15 agosto 2014

MENSAJE EN UNA BOTELLA (25)

NEIL YOUNG “MEMORIAS DE NEIL YOUNG. EL SUEÑO DE UN HIPPIE” (“WAGING HEAVY PEACE”. TRAD. ABEL DEBRITTO, 2.014)




Después de leer estas memorias de Neil Young he llegado a la conclusión de que es tal y como lo había imaginado. Siempre lo percibí como una rara avis sin poses ni estridencias; un tipo cabezón y peculiar que atravesaba las décadas desde una posición personal  insobornable; inquieto y curioso por naturaleza. Sobreviviendo y superando las continuas trampas del encasillamiento, en constante huida del anquilosamiento que acecha a la leyenda. Capaz de manejar el silencio, de desarrollar el concepto melódico más puro y trascendente, la tormenta eléctrica más incisiva, la atmósfera opresiva, de abrazarse a la experimentación sin red.

La estructura del libro en pequeños capítulos sin orden temporal anima el viaje y disminuye el riesgo de pesadez, del apelmazamiento y la acumulación anodina de datos de la narración cronológica. Pero Neil, un tipo activo y comunicativo, escribe lo que le da la gana, probablemente incluso alterando la planificación inicial de estas memorias. Por ello es capaz de extenderse en prolijas descripciones técnicas de sus variopintos proyectos y aficiones (trenes, Puretone/Pono (esa entregada obsesión por solucionar la falta de calidad del sonido que se nos ofrece desde la urgencia de las nuevas tecnologías) o Lincvolt (el cochazo que respeta el medio ambiente)); llegando a compartir partes de artículos publicados por él al respecto o definiciones extraídas directamente de Wikipedia. Aparte de estas caprichosas inserciones, libre de corsé, el texto salta de recuerdo en recuerdo, liberando al autor y dotando de agilidad y fuerzas renovadas a la narración mediante cambios radicales de tercio. Esta relajación discursiva favorece la aparición de amplias vetas de ironía y da pie a golosas digresiones y conexiones libres, dando lugar también, en ocasiones, a la reiteración de algunos datos o informaciones.



Un muy sereno Neil Young se muestra agradecido, conciliador, a la vez íntimo y distante. Rinde tributo a sus colaboradores y homenajea desde el calor de la amistad y la gratitud a los que ya no están. Juguetón, maneja un lenguaje directo, coloquial y sencillo. Busca la complicidad con el lector desgranando con eficacia y delectación un rico anecdotario; le interpela, bromea con él, le reta. Transmite sinceridad, cierto despojamiento, y en determinados pasajes se deja ir entre el misticismo y lo lírico. Reconoce errores, hace frente a momentos dolorosos, apunta frustraciones pero no carga las tintas contra nadie ni se dedica a lanzarnos carnaza con una catapulta. A veces parece ejercer un relajado exorcismo, enjuagando oscuridades y sombras en el agua fresca y clara de la humildad, de la cercanía.

En definitiva, nos invita a rememorar con él sentados en la silla de al lado mientras teclea y habla de otra cosa a la vez. Nos contagia su ilusión, su apasionamiento, haciéndonos partícipes de una cotidianidad intensa, de las decenas de pequeña cosas que lo renuevan día a día y lo mantienen alerta. Se cuelan recuerdos cargados de ingenuidad y sabor, manías, costumbres, curiosidades esclarecedoras (como las circunstancias de la grabación de “Helpless” (págs. 199 y 200)), o instantes perdidos que Neil fija para siempre en este libro. Valoro especialmente conocer las sensaciones más íntimas que experimentaba en momentos que han acabado siendo fundamentales para nuestra percepción del rock, la cultura o incluso la política. No veo rastro de esa tentación, en que se cae con tanta frecuencia en este tipo de libros, de continuar perpetuando la leyenda, o de contarte lo que estás acostumbrado a oír.




09 agosto 2014

“BLOWIN’ IN THE WIND”. ALGUNAS VERSIONES.

Una canción-mecha aparecida en el momento más oportuno, capaz de plantear las cuestiones correctas para envolver a toda una generación y con las dosis justas de vulnerabilidad, rebeldía, reivindicación y existencialismo. Forjadora como pocas de identidades, de complicidad generacional y sensación de pertenencia. Inspiración de poetas, progres y catequistas. Éxito de ventas en voces distintas, centenares de versiones de artistas de toda índole y momento han mantenido el fuego de su presencia. Aquí recordamos unas pocas.

