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12 noviembre 2018

MENSAJE EN UNA BOTELLA (56)


ILEGALES “Rebelión” (La casa del misterio, 2018)


El último disco de Ilegales parece uno de esos conciertos a los que llegas tarde y te golpea directamente en la cara; y no es algo que me sorprenda, desde luego. Los Ilegales más reconocibles y auténticos se encuentran aquí, emitiendo un sonido sin ambages que se refleja en el largo espejo de su historia. Suenan libres y pendencieros, concentrados, urgentes, plenos de vitalidad; con ganas de dar guerra y con el orden y la precisión de siempre: Jorge Martínez siempre sabe a qué quiere sonar, y lo suele conseguir.



El punki exigente con su sonido que sabía tocar y limaba sus composiciones hasta que todo cuadraba en su cabeza calva, echa la puerta de este elepé abajo apelando a los riffs más eficientes del punk en “Si no luchas te matas” y “Mi amigo Omar”. En este zarpazo resuelto en menos de media hora, la música repta insidiosa sin dar tregua y es igual de incisiva que los textos: no sobran ni notas ni palabras. Jorge apuesta por la inmediatez y el esquematismo que son consustanciales a su concepto del rock, se queda con lo esencial, poda las composiciones hasta que constituyen el golpe directo, ese mensaje telegrafiado envuelto en una electricidad que te quema a la vez que se te escapa de las manos.  Pero esto no es óbice para introducir interesantes arreglos y dejar momentos expansivos entre el calambre de cortes como “No tanta, tonto”  u “Horóscopo”. “Tatuaje invisible” consigue que los Ilegales de siempre te recorran la espalda. Esos que se van sin despedirse después de serpentear sincopados y afilados por tu piel. Ahí está también “Mi copa y yo”, un tango llevado en volandas por el órgano a través de los sesenta, al que se le niega todo sosiego para lamentarse, constantemente asaeteado como está de tensión y electrocución. Por su parte, la colección psychobilly del Jorge más rocker crece y se reproduce en las neuronas del oyente con la advertencia de “Andad de día”. Por último, “El bosque fragante y sombrío” remite a ese Jorge Martínez que resulta luminoso mientras atraviesa la neblina. Al amigo de demorarse moldeando la evocación, con esa querencia por reflexionar entre detalles melódicos inasibles, empeñado en trabajar el sonido con sutilidad, sin recargarlo, insistiendo en el ajustado relieve que realza e incorpora esas cuerdas que hacen que este disco termine en un nivel muy alto.

13 junio 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (20 y final)

20. FIN: UNA ESTATUA EN EL PARQUE, DONDE CAGUEN LOS PÁJAROS

   Finalmente me he decidido por la primera opción que barajé, dirigirme a la casa familiar de Bolgues, palacio rural que data de 1540 y es lugar de retiro habitual de Jorge, además de local de ensayo de la banda. Allí se grabó el delirante vídeo de “He regresado”, por cierto. Aparco y me acerco con la esperanza de no tener que dar más vueltas, al tiempo que discurro la manera de convencerlo para que me acompañe a inaugurar una estatua. Efectivamente, al franquear la entrada suenan perezosamente, en una guitarra muy muy vieja, los acordes de “Tiempos nuevos, tiempos salvajes”. 




* Muchas gracias a Santiago Botero (representante para América de Ilegales y responsable de www.los-ilegales.com) por su inestimable ayuda a la hora de contrastar algunos datos de este artículo.


* Las veinte partes de este artículo están incluidas en el cómic de reciente aparición "Tiempos nuevos, tiempos salvajes", dedicado íntegramente a Ilegales.

09 junio 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (19 de 20)

19. LA ORQUESTA PACHANGUERA PARECE ENTENDER

Caricatura de Enrique Bonet ilustrando el paso de Los Ilegales a Jorge Ilegal y Los Magníficos.


   El presente se llama Jorge Ilegal y los Magníficos (denominación en recuerdo de aquella orquesta de sus inicios), una sorprendente apuesta de Jorge Martínez, acaso decepcionante para algunos. Jorge se lanza bien pertrechado en pos de dignificar el repertorio y el trabajo de las orquestas de baile; para ello se hace acompañar por un cuarteto de “Ilegales” (Belaustegui, Blanco, Flores y Jorge) más el vibrafonista ovetense Xuan Zem, que se zambullen con alma de arqueólogos, convenientemente uniformados y usando instrumentos de época (vibráfono Musser del 37 o guitarras Vega de 1.933 y Vega Duotron de 1.946), para rescatar con suficiencia estilos olvidados, desarrollados con profusión desde los años treinta hasta justo antes de la aparición de Los Beatles: rocanrol primigenio, twist, chachachá, tango, bolero, guarachas o habaneras. Al igual que muchos solistas y grupos se interesan por tratamientos más acústicos y austeros de su sonido en momentos determinados de sus carreras, Jorge Martínez viaja a la esencia recreando su base musical, insuflando vida a esas raíces desarrollando un trabajo serio y artesano, para nada paródico; con un sonido bien templado, contenido y articulado de manera fenomenal, sin trampa, fiel pero alejado de trillados convencionalismos, trabajado con el suficiente tiempo y dedicación en su propio estudio de grabación (“La casa del misterio”, claro, donde ha sido grabado todo el repertorio de Los Magníficos); demostrando que se pueden componer canciones muy personales aun circunscribiéndose a estilos bien definidos. 



