09 mayo 2026

CASCO ANTIGUO

 Pasear por el casco antiguo libera los pies y los hombros de presente, de practicidad, de motivo, de prioridades. El casco antiguo los empuja volviéndolos más ligeros que nunca, aun ascendiendo entre angostas calles, cuestas o escaleras. El blanco de las fachadas, que atrae y calma la inquietud de las almas, se extiende sobre otros blancos anteriores, capas de cal producidas por manos avezadas que se repiten sobre paredes serenas y llenas de memoria. El paseante solitario nunca está solo y el silencio nunca es completo. La explosión de las flores que cuelgan de las ventanas, el frescor verde que desborda de las macetas, suceden a otras explosiones y desbordamientos; los olores enlazan sin fin con otros olores, fruto de otras lluvias y otros rayos de un sol que baña siempre la misma esquina, dibujando el mismo ángulo de luz que restalla frente a miradas a menudo sorprendidas ante la adusta grandiosidad de lo cotidiano. Suenan en algún sitio los cascos de animales de antaño que suben pacientes su carga, avanzando con sus ancas temblorosas y peludas. Suena el papel de estraza que envolvía con perfecta sobriedad las pequeñas compras diarias, marcando el devenir de los días. Se escucha la fuerza incontenible de los latidos de los corazones de todos los niños que se apretaban el paquete al pecho mientras recorrían el trayecto de la tienda a su casa cumpliendo así su primer mandado en solitario, con las herrumbrosas y escasas monedas sobrantes bailando en el bolsillo de su pantalón corto mientras corrían. Un tiempo que pasa, cae y muere; hasta que despierta y sale al encuentro del paseante cuyos pies y hombros han sido liberados de su función y prestancia habituales para ascender libres y ligeros sobre el empedrado.




Texto aparecido en el libro colectivo "De la cal al plástico", editado por Colin Bertholet en 2022.

06 mayo 2026

MENSAJE EN UNA BOTELLA (69)

MERCURY REV “Deserter’s songs”(V2, 1998)

Mercury Rev son uno de los grandes enigmas por resolver para el rock de esta década. Funambulistas espaciales que avanzan entre cacofonías ruidistas, elevaciones vertiginosas, pérdidas de conciencia y una vocación pop bien guardada que aquí explota a todo placer. Tras tres años largos de mutismo, con cambio de compañía y sucesivas crisis internas, Mercury Rev aún nos debían esto, su concepto de la melodía y su expansión; así de impecable, así de desnudo. Desestimando la distorsión como principal arma o campo de exploración, nos ofrecen todo un mundo de sonoridades inasibles en su grandeza, en su juego, en su incesante dilatación; queriendo atisbar qué hay más allá del “Pet sounds” de The Beach Boys y de los Beatles más preciosistas. Sonidos bañados en misterio, ululantes, titilantes, ligeramente temblorosos, huidizos; que sobrevuelan los temas a ráfagas, lo justo para llevar la canción en volandas.

Una búsqueda alucinante de lo atemporal que en “Holes” y “Opus 40”, con su aire estándar y Beatle, se impregna de Neil Young tal y como lo hicieran The Flaming Lips, que también dejan su marciana impronta en “The funny bird”. Desbordan su caudal lírico y mágicamente melancólico en maravillas como “Tonite it shows” o “Endlessly”, con rememoración navideña añadida. “Hudson line” se convierte en el momento más tangible por los firmes trazos de guitarra, saxo o piano que exhibe. Hay folk luminoso en “Goddes on a hiway”. “Pick up if you’re there” podría ser la música incidental del descubrimiento de algo milagroso. En “Delta sun bottleneck stomp” hay pop que te reclama desde la pista de baile con reminiscencias de los Waterboys de “This is the sea”. Y, al final, se despiden con una llamada desde allí donde se encuentren.