Se dice que Bob Dylan compuso “Blowin’ in the wind” en cuestión de minutos, sentado en un café. Aunque sí deudora del espiritual “No more auction block”, no parece sostenerse el rumor acerca de la apropiación de Dylan de un tema del músico Lorre Wyatt, titulado “Freedom is blowing in the wind”. Los cantautores tenían sus dudas: a Pete Seeger la composición no le pareció gran cosa, Tom Paxton odiaba la teórica inconexión de sus versos  y Dave Van Ronk la calificó de sosa, aunque algo le dio en la nariz cuando comenzaron a proliferar en la escena multitud de versiones espontáneas, incluso algunas paródicas, a cargo de infinidad de músicos de folk. De cualquier manera, ninguno de ellos fue capaz de imaginar en aquel momento el peso que esa canción tendría en la historia del rock en general ni su capital importancia tanto en el devenir de la carrera de Dylan como en el desarrollo y capacidad de penetración del folk en su conjunto. Era el tema que abría “The freewheelin’ Bob Dylan” de 1.963, sin duda el primer disco clave de su carrera.




Peter, Paul & Mary, intérpretes de folk tan comprometidos como populares y asequibles por su sonido, hicieron una agradable y armoniosa versión de este tema de un aún emergente Bob Dylan ese mismo año, vendiendo trescientos mil ejemplares del single durante primera semana y llegando al número dos de Billboard el 13 de julio de 1.963, superando el millón de ejemplares. Que se confundieran un poco con la letra no fue problema. Aunque Joan Baez cantaba en cada actuación “Blowin' in the wind” durante su gira veraniega de 1.963, en la que Bob Dylan ejercía de artista invitado que aparecía en el escenario tras la interpretación de dicha canción, no apareció en ningún disco suyo hasta “Live in Japan”, de 1.967.

Parece ser que un cantante brillante y experimentado como Sam Cooke tuvo algo parecido a una revelación artística cuando la escuchó el año de su publicación, reflexionando a partir de entonces sobre el contenido que debía dar a su expresión artística. Sam, además, decidió inyectarle ritmo y estilo, versionándola en su álbum “Live at Copa”, lanzado en octubre de 1.964.

Cuando el músico country Glen Campbell incluyó su versión instrumental en “The Astounding 12-String Guitar” de 1.964 se encontró de frente con la ira de sus seguidores más conservadores. No creo que a Duke Ellington le tosiese nadie cuando la interpretó con su orquesta en 1.965.

Por su parte, un Stevie Wonder de tan solo dieciséis años, elevó su versión hasta el número uno de las listas de r’n’b en agosto de 1.966.

A pesar de que Elvis Presley detestaba a Dylan tanto por su voz como por el calado político y la ambigüedad de sus textos, llegó a grabarla en 1.966 (sin intención de publicarla). Quizá estaba más influido por la versión incluida en el excelente elepé de 1.965 “Odetta sings Dylan”, de la cantante folk de Alabama Odetta Holmes. Uno de sus favoritos de aquella época.

Neil Young & Crazy Horse la incluyeron en el incandescente directo “Weld”, publicado en 1.991. Coincidiendo con la 1ª Guerra del Golfo, la incorporaron a su repertorio en la incendiaria gira que compartieron con Social Distortion y Sonic Youth.


El pianista y organista Ben Sidran, reputado músico de jazz y rock, acometió la misión de reinventar el repertorio del de Minnesota con “Dylan Different”, un interesantísimo lanzamiento de 2.009. Allí, cómo no, tiene su sitio la canción que nos ocupa, en una recreación tan excelsa como sencilla.