El primer lanzamiento fue “Jorge Ilegal y Los Magníficos” (Pop Up, 2.011) siguiendo la fórmula de seis composiciones propias y cinco versiones. De las primeras destaca la exuberancia de “Nuevo rumbo”, el joropo venezolano “Estrella venenosa”, el vals onírico “Jardín mortal” o el chachachá de “No creo”. Entre las segundas se encuentra el bolero “Inútilmente” del mexicano Alfredo Núñez de Borbón, una recreación escueta y swing de “Bésame mucho”; “Miradla”, amarga composición de Joan Baptista Humet de 1.975, tratada con genuina delicadeza; una gran revisión del twist  “Si é spento il sole”, ejecutado a medio camino entre Adriano Celentano y Torquato y Los 4;  y el rock & roll “Il ribelle” (de nuevo Celentano). Tras editar ese mismo 2.011 “El twist de Jorge Ilegal y Los Magníficos”, encuadrado en una serie de ep’s temáticos por ahora interrumpida, en octubre de 2.012 apareció su segundo trabajo “El guateque del hombre lobo” (Pop Up), con Jorge disfrazado de hombre lobo en una portada genial. Se trata de un disco más centrado en el twist y el rocanrol (y por ello mejor recibido por el grueso de los seguidores de Ilegales) que, aunque más directo y divertido, ofrece menos sustancia musical que su predecesor. Recuperando los temas del ep mencionado, se repite el sistema de seis originales más seis versiones en esta ocasión; entre las primeras encontramos inspirado rocanrol serie B ejecutado con clase (“Soy un hombre lobo” o "Niña voodoo”), el instrumental morriconianoSpaguetti & tequila”, con esos coros marciales que recuerdan a “Heil Hitler!”, y temas como “Molesta”, con base twist pero desarrollada al modo de aquellos temas de Ilegales a medio tiempo con personaje femenino (“Barbie torcida”). En el lado de las versiones está “Renata”, tema a través del cual Jorge conoció el twist, recreaciones de clásicos de siempre vía Teen Tops como “Despeinada”, “La plaga” (“Good golly miss Molly” de Little Richard) o “Popotitos” (ésta más cercana musicalmente a la original, “Bonny Moronie”, de Larry Williams); y adaptaciones propias como la de la incandescente “Trouble” (“Problemas”) o “Sixteen tons” de Merle Travis (“Dieciséis toneladas”, archiversionada también en español). Con varios cambios de formación que no restan prestaciones a su sonido, suelen resucitar para su directo temas ilegales que se acoplan como un guante al sonido de Los Magníficos, como “Como lo haces tú”,  “El piloto”, “La fiesta” o “Al borde”. Si pasan por tu ciudad alguna vez, aprovecha.


06 junio 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (18 de 20)

18. 126 EJERCICIOS DE ARROGANCIA Y 1 HOMENAJE.




   Ilegales se despidieron con la caja “126 canciones” (Pop Up Music, 2.009) que recoge (Jorge se encabezonó en ello) todas las canciones que llegaron a grabar y la edición de un libreto con las letras. Están las versiones en maqueta de “Stick de hockey”, “Ángel exterminador” (tan reggae) y “El piloto”; los temas no incluidos en los elepés, y diez canciones inéditas: la mencionada “Desesperados” de 1.981 (en su día desechada por Arrebato); así como (acertados) descartes de “Todos están muertos” con la voz añadida para la ocasión, como “Melmoth” inspirada en la célebre novela gótica de C.R. Maturin “Melmoth el errabundo”; “Nabo”, instrumental surf grabado originalmente para Radio 3 que no fue finalmente utilizado; el soul de “El anticristo” original de 1.984, en la que destacan metales y órgano (me extraña que no la publicase en el período Hispavox); y la fronteriza “Western”, caricatura de aquella estética vaquera de algunos grupos de Madrid durante los años ochenta, cantada con la carga irónica de un Josele Santiago.  Por otra parte “Te dan todo”, “Rey del insomnio” de 1.999, acelerado corte inspirado en parte en un prometedor Fernando Alonso, que enlaza perfectamente con el rock imparable de “Busco colores”; el folk de la sombría “Hoy no hay sonrisas” (su “mirada glacial” a la muerte), y “Quántica”, que cuenta por única vez con una segunda voz femenina en un tema de Ilegales (“una soprano que es buena chica pero bebe”), son temas grabados en 2.009. 


2.010, su año de despedida con la extensa  gira “Adiós Amiguitos”, les llevó incluso a actuar en el FIB, algo impensable con la anterior dirección del festival. Supongo que es algo que en su momento provocaría escozor en el seno de la “modernidad”; como su participación en aquella fiesta de Rock de Lux, en la que, para que sonase bien “La casa del misterio” tuvo que despedir del escenario a la mitad de la banda de acompañamiento. Ese mismo año, Pop Up puso en circulación una edición en vinilo ("Once canciones ilegales") que incluía las diez canciones inéditas comentadas más una revisión cargada de swing de “I should have known better” de The Beatles



Hasta ahora, la última ampliación de su legado discográfico es “Ni un minuto de silencio” (Pop Up, 2.012), edición en DVD y vinilo que supone el tercer directo de la banda y que contiene su concierto de despedida de los escenarios españoles, celebrado en la madrileña sala Penélope el 11 de diciembre de 2.010. Más de dos horas de rock en las que cuentan, con el fin de recuperar algunos temas menos habituales en sus directos, con el apoyo del saxo de Juan Flores y el metalófono de Xuan Zem. Por otro lado, Jorge Martínez, esta reeditando cuidadosamente en vinilo los discos oficiales la banda, y promete ir publicando digitalmente directos de todas sus épocas.

Imagen del último concierto de Ilegales en España, celebrado en Santa Pola el 12 de febrero de 2.011 (Foto de Alberto Cean)



30 mayo 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (16 de 20)

16. GUITAR MAN: PELIGRO DE INCENDIO


   Un año después, con “Si la muerte me mira de frente me pongo de lao”, Jorge Martínez inaugura un nuevo sello, La Casa del Misterio, optando por la autoedición; camino este tomado sin mejor opción a la que agarrarse por muchos artistas en la década de dos mil. Se decide a volver al formato de trío (se cae el saxo de Juan Flores), con un sonido crudo, directo y forjado con revitalizadoras aristas (sorprende la rabia que desprende la voz de Jorge en ocasiones), que le congracia en parte con su primera y gloriosa época. Mejor sonido, pero temas no tan inspirados como aquéllos. A pesar de ello, aquí se encuentran algunos de los mejores que Martínez haya escrito nunca, como “Chica del Este” (basado en una composición folk tradicional popularizada por Joan Baez en su primer álbum como "Silver dagger") o “Libérate”. Este último es uno de sus orgullos: tardó veintiocho años en completarlo, en atinar con lo que la composición le pedía; complejo, expansivo, cabalgando sobre diversos niveles de intensidad, tan reflexivo en la mirada interior como evocador de espacios inconmensurables. “El demonio” remite al tema de la delincuencia juvenil, rock directo, sin rodeos, que canta las gestas de un delincuente infantil sevillano cabecilla de su propia banda. “Héroe de los gatos” y “Si la muerte me mira de frente me pongo de lao” circundan la década de los cincuenta, y qué decir de la rotunda adaptación  de “Riot in cell block #9” de Leiber-Stoller (“Motín en la prisión”). “Verano del 93, surgida después de una fiesta afterhours, es soul a corazón abierto, y el twist vuelve en “Como lo haces tú”. El pop regresa con “Señorita “qué rara soy””, mientras el power-trio inflamable de extracción setentera se desarrolla a pleno pulmón en “Con los ojos abiertos” o “Vuelven los problemas”, lindando incluso con lo progresivo (“La rabia de vivir”). Por último, “A prueba de marcas”, corte acústico tocado con su Epiphone, recrea esa melodía naif tan suya. Para mí su disco más completo desde “Regreso al sexo químicamente puro”.