Publicado en 1999 en la revista El Batracio Amarillo

04 mayo 2026

MENSAJE EN UNA BOTELLA (68)

BECK “Mutations” (Geffen, 1998)

Beck Hansen, el folkie destartalado, el rapero freak, el sampleador perspicaz, apañador noise y adicto al low-fi, vuelve con su tercer trabajo oficial, aparcando el factor sorpresa que siempre le acompaña y que lo ha situado como uno de los baluartes del rock underground de esta década. Aquí es el folk el principio y fin de sus planteamientos, con canciones tratadas con nitidez y frescura, versatilidad instrumental y frente despejada. Folk revestido de psicodelia (“Cold brains”, “Nobody’s fault but ny own” o “We live again”); o con remedos de Barret y The Kinks en “Lazy flies”. Ejercicios de country ortodoxo en “Canceled check” y “Sing it again”; y socorrida bossa en “Tropicalia”, siempre con resultado cautivador. El folk vuelve con toques clásicos a lo Nick Drake con “Dead melodies” y “O Maria”, y tenso en “Static”; también se incluyen incursiones blues como “Bottle of blues”. “Diamond bollocks” nos devuelve, casi al final, al Beck iconoclasta, con una impactante reconstrucción de los primeros setenta. Y, con “Runner dial zero”, termina consiguiendo plenos efectos cósmicos.




Publicado en 1999 en la revista El Batracio Amarillo

11 enero 2026

CONSISTÍA (Un homenaje a Roberto Iniesta)

 

Consistía en romper

la presuntuosa carcasa

trucada de las palabras,

liberarlas del aborregado brillo

de los órdenes preestablecidos.


En mirar el tiempo arder

con una sonrisa y ojos cansados,

enrojecidos de curiosidad,

alimentados por la energía emanada

del dolor, el amor y la rabia.


En escarbar sin dediles en la urgencia

para cruzar el túnel de la armonía.


En nadar en el lago sereno

tras zambullirse en el oleaje más salvaje.


En usar el vértigo como cabalgadura.


En abordar la vida sin frenos,

transformando los derrapes en melodías,

y las melodías en bocados

a las almas desorientadas

de quienes osábamos asomarnos

tan solo durante tres minutos.


La inquietud abrocha los versos

y las guitarras desatan aquello

que no sabíamos que estaba atado.


Consistía en alejarse

hasta perder el centro

y después recuperarlo,

como en la soleá.


En asomarse a las ventanas

para volar o caer,

y entonces encender

el lirismo de todas las caídas.


En verter belleza desde el rincón humoso

de la última hora de insomnio.


En rumiar sobre la herrumbre que se amasa

y va dejando restos de sangre y oro

en la punta de los dedos.


La respiración y la ansiedad

van conformando la estrofa

hasta que se aviene a emerger.


Los colores se vuelven más vivos

que nunca en los amaneceres locos

de una ciudad perdida,

entre poemas, evocaciones y tachaduras.


La leyenda que se erige

entre vaivenes,

muta en un arcoíris

con olor a madrugada

que penetra de manera distinta

dentro de cada cual.


Luz pulida

suavemente

por el tiempo.

Vida retadora.

Libertad sin bostezos.

Precipicio resbaladizo

desde donde atisbar, de verdad,

el vuelo del águila.

15 diciembre 2024

MENSAJE EN UNA BOTELLA (67)

 JOSÉ IGNACIO LAPIDO "Ladridos del perro mágico" (Pop Quark-Big Bang, 1999)


Canciones compuestas para permanecer, para ser encontradas por alguien que las conservará en el recuerdo el tiempo suficiente para poder comunicarlas a otro y que así nunca dejen de sonar. El debut del que fuera líder de 091 despliega, como siempre, una colección de canciones en las que se deja mucho; textos que devuelven interés y credibilidad a las baladas, nacidas en ese punto en que las carreras de Bob Dylan y The Rolling Stones se encontraron. Sonido contenido, formado por un entramado de guitarras vehementes, sensiblemente hirientes o lacerantes; que, en los tiempos rápidos, envuelven en contundencia y espinas ese ya clásico sentido pop del autor, esos estribillos inmarcesibles o los cuidados coros ("Sigo esperando"). O crean expresivos fraseos de blues bajo los auspicios de Bo Diddley ("Mi nombre es Sísifo").