26 julio 2014

EL RACISTA PASIVO

El racista pasivo, siempre condescendiente, amable y moderado, se sorprende al tratar con una dependienta sudamericana algo seca de carácter. No termina de entender cómo esa gente no se muestra alegre y chispeante en su presencia. Ante él, que se digna a hablarles con toda naturalidad y los acepta. Es tanta la sorpresa, que se ve en el derecho de manifestar en público su estupefacción sin estar violando ninguno de los artículos del código de lo políticamente correcto. Ese entramado de actitudes prefijadas, silencios y frases medidas que ocultan el alquitrán de su alma y lo sostienen como ciudadano ejemplar y moderno. Una vez finalizado su comentario sobre la inesperada falta de simpatía de la trabajadora del almacén, declara con exceso gestual que él, si por algo se ha caracterizado desde siempre, es por aceptar y tolerar a todo el mundo, sean del color que sean y vengan de donde vengan. En ningún momento se ha parado a pensar que la tolerancia no es una potestad de los privilegiados, que para tener sentido debe ser recíproca, que él también es susceptible de ser aceptado o no. No puede pensarlo. Es completamente imposible. Considera que él y los que son como él constituyen el centro mismo del universo, el lugar noble, limpio y ordenado del que emanan verticales, de arriba abajo, la tolerancia, la comprensión y la bondad, y que de abajo arriba, en dirección a ellos solo puede llegar agradecimiento y admiración; o acaso odio, motivado por la estulticia, la insana envidia y la pobreza.

13 junio 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (20 y final)

20. FIN: UNA ESTATUA EN EL PARQUE, DONDE CAGUEN LOS PÁJAROS

   Finalmente me he decidido por la primera opción que barajé, dirigirme a la casa familiar de Bolgues, palacio rural que data de 1540 y es lugar de retiro habitual de Jorge, además de local de ensayo de la banda. Allí se grabó el delirante vídeo de “He regresado”, por cierto. Aparco y me acerco con la esperanza de no tener que dar más vueltas, al tiempo que discurro la manera de convencerlo para que me acompañe a inaugurar una estatua. Efectivamente, al franquear la entrada suenan perezosamente, en una guitarra muy muy vieja, los acordes de “Tiempos nuevos, tiempos salvajes”. 




* Muchas gracias a Santiago Botero (representante para América de Ilegales y responsable de www.los-ilegales.com) por su inestimable ayuda a la hora de contrastar algunos datos de este artículo.


* Las veinte partes de este artículo están incluidas en el cómic de reciente aparición "Tiempos nuevos, tiempos salvajes", dedicado íntegramente a Ilegales.

09 junio 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (19 de 20)

19. LA ORQUESTA PACHANGUERA PARECE ENTENDER

Caricatura de Enrique Bonet ilustrando el paso de Los Ilegales a Jorge Ilegal y Los Magníficos.


   El presente se llama Jorge Ilegal y los Magníficos (denominación en recuerdo de aquella orquesta de sus inicios), una sorprendente apuesta de Jorge Martínez, acaso decepcionante para algunos. Jorge se lanza bien pertrechado en pos de dignificar el repertorio y el trabajo de las orquestas de baile; para ello se hace acompañar por un cuarteto de “Ilegales” (Belaustegui, Blanco, Flores y Jorge) más el vibrafonista ovetense Xuan Zem, que se zambullen con alma de arqueólogos, convenientemente uniformados y usando instrumentos de época (vibráfono Musser del 37 o guitarras Vega de 1.933 y Vega Duotron de 1.946), para rescatar con suficiencia estilos olvidados, desarrollados con profusión desde los años treinta hasta justo antes de la aparición de Los Beatles: rocanrol primigenio, twist, chachachá, tango, bolero, guarachas o habaneras. Al igual que muchos solistas y grupos se interesan por tratamientos más acústicos y austeros de su sonido en momentos determinados de sus carreras, Jorge Martínez viaja a la esencia recreando su base musical, insuflando vida a esas raíces desarrollando un trabajo serio y artesano, para nada paródico; con un sonido bien templado, contenido y articulado de manera fenomenal, sin trampa, fiel pero alejado de trillados convencionalismos, trabajado con el suficiente tiempo y dedicación en su propio estudio de grabación (“La casa del misterio”, claro, donde ha sido grabado todo el repertorio de Los Magníficos); demostrando que se pueden componer canciones muy personales aun circunscribiéndose a estilos bien definidos. 



