21 abril 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (5 de 20)

5. “EN 1.957 YO YA ESTABA HASTA LA POLLA DE ANTONIO MOLINA”

   Nacido el 1 de mayo de 1.955 en Avilés, de familia de abogados (“ya que no puedo ser bueno voy a ser abogado”), fue un niño de esos llamados conflictivos, llegando incluso a estar confinado en un colegio interno. Llegó a Gijón a los quince años, procedente de Vitoria, donde había vivido con su familia y tenido sus primeras experiencias con bandas desde los doce (un verdadero “niñato psicodélico”, según sus propias palabras). Este descendiente de la “nobleza arruinada”, cuando comenzó a tocar en orquestas de verbena (entre ellas una denominada Los 7 Magníficos y después Los Magníficos), en el imprescindible carnet de “Circo y variedades” para ejercer la profesión de músico, aparecía en la categoría de “Niño Prodigio”. Estudió hasta 2º de derecho, carrera que abandonó cuando el nervioso empuje del rock and roll lo ocupó todo. El guitarrista aventajado que comenzaba a ser impartía incluso clases del instrumento, teniendo entre sus alumnos a personalidades como Paco Loco, posterior miembro de Los Locos y Los Sangrientos, así como afamado productor indie.




   En los años setenta, tras aventuras efímeras como Menta o Crac, la cosa toma cuerpo con el trío Madson. Formados en 1.977 por Jorge, su hermano Juan (productor, técnico de sonido, después en Los Ruidos) y David Alonso, luego batería de Ilegales, veían cómo las maquetas que mandaban a sellos tan en la onda como el madrileño Chapa, les eran devueltas. En esa formación ya tocaban temas como “Soy un macarra” o “Lavadora blues” (compuesta alrededor de 1.971). En 1.979 se convierten en Metálicos (“Tiempos nuevos, tiempos salvajes”, “El piloto”, “Ángel exterminador”, que tuvo que esperar prácticamente una década para ver la luz, en el momento oportuno de ser revestida y arreglada convenientemente, y “Stick de hockey”, se encuadran en esa época), y a finales de 1.980 toman el definitivo apelativo de Ilegales, momento en que sale Juan de la formación y se integra Iñigo Ayestarán (después en La Banda del Tren). En 1.981 en su repertorio había ya temas como “Perjudicial” (primer tema ensayado como Ilegales), aparecida diecisiete años después en “El apóstol de la lujuria” y la muy new waveDesesperados”, la canción perdida de los Ilegales durante casi treinta años, cuyo estribillo desembocó en “Me sueltan mañana”, siendo la primera mucho más inspirada, en mi opinión. Ese mismo año ganan el concurso “Villa de Oviedo”, colocando tres cortes en un recopilatorio compartido con otros tres grupos (“I Muestra Pop-Rock de Asturias” (SFA, 1.982)). Ahí aparecen “Princesa equivocada”, cadencia reggae que se vuelve pop en un estribillo inspirado; “Europa ha muerto”, su primer tema mítico publicado, muestra fehaciente de un estilo básico y vibrante que aún tendría mucho margen de crecimiento: estribillos eficaces, riffs esquemáticos, coros concisos; y el twist “La fiesta” que siempre ha merodeado su repertorio. 



Meses después comienza el despegue con el single “Revuelta juvenil en Mongolia”/”La pasta en la mano” (Arrebato): “ideal para lanzarlo a los transeúntes desde el quinto piso”. En la primera cara “Revuelta juvenil en Mongolia”, el gran tema punk de Ilegales (en plan Pagans): delincuencia, sirenas, cristales rotos, disparos y efectos sonoros de toda esa destrucción. Y qué decir del reverso, que me atrapaba siempre desde las primeras notas, consiguiendo emocionarme. Medio tiempo de trágica crónica social con una primera muestra de lirismo amargo y esas partes nebulosas de guitarras que serán también marca de la casa. Tras grabar el primer elepé sale de la banda Iñigo Ayestarán (“prefería su novia al grupo”) y entra en su lugar Willy Vijande, todo un punk ex – Suybalen y Terlenka, bajista mítico de la etapa más explosiva de la banda. 

18 abril 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (4 de 20)

4. LA MIRADA DEL DIABLO

Cuando me pidieron que lo buscase, recordé que también tuvieron que encargar a alguien lo mismo cuando fue nombrado miembro de la Real Academia de la Lengua. Dicen que improvisó un discurso en el que alabó los efectos de las anfetaminas y que dijo algo relativo a la lista de pecados de cada religión para cometerlos todos. Para colmo, colocó en su calva reluciente dos pequeños cuernos rojos de plástico, para después mirar fijamente a los académicos y demás invitados, soltando una carcajada y golpeando el atril con los ojos a punto de salirse de sus órbitas. Mientras repaso posibilidades de búsqueda, tomo la portada del single "Revuelta juvenil en Mongolia", observo el careto de Jorge, su mirada fija enfundado en un abrigo que parece quedarle grande; aventuro qué proyectos, qué ilusiones camparían en su cabeza ese día.




16 abril 2014

ERES LA GOTA

Eres la gota
aceitosa
venenosa
salvaje.
El eslabón defectuoso,
la secreción perdida,
el orden roto del capitalismo.

Eres el suspiro de la gasolina.
El embeleco que baila
sobre nuestras cabezas;
que huele a fuego;
que no se ha encerrado
en ningún tanque;
que no se ha sumado
a ninguna fuerza.

Eres una cosa distinta
para cada mirada,
para cada día,
para cada semana.

Eres la gota que vive
y tiembla en el aire.
La huidiza y nerviosa
promesa incumplida de ámbar
que filtra el sol
y encierra la luz
en un círculo gaseoso,
en un pie a tierra,
en un ahogo de números y rectas

Eres la gota que nunca llueve,
el fin pendiente de un hilo
que nunca termina de llegar,
la frustración que suda en el aire.
Eres la pequeña ola de dolor.
Las venganzas
las promesas
los lamentos
que chasquean las bocas cerradas
alrededor de los semáforos.

Eres la gota indecisa
embarrada en su libertad,
embriagada en su sueño,
creada para arder en pos de algo
que no aparece,
que no se deja ver.
Inflamada por la angustia
y esa incierta esperanza
que consigue que aún
no te hayas estrellado
contra el suelo.

14 abril 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (3 de 20)

3. TENGO UN PROBLEMA SEXUAL

   Ilegales era una banda incendiaria, pero que controlaba su fuego hasta el último detalle. Un grupo de rocanrol efectivo, y Jorge Martínez un compositor privilegiado, de talento, como lo es todo aquel que partiendo del lenguaje básico del rocanrol sabe crear melodías y riffs que se adhieren y de los que cuesta desprenderse. Alguien que aporta, y que si le preguntas con qué discos debes iniciarte en esto, es probable que te recomiende “Cosmo's factory” de la Credence, “Help!” de los Beatles o cualquier grabación de Elvis de la época Sun records. Nunca añadió una segunda guitarra a la formación, no la necesitaba. Durante los primeros discos el sonido lo marcaba su instrumento, acompañado por una base tan eficiente como escueta y secundado por unos coros secos y marciales. Consiguió lo que los grandes, desarrollar un sonido que como tal no era nada nuevo, pero transformándolo en algo propio, identificable. En los siguientes trabajos, el apoyo de otros instrumentos, le permitió por fin mostrar todos los matices de su guitarra (es recomendable escucharlos con detenimiento). Sus directos eran intensos, agotadores, rigurosos, comunicativos con su lengua-azote; exprimiendo esa voz entre agresiva y levemente aflautada, con la que con el tiempo ha llegado a alcanzar tintes negroides.

Posee una digitación precisa, su forma de tocar es depurada, limpia, incluso cuando quiere sonar sucio. A pesar de su habilidad con las seis cuerdas, su principal mérito y la clave de la soltura de su sonido reside en su plena consciencia de los peligros de dejarse llevar solo por la técnica. Siempre se ha jactado de ser buen guitarrista y ha criticado sin piedad a los que gozaban de ese reconocimiento y no le convencían. Se ha jactado sin reserva de todo, ahora que lo pienso. Un consejo: es preferible no hablarle de estilos como el post-rock y cosas así, o de instrumentos tan de moda como el pedal steel guitar. Menos aún de pasodobles, claro, cuenta la leyenda (tantas leyendas), que el grupo siempre se equivoca en algún momento cuando interpretan Odio los pasodobles, uno de los temas bandera de la época dorada.

Pocos artistas escapaban a su mordacidad dentro de la escena española, acaso clásicos como Los Canarios y Los Bravos; y contemporáneos como Nacha Pop, Los Cardíacos, Los Enemigos, Burning, Siniestro Total o Kiko Veneno.

Su base musical, como decimos, era troncal (rocanrol clásico, rock instrumental, blues, desparpajo punk, la inmediatez y el instinto pop de la new wave), influencias sedimentadas y absorbidas como el alcohol en su organismo, incorporadas a su torrente creativo de forma natural; lo que ha permitido a su repertorio sobrevivir e incluso crecer, frente al de otros coetáneos cuyas fuentes remitían a ramas concretas de ese tronco, quedando sus canciones en muchos casos colgadas en una postal de época, en espera de revival. Volviendo a sus discos, solo la producción del segundo, nos envía directamente a los ochenta.