Publicado en 1999 en la revista El Batracio Amarillo


Ladridos del perro mágico  ha sido reeditado por Pentatonia Records en 2024. Remasterizado y con dos temas extra, en formato doble vinilo, CD

25 septiembre 2022

MENSAJE EN UNA BOTELLA (66)



BRUNO GALINDO “Toma de tierra” (Libros del K.O., 2021)


A poco que te interese el devenir de la música popular durante los últimos cuarenta años, hay un porcentaje amplísimo de posibilidades de que, si te da por hojear este libro en cualquier librería, te sea imposible soltarlo hasta terminar el capítulo por el que lo hayas abierto; e incluso, que experimentes la imperiosa necesidad de continuar la lectura en casa hasta el final ese mismo día. Se trata de un relato autobiográfico a la fuerza trepidante y jugoso, dada la posición neurálgica del autor durante años dentro de la industria discográfica y su inquietud vital y creativa; que huye de toda linealidad repartiéndose en ochenta breves capítulos que pasan como una exhalación, a su vez divididos, como el propio autor explica, en tres tramos que abarcan el relato periodístico, el industrial y el artístico. Bruno Galindo ha estado en todas esas trincheras y, lejos de confeccionar unas memorias autocomplacientes que giren en torno a sí mismo, echa mano de sus recuerdos y archivo para exponer (enriquecida y bien argumentada) su visión del tiempo que le ha tocado vivir. Una visión tan apasionada como desencantada, aunque siempre lúcida; crítica, pero también autocrítica. Es más testigo privilegiado que protagonista, papel que, salvo en escogidas ocasiones, rehúye. La mirada del periodista, del observador, se impone. 




Del magma de su vida, su experiencia y bagaje, Galindo destila un sutil análisis y una mirada global e incisiva del período que ha traído los cambios más radicales y definitivos en la forma de hacer y escuchar la música, de transmitirla y promocionarla. Años que fueron tan vertiginosos y luminosos como contradictorios y decepcionantes para nuestro país; y que el autor recorre sin encallarse, saltando sin titubeos del flash a la anécdota, del recuerdo conciso y mordiente a la evocación o la peripecia, de lo cotidiano a lo insólito, de la opinión cortante a la disquisición. Las vivencias y los puntos de vista de aquellos que han formado parte del engranaje de la música pop suelen generar fascinación entre los aficionados, que recibimos el influjo de esta completamente ajenos a las circunstancias reales que la rodean. Esta lectura donde, entre muchos otros, Mariah Carey, Prince, Stiv Bators, Luis Miguel, U2 o The Cramps comparten protagonismo, satisface en buena medida esa curiosidad y permite acercarse al fenómeno musical con otros ojos. 

21 septiembre 2022

EL ESCENARIO

 

Ana observa desde un rincón del patio cómo el maestro acota con tiza, para un último ensayo, la zona donde se situará el escenario de la función de fin de curso. Sus compañeros de clase revolotean a su alrededor, cuchichean y se mofan. Acaban apiñados junto al docente y la miran, la señalan e intentan imitarla. Se ríen de sus soliloquios, de sus ejercicios respiratorios, de sus nervios antes de ensayar. Se burlan de los gestos de su cara, del vuelo de sus manos, de los tonos tan distintos que usa para interpretar. Ella, por su parte, se siente a solo un paso de sus próximos sesenta minutos de libertad.

10 septiembre 2021

MENSAJE EN UNA BOTELLA (65)

LE MANS “Aquí vivía yo” (Elefant, 1998)




Algo vería Alejo Alberdi en aquellos cuatro donostiarras de Aventuras de Kirlian cuando se decidió a llevarlos a Madrid y producir su debut (“Aventuras de Kirlian”, (DRO, 1989)). La anomalía que suponían su militancia naif y sus ímpetus nuevaoleros para la época, trajeron consigo la consabida indiferencia de la discográfica; por lo que Peru Izeta (batería), Jone Gabarain (voz), Teresa Iturrioz (bajo) e Ibon Errazquin (guitarra), decidieron a finales de 1990, ya como Le Mans, y con Gorka Ochoa a la batería, pasando Peru a la guitarra, grabar un nuevo disco a su ritmo y con sus propios medios. Posteriormente, el sello Elefant se cruza en su camino definitivamente y, para enero de 1994, “Le Mans” ya está en la calle. Es un trabajo que continúa la tónica del anterior (no en vano la mayoría de las canciones pertenecen a aquella época), inaugurándose la era de las canciones indispensables con el elegante funk de “Un rayo de sol”. De todas formas reniegan de él.