26 mayo 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (15 de 20)

15. A CUBIERTO EN EL BOSQUE ELÉCTRICO


    En 1.998 aparece “El apóstol de la lujuria” (Avispa), con la imagen de la miniatura “Sátiro” del Museo Arqueológico Nacional de Atenas en la portada. Rubén Mol (ex de The Amateurs o Los Más Turbados) se sienta a la batería. Se tiende a las canciones más directas, airadas y endurecidas (“He regresado”, “Saber vivir”). “Un cuchillo que se llama educaciónparece un cruce entre “Con la niebla” y un filme de cine negro. Jorge reconoce que escuchó mucha música de películas antiguas para grabar este disco, y se nota (en las inapelables “El lobo malo del bosque” y “El Ángel”, e incluso en el inspirado chispazo pop de “¡Cuánta belleza!”). “Jesusito de mi vida” (ojo a la letra) encuentra acomodo en ese sonido grunge que le influyó durante esa etapa, y la irónica “He decidido comportarme, en referencias más setenteras. “Todos somos traidores” (tema favorito de Jorge) es el medio tiempo que este suele reservarse: evocador, tenue, fatal. Curiosa la incorporación del rocanrol “Perjudicial”, inesperada fuga de dos minutos proveniente de 1.981 y recuperado para la ocasión, que cuela su desparpajo entre este intrincado bosque de electricidad, aunque se dice que muchas canciones fueron grabadas en las primeras tomas.




Cómic del dibujante Francisco Peña inspirado en el tema "El ángel" de Ilegales


   Pasan cuatro años hasta volver a saber de Jorge musicalmente hablando. A través de Santo Grial aparece su segundo directo, “El día que cumplimos veinte años” (2.002). Para celebrar ese aniversario reúne a todos los músicos que pasaron por Ilegales, salvo Iñigo Ayestarán (fallecido en 1.988) y David Alonso, la primera formación del grupo. El concierto se celebra ante quince mil personas en la plaza de la Catedral de Oviedo, el 9 de septiembre de 2.002. El sonido es inmejorable, y el grupo, con la definitiva vuelta de Belaustegui a la batería, no puede estar en mejor forma. 


23 mayo 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (14 de 20)

14. ALTA TENSIÓN Y PALABRAS INCANDESCENTES


   Tres años más tarde, en plena travesía del desierto, fichan por Avispa y publican “El corazón es un animal extraño”, ya fuera de toda onda y circuito. Un disco desigual, pero con momentos a reivindicar ya. Sonido más oscuro y constreñido, notablemente endurecido y con todo el peso depositado en las guitarras salvo puntuales y afortunadas emergencias del saxo de Juan Flores (se prescinde de los teclados). Alejandro Blanco toma el bajo para no dejarlo ya. El comienzo es fulgurante: “Mi sangre oculta un veneno” es ese tema soberbio que, escrito por otro, viajaría en las maletas de más de un pinchadiscos a la última en música negra. Le sigue una extraordinaria revisión de “El loco soy yo” de Los Bravos, la primera versión que publican oficialmente (no en vano “Black is black” fue el primer disco de Jorge). El tema que da título al CD abunda en ese espacio de reflexión tan suyo que es el medio tiempo, esta vez tenso y duro, con sentimientos a flor de piel y asfixiante coraza grunge, estilo que destaca en la actitud declamatoria de temas como “La luz de las enfermedades oscuras” o “Lo único que consigo hacer bien es el mal” a la que creo que le sobra toda la parte “rap”. La inspiración aún resplandece en “Enamorado de la sangre ajena” y, “En el parque de invierno”, breve e inquietante respiro acústico, nos devuelve al Jorge de lirismo brumoso y susurrante. Para su autor, aparte de su disco favorito, es el más literario, y puede que sea cierto. No contiene sus mejores letras, pero todas están muy trabajadas.


19 mayo 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (13 de 20)

13. LEJOS DE LA FAUNA DE SALÓN


   Tras un año sabático, la cabeza calva que siempre bulle de proyectos vuelve, abundando en lo mismo pero apretando más los dientes, con “Regreso al sexo químicamente puro” (Hispavox). En el año de parón Rafa Kas decide cambiar de aires y vuelve Willy Vijande, para desaparecer definitivamente después de este disco. Aquí encontramos imparable soul a lo James Brown para otro irrefrenable fresco callejero en “Drogas duras llenan sepulturas”; riff blindado para “Los chicos desconfían” e inspiración tejana para el blues-rock de “No me gusta el blues”. 



Oración” es de esas canciones que deberían adorar los mods, pop sesentero de esencias negroides reminiscente de los Small Faces. Mientras con “El jardín del pecado” se dan el gustazo jazz-swing, “Dextroanfetamina-No quiero ir a la mili” es una acelerada parodia punk que no pasa de la anécdota, ese tema que suele sobrar en algunos discos de Ilegales. El psychobillyEl número de la bestia” viaja a lo más oscuro de los cincuenta, lugar frecuentado por Jorge Martínez. “Regreso al sexo químicamente puro” continúa la vereda señalada por “Me gusta cómo hueles”: medio tiempo inspirado, de amable y dulce melodía y despiadado retrato de caída libre. “Algo prepara una emboscada” es rock de serie B inflamable y cortante cual cuchilla. Y el beat desaforado de “No puedo controlarme” es antesala de la despedida con un corte instrumental de “El jardín del pecado”. Otro caudal de sonidos intemporales apartados de la actualidad, curiosamente en la década en que por primera vez todas las miradas se vuelven hacia el Principado con aquello del “Xixon Sound”.