   A veces se dejaba llevar demasiado en su papel, lo que hizo que su imagen solapara la profundidad, complejidad o intenciones de muchas de sus canciones. Recuerdo haber pensando en mi adolescencia que se equivocaba con esa actitud, que lo que podía granjear popularidad de manera inmediata encajonaría para siempre la potencia de su propuesta. Aunque puede que simplemente Jorge fuese así, sin más. Sea como fuere, vivía impulsado por un extraño resorte; sus peleas en Rock-Ola con Ferni Presas de Gabinete Caligari, Alberto García-Alix o incluso Tere, de Desechables, en tiempos tan de pose, marcaron y en cierto modo aún marcan su imagen. 

Él no pone de su parte, desde luego: mientras trato de imaginar dónde estará metido hoy, miro su careto de poseído en la portada de la copia nº 64 de “Electrical Overdose”, aquella casete que hizo circular el sello gijonés Don Gato Records en 1.989, impagable documento compuesto por versiones en directo que dan una idea de sus querencias sonoras (allí está “Trouble”, tan presente siempre), temas propios difíciles de localizar en aquel momento y el inicio de su actuación aquel 15 de octubre de 1.983 en Rock-Ola durante la entrega de premios del Diario Pop de Jesús Ordovás, interpretando “Problema Sexual” con aquella virulenta y provocadora introducción, tras pegarse en los camerinos, que tantas veces escuchamos después. Parte de esa violencia volvió años más tarde en un inmejorable instante televisivo: en 1.987, en el programa que presentaba Miguel Ríos, “Qué noche la de aquel año”, interpretando, tras dar cuenta de un par de botellas de whisky, aquel mismo tema en el programa dedicado a 1.983 (siendo además los únicos que negaron a Mike el protagonismo semanal de cantar un tema con el grupo), con Jorge espetando a la cámara aquello de “Señora, si no le gusta mi careto, cambie de canal”. Míticas, en fin, eran aquellas leyendas de sus bizarros enfrentamientos con el público cuando le lanzaban algo (cosa común en los ochenta) sin temor alguno a estar en un pueblo perdido de difícil escapatoria. Aún recuerdo el primer Espárrago Rock, en Huétor Tájar, con Ilegales como único grupo importante (todavía estaban lejos las multitudinarias ediciones festivaleras en Granada). Alguien le lanzó un cubata, a lo que Jorge respondió invitándole a subir a escena a pelear con él, después se tranquilizó y limpió la guitarra mientras la tocaba, sin dejar de mirar fijamente a un silencioso público. Era en 1.988, durante la gira de “Chicos pálidos para la máquina”, una apuesta por enriquecer el sonido del grupo con saxo y teclados, el inicio de una etapa desigual e interesante.


11 abril 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (2 de 20)

2. NO ME ACARICIES EL PELO, QUE TENGO POCO


   ¿Quién cojones es ese tipo? Calvo de verdad (la cabeza rapada vino después) y con ojos saltones de loco. Todo un personaje en sí mismo. Su aspecto no obedecía a ninguna tendencia concreta, algo fundamental en la época: camisas abotonadas hasta el cuello, algún lazo o corbata, chupas, vaqueros, botas, polos...No necesitaba ser moderno, lo cual provocaba estupor, claro. No era un superviviente del rock urbano de los setenta ni del progresivo, no era un reciclado, era un puto marciano. Descreído, con atisbos de estar violentamente resentido con el mundo, pero valiente y positivo, para nada nihilista. Defensor del carácter galvanizador de los problemas; de los que siempre van, de los que siempre dan la cara. Torrencial, desafiante, obcecado, engreído, orgulloso, cruelmente sarcástico. No alineado políticamente (sin comer de ninguna mano, me refiero); receloso de la intelectualización de la música; generador automático de titulares no siempre recogidos con buena intención, y poseedor de una marcada personalidad abocada a mil interpretaciones. Hay una cita de David Harrington del Kronos Quartet, alguien sobre el papel tan distante del mundo de Ilegales, que resume muy bien el espíritu de esta banda: “Siempre he querido que el cuarteto sea vital, energético, molesto y cool. Sublime cuando corresponde y feo si es necesario. Tiene que expresar la vida y contar la historia con gracia, humor y profundidad. Toda la historia si es posible”.

Caricatura de Jorge Martínez (El Bute)



   El embajador en tantas entrevistas y canciones de las anfetaminas y el alcohol (aseguraba que en su grupo nunca entraría ningún músico abstemio), no fuma y dice no tener una personalidad con tendencia a las adicciones. Es ese tipo, incluso paternalista, que cuida de su gente; presto a pagar la siguiente ronda; alguien que ofrece la impresión de que nunca te va a fallar. Profesional y perfeccionista, puntual y afable en el trato, exigente con sus músicos y equipo, es el productor de todos sus elepés (según él incluso de los no acreditados) y un buen conocedor de las nuevas tecnologías (“el rocanrol es una mezcla de arte y de ciencia”), aunque considere el videoclip un elemento pernicioso. Consciente de todos los aspectos técnicos o de cualquier índole que influyen o pueden hacerlo en la calidad de su trabajo, es más fácil verlo cambiando las cuerdas oxidadas de sus guitarras antes de un concierto que rompiéndolas contra el suelo (aunque ambas situaciones entran dentro de lo posible). A pesar de ser líder absoluto de Ilegales, nunca habla en primera persona, siempre lo hace en plural para referirse a los asuntos de su grupo, un ejemplo de autogestión sin alharacas y cooperativismo desde prácticamente el principio y en todos los aspectos del negocio. Deja la sensación de haber hecho en cada momento lo que le ha dado la gana, de no albergar frustraciones de ningún tipo. 

09 abril 2014

LA FÁBULA DEL GENIO DE CINCINNATI

El Genio de Cincinnati (como le apodaron determinados grupitos de políticos y periodistas que se pasaban la vida compartiendo y generando maledicencias, con un palillo de dientes en la boca), nacido en la mencionada ciudad estadounidense, era probablemente el asesor mejor pagado del mundo, y su fama le precedía. Su biografía levantó comentarios de admiración, rápidamente silenciados mediante carraspeos y miradas perdidas al horizonte, entre políticos y altos funcionarios del Estado. Por lo visto, era el típico personaje hecho a sí mismo, que había desempeñado innumerables empleos antes de alcanzar su estatus actual de gurú sonriente.

La cosa era que el desencuentro entre los distintos partidos políticos, administraciones, periódicos, autonomías y gremios en España, se había agudizado de tal manera que hasta la Unión Europea había tomado cartas en el asunto. Naipes gastados, y sujetos con desgana entre los dedos, pero cartas, al fin y al cabo.

Temerosos frente a la recalcitrante desconfianza de los mercados, el desánimo comatoso de los consumidores y el creciente desprestigio ante el resto de países, los que realmente mandan se reunieron con los que dicen que mandan y decidieron someterse al dictamen del eminente asesor. Así, aceptaron a regañadientes, tras una serie de reuniones plagadas de dobleces, futuras traiciones, flecos y puntos oscuros, cumplir y hacer cumplir a rajatabla sus sabios consejos y recomendaciones. 

Una vez en Madrid, lo primero que hizo El Genio fue esquivar los centenares de discretos intentos de acercamiento que sufrió por parte de todo tipo de personajes. Muchos de éstos se enfadaron y fueron raudos a reunirse en los reservados de un restaurante hasta las tres de la madrugada para elaborar un espeluznante dossier, lleno de falsedades acerca de tan arrogante lumbrera.

Algunas semanas más tarde, El Genio, tras mantener múltiples reuniones de trabajo con los diversos estamentos que conformaban el estanco nacional, volcó sus conclusiones en un completo informe. Una vez se hubo encargado de que todos los concernidos recibieran una copia, cobró y se largó en el primer avión.

Del extenso informe, que era ya pasto de rumores y llevaba camino de caer en el abisal pozo de las leyendas hispanas, nada se supo durante meses. Hasta que, minutos antes de que el español medio se olvidase para siempre de su existencia, apareció en toda la prensa internacional.

A partir de entonces, dada la cantidad de estocadas recibidas por doquier, y durante un período conocido como Segunda Transición, la palabra desencuentro desapareció de la vida pública española. Los partidos políticos se reunieron unos con otros en todos los formatos posibles; las distintas administraciones parecían hablar con una sola voz; los periódicos coincidían en sus titulares las más de las veces; las autonomías se cedían tantos por ciento con gracia y liberalidad; y los gremios se defendían y tapaban los unos a los otros con inusitada pericia.


Y así, cumplió con su misión El Genio de Cincinnati; que partió una madrugada de Madrid, despidiéndose hasta la próxima no sin antes dejar bien claros su teléfono, su correo electrónico y su número de cuenta bancaria.

