Salta de agujero negro en agujero negro
cuando los días no dejen de curvarse
y las horas se despiecen,
rodando bajo la cama;
desordenando tu mundo en círculos
borrachos que se frenan sin razón.
Por eso, salta de agujero negro en agujero negro
y escala la angustia vertical.
No pierdas todas las mañanas
el tren al fondo de las cosas.
Abraza la piel azul del espejismo
antes de que la decepción te paralice.
Hazlo, salta de agujero negro en agujero negro.
Lánzate como si sólo te rodeasen abrazos,
el deseo y la ilusión te arrullarán.
Acaricia la cabeza de ideas sólo bosquejadas.
Recorre sin miedo la senda soñadora.
Libérate de las doctrinas de la boca congelada.
Salta de agujero negro en agujero negro
con los ojos bien abiertos.
Cuida de lo que siempre arde
mientras la vida se deje agarrar.
Evita que el ruido de los goznes
marque tu tiempo al chirriar.
10 octubre 2011
05 octubre 2011
GRILLETE
En las mañanas del plomo
tu cara descansa sobre un cristal,
y tu aliento es breve viento rendido
que vuelve gris mi bandera blanca.
Observas la lluvia caer severamente vertical:
disciplinada caballería rompiente.
Absurdo fragor. Ruido.
El cielo arroja su verdadera sombra sobre la calle
y todos los rostros palidecen,
lanzan ese destello invernal,
tantas veces vivido.
En las mañanas del plomo las ilusiones pesan,
ya no nos llevan, nosotros las arrastramos
asidas a nuestros tobillos,
aguardando el día en que se recompongan
para volver a revolotearnos
con griterío de chiquillos.
Esperamos, sin pasión, tres segundos de magia
que alguien en la tele nos prometió.
Cerrar los ojos y abrirlos con un mirar azul,
que un verde rumor de confianza nos meza,
que llueva agua fresca y salada, espuma de sol.
Sólo tres segundos de magia.
tu cara descansa sobre un cristal,
y tu aliento es breve viento rendido
que vuelve gris mi bandera blanca.
Observas la lluvia caer severamente vertical:
disciplinada caballería rompiente.
Absurdo fragor. Ruido.
El cielo arroja su verdadera sombra sobre la calle
y todos los rostros palidecen,
lanzan ese destello invernal,
tantas veces vivido.
En las mañanas del plomo las ilusiones pesan,
ya no nos llevan, nosotros las arrastramos
asidas a nuestros tobillos,
aguardando el día en que se recompongan
para volver a revolotearnos
con griterío de chiquillos.
Esperamos, sin pasión, tres segundos de magia
que alguien en la tele nos prometió.
Cerrar los ojos y abrirlos con un mirar azul,
que un verde rumor de confianza nos meza,
que llueva agua fresca y salada, espuma de sol.
Sólo tres segundos de magia.
30 septiembre 2011
EL FRANCOTIRADOR
El francotirador que llevo dentro
camina a mi paso, quizá un poco más lento.
No mueve nervioso el pie cuando nos sentamos
ni hunde las manos en los bolsillos en las colas.
El francotirador que llevo dentro
nunca se sumerge en la apatía,
se fija mejor que yo en los detalles,
y rescata colores perdidos para mi retina.
Es mi única esperanza de apuntar bien un día,
hacia un punto aún por determinar.
camina a mi paso, quizá un poco más lento.
No mueve nervioso el pie cuando nos sentamos
ni hunde las manos en los bolsillos en las colas.
El francotirador que llevo dentro
nunca se sumerge en la apatía,
se fija mejor que yo en los detalles,
y rescata colores perdidos para mi retina.
Es mi única esperanza de apuntar bien un día,
hacia un punto aún por determinar.
28 septiembre 2011
OJOS DE LAGO ROJO
El abrigo parecía avanzar solo
hasta que los ojos de lago rojo me miraron
(con todo su esplendor machacado).
Así pude ver al animal chapoteando en ellos
en dirección a la luz.
Humeaban, como si el poco aliento restante
se hubiese cobijado en esa humedad intemporal
por tal de reprimir su agostamiento.
Respirar por los ojos.
Suplicar por los ojos.
Nuestras miradas se cruzaron
en un instante amarillento,
pero no quise detenerme.
Cuando atravesó la luz,
ésta se limitó a seguirlo con desgana,
enfocando desdentada
el dolor que socava sus paredes.
