascienden la narración inmediata. Una cualidad metafórica empleada con parquedad (“La serpiente quedó encerrada dentro de la caja de cerillas. El día había empezado”; ese cuerpo que se convierte en un gigantesco nudo; o aquel sol que ha de penetrar hasta el mismo corazón).
Llegado el momento analiza a sus héroes (algunos basados en personajes reales) de forma precisa y completa, afrontando su complejidad y evitando adornos innecesarios para garantizar la tensión del relato, su continuo fluir. Los retrata vivamente estudiando su estética, sus códigos, y manteniendo a la vez una mirada global. Subraya sus gestos y expresiones; dibuja para nosotros el aire que respiran. Indaga en sus aspiraciones, su situación; nos zambulle en su nihilismo, su agresividad, o su estúpida vanidad. No se aprecia deformación caricaturesca al describirlos, más allá de apuntes irónicos; no satiriza sobre ellos, ni usa la hipérbole para epatar. Aquí, hasta las mayores extravagancias se antojan absolutamente reales.
La acción se desarrolla en un escenario de sordidez. Realismo descarnado, cotidianidad sin cortapisas, donde el aire se espesa página a página y la violencia es una forma de vida, la ley no discutida. Una novela crispada por la tensión de cada gesto, cada palabra, cada pensamiento. Un tratado de frustración, del profundo rencor (más o menos soterrado) que acompaña a los personajes durante toda una vida de deseos incumplidos; miradas que imploran o comunican odio y soledad. Unas historias rabiosamente urbanas de tipos atrapados o lanzados a toda velocidad en pos de un destino inmutable como un muro; que discurren a borbotones, salpicando al lector con fogonazos de degradación, bajos instintos, sexo, violencia y desesperación, amor e insensibilidad. Las relaciones sexuales participan de esa sensación violenta, son ofrecidas de forma explícita, apresurada y seca. Un desahogo meramente físico, en donde sólo el amor homosexual es narrado con ternura en algún instante. Los problemas raciales no son tratados específicamente en estos relatos.
Conformada por seis textos de desigual extensión, conectados entre sí por un escenario común, algunos personajes y la sensación de fatalidad que transmiten, las primeras son historias de prostitución, delincuencia y homosexualidad que comparten su relación con locales como el Griego o el Willie´s; y la parte final recrea, desde múltiples puntos de vista y retazos de rutina, la vida en un modesto edificio. Se contraponen (o complementan) la absoluta inconsciencia de los personajes de los primeros cuentos con el hastío que se fragua a partir del quinto, en los que se manifiesta, además, una intención de retrato social que invita a la reflexión.
2. Son los años cuarenta y la música urbana en boga es el be bop; los solos del saxo del Charlie Parker de “Lover Man” (el súmmun de lo moderno en contraposición con el country) aún tardarán en ser sustituidos por los de guitarra eléctrica. La droga estrella es la anfetamina, acompañada de marihuana, algo de morfina y un continuo trasegar de tabaco, café y alcohol. La vida transcurre de espaldas a todo; un mundo impermeable incluso a la guerra, en el que todos desconfían y sobreviven en constante fricción, sin asomo de remordimiento. Las situaciones más duras se respiran sin resultar forzadas, palpitan en todo momento. La violencia es expeditiva, imprevisible, gratuita; relatada con detenimiento y prolijidad en momentos concretos, reduciendo el ritmo y acotando el plano para recrear una escena que subraye el auténtico dramatismo de las cosas. Demorándose en un matiz revelador, o apostando por la sutilidad para crear una imagen imborrable (“temblaba al vaciar la sangre del zapato”, “…un guante blanco agarró una cabeza y el guante se volvió rojo”).
“Un dólar al día” es la primera parte, y es empezar a leerla y sentirse en un tren en marcha. Sirve de eficaz presentación del escenario y el cariz de algunos de los principales actores: jóvenes airados absolutamente encerrados en su propio mundo de delincuencia y violencia. Ejemplificado perfectamente en el encuentro con unos soldados.
En “La Reina Ha Muerto” (para mí el relato de mayor calado), Georgette conmueve; acaso pudiera tratarse de un personaje de H. C. Andersen en el lado salvaje: soñadora, enamorada, imaginativa, sensible, trágica e inadaptada. La peripecia de este travesti nos mete de lleno en ambientes de prostitución y drogas que enlazan con la primera historia. Su angustia y humillación nos son referidas con detalle y eficacia (“Su vida no evolucionaba, sino que giraba centrífugamente…”); así como su relación con las drogas (“quería la mentira ya”). La prosa y el ritmo se ajustan como un guante a la variable situación emocional de los personajes, a su delirio toboganesco. Siendo la parte de la fiesta la única verdaderamente coral del libro, una narración llevada con habilidad y contención de toda una noche de gestos, miradas y expectativas de llenar un vacío insondable. Las chicas son tratadas con ternura mientras se las encuadra en su halo de tragedia.