07 abril 2014

JORGE MARTÍNEZ, EL HOMBRE SOLITARIO ENTRE ILEGALES (1 de 20)

1. AL BORDE


   Cuando observé desde mi ventana la zona, aún protegida por lonas, en la que debía estar a estas alturas colocada la estatua (pendiente de inauguración política y cultural adocenada, de esa de rodilla en tierra y uñas manicuradas) me vino a la cabeza el último concierto de Ilegales al que asistí, uno de los postreros de la banda tras más de mil actuaciones en directo. Rememoré a Jorge Martínez retirando el sudor de su cabeza por el método de recorrer su calva con el borde de la mano, dejando caer sobre el escenario un chorro febril y eléctrico; saludando al público (“señores y señoras”) satisfecho; perorando y gesticulando, relatando anécdotas y narrando, mientras bebía, de forma absolutamente gráfica, cómo su organismo absorbía el alcohol. Recordé que sonaron casi todos los temas conocidos, y otros no tanto. Faltaron “La casa del misterio” y Bestia, bestia. Siempre falta algo. Miré hacia ese espacio vallado donde pronto aparecería una figura guitarra en ristre y pensé en Jorge, esa anomalía andante, ahora a un paso de la inmortalidad de piedra. Pensé en el hombre solitario, aunque siempre rodeado de proyectos, de colaboradores, de polémicas y leyendas urbanas. Un ligero olor a azufre subía desde el parque.


01 abril 2014

MENSAJE EN UNA BOTELLA (24)

ELOY TIZÓN “Técnicas de iluminación” (Páginas de espuma, 2.013)


Una afirmación intimidante de mi amigo El Céfiro me puso sobre aviso, “no se puede escribir mejor”, decía. Ante eso no tuve más remedio que zambullirme en la lectura, no sin antes, por precaución, obligarme a seguir la dieta (muy recomendable) de un relato diario. Diez días de viaje.

Desde la primera página me he encontrado ante una prosa sorprendente, meditada, tan medida como arriesgada. Precisión de acróbata. Avanzando (respirando) con un ritmo muy particular. Efectivamente, desde el comienzo de la lectura me he sentido a lomos de algo que me transporta sin asideros, moviéndose sin mi consentimiento. Algo que camina sobre un mullido despliegue de ideas y percepciones que a veces se vuelven fango, arañan o incluso chocan con saña entre sí. Te embarga la sensación de que si no paras vas a perder un equilibrio que se ha vuelto precario, mientras incubas el cosquilleo de la certeza de que una historia circula bajo tus pies, algo susceptible de terminar cayendo sobre ti como un terraplén o bien de emerger como un castillo con vida propia, probablemente desde un párrafo tan breve y determinante como un secreto. Es vivir en el placer del continuo acecho de la metáfora paralizante, definitiva. Enfrentando textos muchas veces entintados de ironía, en unos relatos en los que el humor ofrece su lado frío. Inmerso en un burbujear de comparaciones que erigen una realidad tan absurda como inquietante, plena de fascinación. La vida convertida en un jeroglífico plagado de trampas y borrones, untuoso y tangible, tan cercano que te cerca. Un transcurrir entre flores raras que estallan de color a tu paso para mostrarte un interior acre y voluptuoso.

Pero realmente estás en mitad de la calle; te cuentan algo que te sabe a cotidiano, que resulta vagamente familiar incluso. Pero de pronto alguien rompe el cristal de lo usual con una silla y por la hendidura comienzan a colarse con elocuencia imágenes vigorosas y sensaciones graníticas en su exactitud, del todo inesperadas. De esas que atraen y de las que no puedes librarte, que anidan en ti; acaso consiguiendo que te sientas un extraño, un ser desnudo desentrañando un texto que es una sinfonía que no deja de soltar chispas.

Me imagino a Eloy Tizón volviendo a su casa día tras día y volcando sobre la mesa de trabajo todo lo que han recogido sus pupilas. O teniendo una idea de pronto, sin cambiar el gesto ni comentarlo con nadie. Lo veo retomar entre silencios y paciencia esa idea que muchas veces tiene forma de hilo desconocido que se pega a la ropa, o de empanada, e irla ordenando, modelando, haciendo tiras, poniéndola a secar; dejándole espacio para crecer y ramificarse o envolverse en una espiral. Recortarla, plasmarla, medirla, comprobarle el pulso. Ir tallando con cierta sorpresa las piezas que armarán el rompecabezas. Agobiarse, sentirse encerrado, y finalmente sacar la cabeza por algún lado, tras distanciarse para volver a recoger en sus pupilas lo que el texto les muestra y volcarlo metódicamente, otra vez, dentro del relato.

“Técnicas de iluminación” toma la temperatura a la vida en su galopar para explicarnos su fiebre. Es un viaje que disfruta creando con esmero sus propias curvas para después trazarlas a la perfección. Un complejo andamiaje pensado para construir un edificio, seguramente distinto, en cada uno de nosotros.

18 marzo 2014

DUELO

La otra noche vi en La Sexta un nuevo espectáculo llamado “Duelo Económico”. Es curioso, la crisis nos ha llevado a prestar tanta atención a la economía y sus gurús que las televisiones han terminado por hacer un show de ello. Estos combates entre expertos tienen su interés, desde luego. Dos economistas de prestigio, cada uno con su pizarra, defienden posturas antagónicas (las habituales), lo que vuelve a demostrar el cariz eminentemente científico de esa actividad. Escriben números, hacen cálculos, ponen frases tremendas que subrayan con virulencia; esquematizan la realidad y las soluciones en segundos y luego las borran. Lanzan sus mensajes, a veces se interrumpen e incluso en los momentos más febriles escriben en la pizarra del otro. El intercambio de ideas es vertiginoso, en ocasiones se aprenden cosas y, a pesar del fragor, suelen respetarse, lo cual es un hito en la televisión de la joven democracia.

El duelo que seguí enfrentaba, por un lado, a un economista liberal, más bien ultraliberal, llamado Daniel Lacalle, que es toda una robótica fachada anglosajona cuya efigie debería ser utilizada cuando a alguien se le ocurra en el mismo centro geográfico de la City londinense o de Wall Street, levantar una estatua al liberalismo. Al otro lado del no tan imaginario cuadrilátero se encontraba su oponente, Gonzalo Bernardos, este con aspecto más nuestro, simpaticote, dicharachero, gesticulante, irónico, más popular (perdón, quise decir cercano). Puro espectáculo televisivo en determinados momentos. Reconozco que mis simpatías se inclinaban por el amigo Bernardos, que tenía un granítico y ágil rival en Lacalle. Pero hubo algo en su intervención que llamó poderosamente mi atención. Dijo que había que proteger (en relación a los impuestos) a las personas que se habían hecho a sí mismas, y ejercer toda la presión fiscal que hiciese falta sobre los que heredaban (Impuesto de Sucesiones), ya que a estos “el dinero les había llovido del cielo” (cuando pronunció esta frase miró al techo del estudio y extendió los brazos, en pleno paroxismo). Nunca había pensado en esta teoría, la verdad, y es muy reveladora.

En España muere mucha gente todos los días, y se tramitan las correspondientes herencias, que en la mayoría de los casos trasladan a los hijos y/o al cónyuge que queda con vida los bienes y el patrimonio que ya eran de la familia. Generalmente, como digo, se trata de bienes adquiridos por los progenitores sin tratarse de grandes inversiones: la vivienda familiar y con suerte quizá un terreno, un bajo comercial, una plaza de aparcamiento o un piso, en el mejor de los casos; las inversiones habituales de los ahorradores españoles, mayoritariamente trabajadores y pequeños empresarios fieles a la cultura del ahorro. Opino que, en estos casos, las personas beneficiarias de esas herencias, suelen participar en la consecución de los bienes que las conforman, de manera activa o pasiva (si se quiere), solo por el hecho de haber vivido dentro del núcleo familiar que ahorra e invierte, compartiendo sinsabores y apretones de cinturón, o acaso perdiéndose durante una parte de su vida cosas que la hubieran hecho más confortable o divertida, pero que hubiesen hecho imposible esa inversión de futuro. Por esta razón pienso que la inmensa mayoría de personas que heredan de sus padres algo que ha formado parte de sus vidas o que ha sido adquirido pensando en ellos, no están recibiendo una sorprendente lluvia de dinero cuando pasan a ser propietarios de esos bienes. Muchos son los casos en los que, por distintas razones (los impuestos entre ellas), lo que se hereda son más bien problemas y complicaciones.


Es totalmente justo y razonable pagar los impuestos oportunos por el incremento de patrimonio o de renta que el cobro de una herencia puede propiciar, pero ensañarse en gravar esa transmisión considerándola como  “algo que te cae del cielo” y a lo que eres totalmente ajeno, como si te hubiese tocado la increíble herencia de un tío de América, me parece una actitud injusta e incluso poco sensible socialmente, ya que son legión las personas que tienen que solicitar un préstamo bancario para hacer frente al impuesto en cuestión. Al menos, a la hora de aplicar el Impuesto de Sucesiones, creo que se debería pisar más tierra firme, teniendo en cuenta bastantes más variables de las que se suelen valorar; en caso contrario, la presión fiscal seguirán soportándola las mismas espaldas.