Dolor rutinario que huele a desagüe antiguo,
de ese que, monótono, surca los arañazos,
marchitándolo todo sin prisas.
Ese dolor que boquea en el lago rojo
con paciencia de licor polvoriento.
Se aposentó en el bar-vientre,
allí donde ya no hace ni frío ni calor,
en la esquina de la luz futbolera y sonriente.
Ojos de lago rojo tiembla y ríe,
viajando en una carcajada muda
de tintineo de vasos y voces,
tanteando tembloroso el alivio amañado.
Donde el lago rojo se desborda puntual
mientras el animal pugna obcecado
por trocar su morada
por ese líquido escanciado
que choca sin cesar
con todos los vasos,
mientras todos los vasos
chocan a su encuentro
desbordándose puntuales
en la barra sin fin.
Ojos de lago rojo
con un pequeño animal apagado
y humeante incrustado,
flotando a la deriva.
Que ya ni saluda,
con su sonrisa de barcaza rota.
Ojos de lago rojo,
brillo de lágrimas.
Muesca en la arena
de amarga barba.
Ojos de lago rojo estrujados por el frío
y por los ojos fríos de los demás.
Candentes de dolor arrugado y falsas expectativas
que nadie repite (ya nadie miente).
Tensos ante ninguna espera.
Oscuros frente a una certeza creciente.
Oblicuos por el temor.
Erizados de terror ante la madrugada,
que inundará de vacío la luz eléctrica.
Y, ya tarde, la noche se cuela
por las escocidas ranuras del lago.
Y la calle silente taconea y vela
el eco de un deseo agotado.
Y la luz eléctrica alimenta
el aliento prestado
del animal,
que babea renovado
su gratitud,
mientras avanza despacio
tras encajar otra derrota
en un partido trabado,
sin público ni goles anulados.
Al tiempo que las ranuras no cesan
de devolver turbia rabia sobrante,
testimonio prolongado
de un tiempo herido de muerte.
Ojos de lago rojo,
viviendo en una luz inventada
de tiempo parado,
de almacén abandonado
y rincones olvidados.
De telaraña escarchada.
Y, mientras la calle se hace humo
y la luz se va sin hacer ruido,
nada desaparece.
hasta que los ojos de lago rojo me miraron
(con todo su esplendor machacado).
Así pude ver al animal chapoteando en ellos
en dirección a la luz.
Humeaban, como si el poco aliento restante
se hubiese cobijado en esa humedad intemporal
por tal de reprimir su agostamiento.
Respirar por los ojos.
Suplicar por los ojos.
Nuestras miradas se cruzaron
en un instante amarillento,
pero no quise detenerme.
Cuando atravesó la luz,
ésta se limitó a seguirlo con desgana,
enfocando desdentada
el dolor que socava sus paredes.
Dolor rutinario que huele a desagüe antiguo,
de ese que, monótono, surca los arañazos,
marchitándolo todo sin prisas.
Ese dolor que boquea en el lago rojo
con paciencia de licor polvoriento.
Se aposentó en el bar-vientre,
allí donde ya no hace ni frío ni calor,
en la esquina de la luz futbolera y sonriente.
Ojos de lago rojo tiembla y ríe,
viajando en una carcajada muda
de tintineo de vasos y voces,
tanteando tembloroso el alivio amañado.
Donde el lago rojo se desborda puntual
mientras el animal pugna obcecado
por trocar su morada
por ese líquido escanciado
que choca sin cesar
con todos los vasos,
mientras todos los vasos
chocan a su encuentro
desbordándose puntuales
en la barra sin fin.
Ojos de lago rojo
con un pequeño animal apagado
y humeante incrustado,
flotando a la deriva.
Que ya ni saluda,
con su sonrisa de barcaza rota.
Ojos de lago rojo,
brillo de lágrimas.
Muesca en la arena
de amarga barba.
Ojos de lago rojo estrujados por el frío
y por los ojos fríos de los demás.
Candentes de dolor arrugado y falsas expectativas
que nadie repite (ya nadie miente).
Tensos ante ninguna espera.
Oscuros frente a una certeza creciente.
Oblicuos por el temor.
Erizados de terror ante la madrugada,
que inundará de vacío la luz eléctrica.
Y, ya tarde, la noche se cuela
por las escocidas ranuras del lago.
Y la calle silente taconea y vela
el eco de un deseo agotado.