El primer lanzamiento fue “Jorge Ilegal y Los Magníficos” (Pop Up, 2.011) siguiendo la fórmula de seis composiciones propias y cinco versiones. De las primeras destaca la exuberancia de “Nuevo rumbo”, el joropo venezolano “Estrella venenosa”, el vals onírico “Jardín mortal” o el chachachá de “No creo”. Entre las segundas se encuentra el bolero “Inútilmente” del mexicano Alfredo Núñez de Borbón, una recreación escueta y swing de “Bésame mucho”; “Miradla”, amarga composición de Joan Baptista Humet de 1.975, tratada con genuina delicadeza; una gran revisión del twist  “Si é spento il sole”, ejecutado a medio camino entre Adriano Celentano y Torquato y Los 4;  y el rock & roll “Il ribelle” (de nuevo Celentano). Tras editar ese mismo 2.011 “El twist de Jorge Ilegal y Los Magníficos”, encuadrado en una serie de ep’s temáticos por ahora interrumpida, en octubre de 2.012 apareció su segundo trabajo “El guateque del hombre lobo” (Pop Up), con Jorge disfrazado de hombre lobo en una portada genial. Se trata de un disco más centrado en el twist y el rocanrol (y por ello mejor recibido por el grueso de los seguidores de Ilegales) que, aunque más directo y divertido, ofrece menos sustancia musical que su predecesor. Recuperando los temas del ep mencionado, se repite el sistema de seis originales más seis versiones en esta ocasión; entre las primeras encontramos inspirado rocanrol serie B ejecutado con clase (“Soy un hombre lobo” o "Niña voodoo”), el instrumental morriconiano “Spaguetti & tequila”, con esos coros marciales que recuerdan a “Heil Hitler!”, y temas como “Molesta”, con base twist pero desarrollada al modo de aquellos temas de Ilegales a medio tiempo con personaje femenino (“Barbie torcida”). En el lado de las versiones está “Renata”, tema a través del cual Jorge conoció el twist, recreaciones de clásicos de siempre vía Teen Tops como “Despeinada”, “La plaga” (“Good golly miss Molly” de Little Richard) o “Popotitos” (ésta más cercana musicalmente a la original, “Bonny Moronie”, de Larry Williams); y adaptaciones propias como la de la incandescente “Trouble” (“Problemas”) o “Sixteen tons” de Merle Travis (“Dieciséis toneladas”, archiversionada también en español). Con varios cambios de formación que no restan prestaciones a su sonido, suelen resucitar para su directo temas ilegales que se acoplan como un guante al sonido de Los Magníficos, como “Como lo haces tú”,  “El piloto”, “La fiesta” o “Al borde”. Si pasan por tu ciudad alguna vez, aprovecha.


06 junio 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (18 de 20)

18. 126 EJERCICIOS DE ARROGANCIA Y 1 HOMENAJE.




   Ilegales se despidieron con la caja “126 canciones” (Pop Up Music, 2.009) que recoge (Jorge se encabezonó en ello) todas las canciones que llegaron a grabar y la edición de un libreto con las letras. Están las versiones en maqueta de “Stick de hockey”, “Ángel exterminador” (tan reggae) y “El piloto”; los temas no incluidos en los elepés, y diez canciones inéditas: la mencionada “Desesperados” de 1.981 (en su día desechada por Arrebato); así como (acertados) descartes de “Todos están muertos” con la voz añadida para la ocasión, como “Melmoth” inspirada en la célebre novela gótica de C.R. Maturin “Melmoth el errabundo”; “Nabo”, instrumental surf grabado originalmente para Radio 3 que no fue finalmente utilizado; el soul de “El anticristo” original de 1.984, en la que destacan metales y órgano (me extraña que no la publicase en el período Hispavox); y la fronteriza “Western”, caricatura de aquella estética vaquera de algunos grupos de Madrid durante los años ochenta, cantada con la carga irónica de un Josele Santiago.  Por otra parte “Te dan todo”, “Rey del insomnio” de 1.999, acelerado corte inspirado en parte en un prometedor Fernando Alonso, que enlaza perfectamente con el rock imparable de “Busco colores”; el folk de la sombría “Hoy no hay sonrisas” (su “mirada glacial” a la muerte), y “Quántica”, que cuenta por única vez con una segunda voz femenina en un tema de Ilegales (“una soprano que es buena chica pero bebe”), son temas grabados en 2.009. 


2.010, su año de despedida con la extensa  gira “Adiós Amiguitos”, les llevó incluso a actuar en el FIB, algo impensable con la anterior dirección del festival. Supongo que es algo que en su momento provocaría escozor en el seno de la “modernidad”; como su participación en aquella fiesta de Rock de Lux, en la que, para que sonase bien “La casa del misterio” tuvo que despedir del escenario a la mitad de la banda de acompañamiento. Ese mismo año, Pop Up puso en circulación una edición en vinilo ("Once canciones ilegales") que incluía las diez canciones inéditas comentadas más una revisión cargada de swing de “I should have known better” de The Beatles. 