10 marzo 2014

BONO Y LOS IGNATIUS

El otro día vi a Bono, cantante del popular grupo de rock U2, hablando en presencia de Rajoy y Merkel a favor de España, pidiendo por ella. Fue una imagen que me impactó. Que este eterno oportunista, quintaesencia del capitalismo enrollado, se permita el lujo de interceder por mi país, delante del presidente del Gobierno, ante el resto del mundo me dejó aplanado, a la vez que reactivó mi rabia contra tantas y tantas sonrisas congeladas de políticos patrios que han roído todo lo que les rodeaba con su ineptitud, inmoralidad y dejación.

Lo anterior, aparte de indignarme, me lleva a reflexionar acerca de la visión que se tiene en el exterior de lo que está pasando en España. Sobre cómo se informa la gente al respecto. Imagino que esa información se transmite de mil incontenibles maneras: unas sesgadas o incompletas, otras verídicas, algunas interesadas. Lo cierto es que, en la distancia, resulta difícil tener una idea clara de la situación concreta de un país en crisis. Se suele bascular entre el interés limitado y los prejuicios, siempre hambrientos, que devoran con avidez los datos negativos, cuanto peores más sabrosos, en su constante necesidad de reafirmación. Por otra parte, desde el país de origen (sobre todo cuando asoman situaciones dramáticas que puedan servir de palanca), se tiende muchas veces a propagar el incendio (ya de por sí lo suficientemente angustioso y difícil de sofocar) con la esperanza de favorecer algún tipo reacción internacional, de cambio político. Esto es lo que me vino a la cabeza ante la lectura en las redes sociales y algún foro, de comentarios, mayormente realizados desde fuera de nuestras fronteras, pero a veces alentados desde aquí, que hablan de la obligación de estudiar religión en los colegios españoles a partir de la LOMCE, algo del todo falso, aunque no dudo que ese es el deseo último y la auténtica batalla de la Conferencia Episcopal, siempre blandiendo el Concordato con la Santa Sede.

El tema me toca de cerca, como a tantísimos padres. Tengo un hijo de tres años que cursa primer año de infantil en un colegio público. No recibe clases de religión y, hasta donde yo sé, nadie tiene el más remoto poder para obligarle a ello. No estoy de acuerdo en absoluto con muchas de las cosas que contempla esta enésima Ley de Educación, como que la nota de algo tan subjetivo como la materia de Religión haga media con las demás y cuente para todo como cualquier otra asignatura. Más que nada porque detesto la influencia de la Iglesia, de cualquier religión, en el orden social; detesto que una organización que no representa para nada a un porcentaje muy significativo de la población, pueda inmiscuirse, sea de la forma y con la intensidad que sea, en la manera de vivir su vida, conducirse por el mundo y afrontar sus decisiones.

Dicho esto, considero que la manipulación (a la que tanto nos estamos acostumbrando) siempre acaba por tener un efecto perverso en la vida de las personas. Venga del Estado, de los medios o de nosotros mismos. Ese mentir recurrente e interesado, esa tergiversación, van conduciéndonos al autoengaño y enquistando los problemas, embarrando la realidad hasta convertirla en una ciénaga de equívocos por la que se hace difícil avanzar, llegar a acuerdos prácticos y comunicarse. Como una noria de desconfianza y odio incapaz de detenerse, de ver algún tipo de luz. Sin olvidar que en este campo de la manipulación y la mentira, siempre, siempre, acaban imponiéndose los poderosos.

En las relaciones de la ciudadanía con el Gobierno de turno es natural estar en desacuerdo, y en ese caso me parece el ejercicio más saludable y necesario criticarlo, marcar estrechamente sus actos y decisiones, denunciarlos a los cuatro vientos. Exponer y analizar las posibles consecuencias de esas decisiones o actitudes. Proponer alternativas, concienciar, convocar manifestaciones, actos de protesta, huelgas, etc. Pero exagerar los datos o mentir como estrategia para favorecer el desprestigio y la caída de un gobierno cuya actuación consideramos nociva, no creo que sea el mejor camino. Soy consciente de que en tiempos de crisis como los que vivimos, las voces ponderadas son con frecuencia acusadas de acomodadas o incluso tachadas de cobardes. Pero sacarle punta a los desastres que se padecen es tirar piedras sobre el propio tejado.


Pienso que la premisa para superar la profunda crisis de confianza que nos asola parte de luchar por conocer la realidad de las cosas, no de participar en la confusión. Se trata de actuar con veracidad y rigor en la exigencia de la verdad. Para acceder a un proceso definitivo de maduración general y de convivencia no necesitamos un Ignatius Reilly en cada esquina.

02 marzo 2014

PEDRO JOTA

Esta noche Jordi Évole (que está en los cielos, como ya dijimos hace un par de artículos) volverá a romper los marcadores de audiencia televisiva con la presencia del defenestrado Pedro J. Ramírez en su programa, “Salvados”.

Pedro J. siempre me ha parecido un personaje entre pintoresco y gélido, con su vanidad y sus tirantes, el control de sí mismo del que siempre ha hecho gala, su sonrisa algo taimada y ese trasfondo despiadado y cortante que rezuma. Una mezcla energética de cierto romanticismo, ambición, afán de protagonismo y temeridad que le otorgaban más relieve que al resto de cabezas visibles del periodismo patrio. Con todas sus sombras suponía un contraste demoledor con los otros directores de periódicos o revistas políticas (tan en boga en los setenta y ochenta), con su aire serio de salvadores de la democracia; más expertos en contener información que en mostrarla; maestros en el arte de ralentizar la realidad. Junto a él destacaba Juan Luis Cebrián, un auténtico especialista en caer de pie. Y es que aún no nos habíamos enterado de que la democracia española consistía en incorporar más y más gente al olimpo de personalidades que nos salvaba del desastre anterior, siempre latente. Mientras la prensa generalista se deleitaba en ejercer toda la influencia social y política que le había sido vedada, opinaba con gesto grave, se hacía eco de conspiraciones de pasillo, confabulaba, y se paseaba por aquel presente tan cambiante y progresivamente hediondo con una margarita mustia en la mano, Pedro y los suyos descubrían cosas que nadie quería descubrir, ese lado oscuro y corrompido de “la liebre de Europa” que comenzaba a extenderse de espaldas a unos ciudadanos aún ilusionados con su joven democracia. El tipo de derechas, liberal sin ambages, tan carismático como irritante en sus alocuciones, según muchos, siempre sacaba a la luz lo que sacaba sirviendo a intereses espurios, pero al menos lo hacía. Y justo es reconocer que sin su presencia, por las venas de nuestra sociedad hubiese circulado muchísima menos verdad.

Tras el 11-M, su periodismo incansable abrazó el delirio; como un defensa marcador violento y torpe, fue desquiciándose. Dio pábulo y sacó punta a cualquier minucia, enrocándose y amarilleándose sin ningún pudor en su intento de demostrar cosas para las que no consiguió aportar las pruebas sólidas que tales acusaciones requerían. Después de su evidente sintonía con José María Aznar, esta actitud cerril, esta carrera a tumba abierta, le fue apartando progresivamente de un buen número de lectores más o menos fieles que, aún sin coincidir ideológicamente con la línea editorial de su periódico, sí apreciaban su vitalidad y afán investigador.

Ahora le han cesado como director de El Mundo por, según dicen los que saben de esto, sus ataques al gobierno de Rajoy y el tratamiento del caso Bárcenas (aunque la verdad es que los datos sobre casos de corrupción de los populares continúan arreciando en los titulares del periódico). Centenares de miles de criaturas se han alegrado de que lo quiten de en medio, pero han sido cautos en sus celebraciones. No parece cosa para tirar cohetes que un director de periódico sea apartado por tocar temas delicados para el poder. Y tampoco queda bien aplaudir que quien haga rodar esa cabeza sea la derecha. Si es la izquierda siempre responde a un acto de higiene democrática digo de aplauso: el 14 de marzo de 2.004, José Luis Rodríguez Zapatero, en su primera aparición pública como nuevo presidente del Gobierno, pidió a sus excitados correligionarios un minuto de silencio por las víctimas del atentado terrorista más brutal acontecido en la historia de España, sucedido hacía solo tres días. Nada más terminar ese receso en el que se oían todas las respiraciones, el primer cántico futbolero de los presentes fue contra un periodista: clamaron contra Alfredo Urdaci, polémico presentador del telediario, pero un busto parlante más, al fin y al cabo; le recordaban con guasa que pronto estaría en la calle, como así fue. Es esta una práctica habitual de todos los gobiernos, pero que las bases presuman de ello, y más en momentos históricos como aquellos, da mucho que pensar.


No tengo ni idea de por dónde anda Alfredo, pero estoy seguro de que Pedro J. seguirá jugando por mucho tiempo en el mismo tablero que sus rivales. Espero sinceramente no tener que echarlo de menos.