Y la luz eléctrica alimenta
el aliento prestado
del animal,
que babea renovado
su gratitud,
mientras avanza despacio
tras encajar otra derrota
en un partido trabado,
sin público ni goles anulados.
Al tiempo que las ranuras no cesan
de devolver turbia rabia sobrante,
testimonio prolongado
de un tiempo herido de muerte.
Ojos de lago rojo,
viviendo en una luz inventada
de tiempo parado,
de almacén abandonado
y rincones olvidados.
De telaraña escarchada.
Y, mientras la calle se hace humo
y la luz se va sin hacer ruido,
nada desaparece.
26 septiembre 2011
DISTORSIÓN
La distorsión supera las estaciones.
El pensamiento crepitante
salpica los arcenes de palabras y espejismos.
Miles de kilómetros de preguntas
sin respuesta;
de bosquejos, llevados por el viento.
Es igual,
compondré un discurso mellado
y tararearé una canción,
cuando te vea.
La angustia gira a mi alrededor
a velocidad loca.
Los colores cada vez duran menos
en su ir y venir.
No se posan en los ojos, como cuando era niño.
Si freno me desmoronaré y me iré en una sombra.
Sólo aceptaré mirarte desde un cuadrado de tiempo
en el que poder ser línea recta.
Un ciudadano firme y libre,
con el alma borracha,
sobre la tierra minada.
Llegaste, ¿por qué tan pronto?
Suena una sirena: sólo contigo es invierno.
Tu sonrisa aprieta mi estómago,
en esos instantes que detienes el tiempo.
Si cerramos los ojos
el muro no se derrumbará
¿verdad?
La raya se curva como una luna
sin fin, cegada y blanca,
brillando en dirección a la duda
puntiaguda
de siempre.
La tentación es caricia que se multiplica,
ya lo sé.
Te escribo desde el lado equis de la ciudad
cuyo vientre huele a cerveza.
Pero hay letras que se pierden en la pantalla.
Sin dueño.
Sin motivo.
La distorsión horada el suelo de las certezas
llenándolo de nada, electricidad
y energía giratoria,
de esa que vuelve,
sin razón,
el día menos pensado.
La distorsión trepana la luz
pero la paz me da pavor:
parece envolver mi suerte lentamente.
Es el silente río
que acaba incomunicado.
Y ya no quiero silencio.
Y ya no quiero parar.
Quiero encender mi voz.
Señoras y señores,
mi voz:
Adherida a una esquina.
Interrumpida por un frenazo.
Quejumbrosa del idéntico
jadear de los minutos.
Escondida en la duración de las canciones.
Atraída por carteles publicitarios
que siempre van delante de mí
aunque no los persiga.
Enterrada en esta lenta derrota,
tan estruendosamente presente.
El pensamiento crepitante
salpica los arcenes de palabras y espejismos.
Miles de kilómetros de preguntas
sin respuesta;
de bosquejos, llevados por el viento.
Es igual,
compondré un discurso mellado
y tararearé una canción,
cuando te vea.
La angustia gira a mi alrededor
a velocidad loca.
Los colores cada vez duran menos
en su ir y venir.
No se posan en los ojos, como cuando era niño.
Si freno me desmoronaré y me iré en una sombra.
Sólo aceptaré mirarte desde un cuadrado de tiempo
en el que poder ser línea recta.
Un ciudadano firme y libre,
con el alma borracha,
sobre la tierra minada.
Llegaste, ¿por qué tan pronto?
Suena una sirena: sólo contigo es invierno.
Tu sonrisa aprieta mi estómago,
en esos instantes que detienes el tiempo.
Si cerramos los ojos
el muro no se derrumbará
¿verdad?
La raya se curva como una luna
sin fin, cegada y blanca,
brillando en dirección a la duda
puntiaguda
de siempre.
La tentación es caricia que se multiplica,
ya lo sé.
Te escribo desde el lado equis de la ciudad
cuyo vientre huele a cerveza.
Pero hay letras que se pierden en la pantalla.
Sin dueño.
Sin motivo.
La distorsión horada el suelo de las certezas
llenándolo de nada, electricidad
y energía giratoria,
de esa que vuelve,
sin razón,
el día menos pensado.
La distorsión trepana la luz
pero la paz me da pavor:
parece envolver mi suerte lentamente.
Es el silente río
que acaba incomunicado.
Y ya no quiero silencio.
Y ya no quiero parar.
Quiero encender mi voz.