Hasta ahora, la última ampliación de su legado discográfico es “Ni un minuto de silencio” (Pop Up, 2.012), edición en DVD y vinilo que supone el tercer directo de la banda y que contiene su concierto de despedida de los escenarios españoles, celebrado en la madrileña sala Penélope el 11 de diciembre de 2.010. Más de dos horas de rock en las que cuentan, con el fin de recuperar algunos temas menos habituales en sus directos, con el apoyo del saxo de Juan Flores y el metalófono de Xuan Zem. Por otro lado, Jorge Martínez, esta reeditando cuidadosamente en vinilo los discos oficiales la banda, y promete ir publicando digitalmente directos de todas sus épocas.

Imagen del último concierto de Ilegales en España, celebrado en Santa Pola el 12 de febrero de 2.011 (Foto de Alberto Cean)



02 junio 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (17 de 20)

17. LOS ILEGALES DE ESPAÑA


   Así se denomina en Latinoamérica a Ilegales para diferenciarlos de un conjunto de salsa del mismo nombre. Para Santiago Botero, responsable desde Colombia de la web oficial de Ilegales y habitual acompañante de la banda en sus giras al otro lado del charco, el grupo de Jorge Martínez “ha influenciado mucho en la cultura popular latinoamericana, aquí en América, en la mayoría de países, Ilegales es una banda de culto, no es un grupo comercial y esto es lo que hace que el punkie medio valore más al grupo.          Las letras irreverentes y contra ciertos sistemas y estereotipos es lo que siempre ha influido de la banda en América. En Colombia, Chile o Ecuador, existen clubs de fanáticos, bares donde les hacen constantemente tributos, e innumerables bandas que tocan música influida por Ilegales y hacen covers de sus temas”. El acercamiento de Ilegales a Latinoamérica se produjo por primera vez en los años ochenta, actuando en 1.986 en Ecuador junto a Hombres G (Guayaquil, en medio de disturbios y ante veinte mil enfervorizados espectadores), levantando polémica y provocando debates por sus letras en aquel país. Posteriormente han sido muchas las ocasiones en que han vuelto, consiguiendo cada vez llenos más clamorosos. Entre otras citas señaladas, en 1.987 actuaron de nuevo en Ecuador, en Guayaquil y la capital Quito. En agosto de 2.001 tocaron en la plaza de toros de Quito, al año siguiente otra vez en Ecuador (Manta) y Chile, y en marzo de 2.003 se presentaron en Medellín (Colombia), así como otras actuaciones en Ecuador. En el año 2.006 volvieron a Quito y Medellín. Su periplo americano también incluye conciertos y actuaciones promocionales en México o Estados Unidos. En 2.011 volvieron para despedirse de nuevo a Quito y Guayaquil y en 2.012 repitieron en Ecuador (Cuenca y Ambato) y Colombia (Medellín). Según Jorge, a Ilegales aún les quedan un par de visitas para despedirse de plazas donde han tenido gran éxito, y de un público que siempre les ha recibido con los brazos abiertos. 


30 mayo 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (16 de 20)

16. GUITAR MAN: PELIGRO DE INCENDIO


   Un año después, con “Si la muerte me mira de frente me pongo de lao”, Jorge Martínez inaugura un nuevo sello, La Casa del Misterio, optando por la autoedición; camino este tomado sin mejor opción a la que agarrarse por muchos artistas en la década de dos mil. Se decide a volver al formato de trío (se cae el saxo de Juan Flores), con un sonido crudo, directo y forjado con revitalizadoras aristas (sorprende la rabia que desprende la voz de Jorge en ocasiones), que le congracia en parte con su primera y gloriosa época. Mejor sonido, pero temas no tan inspirados como aquéllos. A pesar de ello, aquí se encuentran algunos de los mejores que Martínez haya escrito nunca, como “Chica del Este” (basado en una composición folk tradicional popularizada por Joan Baez en su primer álbum como "Silver dagger") o “Libérate”. Este último es uno de sus orgullos: tardó veintiocho años en completarlo, en atinar con lo que la composición le pedía; complejo, expansivo, cabalgando sobre diversos niveles de intensidad, tan reflexivo en la mirada interior como evocador de espacios inconmensurables. “El demonio” remite al tema de la delincuencia juvenil, rock directo, sin rodeos, que canta las gestas de un delincuente infantil sevillano cabecilla de su propia banda. “Héroe de los gatos” y “Si la muerte me mira de frente me pongo de lao” circundan la década de los cincuenta, y qué decir de la rotunda adaptación  de “Riot in cell block #9” de Leiber-Stoller (“Motín en la prisión”). “Verano del 93”, surgida después de una fiesta afterhours, es soul a corazón abierto, y el twist vuelve en “Como lo haces tú”. El pop regresa con “Señorita “qué rara soy””, mientras el power-trio inflamable de extracción setentera se desarrolla a pleno pulmón en “Con los ojos abiertos” o “Vuelven los problemas”, lindando incluso con lo progresivo (“La rabia de vivir”). Por último, “A prueba de marcas”, corte acústico tocado con su Epiphone, recrea esa melodía naif tan suya. Para mí su disco más completo desde “Regreso al sexo químicamente puro”.