28 febrero 2014

LA SONRISA DEL REVÓLVER

El niño de tres años se empeñó en un disfraz de vaquero, lo que sorprendió a todos, ya que nadie recordaba que hubiese visto nunca ni dibujos animados ni ningún tipo de imágenes relacionados con ese tema. Una vez ataviado con su sombrero, el chaleco, los pantalones y un pañuelo color Burdeos en el cuello, los mayores lo colocaron ante el espejo y aplaudieron. Él sonreía. Faltaba un detalle, según aseguró alguien que apareció en la sala tropezándose. Se trataba de un cinturón negro compuesto de una dotación de balas falsas, una funda y un revólver plateado. Se lo colocaron alrededor de la cintura y el pequeño tomó el revólver con su mano derecha. Le gustaba cómo sonaba aquella palabra desconocida, y no hacía más que repetirla entusiasmado. Revólver, revólver. De pronto, una voz surgió con un inesperado argumento cinematográfico y le instó a hacer sonreír al revólver, mientras se lo arrebatada y le enseñaba cómo apretar el gatillo. Bam, bam. El niño a partir de ese momento se dedicó a corretear por la casa disfrazado, apuntando y disparando a todo lo que se le ponía por delante. Disparaba a su figura en los espejos, a los juguetes, a su madre que le negaba otra galleta, a los invitados que lo jaleaban. A veces se detenía jadeando en mitad se sala y, levantando al aire su arma de plástico, aseguraba entre risas que el revólver no estaba sonriendo.


Ya de noche, cuando se aproximaba la hora de dormir, se sentó en un rincón del gran sofá y se quitó el sombrero. Suspiró y comenzó a manipular de nuevo su arma, que terminó siendo usada como teléfono a través de cual hablaba y hablaba en imaginarias y divertidas conversaciones con sus amigos y con su madre, que estaba en otra habitación. Cuando ésta apareció en la sala el niño rio y le dijo: “Mami, el revólver ya ha sonreído”.

25 febrero 2014

ÉVOLE, QUE ESTÁS EN LOS CIELOS

Una de las razones por las que estamos inmersos en la situación actual, no la principal, desde luego, pero sí una de ellas, es nuestro secular fatalismo ante la podredumbre política, el aceptar implícitamente los desmanes y la manipulación del poder como algo que viene incluido en el paquete. Un país históricamente desconfiado y amigo de fabulaciones, pero preparado para tirar hacia delante con la primera versión de los acontecimientos que el poder coloca ante nuestros ojos mientras nos susurra que pataleemos lo justo, que esa es nuestra única alternativa. De ahí mi opinión de que el falso documental “Operación Palace” de Jordi Évole, resulta, en el sentido de ejemplo práctico de la manipulación que nos acecha, superfluo: no nos despierta, no hace añicos ningún sueño, no tambalea ninguna certeza. Todos sabemos que nos han mentido, que nos mienten, y los primeros que lo saben son los políticos y periodistas de postín que han colaborado en este proyecto (qué grandes actores). Un especial con esta gente contando todo lo que sabe y que nosotros desconocemos, hubiera sido la verdadera lección de periodismo de Évole.

Han sido muchas las críticas que ha recibido, tan desmesuradas como los halagos. Se han hecho chanzas a costa de los crédulos, se ha puesto en duda el sentido del humor de los indignados con el programa, se ha llamado frívolos a los que se han divertido. Nuestro eterno enfrentamiento, nuestra dualidad de siempre, aunque esta vez de una manera más transversal, sin responder a premisas ideológicas, lo que no deja de ser un respiro. No creo que este programa perjudique a Évole, antes al contrario le llevará a otra dimensión, si no aumenta su prestigio, sí su peso específico, aunque a partir de ahora comience a rodearlo cierta controversia. De todas formas me parece una actitud arriesgada y valiente la suya. Ya situado en la divinidad Wyomingniana ha querido ir más allá, y eso le convierte, al menos ante mis ojos, en un tipo a tener en cuenta. Capaz de aportar cosas todavía.

Creo que el programa está bastante bien montado, aunque no pienso que sea el producto de un genio; y es que en España hace demasiado tiempo que tenemos asumido como genialidad el hecho de copiar con tino lo que ya han hecho otros. Demostrar que nos pueden engañar con facilidad, hasta qué punto somos manipulables, ya lo hicieron los ejemplos que se han puesto reiteradamente sobre la mesa para avalar “Operación Palace” (la retransmisión radiofónica de “La guerra de los mundos” por parte de Orson Welles, en 1.938 o el también falso documental  “Operación luna” de 2.002, dirigido por William Karel, no por Stanley Kubrick); abundar en el tema puede ser entretenido, ingenioso y todo lo demás, pero la lección y el mensaje ya habían sido enviados con anterioridad. Si esto está llamado a marcar un hito en la televisión en España, quizá haya llegado el momento de reflexionar en serio.

El tema elegido tiene su miga, aunque ya esté frío y aparcadito. Acerca del 23-F se han publicado a lo largo de los años múltiples teorías, nunca excesivamente publicitadas, cuyo nivel de delirio no pasaré a valorar; pero parece claro que, como sobre tantas otras cuestiones, alguien nos regaló adornada con un lazo una versión oficial plausible e incluso estimulante, que sin embargo no ha logrado acallar la sensación de que aún quedan flecos pendientes. Y a veces pienso, con rabia, que todos los flecos pendientes de todos los hechos de nuestra historia reciente, han terminado por liarse en las ruedas de nuestro progreso como sociedad, ralentizándolo gravemente, si no parándolo en seco.

 En relación con este juego de espejos de guiños y falsedades que nos ocupa, tan efectista como peligroso cuando se tratan temas con tantos rincones sin barrer, muchas de las dudas a que antes hacía referencia se incorporan como verdades al documental, por lo que, al reconocerse la falsedad de éste, automáticamente se tiende a desactivar aquellas suspicacias. Todo esto puede convertir, quién sabe, “Operación Palace” en otra puerta a medio cerrar de nuestra democracia, y dar lugar dentro de una década a otro falso documental que señale al de Évole como conjura largamente meditada para limpiar la imagen de determinadas personas. Y así sucesivamente (no olvidemos que en España cuando algo funciona en cualquier ámbito se exprime hasta la extenuación).

 Por todo ello, y dadas las circunstancias actuales, pienso que si de verdad quieres despertar conciencias, y ser un referente de la transparencia, la información y el debate serio en tu país, lo razonable es, llegado el caso, investigar esas zonas oscuras, y no imitar los hallazgos de otros para que te llamen genio o enfant terrible. En vez de decirnos “os mienten, debéis espabilar”, ayudarnos a conocer la verdad, sin tapujos.

21 febrero 2014

LA TABERNA Y EL LITERATO

Hoy he estado recordando en un café, junto a un viejo compañero de correrías juveniles y cómplice de primeras lecturas, “La taberna” de Émile Zola. Qué crudeza, qué forma tan dura y a la vez tan sensible y detallada de retratar los suburbios de París. Esa obra huele a orines, desesperación, alcohol, fracaso, sudor… La miseria, la insalubridad se sienten, se palpan; se percibe cómo van rodeando, estrangulando a los protagonistas sin remedio. Abandono, soledad, injusticia, violencia. Me imagino acodado en el mostrador de esas tabernas, callejeando hombro con hombro con los personajes, oliendo como ellos, dentro de sus ropas y sus lechos, introduciéndome por cualquier resquicio de esas vidas dominadas por la ruindad. Compartiendo esa pobreza, sobreviviendo cada día con la cabeza gacha y los zapatos rotos, sin ningún tipo de horizonte, dentro de un submundo asfixiante, cada vez más lúgubre y cerrado en sí mismo.


Me despido y me uno a la ciudad nocturna a buen paso. Siempre paseo por las calles principales. De noche jamás me veréis atravesando una callejuela. Me encanta la iluminación de los comercios, el bullicio de las últimas compras. Sí es verdad que llevo mal lo del tráfico, pero es algo inevitable en esta sociedad tan decadente que nos ha tocado vivir. Por desgracia, esto no hay quien lo cambie. Me gusta atravesar las plazas mejor iluminadas. Observar a los transeúntes, tomar notas, imbuirme de espíritu urbano. Adoro a los artistas callejeros, los mimos, los músicos. Todos encierran una gran historia, son una inspiración sublime. A veces me detengo a admirar su actuación y les dejo unas monedas, incluso alguna vez un billete. Esta noche estoy tan lleno de luz que incluso me paro a escuchar bajo la nieve, con este frío, a un acordeonista. Su música me traslada a momentos imborrables de mi juventud, a páginas y más páginas de la mejor literatura decimonónica. Menudas construcciones novelescas. El músico lleva unos gruesos guantes, para mi sorpresa pasea torpemente los dedos por teclas y botones, y abre y cierra el acordeón de forma somnolienta y aburrida, con la mirada perdida. Unos minutos más tarde, con la ventisca arreciando y la cara húmeda por los copos que la golpean, adivino lo que pasa: la música está grabada, suena desde algún reproductor escondido en el sucio fardo junto al que descansa su perro. Odio los trucos, ¿no lo había dicho? Aprieto el billete de cinco que llevo en el bolsillo y aligero el paso. La verdad es que estoy congelado, casi no siento los pies.