16 mayo 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (12 de 20)

12. LOS TIEMPOS ESTÁN CAMBIANDO, ¿Y ESO POR QUÉ?


   En 1.990 publican “(A la luz o a la sombra) Todo está permitido” (Hispavox). Un trabajo en la línea del anterior, muy rico musicalmente, sobre todo en los ya habituales arreglos de metales y en una más determinante presencia de órgano. Composiciones elaboradas y una cuidada ambientación que consiguen salvar cualquier síntoma de artificio, quizá porque los temas se fueron preparando durante la gira de “Chicos pálidos…”. Además, en opinión de su autor es la mejor producción de todas. Aunque los tiempos cambian, la banda no deja de tocar, y en el concierto final de gira en Madrid se sortea una Harley-Davidson. Jaime Belaustegui (ex – Los Locos) sustituye a Lantero en la batería. El blues sigue en el ambiente (la estupenda “Suena en los clubs un blues secreto, que parece escapada de otra banda sonora de jazz noir, o “El Gran Capullo en persona”); “Baila idiota” es rock funk irreprochablemente ejecutado, aunque una letra simplista lo desluce. “Chistes rock en ya menor” remite a los Beatles pre-psicodélicos; y un himno tan ilegal como “Canción obscena” parece tener a George Martin detrás, vigilante. Rock sin fisuras ofrecen en “Fotos en primera plana” e imparable en “La virtud”, esta reminiscente de la primera época, urgente y garajera. “Me gusta cómo hueles” con su introducción de teclados es otro gran medio tiempo de madurez compositiva, con regusto final amargo y destacable letra, seguido de “Todo está permitido”, nocturno y sigiloso, con sus detalles latinos. El disco se cierra con “Despierta en el planeta diario” otra inmersión en aguas Pinkfloydianas. Vuelven a convivir procacidad, humor, crónicas vitales, crónicas nocturnas, proclamas y frases memorables.




   En general, el período 88-90 resultó excitante en sonidos y aparición de nuevas propuestas, en algunos casos de capital importancia. Tiempo de cambios, que profundizarán en la década que comienza, ávida de trascender lo inmediatamente anterior, abierta al ruido, a una nueva actitud, tan real y vivificante como huera, según los casos, siempre obligada a la experimentación y el riesgo. Es la culminación del proceso iniciado en la segunda mitad de los ochenta, imponiendo nuevas influencias y referencias. Noise, Grunge, sonido Madchester, y demás mutaciones del pop constituirán la conformación definitiva del caldo de cultivo Indie. Por estos lares, además, los restos de la década anterior que no se han convertido en superventas son condenados al olvido o tratados con desprecio o paternalismo sonrojantes; pocos son los reivindicados. Los Ilegales son de esa época y ya hace tiempo que dejaron de ser excitantes al no adaptarse a los nuevos parámetros. Jorge sigue su camino, como siempre, ofreciendo algunas composiciones a un nivel altísimo y un sonido estupendo, corpulento.


12 mayo 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (11 de 20)

11. LA MÁQUINA SUENA BIEN CUANDO RESPIRA

En 1.988 salió al mercado “Chicos pálidos para la máquina”, esta vez con Hispavox. La popularidad declina (aún recuerdo, en la época, a un Ordovás entristecido en el Diario Pop anunciando: “Ilegales, entre la fama y el malditismo”) y los cambios se suceden, Alfonso Lantero (que venía de clavar los ritmos en The Nativos) entra definitivamente en lugar de David Alonso a la batería. Willy Vijande, que aún se lamenta de todo el rock que perdieron al dar el paso hacia el sonido de este elepé, dejará la banda al poco de grabarlo, expulsado finalmente por su adicción. Alejandro Felgueroso lo sustituye, y a mitad de la gira hace lo propio con él Rafa “Nenuco” Kas. Se inicia una etapa que durará otros dos álbumes (período 1.988-1.992). Jorge Martínez aparca el tiralíneas de su trío, ampliando la formación a quinteto con la incorporación de Juan Flores (“El Hombre-Lobo de Mieres”) al saxo y Antolín de la Fuente a los teclados. Es un cambio arriesgado, importante; una decisión netamente artística. Jorge considera cerrada su fase más popular, su indeleble marca de fábrica, y apuesta decididamente por unas composiciones donde el estilo desplaza a la rabia; siendo expuestas con placidez y delicadeza en los detalles, inundadas por la estimulante presencia de metales y teclas. Canciones algo más largas, pero sin romper la ley no escrita ilegal de la concisión. El repertorio exuda blues, guiñando a las mejores orquestas (“Lavadora blues”, recuperada y bruñida), visitando Nueva Orleans (“Al borde”) o deslizándose con brillantez entre humo y cine negro en “Mala suerte”. Inoculados de clasicismo, miman el surf en un “El fantasma de la autopista” inspirado por el tema de 1.962 de The Beach Boys "Surfin'", a la sazón primer single del grupo de Brian Wilson



Los Ilegales traviesos y directos se asoman más sonrientes que amenazantes en “Un marciano” (que parece el reverso gamberro del “Guru Zakun kin kon” de Vainica Doble) y “Tengo una rana metida en una lata”, cuya letra y descarga de guitarra, doy fe, divierte a algunos niños pequeños. “Chicos pálidos para la máquina” suena inflamada y álgida, con ese pesado fondo de órgano teatral y tenebroso. Ganan terreno canciones de madura y sugestiva elaboración, con espacios para el silencio, como “Cara al peligro”,  “Ángel exterminador” (por fin le llegó su momento, resultando posteriormente la más popular del disco), o “En el pasado” (Gilmour asomando la cabeza de nuevo). En los textos se matiza la dureza (que ni mucho menos desaparece), y ganan terreno la reflexión pausada, el humor negro, lo alucinatorio y onírico, así como cierto surrealismo. Sobrados de repertorio, se permiten publicar un single (que Discoplay regalaba con la compra del elepé) con dos joyas del calibre de “Con la niebla” y “Acabaremos mal”.