Ese mismo año, “Entresemana” vino a mostrar las verdaderas intenciones del grupo. Asistimos a un cambio sustancial que hace discurrir los temas en medio de una delicadeza cautivadora; con un sonido eminentemente acústico, dotado de serenidad y poso por la recurrente presencia de violín y chelo. Se incorporan las cadencias bossa que el grupo explorará en el futuro, las cuales refulgen en “Canción de si tú me quieres”. Un sosiego que armoniza con una voz convertida ya en susurro tibio y plácido. Además, Teresa concreta esos textos en castellano de desdramatizada celebración de la cotidianidad que tantas ganas me dan de tomar café.




Tras su acercamiento a la música de baile con “Zerbina” (1995), llega la hora de “Saudade” (1996), donde la austeridad toma un cariz más circunspecto que nunca, con un sonido basado en guitarra española y chelo. Se acaba para siempre la inmediatez, manda la segunda escucha. Errazkin es ya un personaje imprescindible para el pop español de los noventa.

La despedida se fragua entre 1997 y 1998 a través de tres lanzamientos (dos maxis y un elepé), en cuyas portadas destacan cada una de las letras de la palabra “fin”. La “F” es “Mi novela autobiográfica” (1997), calidez y hastío, dulzura didáctica, inspiración y sequedad. La “I” pertenece a “Ying-yang” (1998): brillantez pop, tenuidad, destellos de bossa juguetona y experimentación.  




La “N” se corresponde con “Aquí vivía yo” (1998), y supone el colofón a esta enigmática, algo perversa y, finalmente, monumental despedida. De la austeridad se pasa al puzle sonoro, en un trabajo de auténtica orfebrería de estudio que no les resta sutilidad ni naturalidad. La guitarra española vuelve a tomar el mando, pero irrumpen percusiones de todo tipo, metales de otro tiempo subrayando lo justo, vuelos de órgano, piano, mandolina, programaciones y samples. Una genial convivencia de matices y estados de ánimo con los que la ambientación alcanza su plenitud (qué emocionante la belleza desprendida de la escueta despedida de “Sic transit gloria mundi”, con la voz de Josetxo Anitua). Así pues, Le Mans han pasado a formar parte del reducido olimpo de los grupos que prefieren desaparecer antes de repetirse. Hasta siempre.

 

 

Publicado en 1998 en la revista El Batracio Amarillo

07 septiembre 2021

MENSAJE EN UNA BOTELLA (64)

JON SPENCER BLUES EXPLOSION “Acme”(Mute-Everlasting)



Este trabajo sirve para clarificar un poco más la marca indeleble de una forma de entender el rocanrol. El lacerante cóctel de primitivismo blues, funk fracturado y crudeza sónica de costumbre, aquí se muestra pulido e incluso brillante. Es como un receso en el camino para reconsiderar lo ya recorrido y matizarlo; ahondar y reflexionar sobre ello. Indagan en sus posibilidades sin perder un ápice de impacto y frescura, ya que estamos ante una nueva consagración al ritmo: seco, abrupto y cortante. Subrayado por mezclas sagaces, scratches severos y guitarras sincopadas. Sin ser “Orange” (Crypt, 1994), viaja frenético del r´n´b al funky y viceversa, repostando en The Rolling Stones como medio y fin de su sonido. En “Do you wanna get heavy”, Jon Spencer va mutando de polvoriento crooner a desquiciado James Brown envuelto en sentidos coros góspel. Suenan depurados y esenciales en “Calvin”, “Magical colors” o “Torture”. Funden a Lou Reed con los Stones más lúcidos y Van Morrison que pasaba por allí en la excelsa “High gear”. Suenan obstinadamente setenteros en “Give me a chance” y se recuperan a sí mismos en “Attack”. Además, propinan tóxicas y generosas dosis de funk turbulento, como “Talk about the blues”, el saturado guiño a The Beastie Boys que es “Lovin’ machine” o “Bernie”. Como viene siendo habitual en sus grabaciones, el trío estadounidense vuelve a contar con un envidiable plantel de colaboradores: Steve Albini, Jim Dickinson, Calvin Johnson