17 febrero 2014

REALIDAD

Inicio la escritura de esta columna de opinión, que hace años traslado puntualmente a mis lectores desde mi sagrada libertad de expresión, contento de estar frente a mi ordenador (aún) en pleno uso de mis facultades mentales. Saludo a la pantalla, fumo tabaco de verdad porque me da la gana y el humo me inspira, compruebo que mis cosas están a la mano, enciendo mi lámpara y me pongo manos a la obra. Hasta el momento, todavía puedo contar hasta diez y no he notado ninguna amenaza imperialista en el ambiente. En mi paseo matutino no he observado que nadie me siguiera ni he visto nada sospechoso; tampoco en la cafetería o en el estanco. Por eso, no puedo salir de mi asombro ante la actitud de algunos tipejos y tipejas, tan infantiloides como malintencionados, que llevan más de un mes tratando de asustarnos a mí y al resto del mundo. Pero en mi caso no lo han conseguido, os lo aseguro, queridos lectores. Sigo aquí, podéis contar conmigo.

Todas esas patrañas, que no hacen más que despistarnos de lo verdaderamente importante, no merecen una sola línea, pero me creo en el deber de manifestar la estupefacción que me producen las cosas que leo por ahí, sobre todo en blogs y periódicos digitales. Todos esos bulos y rumores que incendian las redes sociales, esas a las que tienen un acceso tan directo nuestros hijos.

He llegado a la siguiente conclusión, querido lector, que cada mañana arrimas el hombro para el crecimiento de este país, levantando el cierre de tu negocio: las sociedades han alcanzado un punto de delirio tal que no parece tener vuelta atrás, hemos pasado de una cierta desconfianza lógica en las instituciones a envolvernos en una suerte de utopía orwelliana que no nos hace ningún bien. El nihilismo nos asola, cuando lo que debemos tener muy claro es que las sociedades las construyen los ciudadanos desde la libertad económica y social y que la nuestra será lo que decidamos nosotros, solo nosotros. Cada persona es dueña y única responsable de su futuro, no lo olviden. Así que, entre todos, debemos dejar de lamentarnos y hacer sentir la suma de nuestras fuerzas, transmitir a quien sea ese enemigo misterioso, que estamos sujetando fuerte las riendas de nuestro porvenir.

Desgraciadamente, tendemos a echarnos en los cálidos brazos la demagogia, y a elegir el camino fácil de la crítica más destructiva, y esto, en el fondo, esconde una actitud totalitaria, capaz de menoscabar la libertad individual.

Realmente, lector cómplice, me subleva lo ilusa que es la gente, esa tendencia creciente a evadirse de la realidad. La juventud cada vez es más ingenua, más dócil, aunque pueda parecer a simple vista lo contrario. Finalmente, ellos mismos se ponen la trampa, pintando un mundo tan oscuro que les empuja sin más remedio a la inacción.


La última teoría (no puedo reprimir una sonrisa compasiva), el último delirio fantasmagórico, me parece hilarante, dentro de la peligrosidad que su mensaje conlleva. Se ha extendido o “filtrado”, a nivel mundial, desde no sé qué plataforma, la especie de que algunos gobiernos o “alguien poderoso” planean “intervenir nuestras mentes”, provocar un vacío para detenernos en seco y posteriormente reiniciarnos, haciéndonos perder una parte previamente seleccionada de nuestra memoria, aniquilando así nuestra sagrada e intransferible capacidad de comunicar pensamientos y opiniones libres para así poder manifes

14 febrero 2014

PARAÍSO

Llegamos al Paraíso y, después de cumplir todos los deseos que pudimos colmar en paz y armonía, sin colisionar con los de los demás, anduvimos en un dulce letargo, observándonos y divagando. Satisfechos pero también inquietos, nos faltaba algo, y nadie acertaba a saber qué era. Esa carencia, ese tembloroso vacío, nos llevó a distanciarnos gradualmente. La exultante comunión inicial fue desapareciendo, la transparencia oscureciéndose, y nos fuimos disgregando con cierto disimulo, midiendo las sonrisas, dado el lugar definitivo en el que nos encontrábamos. Tratamos entonces de llenar el vacío con dulces capas de autocompasión y calentarnos en la acogedora ascua de nuestra secreta frustración, lo que nos devolvió una sensación como de antiguo placer. Conforme pasaban los días íbamos recordando más y más. Hasta que caímos en la cuenta: nuestros deseos solo serían completamente saciados cuando a su vez supusiesen la negación de su disfrute para alguien. Cuando su satisfacción llevase aparejada la sensación de usurpación, de conquista, de ventaja, de comparación, de victoria. Ese recuerdo activó toda una vivificante maquinaria de ideas, sensaciones, miedos y deseos renovados que terminó por resucitarnos a todos de verdad. Así, cuando Dios volvió de su viaje alrededor de sí mismo, aburrido como estaba ya de observarnos, lo primero que encontró fue una gran timba y multitud de pequeñas fronteras.

13 febrero 2014

LA ÚLTIMA VENTANA


“La última ventana, antes de desaparecer, quiere dejar constancia de su lucha, de la precaria organización de su resistencia de geometrías superpuestas y desesperadas; de su angustia, de sus intentos por sobreponerse al uniforme y oceánico avance de la pared sobre ella, tan inexorable como la muerte sobre la belleza.”



Aportación al estupendo libro "Ventanas con palabras", de Colin Bertholet.

10 febrero 2014

PESADILLA EN LOS PREMIOS GOYA

Había acabado la gala y Javier Bardem apareció en la terraza escoltado por amigos, seguidores y una nube de fotógrafos que no paraban de accionar sus máquinas. Junto a él iba un tipo alto y rubio, no recuerdo su nombre, pero en la espalda de su chaqueta llevaba escrito “EL AMERICANO”. En mayúsculas, como con pintura blanca. Todos miraban al cielo esperando algo. Javier se frotaba las manos, algo intranquilo pero visiblemente satisfecho. La azotea era sorprendentemente amplia, parecía una avenida desierta. De pronto, por una esquina lejana comenzó a acercarse una extraña comitiva, encabezada por una especie de insecto con forma de perro pequeño que no paraba de revolotear. Cuando se acercaron vimos que el insecto era Wert, llevaba la cara maquillada, los labios toscamente pintados para simular sangre y las orejas de negro. Su cabeza apepinada descansaba en un cuello alechugado que parecía confeccionado con papel de periódico. Llevaba muñequeras y calzoncillos de cuero. Parecía algo así como un bebé violento, exasperado. Fruto de una extraño experimento. Le acompañaba un ejército de gentes silenciosas, que se limitaban a sonreír y a murmurar con la mano sobre la boca.

Javier lo vio y comenzó a increparle cosas acerca de la incultura. Aún así parecía calmado. Le lanzaba acusaciones señalándole suavemente con un dedo, manteniendo la otra mano en el bolsillo. Los demás guardábamos silencio, expectantes. Solo se escuchaban algunos teléfonos móviles y las cámaras de fotos. El americano murmuraba tres palabras y Javier y algunos más se volvían, partiéndose de risa con el comentario. Los demás no sabíamos inglés, pero tratábamos de sonreír. Javier siguió increpando al ministro, combinando su ceño fruncido con la relajación del gesto risueño que dedicaba cada cuatro segundos a su amigo americano, que no paraba de decir cosas que pensaba que todos debíamos entender.

Wert contraatacó. Tras escuchar los consejos de un asesor áulico. Le dijo a Javier que a partir de ahora solo le esperaban papeles de malo en Hollywood. Entonces Bardem se desató y comenzó a llamarle fascista y curilla. David Trueba trató de calmarlo con un Goya en la mano. Pero fue imposible, comenzó a lanzar cualquier objeto que tuviese a su alcance, incluso, durante un segundo, hizo amago de arrebatarle su trofeo al hermano de Fernando.

Javier arreció en sus insultos, que Wert recibía abriendo los brazos, con una beatífica sonrisa atravesando su cara blanda. Hasta que, por alguna razón, se hartó, sus ojos comenzaron a salirse de las órbitas y los labios comenzaron a temblarle. Sus asesores desaparecieron y surgieron los antidisturbios, a los que Javier continuó tirando cosas sin despeinarse. Esta vez una especie de pequeños cohetes que salían de debajo de sus muñecas y estallaban contra los escudos. El americano gritó de júbilo, con la cara enrojecida, y disparó al aire, clamando que era ciudadano estadounidense. En ese momento el helicóptero apareció, iluminando la terraza, y dejó caer una escala por la que trepó el pistolero. Bardem se quedo de pie, en el borde de la terraza, sonriendo y  lanzando cohetes. Los policías se acercaban torpemente y volcaban su frustración golpeando a los otros, que huían con sus Goyas bajo el brazo.