09 mayo 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (10 de 20)

10. CALLES SIN LUZ


   Mientras conduzco escucho “Monolitos”, el curioso disco publicado por Caballero Reynaldo, compuesto a partir de los temas del primer elepé de Ilegales. Canciones totalmente distintas con el espíritu “Ilegal” serpenteando por alguna parte.



¿Dónde buscar?, ¿meterse en su pensamiento para localizarlo? Sería una experiencia demasiado vertiginosa, como no aceptar convención alguna, como corretear por frías y mojadas calles sin luz, como respirar peligro, reventar reuniones pazguatas, no apartar nunca la mirada, enfrentarse a todos, opinar de cualquier cosa sin callarse nada… Uf, esto me recuerda su etapa de contertulio televisivo allá por el 98 o 99: momento decepcionante como seguidor de Ilegales donde los haya. Tal vez pueda encontrarle atareado con su colección de soldados de plomo (de los que posee incluso los moldes para su fabricación) o de indios y vaqueros. Gritando “¡viva feldespato!” por algún callejón; o ver, llegada la noche, su cabeza calva asomada por la ventana de un bar con los dedos índices extendidos a los lados a modo de cuernos de demonio. Puede que ordenando sus discos y limpiando sus guitarras. A lo mejor admirando peces de colores en una tienda de animales bien provista, o acaso visitando un zoo, gesticulando ante la jaula de cualquier fiera. Me podría arriesgar a asomarme a los acantilados que rememora en “Libérate” y encontrarlo buceando allá abajo, aunque si de verdad ha querido desaparecer estará pasando unos días en cualquier ciudad, algo habitual en él. 

Jorge nos habla de sus guitarras en el interior de "Todos están muertos"


Alguien apuesta en la radio sobre cuál de sus guitarras quedará inmortalizada junto a él, y rápidamente surge un acalorado debate; vuelan, confundiéndose, nombres y series: la Ibanez con la que grabó todo el primer álbum, la Fender Jaguar del segundo, otras Fender como Ventures, Jazmaster, o Stratocaster del 62 y del 57; Gibson 125, Hofner, Mosrite, Epiphone Zenit del 46, Vega del 38, del 46, Fenix, etc. Creo que ganó una de las Stratocaster.

07 mayo 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (9 de 20)

9. SI NO HAY ODIO, NO HAY ROCK AND ROLL

   Esa popularidad de que gozaba la banda asturiana se redujo de manera progresiva a partir del año siguiente, aunque se mantuvo aceptablemente gracias a la inercia del segundo elepé y a la fidelidad de los roqueros, aún numerosos y atentos. Es significativo el hecho de la gran cantidad de gente que conocía a Ilegales pero que, preguntada con posterioridad, desconoce por completo la existencia de temas como “Eres una puta” o “El norte está lleno de frío”. “Todos están muertos” (Epic, 1.985), es un disco que parece, desde su portada, una pétrea respuesta al anterior, un punzante alivio tras una fugaz invasión en terreno enemigo para dejar su marca. Vuelven las canciones directas y cortas, con esos finales en seco; la sangre vuelve a circular hirviente por el esquema eficiente del trío. Efectos los mínimos. La economía del riff certero. Procacidad (con temas censurados en emisoras de radio incluidos), escenas callejeras, héroes-víctimas anónimos, reflexiones al vuelo, viñetas ásperas, actitud gamberra e ironía. Ahí están la urgencia y las esquirlas punk de la inolvidable “Ella saltó por la ventana”, “Qué mal huelen los muertos” o del tremendo inicio y la acerada pegada de “El norte está lleno de frío”, esa panorámica de violencia, desazón y callejones sin salida; unida para siempre a “Enamorados de Varsovia”, composición en la senda sombría y fatal de “La casa del misterio”, con sus ecos de Pink Floyd, a la que, tras ser grabada y desechada para los dos elepés anteriores, encuentran por fin el pulso en este. Aquí laten también las ávidas exploraciones en los cincuenta del Jorge rocker en “Harto de ser el malo del lugar”, “Eres una puta”, “Bestia, bestia”, “No me gusta el trabajo” o “Hacer mucho ruido”, deudor del clásico “Goo goo muck”. Los Clash vuelven en “Un invasor en la capital” y, como despedida, “Sin remedio” vuelve la mirada por enésima vez al mundo de la calle y la delincuencia con una visión esta vez  lúcida y evocadora, colocada de nuevo bajo el prisma del sonido de guitarra de David Gilmour: planeador y contenido, doliente, cristalino; tan frío y oscuro como extraído de un agujero negro.


   Al año siguiente, el doble elepé “Directo” (Discóbolo-Nuevos Medios), grabado de forma algo accidentada el 1 de noviembre de 1.986 en la sala Big Ben de Mollerusa (Lérida), sirve de broche a la primera trilogía, la que más popularidad les depararía. Un acertado listado que se encarga con tino de recuperar temas antiguos no incluidos en los elepés, a esas alturas ya inencontrables. Con él inauguran Discóbolo records, su primer sello propio.



   Para 1.987 David y Willy empiezan a tener problemas con la heroína. El primero es detenido por posesión pocas semanas antes de una serie de actuaciones por Sudamérica, de lo que nos ocuparemos después. Aparece Alfonso Lantero en el horizonte, preparándose con presteza los temas para evitar la suspensión de aquellos conciertos.


02 mayo 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (8 de 20)

8. MACARRA DE PLATINO FIRMA CONTRATOS CON COMERCIANTES

   De la mano del cantautor Víctor Manuel llegan a Epic en 1.984 (esta compañía reedita “Ilegales” por segunda vez, ya que la Sociedad Fonográfica Asturiana ya lo había hecho en 1.983). A finales de ese año se publica su disco más vendido “Agotados de esperar el fin”, y alcanzan, a buen seguro, esos discos de platino que la discográfica nunca ha reconocido.