Publicado en 1998 en la revista El Batracio Amarillo


29 agosto 2021

MENSAJE EN UNA BOTELLA (63)

SIX BY SEVEN “The things we make”(Mantra-Everlasting)



Como unos Spacemen 3 más terrenales o unos Codeine punzantes, el debut de este quinteto de Nottingham nos hace despegar mediante un muro sónico de guitarras que avanza uniforme, vibrando en primer plano y expandiéndose nocivamente a través del saxo y ese órgano tembloroso. Un viaje que deviene delirante y que tiene la facultad de detener el tiempo o, al menos, entretenerlo maravillosamente entre espesas capas de electricidad. En “A beautiful shape” aparecen gaseosos dibujos melódicos entre volutas de saxo y órgano; “European me” supone una elevación de electricidad contenida, cargada de lírica enfermiza y guitarras horadantes, tales como las de “Spy song”, que crecen en narcótico viaje sensorial, derivando en tormenta sónica. “Something wild” es un repente de accesibilidad frustrado por la tensión; “Brilliantly cute” apuesta por la rotundidad; la inmensidad de “Oh! Dear” deja escapar algo de luz, y en la desolada “88-92-96” llegan a recordarme a Come. La psicodelia de “Candlelight” suena algo manida para mejorar al hacerse incisiva; y queda sitio para el pop al gusto de los Mercury Rev más tangibles (“For you”). A la hora del aterrizaje, desconectan las guitarras en la evocadora “Comedown”.



Publicado en 1998 en la revista El Batracio Amarillo




26 agosto 2021

MENSAJE EN UNA BOTELLA (62)

NIÑOS MUTANTES “Mano, parque, paseo” (Astro, 1998)




Un paquete de canciones con inequívoca vocación pop, presentadas de forma tensa y ruidosa, sin apenas arreglos; recayendo toda la responsabilidad de su efecto en la inspiración melódica de los temas y en el tesón con que son interpretados. Una apuesta sonora certificada por la producción de Paco “Loco” Martínez, que va de la eficaz brevedad de “La fuerza” a la introspección de “Anillo”, desarrollando unos textos que son una auténtica exhibición de sentimientos a flor de piel. The Pixies se extienden por el efectivo vértigo de “Veneno-polen”, en la rotundidad de “Tormenta”, así como en “Caramelos” o “Katherine” (en las que, sobre todo en la segunda, reside la respuesta a lo que harían Los Brincos dentro del mare mágnum noise de los noventa). Esta influencia del pop español de los sesenta se hace también patente en otros cortes, como “Segesta” o “Isabelita”. ¡Ah!, y en “L.s.i.” se topan de bruces con los últimos Planetas.

 

 

Publicado en 1998 en la revista El Batracio Amarillo


23 agosto 2021

MENSAJE EN UNA BOTELLA (61)

Arancha Moreno “Conversaciones con José Ignacio Lapido” (Efe Eme, 2021)

 

Ella pregunta y siempre escucha hasta el final. Va paso a paso, estructurando la charla cronológicamente, pero sin constreñir nada; creando el clima de complicidad adecuado. Cede todo el protagonismo a su interlocutor, algo no tan frecuente en estas lides. La autora deja espacio para el encuentro del lector con José Ignacio Lapido. No se coloca entre ambos, afanándose por hacerse notar. Se trata de una serie de conversaciones que se enriquecen y avanzan distendidas a base de digresiones, golpes de humor, reflexiones espontáneas y giros inesperados. No hay prisa, se nos narran las vicisitudes de un recorrido artístico al que no han conseguido doblegar ni el tiempo ni las modas, con todo lo que eso tiene de epopeya. La historia de un descreído que, por fortuna, nunca perdió la curiosidad. Más tarde, la autora se encargará de reordenar el contenido de cada capítulo mediante precisas e impagables introducciones.