Señoras y señores,
mi voz:
Adherida a una esquina.
Interrumpida por un frenazo.
Quejumbrosa del idéntico
jadear de los minutos.
Escondida en la duración de las canciones.
Atraída por carteles publicitarios
que siempre van delante de mí
aunque no los persiga.
Enterrada en esta lenta derrota,
tan estruendosamente presente.
23 septiembre 2011
LOS AÑOS
Qué son los años ya,
sino pájaros cansados
que aletean desnortados,
desgajándose de mí.
Perdiéndose más allá de mi ventana,
dejándose ir sin sentido alguno,
esparciendo su rastro erosionado
de huellas equívocas.
A pesar de todo,
sé que el más tripudo
te lleva dentro,
bien resguardada en el pasado,
pero latiendo.
Por eso, desde esta dimensión perdida,
aprieto fuerte los ojos y susurro:
“Piénsame, hazme rebrotar un momento.
Escucha mi risa, mi voz, mi llanto.
Mírame, que yo te estaré mirando.
Añórame, arrastra los dedos por mi recuerdo,
y, sólo durante un instante,
siéntete morir por mí”.
sino pájaros cansados
que aletean desnortados,
desgajándose de mí.
Perdiéndose más allá de mi ventana,
dejándose ir sin sentido alguno,
esparciendo su rastro erosionado
de huellas equívocas.
A pesar de todo,
sé que el más tripudo
te lleva dentro,
bien resguardada en el pasado,
pero latiendo.
Por eso, desde esta dimensión perdida,
aprieto fuerte los ojos y susurro:
“Piénsame, hazme rebrotar un momento.
Escucha mi risa, mi voz, mi llanto.
Mírame, que yo te estaré mirando.
Añórame, arrastra los dedos por mi recuerdo,
y, sólo durante un instante,
siéntete morir por mí”.
21 septiembre 2011
VOLCÁN
Colocamos con esmero
el nuevo suelo.
Observamos un silencio
de conjuro:
suave respiración,
gestos delicados,
sonrisas furtivas.
Acariciamos con devoción
la obra terminada.
Y nos tumbamos
cuidadosamente,
extendiendo los brazos
sobre su frialdad.
Pero nunca logramos ocultar
las antiguas pisadas.
Ni tu olor.
Ese pequeño volcán
bajo nuestros pies.
el nuevo suelo.
Observamos un silencio
de conjuro:
suave respiración,
gestos delicados,
sonrisas furtivas.
Acariciamos con devoción
la obra terminada.
Y nos tumbamos
cuidadosamente,
extendiendo los brazos
sobre su frialdad.
Pero nunca logramos ocultar
las antiguas pisadas.
Ni tu olor.
Ese pequeño volcán
bajo nuestros pies.
19 septiembre 2011
BOCAS Y OJOS
Describirte es pintarte
hasta emborronarte.
Divagar entre líneas y luces.
Desvariar,
ante los colores de tu vestido
siempre en pleno vuelo.
Feliz el planeta que te acune,
me dije,
te dije o grité.
Por qué romperse la garganta mintiendo,
tras miles de kilómetros sin amor.
Reluctante de mareas
abriste mi corazón
con guantes helados.
El día en que el caos
dejó de ser nuestra manta
y nuestro cielo.
Mi idea se derrama
sobre mi vacío
y tu recuerdo.
Mi territorio sólo cobra sentido
cuando tú lo ocupas,
aunque me eches,
pensé desde el inestable refugio
de mi baile cojo.
No dejo de mirar la película
de la seca mentira
consumirse, endurecida
por el tiempo.
Bendito insomnio,
con tu sonrisa de luna
proyectada en las paredes.
¿qué anida, qué crece
moviendo mi vida
como una pelota gigante?
Maldito tu perfil,
contorno de mi sueño,
que parte mi pecho en dos
y se queda clavado.
El sonido de tu taza
vuelve todo el espacio
circular,
y el ronroneo paciente del mundo
oculta un delirio embriagador
de bocas y ojos.
hasta emborronarte.
Divagar entre líneas y luces.
Desvariar,
ante los colores de tu vestido
siempre en pleno vuelo.
Feliz el planeta que te acune,
me dije,
te dije o grité.
Por qué romperse la garganta mintiendo,
tras miles de kilómetros sin amor.
Reluctante de mareas
abriste mi corazón
con guantes helados.
El día en que el caos
dejó de ser nuestra manta
y nuestro cielo.