   Era la época en que solían llegar a todas las ciudades e ignotos pueblos de España como cabeza de cartel de decenas y decenas de fiestas populares (en agosto de 1.985 actuaron todo los días del mes), ya que sólo han ejercido de teloneros en dos ocasiones: la famosa de Miguel Ríos en la plaza de toros de Gijón, ante quince mil personas, en la que tocaron “Heil Hitler!” para provocar al público progre, incluyendo el saludito fascista; y una actuación con Nina Hagen. Fue el período en que, como muchos otros, se convirtieron en banda de impacto generacional: las primeras cintas, el primer disco, o el primer concierto de mucha gente fue de Ilegales. Sonaban en cualquier tipo de garito, y hasta la pija de la clase se sabía aquello de “Soy un macarra, soy un hortera…”. Fue algo curioso y digno de recordar de aquella primera mitad de los ochenta, se podía llegar al público (en distintos grados, de distinta manera, pero llegar) sin plegarse, sin mercadotecnia forzada. Fue un breve espacio de tiempo en el que existió un vivo interés por el pop y rock español y en español, todavía observado por la gente como un fenómeno emergente, novedoso, descarado y propio; capaz de contener un mensaje, una idea, una excitación diferente a la de los grupos anglosajones (sobre todo británicos), siempre depositarios de la modernidad. Por eso, un tipo calvo y lenguaraz que rozaba la treintena podía triunfar con algo tan febril y surrealista como “Soy un macarra”.




El disco, único grabado por el grupo fuera de Asturias, es una apuesta por el pop que suaviza la mayoría de las relucientes aristas de su predecesor. El problema, empero, radica en la producción, que deja un sonido endeble, artificialmente limitado y comprimido. Cien por cien ochentero en el peor sentido. Por otra parte, todas las canciones me parecen buenas. “Agotados de esperar el fin” y “Destruye” (con ese comienzo reminiscente de “The loved ones” de Elvis Costello and The Attractions) son extraordinarias, un paso adelante a nivel de de composición, y permanecen entre los mejores temas de Jorge Martínez. El funk blanco de “África paga” era impensable en el primer disco, pero no deja de resultar interesante. Mientras "Quiero ser millonario" late al ritmo del "Groovy woovy" de Los Buenos, “El piloto”, uno de los singles extraídos del álbum, recrea el sonido de The Shadows, y la fugaz “Hombre blanco” suena como Los Ventures acompañando a Johnny Cash. “Stick de hockey” responde a su rock directo habitual, aquí musicalmente desactivado, y la mítica “Odio los pasodobles” es todo un desahogo punk. “El último hombre” encierra un guiño a los Clash, y “La chica del club de golf” desarrolla plenamente esa tendencia de Jorge Martínez a las melodías “peligrosamente ingenuas” en los medios tiempos cuando se acerca al pop. Respecto del sonido del disco, Jorge señala que fue acelerado intencionadamente por parte de la compañía, algo que efectivamente se nota, desnaturalizando canciones de gran calado como “Para siempre”, en mi opinión una composición redonda (aunque yo me hubiese ahorrado los arreglos de teclado) con una letra que es posible emparentar con algunos poemas de Bukowski, ya que laten en ella su sentido narrativo, la frase devastadora, o esa cotidianidad, a veces tan irónica, teñida de fatalidad. Soy un macarra”, ni de lejos el tema preferido de Jorge, se convirtió en el más popular del disco y quizá de toda su discografía. Aquel inicial mazacote boogie-rock de los setenta había ganado capacidad de impacto y velocidad tras pasar por el filtro de “Rock lobster” de los B-52’s.

30 abril 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (7 de 20)


7. ROCK DE ESPEJO ROTO

   Paco Martin, después en Twins, publica el primer álbum, “Ilegales” (el de la famosa portada de la pistola en la sien), ese mismo 1.982 en un sello creado ex profeso (Hi-Fi Electrónica). Aunque con un sonido mejorado, más lleno y rugoso, abundaron en las canciones de impronta inmediata. Rock de espejo roto, directo, de raíz clásica e inercia punk. Callejero, peligroso, esquemático; un esqueleto de huesos duros. Carne de himno (“Hola mamoncete”, “Problema sexual”, “Caramelos podridos” o un Delincuente habitual” deudor del “Uncontrollable urge” de Devo) conducida por un guitarrista talentoso que sabía ir al grano y construir riffs memorables. La inmediatez solo cede en momentos clave: las guitarras envolventes del rock contenido y alerta de “Tiempos nuevos, tiempos salvajes” y “Yo soy quien espía los juegos de los niños” (cinco minutos en estado de gracia, desde la letra al sonido sincopado y esa guitarra que sabe ser tan enigmática como brumosa); o “La casa del misterio”, una de sus composiciones más complejas, con una melodía tan bella como desvaída; un hilo a punto de romperse por algún sitio; dramática, inmersa en un ambiente a la vez cargado e inasible, rotando en una nube de inquietud y melancolía eléctrica. Y, cómo no, esa facultad tan suya de esconder versos definitivos entre estribillos prosaicos (la muy new waveNo me acaricies el pelo”). Para entonces, ya eran figuras destacadas de lo que se dio en llamar con desbordada imaginación “Rock Periférico”.

Primer elepé de Ilegales con su mítica portada. Ouka Lele se encargó de retocar la imagen elegida. 

25 abril 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (6 de 20)

6. EL ANTIHÉROE DE LOS GATOS Y SU PLUMA

   Parecía vivir y escribir en una solitaria trinchera desde la que no se agitaba ninguna bandera, disparando en muchas direcciones breves escupitajos de veneno y sarcasmo sin asomo de victimismo. Era el antihéroe que bajaba de las montañas a llamar a las cosas por su nombre, pero que, en el trance, se sumergía en sus propias contradicciones para escribir versos atemporales. Cómodo y hábil en la observación de la realidad más cruda, en ocasiones espeta, provoca, muerde o reflexiona, pero detesta ser la voz de nadie. Sus textos no tratan de satisfacer al oyente, no te dice lo que quieres oír, característica principal del rock panfletario. Es un realista duro, por momentos despiadado, rotundo en las comparaciones y adjetivaciones; que en muchas de sus letras reprocha la inacción, el dejarse llevar por falsos sueños (a “confundir lo deseable con lo posible”) o muestra con gesto burlón el espejo de la sórdida realidad a las decenas de personajes que pueblan sus canciones. En éstas encontramos reflexiones con filo, rebeldía pura, llamadas a la autoafirmación; zamarreos al sistema educativo; consideraciones sobre la violencia o la muerte. Hombre de pocas  pero tajantes metáforas, muchas estrofas memorables, y mensajes elaborados de poderosas imágenes, y no sólo por su contenido duro o sarcástico, o ese humor grueso chirriante que a veces emplea sin contemplaciones; sino por su belleza y profunda capacidad evocadora. Azote de hipócritas y convenciones políticamente correctas. Incesante creador o protagonista de historias suburbanas (el noventa por ciento de sus letras están basadas en experiencias propias, no en vano, muchas frases de sus textos aparecen con frecuencia en respuestas de sus entrevistas o viceversa).