Narrado en segunda persona y un lenguaje coloquial, rápido y frenético de barrio, “Y con el Niño, Tres” transpira cotidianidad, costumbrismo obrero y buen humor. Una estampa fugaz y entrañable que, sin embargo, no consigue disipar esa inquietante sensación que se cierne sobre toda la novela.
“Tralala” asusta, sorprende; es la infausta historia de una obsesión por el dinero, la historia más a tumba abierta que jamás he leído. Tralala ofrece su vagina como una ranura en la que echar monedas, cuantas más mejor, el tiempo que haga falta, donde sea. Es muchas cosas: fría, cruel, violenta, calculadora, ambiciosa, pragmática, desalmada, impaciente. Capaz de deshacerse del amor de una patada, justo antes de que la acompañemos en su caída en enloquecida e imparable dinámica. Una historia intensa y concentrada.
Partiendo del mismo escenario, el mismo cruce de calles, y con “los chicos” de por medio, Selby cambia de estrategia con “Huelga”. En este relato se centra más que nunca en la penetración psicológica en el personaje, una minuciosa y obsesiva descripción de sus sensaciones, del devenir de su psique. Una invitación al mundo de lo desasosegante que continuará hasta el final del libro. La violencia sigue siendo un olor penetrante, repta larvada por las páginas, hasta que termina explotando. Desarrolla una narración atenta al mínimo matiz, estudia el carácter de su protagonista, husmeando a la entrada del túnel de su cerebro, enfocando su linterna a las costuras más profundas, al centro del dolor (ansiedad, deseo, asco, frustración, vulnerabilidad…). El relato se torna pormenorizado, los hechos se observan con la fría precisión que Carver hará legendaria. Brooklyn, como decorado y suministrador de los personajes que entroncan con los relatos anteriores, deja de ser el escenario único, sustituido parcialmente por el fantasma acechante de la mente de Harry, esa inestabilidad que lentamente también se proyecta contra una pared.
Es la historia más larga, y su inicio ya es inquietante, una cámara lenta inquietante. Un enlace sindical ve cómo cambia su vida a partir de la convocatoria en la fábrica de una larga huelga. Además, y por única vez en esta obra, el autor vuelve la mirada a aspectos secundarios: se detiene en el relato ácido de unos jefes sindicales manipuladores y demagogos, de unos directivos empresariales insensibles, y subraya el vacuo compañerismo, hecho de clichés, que se utiliza para manejar a una masa obrera desilusionada. La huelga en sí es seguida en su evolución y con ella se dejan apuntes de la vida de los obreros. Vuelve los mundillos de los travestis (con sus luces y sombras) y los delincuentes juveniles.
Por último, “Fin del mundo”, la coda final, muestra lo que pasa tras la puerta del vecino, hurga en la roña que deja la aplastante y miserable cotidianidad, y pisa a fondo en el retrato social, no exento de humor ni de crudeza, iniciado en el relato precedente. Se armonizan numerosas acciones paralelas (que a veces se rozan mediante la utilización de diferentes puntos de vista) correspondientes al transcurso de un día cualquiera en una zona modesta de edificios de Brooklyn; salpicadas de textos breves suficientemente expresivos. Este retrato es un fresco vivo de la vida diaria de diversas parejas, marcada por la desidia, el hastío, esa violencia siempre latente, presta a saltar, el machismo o una profunda frustración que pisa los terrenos del odio brotado de estar dónde no se quiere estar y cómo no se quiere estar. Vuelve el relato nervioso, la crónica del caos, cargado de detalles significativos. Pero la mirada se posa con mayor agudeza.
Destacan el tratamiento íntimo, tierno, casi bucólico, de la soledad y resignación de Ada; el dibujo caricaturesco de ese atildado personaje surgido entre la miseria llamado Abe; la relación a GRITOS! entre Vinnie y Mary (antológica la discusión por el corte de pelo del niño); el futuro violento que late en los juegos infantiles; la crueldad y el esperpento del grupo de mujeres sentadas en un banco, a modo de malas del cuento; o la historia del bebé que pasea tranquilamente por el alféizar de una ventana que da al vacío.
Publicado en el nº 226 de la revista Ruta 66, con otro título y ligeros retoques de texto.