Mi idea se derrama
sobre mi vacío
y tu recuerdo.
Mi territorio sólo cobra sentido
cuando tú lo ocupas,
aunque me eches,
pensé desde el inestable refugio
de mi baile cojo.
No dejo de mirar la película
de la seca mentira
consumirse, endurecida
por el tiempo.
Bendito insomnio,
con tu sonrisa de luna
proyectada en las paredes.
¿qué anida, qué crece
moviendo mi vida
como una pelota gigante?
Maldito tu perfil,
contorno de mi sueño,
que parte mi pecho en dos
y se queda clavado.
El sonido de tu taza
vuelve todo el espacio
circular,
y el ronroneo paciente del mundo
oculta un delirio embriagador
de bocas y ojos.
17 septiembre 2011
LOS PILOTOS

Aunque no lo creáis, hay música que alcanza todo su sentido cuando la sabes proveniente de un círculo que gira y gira sobre sí mismo. Viaje, gravedad, vuelo, prospección-expansión, reflexión, perspectiva, eternidad. Con la música de Los Pilotos todo puede ser geométrico a la vez que gaseoso, responder a un sólido sistema de medidas y tiempos y llevarte muy muy lejos. Estética de sensaciones, impulsos y sueños.
16 septiembre 2011
EN LA PLAYA
En la playa suspendida, despertando espejismos,
escuchando a una mujer hablar de asesinatos,
ardiendo en la arena, la luz del sol
era polvo que nos ahogaba.
El mar, atento, desplegaba una extraña danza,
tenía aspecto de frío equipo contrario,
azul impaciente erizado, de grisácea espuma
y taciturno y añoso murmurar.
Escuchando a una mujer musitar
de restos de sangre con dulzura.
A mi lado se descomponía una barcaza
que, orgullosa, pugnaba por hundirse,
bestialmente atacada por el tiempo:
Los segundos mordiendo.
Nada detiene ese movimiento
tan inexorable, untuoso y lento.
Apacible como el quieto encanto
de esa mujer soñando una venganza.
escuchando a una mujer hablar de asesinatos,
ardiendo en la arena, la luz del sol
era polvo que nos ahogaba.
El mar, atento, desplegaba una extraña danza,
tenía aspecto de frío equipo contrario,
azul impaciente erizado, de grisácea espuma
y taciturno y añoso murmurar.
Escuchando a una mujer musitar
de restos de sangre con dulzura.
A mi lado se descomponía una barcaza
que, orgullosa, pugnaba por hundirse,
bestialmente atacada por el tiempo:
Los segundos mordiendo.
Nada detiene ese movimiento
tan inexorable, untuoso y lento.
Apacible como el quieto encanto
de esa mujer soñando una venganza.
14 septiembre 2011
12 septiembre 2011
MICRORRELATO (2): MUÑECA
Tan quieta la muñeca, mientras dormís, parpadea y piensa en cosas que se caen.
10 septiembre 2011
BLANCO Y NEGRO
Blanco y negro: el día en que todo el mundo salió a la calle con su color de pelo natural.
08 septiembre 2011
07 septiembre 2011
PALABRAS
“Palabra, dulce y triste persona pequeñita” (Félix Grande)
Palabras que tropezáis,
¿qué tramáis?
Me atenaza este vaivén de gozo y tormenta.
Me desesperan vuestras eternas promesas.
¿Qué es acaso este incontenible fulgor,
esta callada ansiedad,
sino la luz de una maldición?
Me asusta el modo en que me miráis
cuando huyen el sentido y la belleza,
cuando sólo quedan cáscaras vacías:
ordenados y petrificados restos
de un naufragio infinito.
05 septiembre 2011
MICRORRELATO (1): NARICES
Sentados en la cocina, ante sendas tazas de café, se miraron y, tras un largo silencio, dijeron al unísono: “te crece la nariz más que a mí”.
02 septiembre 2011
TÚ...
Un noctámbulo oleaje.
Una trampa adensada
en un pliegue de mi vida.
Un extraño animal creciendo
en mi almohada.
Mis dedos ennegreciendo,
mientras desgranaba
inútilmente tu blindaje.
Conseguiste que terminara
cavando en mi cerebro:
de la metáfora al dolor y de ahí al agujero.
Aún paso las horas mirando hacia arriba.
Esperando algo, quizá tu nariz o tu saliva,
o tu absurda huella, otra vez por todo mi desierto.