Destaca, claro, el subgrupo de temas sobre delincuencia (cuya máxima expresión considero que es “Bestia, bestia”, por su cualidad instantánea), donde incluye reflexiones sobre el particular y ahonda en vertiginosos retratos en crudo que huelen a pelea callejera, a rabia e inadaptación, a calles húmedas, y sirenas. No desmerecen las relaciones de pareja, normalmente turbulentas, tratadas sin ambages, y sin ocultar heridas que supuran. 


   En sus textos se recorren con frecuencia pasajes líricos u oníricos, a veces interrumpidos por el quiebro de una mueca mordaz, un verso cortante; como golpearse contra un muro, o verse sorprendido por un estallar de cristales, como un picotazo inesperado. Entre sus influencias y gustos literarios encontramos autores tan dispares como Quevedo, Nietzsche, Pío Baroja, Rimbaud, Juvenal o Marcial.

21 abril 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (5 de 20)

5. “EN 1.957 YO YA ESTABA HASTA LA POLLA DE ANTONIO MOLINA”

   Nacido el 1 de mayo de 1.955 en Avilés, de familia de abogados (“ya que no puedo ser bueno voy a ser abogado”), fue un niño de esos llamados conflictivos, llegando incluso a estar confinado en un colegio interno. Llegó a Gijón a los quince años, procedente de Vitoria, donde había vivido con su familia y tenido sus primeras experiencias con bandas desde los doce (un verdadero “niñato psicodélico”, según sus propias palabras). Este descendiente de la “nobleza arruinada”, cuando comenzó a tocar en orquestas de verbena (entre ellas una denominada Los 7 Magníficos y después Los Magníficos), en el imprescindible carnet de “Circo y variedades” para ejercer la profesión de músico, aparecía en la categoría de “Niño Prodigio”. Estudió hasta 2º de derecho, carrera que abandonó cuando el nervioso empuje del rock and roll lo ocupó todo. El guitarrista aventajado que comenzaba a ser impartía incluso clases del instrumento, teniendo entre sus alumnos a personalidades como Paco Loco, posterior miembro de Los Locos y Los Sangrientos, así como afamado productor indie.




   En los años setenta, tras aventuras efímeras como Menta o Crac, la cosa toma cuerpo con el trío Madson. Formados en 1.977 por Jorge, su hermano Juan (productor, técnico de sonido, después en Los Ruidos) y David Alonso, luego batería de Ilegales, veían cómo las maquetas que mandaban a sellos tan en la onda como el madrileño Chapa, les eran devueltas. En esa formación ya tocaban temas como “Soy un macarra” o “Lavadora blues” (compuesta alrededor de 1.971). En 1.979 se convierten en Metálicos (“Tiempos nuevos, tiempos salvajes”, “El piloto”, “Ángel exterminador”, que tuvo que esperar prácticamente una década para ver la luz, en el momento oportuno de ser revestida y arreglada convenientemente, y “Stick de hockey”, se encuadran en esa época), y a finales de 1.980 toman el definitivo apelativo de Ilegales, momento en que sale Juan de la formación y se integra Iñigo Ayestarán (después en La Banda del Tren). En 1.981 en su repertorio había ya temas como “Perjudicial” (primer tema ensayado como Ilegales), aparecida diecisiete años después en “El apóstol de la lujuria” y la muy new waveDesesperados”, la canción perdida de los Ilegales durante casi treinta años, cuyo estribillo desembocó en “Me sueltan mañana”, siendo la primera mucho más inspirada, en mi opinión. Ese mismo año ganan el concurso “Villa de Oviedo”, colocando tres cortes en un recopilatorio compartido con otros tres grupos (“I Muestra Pop-Rock de Asturias” (SFA, 1.982)). Ahí aparecen “Princesa equivocada”, cadencia reggae que se vuelve pop en un estribillo inspirado; “Europa ha muerto”, su primer tema mítico publicado, muestra fehaciente de un estilo básico y vibrante que aún tendría mucho margen de crecimiento: estribillos eficaces, riffs esquemáticos, coros concisos; y el twist “La fiesta” que siempre ha merodeado su repertorio. 



Meses después comienza el despegue con el single “Revuelta juvenil en Mongolia”/”La pasta en la mano” (Arrebato): “ideal para lanzarlo a los transeúntes desde el quinto piso”. En la primera cara “Revuelta juvenil en Mongolia”, el gran tema punk de Ilegales (en plan Pagans): delincuencia, sirenas, cristales rotos, disparos y efectos sonoros de toda esa destrucción. Y qué decir del reverso, que me atrapaba siempre desde las primeras notas, consiguiendo emocionarme. Medio tiempo de trágica crónica social con una primera muestra de lirismo amargo y esas partes nebulosas de guitarras que serán también marca de la casa. Tras grabar el primer elepé sale de la banda Iñigo Ayestarán (“prefería su novia al grupo”) y entra en su lugar Willy Vijande, todo un punk ex – Suybalen y Terlenka, bajista mítico de la etapa más explosiva de la banda. 

18 abril 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (4 de 20)

4. LA MIRADA DEL DIABLO

Cuando me pidieron que lo buscase, recordé que también tuvieron que encargar a alguien lo mismo cuando fue nombrado miembro de la Real Academia de la Lengua. Dicen que improvisó un discurso en el que alabó los efectos de las anfetaminas y que dijo algo relativo a la lista de pecados de cada religión para cometerlos todos. Para colmo, colocó en su calva reluciente dos pequeños cuernos rojos de plástico, para después mirar fijamente a los académicos y demás invitados, soltando una carcajada y golpeando el atril con los ojos a punto de salirse de sus órbitas. Mientras repaso posibilidades de búsqueda, tomo la portada del single "Revuelta juvenil en Mongolia", observo el careto de Jorge, su mirada fija enfundado en un abrigo que parece quedarle grande; aventuro qué proyectos, qué ilusiones camparían en su cabeza ese día.




