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14 febrero 2019

14 DE FEBRERO EFEMÉRIDES

14-02-1972: Fecha de publicación del cuarto elepé de Neil Young en solitario, “Harvest” (Reprise), su trabajo más conocido (y vendido), y el que contiene su único número uno, “Heart of gold” (una composición maravillosa a la que su autor llegó incluso a coger tirria). Además, “Harvest” es su octavo trabajo de estudio, contando los tres de Buffalo Springfield y “Dèjà vu” de Crosby, Stills, Nash & Young, de 1970. La gestación del álbum se produjo en un período de inestabilidad personal para un Neil Young que siempre ha tenido su lado introvertido y meditabundo; y que en aquel momento vivía envuelto en el vértigo de las constantes giras. A esto hay que añadir los graves problemas de espalda, arrastrados desde una polio padecida en la infancia, que le obligaron finalmente a operarse; y su divorcio y el inicio de una nueva relación.
Algunos de los temas los había ido tocando en su gira del año anterior, y otros se fueron terminado sobre la marcha. Las primeras sesiones se realizaron en los Quadrafonic Sound Studios de Nashville de Elliot Mazer, en febrero de 1971. Elliot, aprovechando la visita de Neil a la ciudad para aparecer en el segundo programa del Show de Johnny Cash, le propuso grabar en su estudio. Como Young tenía buenas referencias suyas llegaron rápidamente a un acuerdo y decidieron grabar esa misma noche. Para la sesión hubo de montarse una banda de urgencia, reunida por Tim Drummond, formada por músicos que estuviesen disponibles en la ciudad un sábado por la noche. Al grupo resultante Neil Young lo llamó Stray Gators, y estaba compuesto inicialmente por Ben Keith (steel guitar), Kenny Butrey (Batería), Tim Drummond (contrabajo), Teddy Irving (que tocó segunda guitarra en “Heart of gold”) y John Harris (piano). De los temas grabados ese fin de semana, “Heart of gold” y “Old man” formaron parte del disco, convirtiéndose en sus temas más relevantes.
“There’s a world” y “A man needs a maid”, se grabaron en marzo en Londres, y contaron con la inopinada presencia de la London Symphony Orchestra. Ambos fueron producidos y arreglados por Jack Nitszche. Tras aquella primera sesión de febrero, en abril volvieron a Nashville para grabar “Out on the weekend” y “Harvest”. Y ya en septiembre, todos los involucrados en las sesiones de Nashville se desplazaron al rancho de Neil para grabar “Alabama”, “Are you ready for the country?” y “Words (between the lines of age)”.
Como vemos, la grabación fue discontinua, sin un planteamiento general de trabajo. No diría fruto de la improvisación, pero sí que deja una impresión de ideas cogidas al vuelo, de decisiones surgidas sobre la marcha. Todos los trabajos de Neil Young son él mismo, con sus aciertos y errores; muy permeables siempre a su momento vital y a las circunstancias personales que le rodean. Sus composiciones ruedan y ruedan por su mente y su estado de ánimo antes de ver la luz. Por eso, “Harvest” es el Neil Young cansado de dar tumbos, de no tener un rumbo claro; que necesita pararse y respirar hondo, lanzar una mirada tranquila su alrededor. Así las cosas, es un trabajo tan afilado como reflexivo. Un disco acústico, pero más turbulento que plácido, levemente arrastrado, como desgastado, pausado, neblinoso. Otra muestra del estilo personalísimo y perfectamente reconocible de Neil Young transcurriendo por los caminos polvorientos y trillados del folk y el country.



“Heart of gold” cuenta con los coros de James Taylor y Linda Ronstadt (que también habían acudido al mencionado programa de Johnny Cash), que repiten en “Old man”, con Taylor tocando el banjo (este tema está inspirado en la figura de Louis Avila, capataz de la finca Broken Arrow que Neil adquirió en 1970, siendo su lugar de residencia a partir de entonces). En la animada “Are you ready for the country?”, con sus derrapes de Steel, aparecen las voces de David Crosby y Graham Nash, que también están en “Words (between the lines of age)” y “Alabama”, temas que nos devuelven al Young más sinuoso, eléctrico e intrincado. Lynyrd Skynyrd respondieron tanto a esta última como a “Southern man”, cuyas letras criticaban muchas de las actitudes habitualmente cerriles y racistas de los sureños, en su tema de 1974 “Sweet home Alabama”, aquí adaptada por Siniestro Total como “Miña terra galega” en 1984). “The needle and the damage done”, con Neil únicamente acompañado de su guitarra acústica, está extraída de un concierto celebrado el 30 de enero de 1971 en la universidad de California. En ella, se lamenta por la suerte de los adictos a la heroína, pensando sobre todo en su amigo Danny Whitten, guitarrista de Crazy Horse, a quien tuvo que expulsar del grupo por estar cada vez más consumido por el caballo, y que falleció el mismo año de la publicación del disco.
Los dos temas grabados en Londres, de revestimiento tan distinto al sonido general (y tan poco valorados después), le resultaron pretenciosos incluso a Nitszche, una vez analizado el resultado final. Young estuvo de acuerdo, pero no se planteó dejarlos fuera. No fueron pocos los que le aconsejaron que los eliminara directamente, pero unos comentarios positivos de Bob Dylan le convencieron para mantenerlos. Aun reconociendo cierta grandilocuencia innecesaria, ambas (sobre todo “A man needs a main”) acaban filtrándose, participando de esa cualidad hipnótica del lirismo de Young.
Veinte años más tarde, Neil Young quiso retomar las sensaciones de este histórico álbum publicando, a modo de continuación, “Harvest moon”. Un trabajo de un cariz más crepuscular en el que repiten Linda Ronstadt, James Taylor y Jack Nitzsche (otra vez haciendo arreglos de cuerda),  y se recupera a los Stray Gators