El americano, sin parar de aullar, extendió su brazo y tomó con fuerza el antebrazo de Javier, que comenzó a subir en pos del helicóptero. Cuando accedían a la cabina, se volvieron al unísono y lanzaron sus pulgares al viento. Después, todos corrimos, en cualquier dirección, dejando la azotea desierta.

05 febrero 2014

GATOS

Marchando lomo con lomo
como gatos sigilosos,
con paso almohadillado.
Sin su estampa ni presencia,
lejos de los tejados,
engordados y cansados
tras renunciar a la libertad,
mas arrastrando
el frío pesar
de su ausencia.

Tristes de mirar y callar.
Agotados de no saltar,
de sofocar la caldera del grito,
de dar rodeos al corazón
para no despertarlo
y quemarnos en sus llamas
o ahogarnos en la verdad,
tan filosa,
tan tersa e hiriente.

Las gafas al borde de la nariz
sin poderlas subir.
Las manos muy juntas,
apenas rozando el cristal
que encierra el mundo
que nos negamos a mirar.




Poema aparecido en la Revista Ombligo (México)

03 febrero 2014

MUNDOS PARALELOS: HIPÓTESIS

Se comenta que los mundos paralelos podrían estar conectados por hilos en los que cada uno va colgando mentiras que nadie sería capaz de imaginar; esas que han baldosado con firmeza sus respectivas historias. Está confirmado, además, que en ninguno ha triunfado la revolución.

Todos ellos acaban superpoblados y afligidos, apelando al consumo y al sacrificio de la dignidad, experimentando a la vez una inexplicable nostalgia por el de al lado. Acaso porque, llegado cierto momento, solo son capaces de recordar con amor lo no vivido, lo apenas intuido.

Los mundos paralelos se sienten atenazados por la influencia, recíproca e involuntaria, que tienen en el devenir de los otros. Es como una especie de sinestesia. Hasta los sueños que se generan en uno llega una parte de la amargura de la realidad de otro, como un suave y aceitoso oleaje, y así sucesiva y orbicularmente. De ahí que se rumoree que cabría la posibilidad de que se espiasen inconscientemente por mor de una curiosidad ancestral e irracional. Según los programas nocturnos de televisión eres tú, si tú. Cuando sueñas cosas raras es que estás husmeando en un mundo paralelo. Así de simple. De ahí que en ocasiones se cuelen en la memoria del otro, por eso, a veces, recordamos haber estado donde nunca hemos pisado. U olvidamos trozos de tiempo vividos días atrás. Según afirma la secta de los Corazones de la Verdad, es posible que, finalmente, unos broten de otros, de tanto soñar e imaginar; y que en este juego de espejos y escapadas cada uno acabemos teniendo el nuestro y viajando dentro de él. Volando sin rozar el suelo del supermercado.

Así, los mundos paralelos van dejando señales en los demás, pequeñas muescas; realizando breves incursiones que ponen en entredicho esa cualidad paralela, pero nadie está en posición de demostrarlo. Todos avanzan pedaleando sin tocarse, silentes dentro de su infierno, a distinto ritmo, consciente o inconscientemente, circulando en la misma inexorable dirección. Van todos caminado por la misma acera. A lo mejor, hasta hay uno que destaca con una flor en el ojal y un traje milrayas al que todos siguen con disimulo.


Con todo, los mundos paralelos son una verdad como un sol de grande aún por demostrar. Una leyenda en la que a veces nos recostamos cuando conseguimos estar en silencio; capaz de alimentar nuestra febril necesidad de trascender este agujero y escapar, de huir hacia delante. Siempre. Porque, créeme, puede ser que caigas de un mundo a otro el día que mueras. Entonces a lo mejor es que no has muerto. Quizá se trate de un movimiento circular, por el que unos mundos van recogiendo los muertos de otro, reactivándolos en un continuo regurgitar.

30 enero 2014

LA CLAVE

Probablemente, la clave para ser político resida en la capacidad para dar importancia a lo que no la tiene y restársela a lo que realmente la tiene.

28 enero 2014

LA PAZ

Cuando anunciaron la paz
todo se fundió
en un interminable
gris suave,
ondulante,
como un mar que nunca más fue mar,
como unos pies fríos que bailan sin bailar.




Revisión del poema publicado en el cuaderno de Creación nº13 de Palimpsesto.

13 diciembre 2013

CICLORAMA

Queridos lectores y visitantes, hoy sale a la venta “Ciclorama”. Se trata de un libro que se sitúa con una pequeña linterna frente al extraño edificio de la condición humana. 

Punto de venta:

-          Subterránea Cómics
C/ Horno de Abad, 12. 18002 Granada – 958280031


También pueden realizar sus pedidos a través de juanfranmj@gmail.com



“En este ciclorama la actualidad pasa deprisa, descontrolada, dejando un rastro de preguntas sin respuesta y desaliento. Se proyecta el humor que quiere superar la amargura y no puede; la ironía que trata de vencer la perplejidad, quedándose a medias. El lirismo da explicaciones sin abrir la boca, arropando la soledad. Y la crítica tropieza casi siempre con estampas costumbristas de decepción.”

ISBN: 978-84-616-7359-9
140 x 210 mm., 192 páginas
P.V.P. 10 euros

CAPITALISMO

El mayor mal del capitalismo reside en su capacidad de mutación y contagio.

12 diciembre 2013

MENSAJE EN UNA BOTELLA (23)



Doctor Divago llegan a su décimo álbum más rocosos que nunca (pero, afortunadamente, aún lejos de esa consistencia pétrea que da el oficio cuando ya se ha llegado al límite de cualquier creatividad), con un sonido cada vez más perfilado y estilizado. Sin nada que altere insustancialmente la solidez de una idea muy clara, un armazón ya legendario: la formación básica de dos guitarras, con los añadidos habituales de la armónica de Chumi y las percusiones de su productor acostumbrado, Dani Cardona. Saben engrandecer su propuesta con pequeños detalles; sonar restallantes, urgentes, siempre enérgicos. Dibujar melodías de terciopelo y sabor eterno; así como estribillos redondos que detonan, colándose por todas partes. Maceran su sonido, lo desarrollan; le sacan partido, posibilidades.

En una reseña de este disco, se dice que encabezarían una hipotética escena pub-rock española. Puede ser, aunque lo suyo encierra mucho más complejidad. Pero, aparte de guitarras, chaquetas y armónica, sí que es verdad que su sonido contiene la suficiente incandescencia, inmediatez, clasicismo y carisma para relacionarlos de alguna manera con aquella heterogénea escena de genuinas formaciones.

Manolo Bertrán, responsable de todo el repertorio y fiel continuador de las maneras más clásicas y vigorosas del pop, no se adecuó sin embargo, como la gran mayoría de autores, a la creación de unos textos acordes con la dinámica del sonido y las tendencias de cada momento. Apostó por generar un lenguaje y un punto de vista nuevos que ya le son propios e intransferibles, con sus turbulentos personajes, reales o no, sus homenajes (“Sonaba Julio Galcerá”), sus situaciones dramáticas, sus reflexiones y demonios, tan personales, tan a flor de piel; o los valientes saltos de su imaginación.


Por todo esto, escribir sobre Doctor Divago es remachar el clavo de una certeza. Estamos ante uno de los mejores cantantes del pop español de siempre y, echando la vista atrás desde este magnífico trabajo, ante uno de los cuatro o cinco grupos principales del pop y el rock en castellano. El tiempo lo dirá.

11 diciembre 2013

PESADILLA ANTES DE NAVIDAD

La cosa es que a Belén Esteban le propusieron que llamará a diez personas al azar para felicitarles las fiestas. Sería toda una sorpresa para ellas. El día señalado estaban ante el teléfono ella, su representante, vestido de blanco impoluto con el uniforme de la armada, y un presentador con gafas y chaqueta verde brillante. Ella hizo como que se negaba en el último momento, respiró profundamente y sus párpados bailaron. Después le pusieron una venda y fue escogiendo números al azar de entre las decenas de guías telefónicas que la rodeaban. Tú no eras consciente de esto, estabas en otra cosa. Sonó el teléfono y contestaste. Era Belén. Dijo: "Hola señor, soy Belén Esteban y le llamo desde Telecinco para desearle...". No le diste tiempo a terminar. Reconociste la voz y colgaste. Un sudor frío corrió por tu espalda, temblabas. Lamentaste seguir teniendo teléfono fijo, o no haber retirado tu número de la guía, aquel día que lo planeaste. Después te tranquilizaste y pensaste que todo era una pesadilla, una especie de sueño loco de duermevela. O mejor, una broma de mal gusto que alguien te había gastado, eligiéndote al azar. Te reíste por dentro de tu propia ingenuidad, pero encendiste la televisión para asegurarte. En Telecinco estaba ella, acompañada de su representante y del presentador. Tenía los ojos llorosos, se sentía muy triste; maltratada porque tú le habías colgado. Había escuchado tu voz, tu respiración. Ella había tratado de ser amable, cariñosa, pero tú habías colgado el teléfono. La habías puesto en evidencia ante la audiencia. Te tenía localizado y no lo iba a olvidar. Para colmo, al ver tu nombre en la guía supo quién eras inmediatamente. Eras el crítico aquel que se mofó de su libro en las páginas de un periódico de tirada nacional. Ella había entrevisto en tu artículo inquina personal, falta de objetividad, envidia por sus ventas y mucha maldad por tu parte. Tu teléfono se colapsó. Te llamaron de todos los programas de Telecinco. Te ofrecieron dinero y te exigieron defenderte. Te esperaron a la puerta de tu casa. Se pusieron en contacto con todos los medios con los que colaborabas. Unos expertos estudiaron tu manera de escribir, en un programa de máxima audiencia. Salió a la luz aquella novela tuya que pasó tan desapercibida, y la teoría de la frustración y la envidia que guiaban tus actos, ganó enteros rápidamente. Ella apareció llorando en un programa especial llamándote cobarde, y prometió que te acordarías toda tu vida de no haber aceptado su felicitación de Navidad.