 

El entrevistado, durante todo este accidentado y valiente proceso (que va de las charlas telemáticas provocadas por el estado de alarma recién decretado a los encuentros cara a cara), exhala el humo de su cigarrillo y rememora las idas y venidas de toda una vida dedicada a la música. Explica. Contesta. Inquiere y se cuestiona. Se muestra bastante autocrítico y nada autocomplaciente. Habla con detalle de sus inicios, de 091, de su carrera en solitario. Reflexiona acerca de sus textos, del proceso creativo y de las dificultades que atraviesa el autor durante el mismo. Expone con naturalidad cavilaciones y opiniones de todo orden: el devenir de la industria musical (con sus navajeos) y del consumo cultural en general. El acceso a la música, su consideración por el oyente, la forma de escucharla…, y un suculento etcétera.


La autora, provista del bagaje de una documentación exhaustiva, indaga y ahonda, como debe ser, en facetas poco conocidas de la persona que tiene enfrente. Así hasta terminar de componer el puzle de todo lo que ha ido conformando a un artista cada vez más inabarcable, en el sentido que el propio José Ignacio da a la obra de Dylan durante una de las charlas. Es un libro que parte de la admiración, pero huye del panegírico; que escarba y trata de ir más allá.



El amplio itinerario de este viaje aborda profusamente lo general sin dejar de demorarse en el detalle, sirviendo tanto al iniciado como a quien se acerque por primera vez al universo lapidiano. Arancha Moreno, directora de la revista Efe Eme, y autora también de libros sobre Coque Malla e Iván Ferreiro, completa con este, que será revisitado con frecuencia en el futuro, el retrato de un compositor cuya pluma constituye un hecho literario de primer orden que ante todo es canción y es rocanrol.

25 abril 2021

MENSAJE EN UNA BOTELLA (60)


Juan Cano Pereira “Los niños de las caras” (Pigmalión, 2020)

 

Echar mano de la memoria como material literario es un trabajo arduo y complejo, sobre todo cuando, como es el caso, ese recorrido por el pasado está muy alejado de cualquier tentación de autocomplacencia. Junto al arrojo y la meticulosidad desarrollados en “Los niños de las caras”, es conveniente destacar que, generalmente, los aconteceres contados por las personas que los vivieron tienen un valor intrínseco insustituible; una mirada más sincera, limpia y directa; ajena a artificiosidades y componendas estéticas. Por tanto, nadie mejor para narrar la peripecia de todo lo que supuso para Bélmez de la Moraleda la aparición de las famosas caras, que uno de esos niños que vivieron todo el proceso en primera persona y crecieron bajo su influjo. Contar con un escritor de este calibre entre ese grupo de chiquillos que nos miran desde la portada del libro, ofrece un punto de vista único. Y es que difícilmente podrá encontrarse en el futuro una mirada tan completa, cercana, honesta y humana como la expuesta por el autor a la hora de abordar este asunto y sus derivaciones.




 

Juan Cano consigue que el lector le acompañe con vivo interés por este trepidante recorrido histórico y vital, por momentos tan confesional. Afortunadamente, no ha jugado la baza de intentar fabricar una ambientación específica entre los contornos borrosos de la memoria. Antes de forzar su propuesta, ha sabido extraer la magia intrínseca que late en esta historia que es la suya, tan distinta a todas las demás y a la vez tan parecida. Ha liberado sus diversas ramificaciones y dejado fluir la intensidad que guarda cada anécdota, cada acontecimiento, cada circunstancia. Dota del suficiente relieve a los personajes y recrea las situaciones con ritmo y buen pulso, sin estancamientos, haciendo gala de una prosa tan afilada y punzante como cautivadora. No es literatura de aguachirle, es valiente, dispuesta a incomodar, llegado el caso. Muy alejada del anecdotario superficial y la autoindulgencia localista. El lector (independientemente del nivel de conocimiento o incluso del interés que le suscite el fenómeno paranormal en sí mismo) cae en la fascinación sin sentirse ni pastoreado ni dirigido. Sin faltar al rigor, una profusa documentación y un amplio manejo de datos hacen convivir con amenidad y sin estridencias la novela iniciática y la aventura vital e íntima, con la agilidad de la crónica y el lúcido análisis socio-económico y político. Cano despliega para esta urdimbre, largamente meditada y sedimentada, una sabia manera de marcar los tiempos y de alternar los escenarios. Baraja con naturalidad lo onírico con lo descarnado, y su poder de evocación siempre desemboca en la reflexión. Todo está relacionado y bien cohesionado. Con un lenguaje utilizado con esmero, las descripciones son precisas y la ambientación te introduce hábilmente en el centro del relato. La ironía, y una ternura no condescendiente, conviven con la realidad más áspera en esta epopeya consistente en el reencuentro sin volver la mirada con todos lo que uno ha sido y con una parte crucial de la historia de su lugar de nacimiento.