15 agosto 2014

MENSAJE EN UNA BOTELLA (25)

NEIL YOUNG “MEMORIAS DE NEIL YOUNG. EL SUEÑO DE UN HIPPIE” (“WAGING HEAVY PEACE”. TRAD. ABEL DEBRITTO, 2.014)




Después de leer estas memorias de Neil Young he llegado a la conclusión de que es tal y como lo había imaginado. Siempre lo percibí como una rara avis sin poses ni estridencias; un tipo cabezón y peculiar que atravesaba las décadas desde una posición personal  insobornable; inquieto y curioso por naturaleza. Sobreviviendo y superando las continuas trampas del encasillamiento, en constante huida del anquilosamiento que acecha a la leyenda. Capaz de manejar el silencio, de desarrollar el concepto melódico más puro y trascendente, la tormenta eléctrica más incisiva, la atmósfera opresiva, de abrazarse a la experimentación sin red.

La estructura del libro en pequeños capítulos sin orden temporal anima el viaje y disminuye el riesgo de pesadez, del apelmazamiento y la acumulación anodina de datos de la narración cronológica. Pero Neil, un tipo activo y comunicativo, escribe lo que le da la gana, probablemente incluso alterando la planificación inicial de estas memorias. Por ello es capaz de extenderse en prolijas descripciones técnicas de sus variopintos proyectos y aficiones (trenes, Puretone/Pono (esa entregada obsesión por solucionar la falta de calidad del sonido que se nos ofrece desde la urgencia de las nuevas tecnologías) o Lincvolt (el cochazo que respeta el medio ambiente)); llegando a compartir partes de artículos publicados por él al respecto o definiciones extraídas directamente de Wikipedia. Aparte de estas caprichosas inserciones, libre de corsé, el texto salta de recuerdo en recuerdo, liberando al autor y dotando de agilidad y fuerzas renovadas a la narración mediante cambios radicales de tercio. Esta relajación discursiva favorece la aparición de amplias vetas de ironía y da pie a golosas digresiones y conexiones libres, dando lugar también, en ocasiones, a la reiteración de algunos datos o informaciones.



Un muy sereno Neil Young se muestra agradecido, conciliador, a la vez íntimo y distante. Rinde tributo a sus colaboradores y homenajea desde el calor de la amistad y la gratitud a los que ya no están. Juguetón, maneja un lenguaje directo, coloquial y sencillo. Busca la complicidad con el lector desgranando con eficacia y delectación un rico anecdotario; le interpela, bromea con él, le reta. Transmite sinceridad, cierto despojamiento, y en determinados pasajes se deja ir entre el misticismo y lo lírico. Reconoce errores, hace frente a momentos dolorosos, apunta frustraciones pero no carga las tintas contra nadie ni se dedica a lanzarnos carnaza con una catapulta. A veces parece ejercer un relajado exorcismo, enjuagando oscuridades y sombras en el agua fresca y clara de la humildad, de la cercanía.

En definitiva, nos invita a rememorar con él sentados en la silla de al lado mientras teclea y habla de otra cosa a la vez. Nos contagia su ilusión, su apasionamiento, haciéndonos partícipes de una cotidianidad intensa, de las decenas de pequeña cosas que lo renuevan día a día y lo mantienen alerta. Se cuelan recuerdos cargados de ingenuidad y sabor, manías, costumbres, curiosidades esclarecedoras (como las circunstancias de la grabación de “Helpless” (págs. 199 y 200)), o instantes perdidos que Neil fija para siempre en este libro. Valoro especialmente conocer las sensaciones más íntimas que experimentaba en momentos que han acabado siendo fundamentales para nuestra percepción del rock, la cultura o incluso la política. No veo rastro de esa tentación, en que se cae con tanta frecuencia en este tipo de libros, de continuar perpetuando la leyenda, o de contarte lo que estás acostumbrado a oír.