17 abril 2006
"Su corazón...
estaba pleno y lleno de compasión y, durante unos momentos,
olvidadizo y descuidado, menguó en su sitio
hasta que sólo fue un músculo sin alegría del tamaño de un puño
descargando sus obligaciones".
(Extracto del poema "La Anguila Ofensora" de Raymond Carver).
14 abril 2006
MAIKA MAKOWSKI “Kradiaw” (PAE-Wild Punk, 2.005)
Dicen que va a ser una estrella, y lo que es brillar brilla. Puede ser lo que quiera, también Blondie (“Fleshback”), o P.J. Harvey (“Animal”). Pero, ante todo, la mallorquina es dueña de grandes canciones grabadas con nervio y suficiencia; genuinas interpretaciones surgidas de una marcada personalidad y un sonido tan carnoso como urgente, jubilosamente imperfecto y con sustanciosos remansos; guitarras crujientes e inteligentes, en su punto justo de cocción; y una de esas voces con carácter y carisma, con esa naturalidad que, no sé porqué, es poco común por aquí y cuando aparece nos desarma a todos. No transmite esa sensación tan fastidiosa que aparece cuando hay más voluntad que talento, sobre todo en el mundo indie, de tener la lección recién aprendida. Hay desde pelotazos de rock con teclas que echan chispas (“Killing Bluebird”) a punk blindado en Detroit (“Charming Gigoló”) o sentidas y académicas baladas suspendidas de acústica, como “James Dean´s Alive”. Hay discos así: las canciones te llaman y una vez que te acercas se encaraman a ti, atrapándote.
Publicado en el nº 28 del periódico Diagonal de Madrid
http://www.diagonalperiodico.net/
10 abril 2006
HOMENAJE A LOS ÁNGELES
El homenaje tributado por los músicos granadinos a sus paisanos Los Ángeles, llegó a Motril casi un año después del realizado en Granada; aquí en un formato más esencial.
Fernando Díaz de la Guardia, biógrafo del grupo, presentó parte de las imágenes que conformarán el documental que prepara junto a Alejandro Pérez. Ahí, entre entrevistas y actuaciones, pudimos ver la presentación televisiva de “Créeme” o imágenes en Súper 8 del multitudinario recibimiento al grupo en Cuba con motivo del festival Varadero 70. Los Angelicos, formación compuesta por los hijos del desaparecido Alfonso González “Poncho” (baterista, compositor principal y voz del grupo): Popi González a la batería y voz, y Pablo G (guitarra y voz), junto a los componentes de Lagartija Nick Lorena Enjuto (teclados), Víctor García Lapido (Guitarra y voces) y Antonio Arias (bajo, voz y maestro de ceremonias); fueron la banda base de la noche. Su cohesión deparó un sonido fibroso y directo, sin los vacíos de este tipo de celebraciones. Los temas se sucedieron sin altibajos, interpretados con respeto y esmero en el cuidado de las armonías vocales (principal baza de los homenajeados); desde el beat a las reminiscencias folk, pasando por el pop más elaborado. Cayeron casi todos los temas del disco “Homenaje a Los Ángeles Con Intervenciones Estelares” editado por Lagartija Records, junto a otros que obviaban el lado más trillado de su repertorio. Antonio Arias se lleva casi la mejor parte del lote, interpretando (muy bien) temas como “98.6”, “Créeme”, “Sueños” y “Monotonía”. Pablo y Popi, por su parte, cantaron otros como “No Pienses” o “Siéntate”. A mitad de actuación se incluyó una parte acústica que se abrió con temas de la etapa más influida por la escena folk de la Costa Oeste (“Te Necesito” y “Ven a Granada”), interpretados por Popi y su hermano a las guitarras y el apoyo vocal de Eva Penélope del combo beatleliano For Of Us. Seguidos por la actuación de los Lori Meyers Alejandro y Noni con “No Estoy Contento”. La electricidad volvió trayéndonos a J. Planetas, que cantó desgarbado “Una Vez Juré” y “Mamá deja de llorar” (“Another Try” de America, tema aparecido, además de en el disco homenaje, en el recopilatorio “El Guateque”, acreditado a J y Los Angelicos, y el que mejor se adapta a su estilo). En el tramo final, ambos hermanos se hicieron con “No Sé Qué Hacer” apoyados en los coros por el resto más Noni y J.; miembros del grupo local Laberinto B y David Rubiño, tocaron junto a Arias “¿Has Amado Alguna vez?”, y, como despedida, “Nada Va a Cambiar el Mundo”, el último tema editado por Los Ángeles en 1.976, un mes antes del desgraciado accidente que terminó con la vida de Poncho y José Luis Avellaneda, truncando así la carrera de un grupo que aún estaba lejos de su decadencia.