 

Un relato, en definitiva, enjundioso, ilustrativo, generacional; que explora también, con apuntes interesantes, ese juego de espejismos que supuso el viaje de la nada al todo tecnológico que una generación de españoles experimentó en primera persona. Ese inopinado cambio de velocidades que tantos hemos vivido mientras nos quedábamos esperando en vano la aparición de la alfombra voladora que nos trasladaría al futuro deseado.

05 diciembre 2020

CATORCE POR THE KINKS

1. THE DOORS “Hello, I love you” (“Waiting for the sun”, 1968) vs. THE KINKS “All day and all of the night” (single “All day and all of the night”, 1964).

2. LOS CHEYENES "Eres como un sueño" ("Eres como un sueño" ep, 1966)

3. PINK FLOYD “Fat old sun” (“Atom heart mother”, 1970) vs. THE KINKS “Lazy old sun” (“Something else by The Kinks”, 1967).

4. DAVID BOWIE "Kooks" ("Hunky dory", 1971)

5. THE STRANGLERS “Bring on the nubiles” (“No more heroes”, 1977)

6. TALKING HEADS “Mind” (“Fear of music”, 1979)

7. THE CLASH “London calling” (“London calling”, 1979) vs. THE KINKS “Dead end street” (single “Dead end street”, 1966).

8. THE VAPORS “Turning japanese” (“New clear days”, . 1980).

9. TOM WAITS “Tango till they’re sore” (“Rain dogs”, 1985) vs THE KINKS “Alcohol” (“Muswell hillbillies”, 1971).

10. BLUR “Country house” (“The great escape”, 1995).

11. GREEN DAY "Warning" ("Warning", 2000) vs THE KINKS "Picture book" ("The Kinks are the village green reservation society", 1968)

12. JOSE IGNACIO LAPIDO “Música celestial” (“Música celestial”, 2002)

13. THE KOOKS “Shine on” (“Konk”, 2008)

14. LOS ENEMIGOS "Océano" ("Bestieza", 2020)



28 noviembre 2020

GRISURA (canción punk)

GRISURA

Grisura, vaporoso precipicio de piel lechosa,

se recoge los cabellos.

Desde su perfil ovalado y esquivo

se ofrece como amuleto

en una calle echada a suertes

que crepita bajo sus pies:

nadie mira de reojo como ella.

Grisura, cándida y amable.

Trampa, punto y aparte.

Vende aire envolvente, viento que enreda,

borde cortante.

Grisura llama a su pecho caliente

a todos los pájaros rotos,

que ya desaparecen para siempre;

e irradia calor de contradicción

y metal a sus amantes,

que terminan mordiéndose

los unos a los otros.

Es el sol de luz de lavabo en tu oscuridad,

la dulce curva infinita de la esquina,

nuestra virgen del pulso firme

siempre armada y vigilante.

Un día, en mi juventud, la sorprendí

pescando en las ruidosas aguas de mi alma:

nadie se da la vuelta como ella.

Grisura, nuestro referente de la certeza,

la mirada más buscada,

la fiel vendedora de sueños sin cortar.

Grisura provocará el deshielo en tus ojos,

te esperará todas las mañanas

sonrisa en mano, presta a disparar.

Te elevará  volando en una caricia

y se difuminará entre la multitud

para tu caída contemplar:

nadie lleva el dedo a tus labios como ella.

Grisura, luna ajada de aguardiente,

mis temblores calmarás.

Grisura, prodigio de humo y ceniza,

llave y candado,

lo borraste todo, ¿verdad?


Poema incluido en la antología dedicada a la poesía granadina por la revista Lumbre, "Versos al amor de la lumbre" (2020).






03 julio 2020

EXCITACIÓN

Al final, a la gente le resulta mucho más excitante imaginar los resultados producidos por lo que prohibiría que por lo que permitiría.