Amarnos es tropezamos y caernos en el pasillo.
Alteraste mi laberinto:
agujereado de entradas y salidas.
Tu voz de arena,
sirena,
ya no me persigue.
Tu efigie se descompone.
Te miro y eres
gastado jeroglífico:
inexpresivo.
Tú,
rara luz.
Tú,
rara inflorescencia.
Una trampa adensada
en un pliegue de mi vida.
Un extraño animal creciendo
en mi almohada.
Mis dedos ennegreciendo,
mientras desgranaba
inútilmente tu blindaje.
Conseguiste que terminara
cavando en mi cerebro:
de la metáfora al dolor y de ahí al agujero.
Aún paso las horas mirando hacia arriba.
Esperando algo, quizá tu nariz o tu saliva,
o tu absurda huella, otra vez por todo mi desierto.
Amarnos es tropezamos y caernos en el pasillo.
Alteraste mi laberinto:
agujereado de entradas y salidas.
Tu voz de arena,
sirena,
ya no me persigue.
Tu efigie se descompone.
Te miro y eres
gastado jeroglífico:
inexpresivo.
Tú,
rara luz.
Tú,
rara inflorescencia.
31 agosto 2011
10 agosto 2011
EL TIQUE (3)
“Me han prometido seis meses. Sí, bueno, espero que sí, he quedado la semana que viene, este lunes no, el otro. Hombre, si ganan claro, si pierden nos jodemos, jaja. Seis meses para empezar y después si la cosa viene bien me renuevan. Ya, no, no depende totalmente de ellos ¿Qué cuántos fuimos?, ¿esta mañana dices?, creo que diez. Pero para este tipo de trabajo estaba yo solo, no tendré rivales jaja. A mí me dan todos lo mismo, ya lo sabes, son igual de ladrones, paso completamente. Yo a éste lo conocía de antes, sabía que se había metido en política, pero le había perdido la pista. Sí, estaba en mi clase. Un auténtico zoquete, pero mira cómo cambian las tornas, ahora es él el que viene haciendo favores. Le había perdido la pista pero me lo encontré una noche por ahí, y empezamos a hablar de lo mal que está todo, el paro y todo eso, y nada, que me lo propuso. No, él no entró conmigo. Vino a mi casa un rato antes, me dio la papeleta y el sobre y me acompañó a votar. Él se quedó esperándome para tomar café en una cafetería, enfrente. No, no te pierden de vista, él va contigo como charlando hasta la entrada y tu vas con la papeleta en la mano. Una vez entras, ya hay otro que no te quita la vista de encima hasta que comprueba que la papeleta que depositas es la que llevabas en la mano. Sí me fío, qué remedio… El que no debería fiarse de mí es él, jaja. Nada, que cuando me dio el sobre, en un descuido suyo metí dentro un tique de la gasolina, antes ensalivarlo y cerrarlo. Jajaja. Son unos cabrones. Por un voto no creo que pierdan. Vale, nos vemos”.
03 agosto 2011
INUNDACIÓN
¡Es tan turbador
verte arrojar palabras
las noches de luna llena!
Cuando pareces parte de ella,
su portavoz desgajada,
o ella parte de ti,
que bailando andáis las dos
en un giro de pulseras,
con gesto displicente
y humo de cigarro.
Entonces, verte bajar la acera
es el más bello suspense,
jugueteando los dedos
con el aire que os rodea,
pisando el necio gris
cual refrescante hierba,
tranquilo rompeolas.
Y yo sé que seguir tu estela
es precipitarse por barrancos
y pasarse años cayendo.
Y, ya ves,
mi apretada letra
encuentra
el final del papel,
sin hallar respuesta
tras esa sonrisa tuya
que es inundación.
verte arrojar palabras
las noches de luna llena!
Cuando pareces parte de ella,
su portavoz desgajada,
o ella parte de ti,
que bailando andáis las dos
en un giro de pulseras,
con gesto displicente
y humo de cigarro.
Entonces, verte bajar la acera
es el más bello suspense,
jugueteando los dedos
con el aire que os rodea,
pisando el necio gris
cual refrescante hierba,
tranquilo rompeolas.
Y yo sé que seguir tu estela
es precipitarse por barrancos
y pasarse años cayendo.
Y, ya ves,
mi apretada letra
encuentra
el final del papel,
sin hallar respuesta
tras esa sonrisa tuya
que es inundación.
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