Publicado en el nº 226 de la revista Ruta 66.
07 abril 2006
TOBACCO ROAD (PARTE II)
El cantante country Kinky Friedman anda atareado con su candidatura a Gobernador del Estado de Texas, y una de sus propuestas estrella sin duda será la de levantar las restricciones contra el tabaco y la marihuana, ¿estrechará lazos con Esperanza Aguirre?, ya veo la rueda de prensa, ambos con sombrero de vaquero, ella hablando con acento mejicano, claro. Dicen que ésta anunció su contra-ley tabaquil bailando al son de “Se te cayó el tabaco” de Tito Puente; lo siento, no consigo visualizarla. Y digo yo, hablando de prohibiciones, ¿podría tocar en tu pueblo este verano la Orquesta Ron Y Tabaco?. ¡¡No!!, porque The Great Shoemaker dice que disuadir del consumo de alcohol y tabaco es de izquierdas (lo siento, lo tenía que decir)…Sí tendría las puertas abiertas el amigo de Maradona, Emir Kusturica & The No Smoking Orchestra, y su incandescente música balcánica. Y seguro que se olvidarían de Tabaco, la poliédrica banda de Sabadell que iba, entre calada y calada, del rock progresivo al soul más hirviente, allá por el 71. Por cierto, según parece, lograron el record de permanencia sobre un escenario, ¡27 horas! Ni el cenicero de Tom Waits.
El tabaco se fuma pero también inspira. Estimula el lado cotidiano y costumbrista, como en la encantadora “El Estanco de Paula” de Malcolm Scarpa (“Allí es dónde compro el tabaco, y de vez en cuando un mechero…”); o el pop almibarado de Herman´s Hermits en “One Little Packet Of Cigarettes”. También da pie a ochenta segundos arrebatados, como “More Cigarettes” de The Replacements.
El binomio café-tabaco no sólo está de actualidad ahora que las cafeterías españolas son guetos de fumadores hacinados, el rocker Sleepy Labeef le canta con devoción en “Smoking Cigarettes and drinking coffee blues” y Otis Redding le susurra de maravilla en “Cigarettes and Coffee”.
Si aún no puedes prescindir de la mezcla de tabaco y alcohol para las fiestas tranquilo, no haremos leña del árbol caído, pero al menos redímete de la censura social con valses de buck Owens (“Cigarettes, Whiskey & Wild, Wild Woman”); vira al ska-son de La Kinky Beat con “Tabaco y Ron” o pega el oído a la rumba nostálgica de Javier Ruibal (“Tabaco y Tinto de Verano”), combinación que comparte la lánguida Aimée Mann en la inolvidable “Cigarettes and Vines”, perteneciente a la banda sonora de “Magnolia”.
Si necesitas reflexionar tranquilamente sobre el sentido de la vida, qué mejor que esos múltiples cigarrillos en la puerta del centro de trabajo. Llévate en el mp3 “Tattoos and cigarettes”, toda una simbología de rock sureño de la mano de Warren Haynes (Govt Mule, The Allman Brothers Band). Tan evocador como el amigo Haynes es Manolito García, pero más enrevesado (“Humo de un Cigarro Que Fuma Gardel”)… es que es superior a sus fuerzas. O tírate directamente a por la saga que titula nuestro humeante repaso, “Tobacco Road”, y me despido, que ya es hora. Es una composición mítica de John D. Loudermilk cuya letra se inspira en la novela homónima de Erskine Caldwell de 1.932, llevada al cine por John Ford en 1.941. Fue un gran éxito de The Nashville Teens en 1.965, en plan r´n´b seco y cortante de pulso garajero. En 1.966 los neoyorquinos The Blues Magoos, en el mismo palo, la volvieron más vibrante y efervescente; Brother Jack Mc Duff la hizo tenue y voluptuosa, con el inconfundible sonido de su Hammond B-3; y The Jefferson Airplane en su primer elepé, “Takes Off”, la enraízan aún más en la música negra; al igual que Eric Burdon & War en su magnífica revisión de 1.970. En 1.972, como olvidarlo, Edgar Winter la arrastró en incandescente y excesiva jam session en el celebrado directo “Roadwork”. Toda una historia, la del tabaco.
Publicado en Irreverendos, web de humor gráfico y cómic.
03 abril 2006
¡AHÍ ESTÁ PAPÁ!