28 mayo 2014

EL JUEZ Y EL FISCAL

El juez y el fiscal aún no saben con certeza que en pocos años lo serán. Librados por fin del colegio mayor, comparten piso y estudian con ahínco. Ambos desean a la misma mujer, una estudiante de matemáticas que a veces los visita y se divierte con sus maneras protocolarias de repartirse la limpieza del cuarto de baño. El juez y el fiscal preparan los exámenes finales de último curso de derecho sitiados por el seco calor asfáltico de la ciudad. Deambulan por su apartamento en pantalón corto y sin camisa. Golpean las paredes presos de la ansiedad. Piensan en su futuro para darse ánimos y maldicen entre dientes los muebles antiguos y los electrodomésticos agonizantes y abollados que tienen a su disposición. En momentos de descanso, bajan suspirando en chanclas a comprar algo a la calle; ven las tertulias políticas de la televisión con aire paternalista, y fuman apostados en un largo balcón desconchado, observando el paso de los coches y a la gente por las aceras. No sienten envidia por casi nadie, más bien pena y cierto rechazo. La amiga matemática llega al piso a veces para tomar café y hacer tiempo para cualquier otro menester. Ambos la desean entre cafés sin demasiado ardor y con una pizca de despecho anidando en su interior. Son felices estudiando, avanzando, aunque algo que está por venir, que crece poco a poco en ellos, hace que lentamente se detesten. Toda la teoría que amasan y van colocando en su cerebro conforma la llave que siempre les han mostrado tras la vitrina, lo que siempre han deseado. Con el tiempo, toda esa masa será también la base de sus certezas, de su desarrollo profesional. El escudo que absorberá sin inmutarse los golpes de la realidad y la duda.

El juez y el fiscal, que aún no saben que lo serán, no sienten más que estupor al observar cigarro en ristre el triste espectáculo de sus vecinos de enfrente. Mayores, adictos a la televisión, que nunca está apagada; sin libros ni periódicos, solo folletos publicitarios, floreros, sillones y figuritas que seguramente huelen a polvo. Y un sofá, en el que se hunden en pijama. Y unas persianas, que parecen dientes llenos de sarro, que se levantan cada mañana ruidosas y cansinas, como un largo bostezo.

Pasan las semanas, se acercan los últimos exámenes. La estudiante de matemáticas, cada vez más distanciada, se comunica con ellos mediante anodinos y maternales mensajes de whatsapp, y ellos ríen y ni se hablan, aunque en el fondo sueñan con empapelar algún día al chico con el que ha comenzado a salir y, en momentos de tensión, con zancadillearse el uno al otro. Se turnan en las tareas y se proveen de tabaco. Se observan cuando el otro no mira. Se escapan un rato a algún botellón ineludible y se muestran distantes, enumerándose los presuntos delitos que pasan ante sus ojos en voz baja. Por encima de los cafés, a través de los programas deportivos de radio, miran a los detestables vecinos de enfrente, que tampoco parecen hablar nunca, siempre masticando y bebiendo algo, siempre con la boca llena, siempre cambiando de canal, siempre en zapatillas antes de irse a dormir.