14 abril 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (3 de 20)

3. TENGO UN PROBLEMA SEXUAL

   Ilegales era una banda incendiaria, pero que controlaba su fuego hasta el último detalle. Un grupo de rocanrol efectivo, y Jorge Martínez un compositor privilegiado, de talento, como lo es todo aquel que partiendo del lenguaje básico del rocanrol sabe crear melodías y riffs que se adhieren y de los que cuesta desprenderse. Alguien que aporta, y que si le preguntas con qué discos debes iniciarte en esto, es probable que te recomiende “Cosmo's factory” de la Credence, “Help!” de los Beatles o cualquier grabación de Elvis de la época Sun records. Nunca añadió una segunda guitarra a la formación, no la necesitaba. Durante los primeros discos el sonido lo marcaba su instrumento, acompañado por una base tan eficiente como escueta y secundado por unos coros secos y marciales. Consiguió lo que los grandes, desarrollar un sonido que como tal no era nada nuevo, pero transformándolo en algo propio, identificable. En los siguientes trabajos, el apoyo de otros instrumentos, le permitió por fin mostrar todos los matices de su guitarra (es recomendable escucharlos con detenimiento). Sus directos eran intensos, agotadores, rigurosos, comunicativos con su lengua-azote; exprimiendo esa voz entre agresiva y levemente aflautada, con la que con el tiempo ha llegado a alcanzar tintes negroides.

Posee una digitación precisa, su forma de tocar es depurada, limpia, incluso cuando quiere sonar sucio. A pesar de su habilidad con las seis cuerdas, su principal mérito y la clave de la soltura de su sonido reside en su plena consciencia de los peligros de dejarse llevar solo por la técnica. Siempre se ha jactado de ser buen guitarrista y ha criticado sin piedad a los que gozaban de ese reconocimiento y no le convencían. Se ha jactado sin reserva de todo, ahora que lo pienso. Un consejo: es preferible no hablarle de estilos como el post-rock y cosas así, o de instrumentos tan de moda como el pedal steel guitar. Menos aún de pasodobles, claro, cuenta la leyenda (tantas leyendas), que el grupo siempre se equivoca en algún momento cuando interpretan Odio los pasodobles, uno de los temas bandera de la época dorada.

Pocos artistas escapaban a su mordacidad dentro de la escena española, acaso clásicos como Los Canarios y Los Bravos; y contemporáneos como Nacha Pop, Los Cardíacos, Los Enemigos, Burning, Siniestro Total o Kiko Veneno.

Su base musical, como decimos, era troncal (rocanrol clásico, rock instrumental, blues, desparpajo punk, la inmediatez y el instinto pop de la new wave), influencias sedimentadas y absorbidas como el alcohol en su organismo, incorporadas a su torrente creativo de forma natural; lo que ha permitido a su repertorio sobrevivir e incluso crecer, frente al de otros coetáneos cuyas fuentes remitían a ramas concretas de ese tronco, quedando sus canciones en muchos casos colgadas en una postal de época, en espera de revival. Volviendo a sus discos, solo la producción del segundo, nos envía directamente a los ochenta.


   A veces se dejaba llevar demasiado en su papel, lo que hizo que su imagen solapara la profundidad, complejidad o intenciones de muchas de sus canciones. Recuerdo haber pensando en mi adolescencia que se equivocaba con esa actitud, que lo que podía granjear popularidad de manera inmediata encajonaría para siempre la potencia de su propuesta. Aunque puede que simplemente Jorge fuese así, sin más. Sea como fuere, vivía impulsado por un extraño resorte; sus peleas en Rock-Ola con Ferni Presas de Gabinete Caligari, Alberto García-Alix o incluso Tere, de Desechables, en tiempos tan de pose, marcaron y en cierto modo aún marcan su imagen. 

Él no pone de su parte, desde luego: mientras trato de imaginar dónde estará metido hoy, miro su careto de poseído en la portada de la copia nº 64 de “Electrical Overdose”, aquella casete que hizo circular el sello gijonés Don Gato Records en 1.989, impagable documento compuesto por versiones en directo que dan una idea de sus querencias sonoras (allí está “Trouble”, tan presente siempre), temas propios difíciles de localizar en aquel momento y el inicio de su actuación aquel 15 de octubre de 1.983 en Rock-Ola durante la entrega de premios del Diario Pop de Jesús Ordovás, interpretando “Problema Sexual” con aquella virulenta y provocadora introducción, tras pegarse en los camerinos, que tantas veces escuchamos después. Parte de esa violencia volvió años más tarde en un inmejorable instante televisivo: en 1.987, en el programa que presentaba Miguel Ríos, “Qué noche la de aquel año”, interpretando, tras dar cuenta de un par de botellas de whisky, aquel mismo tema en el programa dedicado a 1.983 (siendo además los únicos que negaron a Mike el protagonismo semanal de cantar un tema con el grupo), con Jorge espetando a la cámara aquello de “Señora, si no le gusta mi careto, cambie de canal”. Míticas, en fin, eran aquellas leyendas de sus bizarros enfrentamientos con el público cuando le lanzaban algo (cosa común en los ochenta) sin temor alguno a estar en un pueblo perdido de difícil escapatoria. Aún recuerdo el primer Espárrago Rock, en Huétor Tájar, con Ilegales como único grupo importante (todavía estaban lejos las multitudinarias ediciones festivaleras en Granada). Alguien le lanzó un cubata, a lo que Jorge respondió invitándole a subir a escena a pelear con él, después se tranquilizó y limpió la guitarra mientras la tocaba, sin dejar de mirar fijamente a un silencioso público. Era en 1.988, durante la gira de “Chicos pálidos para la máquina”, una apuesta por enriquecer el sonido del grupo con saxo y teclados, el inicio de una etapa desigual e interesante.