Yo tenía cinco años cuando dejó su ocupación habitual y comenzó a aparecer en varios programas semanales: “Las 24 horas de sevillanas” de Canal Sur y otros. Se especializó en el “primer chasquido” como él le decía a mi madre por teléfono en sus cada vez más prolongadas ausencias, para “romper el hielo”. Cuando en el programa dedicado a las jóvenes promesas de cualquier cosa se oiga un primer y seco aplauso mi madre me zarandeaba: “¡Ahí está papá!”.
Su precisión llegó a tal punto que sustituyó en esas labores al regidor. Como buen subalterno siempre salía al quite si a un niño le daba por llorar en mitad de una actuación, un miembro del jurado borracho balbucía demasiado o un colega de profesión de inferior nivel reclamaba su bocadillo. “Tienes olfato”, le contaba a mi madre que le dijeron en la tele, mientras ésta ordenaba su abultada colección de autógrafos.
Los amigos que le acompañaron las primeras veces ya no fueron más. Se quedó solo, así que reclutó a mi madre. A partir de entonces comencé a ver los programas en casa de mi abuela, ya nadie me avisaba “¡Ahí está papá!”, ella se dormía a las primeras de cambio y las panorámicas del público eran escasas. Él nunca estaba en los planos fijos de cámara, ya que temían que lo reconociesen de tanto que salía; según me dijo mi madre mucho después lo solían disfrazar, le ponían bigotes, barbas, le pintaban el pelo, le colocaban extensiones, y a ella le sugirieron que no volviera tras unos cuantos programas. Su legendario primer chasquido merecía ese sacrificio. Mamá sufrió por aquello, también le tiraba la vida “artística”, pero supo mantenerse en un digno segundo plano.
Las televisiones privadas supusieron un punto de inflexión definitivo en nuestras vidas. La televisión autonómica sufrió un ataque de conciencia que se tradujo en dos meses sin programas de “variedades en general” como decía papá eructando levemente desde su trono en la cabecera de la mesa. En atención a sus servicios y fidelidad sólo se les ocurrió ofrecerle aparecer de público silencioso en algún programa de debate, o en retransmisiones de partidos de alevines. Incluso le sugirieron que volviera a llevar a mamá y a mí mismo. Se negó, claro.
A pesar de todo, gracias a esa cadena conoció a su representante y posterior amante, ella lo llevó a las nubes: Madrid. Público profesional en programas de toda índole. Madrid. Entre ambos consiguieron colocar bien su legendario chasquido, ese primer aplauso atronaba en nuestros corazones cuando veíamos los programas a todo volumen después de cenar. “Ahí está papá”, susurraba mi madre, pobrecita.
La primera vez que vino de Madrid lo notamos distante, todo comenzaba a desmoronarse. Traía un traje a medida y estaba bien afeitado, yo tenía ya casi siete años. El me llevaba de la mano por las soleadas calles del pueblo y yo notaba su palma excepcionalmente suave, bruñida. Me sentía conectado a un poderoso instrumento, a una pieza relevante del engranaje televisivo de nuestro país. Mi madre me dijo que se las cuidaban con cremas especiales y las metía en agua con sales. Había cambiado, fumaba distraído mirando al infinito y limándose las uñas, sonreía para sí, evitaba los palillos de dientes, no le llegamos a ver aquellas amarillentas piezas dentales. Asentía distante los comentarios de amigos y familiares, y reía quedamente ante el unánime reconocimiento de su genio. El lunes por la mañana vino a recogerlo su “equipo de management”, como me dijo él al despedirse. Nunca más vino ni llamó.
Los primeros meses lo pasé mal, a veces soñaba que él me despertaba con su magnífico chasquido para ir al colegio, situado sonriente a los pies de mi cama, o que aplaudía con golpes secos y potentes mientras mamá bailaba enloquecida a su alrededor. Mi madre jamás volvió a decir “Ahí está papá”, y yo evitaba decir a los otros niños que mi padre era “público profesional”.
Las teles privadas eran coloristas y modernas, que duda cabe, todo era una fiesta y ni se molestaban en esconderlo. Su chasquido permanecía, yo lo captaba en seguida, a veces me latía el corazón más rápido, pero terminé por acostumbrarme.
Avanzó, asentó su carrera (todos sabemos que lo difícil es mantenerse). Su versatilidad le ayudó. Aplaudía, sostenía pancartas de apoyo a participantes en programas del corazón mientras daba saltitos, increpaba y juraba botando en su asiento, llamaba a programas, insultaba y amenazaba. Yo por mi parte crecí y le perdí la pista, y como las teles privadas se aferraron fuertemente a su perversa niñez, las dejé de ver. Sólo, alguna vez, creo escuchar ese chasquido de lejos, como en sueños.