08 diciembre 2013

CORRUPCIÓN, QUERIDA TÍA

A pesar de que la corrupción ocupa actualmente, según el barómetro del CIS, el segundo lugar entre las principales preocupaciones de los españoles, lo cierto es que se puede vivir tranquilamente con ella, ya que suele ser silenciosa y tarda en morder el bolsillo del pueblo (no olvidemos que casi nadie piensa en términos de bolsillo común). Tanto la corrupción como los malos usos tienen margen de sobra en nuestro acogedor sistema. Me imagino que son algo detestable para muchos políticos y personas honestas que trabajan en la cosa pública, pero terminan siendo perfectamente asumibles.

Cuando surge un brote de corrupción en el seno de cualquier organización o administración pública, jamás se paran las maquinarias, con sus miembros, dominados por el estupor y la vergüenza, resueltos a desenmarañar lo antes posible el asunto y hacer que prevalezca, sobre todas las cosas, la limpieza en su gestión. Aquí las alarmas saltan con silenciador, no vaya a parecer lo que no es. Nunca se pierde la calma. Sin cambiar el tono, se valoran los daños propios y se aborda la forma de minimizarlos. Se enturbia, se manipula, se culpa, se miente y, llegado el caso, se colocan como cortafuegos algunas cabezas de turco. Porque, en la política española, la justicia es fuego que hay que mantener alejado de los intereses generales.

Hace tiempo, en una debate televisivo, algunos periodistas se dedicaron a preguntarle a Alberto Garzón de IU cómo encajaba el mensaje de su agrupación (defensor absoluto de lo público, exigente y cargado de valores sociales e igualitarios), con el hecho de gobernar en coalición en Andalucía con un partido envuelto en un escándalo de corrupción de tan enormes proporciones y profundas ramificaciones que ni siquiera el silencio de demasiados ha conseguido minimizarlo. Su respuesta paseó por las ramas de siempre hasta que, ante la lógica insistencia de sus interlocutores, se sintió obligado a soltar un poquito de verdad: si dejaban de apoyar al PSOE podían dar lugar a unas elecciones que auparan al PP al poder, lo cual sería mucho peor, a la vista de la política de recortes y privatizaciones que aplica este partido actualmente allí donde gobierna. Indistintamente de que se pueda estar o no de acuerdo con este análisis, la idea que subyace es que la corrupción es asimilable. Se convive con ella, a lo mejor se pasa un mal rato, sí, pero se mira para otro lado con altura de miras y en paz, ya sabemos que el tiempo nunca deja de correr.

Desde la Junta de Andalucía se reprocha la obsesión de muchos con el caso de los ERE: ¿qué menos que obsesionarse ante algo tan sucio, a estas alturas, con esta situación de pobreza que nos asola? A estribor, algunas portadas de diarios conservadores han hecho hincapié en lo mal que nos viene para la salida de la crisis airear tanto el caso Bárcenas: ¿no debería ser al contrario?

El hecho de que sacar a la luz casos de corrupción amenace con ser contraproducente para los intereses de los ciudadanos y la estabilidad del sistema, es la mejor manera de reconocer países en vías de democratización o, mejor, eternamente en vías de democratización. El sindicalista, el miembro de un partido, no se dirigen a los jueces para agradecerles su labor al desentrañar y esclarecer vergonzosas prácticas, y así colaborar a la recuperación de esas organizaciones y, por ende, a la regeneración de nuestro marco de convivencia y de la confianza mínima que debe primar en las relaciones entre los ciudadanos y sus representantes, independientemente de su adscripción ideológica. Lo que hacen es ponerles trampas, tratar de ensuciar su imagen, increparles desde medios de comunicación afines o insultarles en la calle.

La corrupción provoca más ruido que cualquier otro desmán político; pero se trata mayormente de fuegos de artificio, desahogo, y excitante alimento de discusiones. Está ya tan introducida en el sistema y las conciencias que realmente solo intranquiliza al que puede ser arrojado a los leones, que por cierto, se suelen conformar con el primer plato.  Es como venir al mundo con un gen que nos permite comprender en cierta medida al que roba, al que defrauda, al que ejerce el nepotismo o el amiguismo. El mensaje subliminal nos repite como un mantra que si un partido es capaz de modernizar el país, de hacer una política económica seria o beneficiosa para todos, o de procurar avances sociales que integren y faciliten la vida de las personas, merece, además del reconocimiento de los votantes en las urnas, una cierta benevolencia ante las tropelías que, sin duda, muchos de sus cuadros van a acabar perpetrando. Siempre hay un peaje a pagar frente a la diosa corrupción. Quizá sean esos los restos de la secular postración española.

Una vez relaté en una red social el caso de un profesor que hace pocos años se jactaba en mi presencia de disponer a su antojo del material más caro de su instituto, carcajeándose de la cara de estupor que un pardillo como yo le ponía; y que actualmente brama más que nadie contra los recortes en cualquier foro. Recibí algunas respuestas que se paseaban por las ramas y, entre ellas, una airada que se refería a la inoportunidad de mi comentario. Ese es el inmenso boquete que hemos abierto a base de jugar todos a estrategas políticos, desde la prensa a la gran mayoría de los ciudadanos; cargando las tintas u obviando miserias e injusticias en pos de un presunto interés más elevado. Actuando con una prudencia y un sigilo que en muchas ocasiones no constituyen más que gestos de complicidad con el corrupto.

No ataquéis a Rajoy, estamos viendo la luz al final del túnel y el caso Bárcenas puede dar al traste con nuestra recuperación. No vayáis contra la Junta de Andalucía por el caso de los ERE fraudulentos. No interrumpáis su pulso renovador, siempre refrescante, son la única esperanza contra el neoliberalismo pepero. No critiquéis a la UGT, ¿no veis que se trata de una jugada para amordazar a los trabajadores? No divulguéis, ni como mera anécdota, la actitud individual de un profesor, el enemigo es Wert. Centrémonos en lo importante y que nada enturbie en lo más mínimo nuestra lucha. Cuando resolvamos lo inmediato arreglaremos los otros problemas. Dejémosles con su corrupción, de todas formas el mal ya está hecho. En cuanto cambiemos el gobierno tomaremos medidas al respecto. Las cosas acabarán volviendo a su cauce. En todas partes cuecen habas. Hay gente buena y mala en todos lados. Estas cosas se superan.


En resumen: se puede convivir con la corrupción, esa tía retirada que siempre acaba llamando al timbre. Además, siempre hay cosas peores.

05 diciembre 2013

MENSAJE EN UNA BOTELLA (22)



Bombero Montag es el sugerente alias tras el que se esconde Emilio Pérez, responsable de proyectos anteriores como El Increíble Hombre Menguante.
Este trabajo se sostiene con fundamento y soltura en la guitarra acústica y la voz de Emilio, con añadidos de armónica (que aportan esa pátina evocadora que sabe ser emocionante llegado el momento) y leves acompañamientos de percusión por parte de Gabriel Abril (escobillas y pandereta) en los tempos más rápidos.

Bombero Montag saca todo el partido a la diversidad de perspectivas sonoras que ofrece el folk en sus variantes más clásicas y eternas, ejecutadas con buen gusto y devoción. El incesante tapiz de acordes de su guitarra sabe ser trepidante en cortes como el inicial “¿Quién vigila a los vigilantes?” (certero retrato que de la situación vivida en España estos últimos años), o la excelente “¿Algún médico en la sala?". El resto del repertorio es delicado y meditabundo, ligeramente brumoso (“Hija de mil padres”), y siempre más cálido que agreste, a pesar del escaso ropaje sonoro. Sobre todo, es un muestrario de canciones llenas de vida, capaces de irradiar una luz nunca monótona. Las letras, plenas de historias e intención, están bien estructuradas, conjugando sugestivos juegos de imágenes y metáforas; sabiendo mirar con naturalidad tanto afuera como adentro.

Un buen disco de folk, generalmente se acaba convirtiendo en un fiel compañero de viaje, presto a caminar a tu lado lo escuches cuando lo escuches. Es el caso de este trabajo de Bombero Montag, toda una invitación a la complicidad.