14 octubre 2016

DESCUBRIR A COHEN




En 1988 no estaba yo mucho por las programaciones y las cajas de ritmos. Recuerdo que me hice con “I’m your man” de Leonard Cohen al poco de salir al mercado, atraído por el gran alcance de su nombre. Era el primer disco suyo  que compraba. Había escuchado algunas de sus canciones, pero no tenía una idea muy definida de lo que me podía encontrar. Lo imaginaba acústico, acaso eléctrico, intenso, grave y solemne a lo Nick Cave. Al pinchar el elepé, desconociendo absolutamente su contenido, padecí unos momentos de grave conmoción al escuchar "First we take Manhattan". En ese tiempo, los primeros veinte segundos, más o menos, me dio tiempo a añorar amargamente el disco que había dejado en la cubeta para traerme este a casa. Así hasta que, pasados esos instantes, la canción comenzó a volar hasta el infinito. 

A veces he pensado en esa sensación de descubrir algo maravilloso de forma inesperada, y siempre relaciono mi descubrimiento de esa canción de Leonard Cohen con la mañana en que, durante un viaje a Roma, tropecé con la Fontana de Trevi, expuesta ante mis ojos en toda su excelsitud al abandonar un anodino callejón.


09 octubre 2016

TINTA NEGRA



Mi mirada pierde el pulso:
se inclina con las inclinadas,
desenfoca con las desenfocadas.
Resbala reducida a lágrima azul
sobre la piedra que acabamos siendo todos.
Vislumbra, casi como un recuerdo
que late en el rabillo del ojo,
restos desperdigados de nuevas ilusiones apagadas,
como una hoguera abandonada;
cargas y descargas de alambradas de silencio,
aceras cuarteadas,
calles oscuras para siempre,
espacio común mancillado, viciado, amedrentado,
y puentes inacabados.
Mastica eterna tierra seca de tiempo estancado
y asfalto reventado,
que estalla con desidia,
empujado por hierbajos de acero.

El sol, tan desorientado,
despilfarra su luz, su poder,
oscureciéndonos
para iluminar dientes de oro,
impunidad,
pistolas, navajas,
supersticiones,
volantes que giran y hebillas de cinturones.

Mi esperanza ha sido finalmente maniatada
por discursos volátiles que encadenan la palabra.
Aislada en la sala de espera.
Absorbida en el sumidero de imágenes.
Golpeada contra la pared por la verdad insoportable.
Enroscada en un nido de cobardía.

La injusticia y la vileza
no paran de segregar su tinta negra;
nunca se terminan de aclarar.
Jamás conseguimos ver el fondo del río.
Se acumulan, se suceden,
Se homenajean, se reverencian,
Se honran, se condecoran.
Se estratifican formando muros y más muros
que empapelar
a base de mentiras,
viejas ilusiones encendidas
y promesas, muchas promesas.



(Este poema ha sido escrito con motivo del Sexto Encuentro de Escritores por Ciudad Juárez, celebrado el día 7 de octubre de 2016 en el Jardín del Museo Casa de Los Tiros de Granada)

07 septiembre 2016

MENSAJE EN UNA BOTELLA (34)



ALEKSANDAR HEMON “El proyecto Lázaro” (Traducción Rita da Costa, Duomo, 2009)

La segunda novela del escritor bosnio Aleksandar Hemon, publicada originalmente en 2008, camina salpicada por la constante presencia de la muerte, una muerte casi siempre gratuita, caprichosa. Avanza embadurnada de violencia, de una desesperación anhelante, más o menos latente, pero siempre a flor de piel. El libro se va modulando según diferentes planos narrativos, que adaptan como un guante su tono a las circunstancias relatadas. Cada cual tiene su propio latido, que mantiene la intensidad, la expectación. Planos que se alternan y conectan. La voz narradora, sin dejar de filtrar una continua sensación de angustia, una sensación febril, puede ser irónica, cínica, fría, amiga de los juegos de palabras, dramática o rigurosa. Haciendo gala siempre de una incisiva mordacidad, que se extiende a las descripciones de paisajes y paisanajes, imaginativas y salpicadas de afiladas metáforas. 



Como sucede en todas las grandes historias, el desarrollo de la trama es indisociable de una continua actividad de exploración y ponderación de la condición humana, observada en determinadas circunstancias. Está trufada de pequeños ensayos a menudo dominados por una ansiosa necesidad de encontrar explicaciones, que terminan por conformar un todo coherente y revelador, tomando la forma de frases definitivas, e inspiradas acotaciones y digresiones.
La novela se desenvuelve a partir de hechos reales; salta con agilidad y sentido de la proporcionalidad de la eterna herencia rusa en las repúblicas ex – soviéticas a lo más sórdido de la guerra de los Balcanes, del pogromo de Kishinev al anarquismo de principios del siglo XX en EEUU, y reflexiona con perspicacia sobre las diferentes caras de la inmigración en distintas épocas y situaciones (desplazados, xenofobia, explotación, desprecio, condescendencia, prejuicios, diferencias culturales, etc) y el concepto de hogar (“El hogar es allí donde tu ausencia no pasa desapercibida”).
“El proyecto Lázaro” es, finalmente, un doble viaje (físico e interior) de su protagonista al centro de sí mismo, con todo lo que eso conlleva.