El juez y el fiscal arden en deseos de estrellar un huevo contra la persiana podrida de enfrente, pero no terminan de atreverse. Una tarde, mientras el marido la levanta observan un potente bíceps sobre el que destaca un siniestro tatuaje. Ya con los huevos colocados cuidadosamente en una cajita sobre la mesilla del balcón, deciden anular la operación por si, en caso de ser sorprendidos, la acción ajustada a derecho de las fuerzas de seguridad llega después de la venganza física de aquel energúmeno televisivo, trabajador manual sin duda embrutecido.

Ese temor los mantiene un par de días ocultos y pensativos tras el toldo de su balcón. Pero el deseo febril y acumulado termina por imponerse, así que deciden trazar un plan, no sin antes sopesar pros y contras y valorar rutas de huida y coartadas. La emoción les late en la garganta. Llaman a su amiga matemática y a su amigo para que les acompañen en una breve celebración en casa tras el penúltimo examen. Cuando llegan les muestran orgullosos y un poco fuera de sí los cartones de huevos, les comunican su plan y todos actúan con rapidez, respirando superioridad mientras trasiegan latas de cerveza. Lanzan huevos a víctimas indefensas e inofensivas elegidas con precisión: un chico que arrastra una moto por la acerca, una señora mayor que tira de un carrito de la compra, dos obreros, inmigrantes a su parecer, que salen de un bar. Se contienen ante un tipo trajeado, pero al observar arrugas en la chaqueta y en el cuello motivadas por el sudor le arrojan otro. Tras cada lanzamiento se esconden, se echan al suelo riendo, beben y gesticulan. Los damnificados se detienen en la acera y miran hacia la silenciosa colmena de balcones. Cuando el semáforo de enfrente se pone en rojo, hacen puntería sobre algún vehículo modesto justo cuando inicia la marcha, con excelentes resultados. Para cuando la matemática y su amigo se muestran cansados de la broma, el juez y el fiscal ya parecen estar completamente desatados. Por los resquicios del toldo de su balcón proyectan huevos y trozos de plátano sin ton ni son, y también se divierten estampándolos contra el suelo y los muebles. Dirigen sus lanzamientos a los coches aparcados, hasta hacer saltar alguna alarma; tiran sobre cualquier transeúnte; sobre la chica que acaba de salir de un portal; con inmenso placer sobre la persiana podrida de enfrente, deseando ver aparecer el tatuaje; y, finalmente, con toda violencia, sobre el coche de policía que se detiene ante el tumulto de peatones que miran hacia arriba. Después, ante la perplejidad que paraliza a sus invitados, el juez y el fiscal, que aún no saben que lo serán, abandonan precipitadamente el piso dejándolos encerrados.


Una vez en la calle, mezclándose entre el gentío de curiosos y presuntos agredidos, se dirigen educadamente a los policías que miran hacia arriba y se presentan como inquilinos del 3º C, mostrando una honda preocupación y gran extrañeza, y ofreciéndose a acompañar a los agentes de la ley en caso de que vean conveniente echar un vistazo a su piso, donde habían dejado a unos amigos, una pareja, estudiando. Mientras el proyecto de fiscal se muestra compungido y colaborador, el futuro juez se adelanta subrepticiamente para abrir la puerta del piso, instantes antes de que la policía suba.

26 mayo 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (15 de 20)

15. A CUBIERTO EN EL BOSQUE ELÉCTRICO


    En 1.998 aparece “El apóstol de la lujuria” (Avispa), con la imagen de la miniatura “Sátiro” del Museo Arqueológico Nacional de Atenas en la portada. Rubén Mol (ex de The Amateurs o Los Más Turbados) se sienta a la batería. Se tiende a las canciones más directas, airadas y endurecidas (“He regresado”, “Saber vivir”). “Un cuchillo que se llama educación” parece un cruce entre “Con la niebla” y un filme de cine negro. Jorge reconoce que escuchó mucha música de películas antiguas para grabar este disco, y se nota (en las inapelables “El lobo malo del bosque” y “El Ángel”, e incluso en el inspirado chispazo pop de “¡Cuánta belleza!”). “Jesusito de mi vida” (ojo a la letra) encuentra acomodo en ese sonido grunge que le influyó durante esa etapa, y la irónica “He decidido comportarme”, en referencias más setenteras. “Todos somos traidores” (tema favorito de Jorge) es el medio tiempo que este suele reservarse: evocador, tenue, fatal. Curiosa la incorporación del rocanrol “Perjudicial”, inesperada fuga de dos minutos proveniente de 1.981 y recuperado para la ocasión, que cuela su desparpajo entre este intrincado bosque de electricidad, aunque se dice que muchas canciones fueron grabadas en las primeras tomas.




Cómic del dibujante Francisco Peña inspirado en el tema "El ángel" de Ilegales


   Pasan cuatro años hasta volver a saber de Jorge musicalmente hablando. A través de Santo Grial aparece su segundo directo, “El día que cumplimos veinte años” (2.002). Para celebrar ese aniversario reúne a todos los músicos que pasaron por Ilegales, salvo Iñigo Ayestarán (fallecido en 1.988) y David Alonso, la primera formación del grupo. El concierto se celebra ante quince mil personas en la plaza de la Catedral de Oviedo, el 9 de septiembre de 2.002. El sonido es inmejorable, y el grupo, con la definitiva vuelta de Belaustegui a la batería, no puede estar en mejor forma. 


23 mayo 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (14 de 20)

14. ALTA TENSIÓN Y PALABRAS INCANDESCENTES


   Tres años más tarde, en plena travesía del desierto, fichan por Avispa y publican “El corazón es un animal extraño”, ya fuera de toda onda y circuito. Un disco desigual, pero con momentos a reivindicar ya. Sonido más oscuro y constreñido, notablemente endurecido y con todo el peso depositado en las guitarras salvo puntuales y afortunadas emergencias del saxo de Juan Flores (se prescinde de los teclados). Alejandro Blanco toma el bajo para no dejarlo ya. El comienzo es fulgurante: “Mi sangre oculta un veneno” es ese tema soberbio que, escrito por otro, viajaría en las maletas de más de un pinchadiscos a la última en música negra. Le sigue una extraordinaria revisión de “El loco soy yo” de Los Bravos, la primera versión que publican oficialmente (no en vano “Black is black” fue el primer disco de Jorge). El tema que da título al CD abunda en ese espacio de reflexión tan suyo que es el medio tiempo, esta vez tenso y duro, con sentimientos a flor de piel y asfixiante coraza grunge, estilo que destaca en la actitud declamatoria de temas como “La luz de las enfermedades oscuras” o “Lo único que consigo hacer bien es el mal” a la que creo que le sobra toda la parte “rap”. La inspiración aún resplandece en “Enamorado de la sangre ajena” y, “En el parque de invierno”, breve e inquietante respiro acústico, nos devuelve al Jorge de lirismo brumoso y susurrante. Para su autor, aparte de su disco favorito, es el más literario, y puede que sea cierto. No contiene sus mejores letras, pero todas están muy trabajadas.


19 mayo 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (13 de 20)

13. LEJOS DE LA FAUNA DE SALÓN


   Tras un año sabático, la cabeza calva que siempre bulle de proyectos vuelve, abundando en lo mismo pero apretando más los dientes, con “Regreso al sexo químicamente puro” (Hispavox). En el año de parón Rafa Kas decide cambiar de aires y vuelve Willy Vijande, para desaparecer definitivamente después de este disco. Aquí encontramos imparable soul a lo James Brown para otro irrefrenable fresco callejero en “Drogas duras llenan sepulturas”; riff blindado para “Los chicos desconfían” e inspiración tejana para el blues-rock de “No me gusta el blues”. 



“Oración” es de esas canciones que deberían adorar los mods, pop sesentero de esencias negroides reminiscente de los Small Faces. Mientras con “El jardín del pecado” se dan el gustazo jazz-swing, “Dextroanfetamina-No quiero ir a la mili” es una acelerada parodia punk que no pasa de la anécdota, ese tema que suele sobrar en algunos discos de Ilegales. El psychobilly “El número de la bestia” viaja a lo más oscuro de los cincuenta, lugar frecuentado por Jorge Martínez. “Regreso al sexo químicamente puro” continúa la vereda señalada por “Me gusta cómo hueles”: medio tiempo inspirado, de amable y dulce melodía y despiadado retrato de caída libre. “Algo prepara una emboscada” es rock de serie B inflamable y cortante cual cuchilla. Y el beat desaforado de “No puedo controlarme” es antesala de la despedida con un corte instrumental de “El jardín del pecado”. Otro caudal de sonidos intemporales apartados de la actualidad, curiosamente en la década en que por primera vez todas las miradas se vuelven hacia el Principado con aquello del “Xixon Sound”.